Documental cubano “La Dictadura del Algoritmo”

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Recomendamos: “La Dictadura del Algoritmo”. Documental de Javier Gómez Sánchez, que narra en las voces de reconocidos expertos y artistas cubanos, las particularidades de la guerra mediática e ideológica que se hace contra Cuba a través de las redes sociales. Los algoritmos de la posverdad y cómo pasar del ataque al contrataque. Ver sus retos e invitaciones. Sin tremendismos ni miedos. Un llamado a la pelea desde la inteligencia y el sentimiento. Para no perdérselo.

Romper las burbujas y liberarse de la dictadura de los algoritmos / Autor Iroel Sánchez

 

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Las redes sociales digitales no son el mejor espacio para conocer al otro, mucho menos en medio de una guerra sicológica en constante crecimiento como la que tiene lugar contra Cuba

Documental “La Dictadura del Algoritmo”. Recomendación de Blog CubaEstrellaQueIlumina

 

Documental cubano “La Dictadura del Algoritmo”: El arribo de Internet a Cuba supuso un enorme aporte a la acción pedagógica y el desarrollo social del país. Las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC´s) han impulsado el acceso al conocimiento, el aprendizaje a distancia y la capacidad proactiva del ciudadano desde su entorno digital, pero ¿alguna vez te has preguntado que pasa luego de dar un like?
Los algoritmos esconden tras sus máscaras de progreso todo una estrategia de manipulación y dominio. Es hora de erradicar las ingenuidades y tomar conciencia de cuán inescrupulosas son estas plataformas. Así lograremos aprovechar sus beneficios y limitar que sean ellas quienes se beneficien de nosotros.

Ya sin ser presidente de Estados Unidos, en diciembre de 2017, Barack Obamafue entrevistado por el príncipe británico Harry, quien le preguntó si podía haber hecho algo más para enfrentarse a los trolls, el extremismo y las fake news en las redes sociales digitales.

-Quien año y medio antes en el Gran Teatro de La Habana afirmara, parafraseando al Manifiesto Comunista sobre la lucha de clases, que Internet es «uno de los motores de crecimiento más fuertes en la historia de la humanidad», no respondió la pregunta con lo que podría haber hecho él para evitar esos efectos pero dijo que en las redes la gente «puede acabar envuelta por la información que refuerce sus prejuicios. La verdad es que en internet todo se simplifica… Se distorsiona la comprensión ciudadana de asuntos complejos y deriva en la propagación de la desinformación».

Meses atrás, salieron a la luz las conversaciones de un grupo de la red social Telegram, donde los seguidores de un medio de comunicación que durante el gobierno de Obama fue premiado con visas y becas, y se dedica a predicar tolerancia y pluralismo para Cuba, hablaban de los que «vamos a fusilar cuando lleguemos al poder», ofendían a Fidel llamándole perro, o deseaban la muerte de Raúl.

-Sin embargo, en ese y otros espacios se habla de «dos extremos» cubanos que, por supuesto, no los incluyen, porque gracias a que se proclaman equidistantes entre odios de signos opuestos, ellos se dicen los portadores de la solución, y aunque en uno de esos medios se haya reclamado una «purga exhaustiva, calcinante» de las últimas seis décadas de historia cubana, los extremistas estarían en otra parte, a la que dicen no pertenecer. Dándoles el beneficio de la duda, habría que preguntarse cuánto han influido en esas personas la «información que refuerce sus prejuicios» en un entorno donde según el expresidente «todo se simplifica».

No he leído ni escuchado a ningún revolucionario cubano oponiéndose a una relación respetuosa con Estados Unidos, mucho menos pidiendo una guerra entre los dos países, como acaba de ocurrir en un evento “En defensa de la democracia en las Américas”, que tuvo lugar la semana pasada en el hotel Biltmore, de Miami.

-Eso mismo vimos solicitar desde La Habana a uno de los héroes de turno de la libertad de expresión a sueldo estadounidense, a cuyo grupo, en un mensaje reciente de correo electrónico, mostrado por la Televisión Cubana, se le disputa por otro el reconocimiento de los que pagan.

Sigue sucediendo lo que dijo un diplomático norteamericano sobre los antecesores de esta «nueva» contrarrevolución, en un cable desclasificado por WikiLeaks: «Si bien la búsqueda de recursos es su principal preocupación, la segunda más importante parece ser limitar o marginar las actividades de sus antiguos aliados de manera de reservarse el poder y el acceso a los escasos recursos».

Aquí no se pueden probar historias de torturas, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales, como sucede en muchos lugares de nuestra región considerados «democracia en las Américas». Hay que inventar otra cosa en nombre del «estado de derecho» y las «garantías» que allí sí existen, mientras se sacan ojos y balean a jóvenes en cifras que duele contar a cualquiera que no sea Washington y sus fundaciones afines, financistas de la guerra cultural contra Cuba.

Contra la Revolución Cubana el Gobierno de Estados Unidos ha desarrollado en Internet un sofisticado sistema de influencia que utiliza las redes sociales digitales aprovechando la enorme asimetría que le favorece en ese escenario y las insuficientes cultura crítica, articulaciones y producción de contenido con la inmediatez y códigos que exige de nosotros un espacio como ese, donde las hegemonías preexistentes a nivel global, ya desfavorables para las ideas revolucionarias, se han fortalecido.

En ese sistema se engranan la guerra económica del Gobierno norteamericano para dificultar la vida cotidiana de los cubanos, sus empleados locales cuyas provocaciones usan como caldo de cultivo esas dificultades, el conjunto de publicaciones de agitación política surgidas durante la administración Trump, y los medios privados cultivados en la etapa de Obama que utilizan la información de estos últimos sobre aquellas provocaciones para exigir la transformación de Cuba hacia una república liberal burguesa que ya la nación vivió, para mal, hace más de 60 años.

Con asidero en manquedades de nuestra gestión, medias verdades o mentiras completas, cada día se genera al menos una «noticia», amplificada casi siempre muy por encima de su importancia real, para que nos sintamos en la obligación de posicionarnos ante ella, y las hegemonías determinarán en qué medida la «espiral del silencio» generada por el miedo a aislarse o a ser linchado por la maquinaria de fango permitirá que quienes internamente no compartan la corriente dominante den en público su punto de vista.

-A la vez, habrá muchos que se enredarán discutiendo un matiz y el algoritmo de Facebook premiará con mejor posicionamiento los posts cuyos comentarios tengan más respuestas enfrentadas entre sí.

No es en ese escenario, que nos lleva a fragmentarnos en burbujas de confort, sino en el de la transformación revolucionaria de la realidad, solucionando las dificultades con la participación activa del pueblo, donde fortaleceremos nuestra unidad.

-Pero las instituciones, liderazgos y organizaciones de la Revolución tienen que articularse en ese espacio, atender con inmediatez cuanta preocupación se exprese y no permitir que individual o colectivamente la ignorancia sobre cómo funciona esa plaza pública virtual, o el modo torpe con que a veces caemos en las trampas que nos tiende esa maquinaria de guerra comunicacional, le facilite al enemigo la tarea de dividirnos.

Nada más lejos del sectarismo que la práctica política unitaria de la Revolución Cubana que se propuso desde muy temprano renunciar solo a los «incorregiblemente reaccionarios».

-Para Fidel, «unidad significa compartir el combate, los riesgos, los sacrificios, los objetivos, ideas, conceptos y estrategias, a los que se llega mediante debates y análisis… lucha común contra anexionistas, vendepatrias y corruptos que no tienen nada que ver con un militante revolucionario», fuera de ellos tenemos la obligación de sumar a todos los sumables, teniendo claridad de que es también un «combate», una «lucha» en la que los revolucionarios debemos tomar partido, pero una lucha de ideas en la cual lo decisivo son y serán la cultura y la inteligencia.

Todos los que nos expresamos en las redes hemos vivido, en mayor o menor medida, alguna experiencia de la que podemos aprender.

-Hace algunos años, alguien me envió una «carta abierta» que se hacía eco de estereotipos sobre mí, fabricados por la maquinaria de odio contra Cuba. -Aquella misiva de inmediato fue reproducida por el sistema de medios dedicados a atacar a todo el que defienda la Revolución Cubana.

-Como aún desde la discrepancia no consideré a la persona que la suscribía un enemigo, sino una víctima ocasional de esas manipulaciones, no aludí directamente al remitente y me limité a dar mi punto de vista sin ofender ni entrar en la escalada con la que esperaban cumplir su objetivo quienes se dedican a dividir a los cubanos.

-Hoy, me satisface comprobar que ese compañero sigue de nuestro lado, mientras otros que lo predispusieron, lo aplaudieron y amplificaron, se cuentan entre quienes se dedican a atacar la Revolución y, como parte de ella, a él y a mí.

Y es que las redes sociales digitales no son el mejor espacio para conocer al otro, mucho menos en medio de una guerra sicológica en constante crecimiento como la que tiene lugar contra Cuba.

-Hasta el exemperador, en la entrevista aludida al principio, reconoce la necesidad de romper las burbujas e ir más allá de los algoritmos que controlan nuestra expresión en Internet: «Reúnanse… Encuéntrense en un lugar de oración, en un vecindario y conózcanse».

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2.-Retos e invitaciones de “La dictadura del algoritmo”

 

Acabamos de ver en toda Cuba, y buena parte del mundo, el documental “La dictadura del algoritmo”, del realizador Javier Gómez Sánchez. Para otros más letrados en labores de crítica quedará ese ejercicio de análisis cinematográfico, artístico y comunicacional que permita diagnosticar fallas y aciertos del producto. No obstante, me permito esta oración para felicitar a todo el equipo que tuvo que ver con la obra, y a los entrevistados.

Ahora, más allá de la pertinencia – mucha a mi entender – de la temática tocada, más allá de concordancias o discrepancias en torno al abordaje de la misma, toca preguntarse después de consumir el documental, a qué nos está invitando.

—¿Y ahora qué?

—Defiendo el criterio, plasmado de manera magistral por Israel Rojas,de que realizar este ejercicio intelectual es la “parte fácil” – y aun así no siempre lo hacemos y de ahí la importancia meridiana del documental. Lo “difícil” es la segunda parte de la ecuación, esa donde tenemos que sobreponernos a adversidades técnicas, a gigantes comunicacionales e ideológicos que libran la batalla en las redes, para llevar los rasgos de nuestra política innovadora a esos espacios. Porque a nadie puede caber dudas de que la política de la Revolución, amén de estancos o desaciertos, ha sido históricamente innovadora; pues a innovar en el ciberespacio.

“Sobre esto – a mi gusto una de sus virtudes – el documental deja más preguntas que respuestas, pero me gusta considerarlas mejor como un reto (otro más), una invitación a pensar, y a pasar entonces del plano de denuncia al plano propositivo”.

—Se habló de reformas educacionales. ¿Existen programas especializados en el uso de las redes sociales, sus aspectos éticos, en nuestra educación general? ¿Acompaña la escuela el proceso de aprendizaje tecnológico de un infante de la mejor manera? ¿Están capacitados todos nuestros maestros y maestras – y cualquier otro miembro del personal docente – para lidiar con los nuevos problemas que las redes conllevan y que cambian el escenario educativo y de convivencia desde edades tempranas?

—¿Estamos creando y difundiendo contenidos de valor que puedan llegar a los estudiantes en los espacios virtuales que ellos moran? ¿Debe ser toda la apuesta a soluciones tecnológicas propietarias? ¿Existe una contradicción entre la búsqueda de soberanía tecnológica y el necesario (y algunas veces largo y tortuoso) periodo de asimilación ante otras plataformas ya impuestas?

—No podemos pecar de ingenuos ni injustos al hacer estas valoraciones pues mucho se hace hoy en el país para acercar a los niños a las nuevas tecnologías de una manera responsable. No obstante, entre factores objetivos como la disponibilidad de hardware en las escuelas, hasta subjetivos como la falta de preparación de educadores en estos temas, el estudiante transita un terreno yermo en sus años de educación general que genera vacíos solo llenables por familias que no necesariamente tengan esas lagunas cubiertas ellas mismas.

“Se habla de prensa, se habla del ecosistema demedios subversivosy su alta capacidad de articulación alrededor de un discurso. ¿Hacemos lo mismo nosotros? ¿Se aprecia el mismo nivel de articulación entre los medios estatales?”

—¿Puede existir esa articulación también entre medios estatales y esfuerzos comunicacionales verdaderamente independientes (entiéndase aquí aquellos que no se enmarcan en la lógica mercenarista del ejército de medios subversivos financiados de una u otra manera para atacar al país y al proyecto social)? Si es el caso, ¿qué tipo de relación debe/puede existir?

—¿Cómo llega nuestra prensa a las redes sociales? ¿Todas las estrategias de comunicación son realmente efectivas? ¿Decimos todo lo que debemos, cuándo debemos, a quién debemos y cómo debemos?

—Son muchos los retos/invitaciones que deslinda el documental, debemos convertir también las redes en espacios de emancipación, donde se comparta lo mejor de nuestra cultura, de nuestro pensamiento, donde se visibilicen y, más importante, se desarrollen acciones de formación, de diálogo, de participación verdadera. Las redes deben ser también un espacio de participación política popular, nuestros cuadros deben estar en las redes, nuestra asamblea debe estar en las redes, nuestra juventud, nuestro partido deben participar en las redes. Las redes deben ser espacios de rendición de cuentas, de consenso, de buscar colectivamente la resolución de los problemas.Y no es que los “cómo” estén ahí escondidos a simple vista, hay que buscarlos, hay que luchar por ellos.

—Pero, ¿qué es la lucha para un revolucionario si no su destino último?

—Son muchas preguntas, casi infinitas; son tantas preguntas que quizá entorpecen la lectura – mis disculpas por eso – y hacen que parezca un trabalenguas o un laberinto. Empecemos a andar para encontrar algunas respuestas y quizá el próximo texto sea menos enredado.

(Tomado de Bufa Subversiva) / Por: Kenneth Fowler

 

3.-La dictadura del algoritmo, sin tremendismos ni miedo

 

Desde múltiples voces, el documental La dictadura del algoritmo, estrenado este viernes en el espacio de la Mesa Redonda, nos acerca al fenómeno de las redes sociales, su funcionamiento, dinámicas y efectos posibles.

Uno de sus aspectos favorables es el análisis más allá de tecnicismos, con mezcla de vivencias personales, argumentos y rigor profesional, autocrítica, emociones y un lenguaje fácil de comprender para las mayorías.

Durante 52 minutos, el audiovisual, del realizador Javier Gómez Sánchez, nos adentra en particularidades del mundo digital y especialmente de Facebook, escenario de confrontación ideológica y una competencia –consciente o no- por posicionar contenidos, más allá de la distracción o ingenuidades de algunos. No hay tremendismos ni miedos en este material, sino conciencia de las singularidades de ese mundo virtual. En las palabras, en los gestos, en los tonos… gravita también la confianza en Cuba y su gente.

¿Cómo funciona? ¿Qué contenidos pueden llegar más lejos? ¿Qué se esconde detrás de “un like” o  “un me encanta”, ¿por qué te aparecen sugerencias de páginas que nunca antes habías visto? ¿cómo son usados los algoritmos y para qué?… constituyen algunas de las interrogantes con respuestas en este documental, que pretende motivar el pensamiento en torno a la “realidad digital” y sus implicaciones.

Con una realización adecuada, esta propuesta resalta por su contenido y por como se complementan sus entrevistados, todos actores importantes en las redes sociales, y algunos con peso significativo también en la sociedad cubana por el valor de su obra en el arte y otros ámbitos, incluidos artistas psicólogos, estudiantes universitarios, profesores…

Sus análisis pueden ser útiles también para otras naciones de América Latina, que suelen mantenerse en el centro de artimañas diversas. Verdaderamente, las plataformas digitales han contribuido al redimensionamiento de fenómenos, con larga vida, como la guerra cultural. Cuando una nación conquistaba a otra trataba de imponer sus modos de vida, su religión… Las fake news existen también desde hace mucho. La misma Cuba ha sido blanco de estrategias diversas, con el empleo de agencias de prensa y otros medios internacionales.

Internet es ahora el escenario fundamental para los conquistadores del siglo XXI, que aprovechan sus posibilidades para socavar los cimientos de los pueblos, su cultura y procesos revolucionarios. Desde una computadora o un teléfono en las alturas o el subsuelo pueden llegar incluso a otros países y entrar a los hogares, a las pantallas más íntimas y a las mentes de las personas.

Indudablemente, La dictadura del algoritmo analiza un entramado complejo y apasionante, que seguirá teniendo muchísimos adeptos. Ojalá contribuya a que las mayorías estemos conscientes de la importancia de participar en estas plataformas, pero sabiendo sus beneficios y riesgos, como parte de una disputa también simbólica en la que se mezclan personajes de todo tipo. Ahí palpitan también una especie de revisión tergiversada de la historia, la construcción de “líderes” y “realidades”, en las que se intentan borrar esencias.

Como se refleja en el documental, en Internet la verdad es cada vez más emocional, por eso se emplean tanto las simulaciones y se conjugan recursos para conectar con los públicos. Todo eso impone retos para profesionales de la comunicación y la sociedad toda. En las redes debemos salir también de las burbujas de confort y llegar a otras con nuestras ideas y verdades. La fortaleza de los principios y la formación educacional y de valores son esenciales en todo momento.

Hay mucho de política e intereses económicos en estas redes, una especie de megaempresa, en la que quienes pagan mandan, incluso para llegar a públicos y sitios específicos. Existen linchamientos, ataques sicológicos, intentos de asesinatos mediáticos, una violencia digital que muchas veces renuncia a la ética y el más mínimo decoro. Todo eso mostrado también con elocuencia en el audiovisual.

La dictadura del algoritmo es solo un paso, pero falta mucho en un camino que nunca tendrá fin. Necesitamos más articulación y el aumento de una narrativa atractiva desde la izquierda. Los desafíos en el futuro crecerán. La fuerza e inteligencia de Cuba y su pueblo siempre deberán ser más fuertes que lo demás.

(Tomado del blog del autor) /

 

4.-Documental “La Dictadura del Algoritmo”

 

Ver video en Picta:

Canal La Dictadura del Algoritmo       Reproducir

 

 

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Día 4 de junio el espacio Mesa Redonda estrena el documental La Dictadura del Algoritmo (Dir. Javier Gómez Sánchez, 2021)

Con la presencia de especialistas se analiza el impacto de las Redes Sociales en Cuba, desde su funcionamiento y efecto psicológico en los usuarios, hasta exponer su uso como herramienta principal en la guerra de cuarta generación que desarrolla el gobierno de los Estados Unidos para lograr una influencia política sobre la sociedad cubana.

El arribo de Internet a Cuba supuso un enorme aporte a la acción pedagógica y el desarrollo social del país. Las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC´s) han impulsado el acceso al conocimiento, el aprendizaje a distancia y la capacidad proactiva del ciudadano desde su entorno digital, pero ¿alguna vez te has preguntado que pasa luego de dar un like?

Los algoritmos esconden tras sus máscaras de progreso todo una estrategia de manipulación y dominio. Es hora de erradicar las ingenuidades y tomar conciencia de cuán inescrupulosas son estas plataformas. Así lograremos aprovechar sus beneficios y limitar que sean ellas quienes se beneficien de nosotros.

Si pensamos que lo sabemos casi todo en relación con las redes sociales, su manipulación y los métodos de las grandes empresas de internet para convertir a los usuarios en rehenes de sus conveniencias, comprenderemos que nos queda mucho camino por andar tras ver La dictadura del algoritmo, el documental de Javier Gómez Sánchez  estrenado en el programa Mesa Redonda.

Durante 52 minutos, el realizador hace que 14 comunicólogos, influencers, sicólogos, artistas y periodistas articulen un análisis de interés creciente relacionado con una problemática vigente en el universo digital de las redes, mientras acentúan sus puntos de vista en torno a la guerra mediática que, financiada por Estados Unidos, se libra contra Cuba poniendo los adelantos de la tecnología al servicio de las mentiras y tergiversaciones más burdas.

Como indica su título, La dictadura del algoritmo, ópera prima de Gómez Sánchez, carga las tintas en los peligros que ella conlleva y que fueron precisados por el académico Italo Pizzolante Negrón cuando escribió: «Para muchos, la verdad se fundamenta en la percepción individual que, deformada por las redes sociales, les hace creer que es una “verdad colectiva”. Esta realidad desafiante y autista es en gran medida obra de los algoritmos, herramientas tecnológicas de inteligencia artificial que refuerzan tendencias de opinión al buscar, favorecer y recordar solo aquella información que confirma nuestras propias creencias, y que generan la ilusión de que “todo el mundo” comparte nuestras ideas porque las informaciones que nos llegan nos dan la razón».

El documental tiene la facultad de adentrarse en un universo que, para algunos, pudiera resultar ajeno a primera vista, pero lo hace con tal coherencia e interés que se convierte en una invitación a no quedarse fuera de ese mundo del algoritmo con el que, necesariamente, hay que convivir, aunque no desarmados. Además, La dictadura del algoritmo viene a demostrar, en tiempos de predominios visuales y tendencias a la cortedad de los contenidos, que pueden cautivarse audiencias mediante la palabra reveladora y convenientemente hilvanada.

Tomada de Granma

 La dictadura del algoritmo: Un excelente documental de Javier Gómez Sánchez,que narra en las voces de reconocidos expertos y artistas cubanos, las particularidades de la guerra mediática e ideológica que se hace contra #Cuba a través de las redes sociales.

 

 

La dictadura del algoritmo: Un llamado a la pelea desde la inteligencia y el sentimiento.

Documental cubano “La Dictadura del Algoritmo”: o cómo pasar del ataque al contrataque

 

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5.-Los algoritmos de la posverdad / Por Enrique Ubieta Gómez

 

Un excelente y útil documental fue exhibido recientemente por la Televisión cubana. Se trata de La Dictadura del Algoritmo (2021), de Javier Gómez Sánchez, producido por RTV Comercial y el Ministerio de Cultura; un material audiovisual ágil, construido para un espectador inteligente capaz de dialogar, durante 51 minutos, con el saber colectivo de un grupo de especialistas cubanos, en su mayoría jóvenes, que desentraña el funcionamiento de las redes sociales en general, y de las redes sociales en «la batalla de Cuba» en particular. No es que «descubra» aspectos nunca antes revelados, es que la articulación de saberes y la eficaz edición de las reflexiones individuales, ofrece la mirada integral que necesitábamos. Sin didactismos, y sin eludir la autocrítica, el documental cumple a cabalidad su función didáctica. Porque la guerra que se nos hace, parafraseando a Martí, transita por las redes, y apela a las emociones (las más elementales); ganémosla pues a emociones (sin renunciar al pensamiento).

El control que ejercen las redes no está concebido para ningún país en particular, y sí para todos. Se produce en varios planos. El primero, lo propiciamos nosotros. Cada foto, cada amigo seleccionado o rechazado, cada «me gusta» contribuye a conformar nuestro perfil sicológico. El Gran Hermano no es necesariamente una persona que escucha nuestras conversaciones, o nos ve mediante cámaras ocultas, aunque esos viejos métodos sigan practicándose (recuérdese que la llamada Ley Patriótica, adoptada después del atentado a las Torres Gemelas en 2001, autorizaba al Gobierno estadounidense a utilizar esos recursos contra sus ciudadanos ante cualquier atisbo de sospecha, palabra sujeta a las más caprichosas interpretaciones); es una base de datos —programada desde una ideología con pretensiones hegemónicas―  que organiza la información de lo que somos y queremos, y la manipula mediante algoritmos.

Los otros planos tienen que ver con esa manipulación. Facebook nos envuelve en una burbuja de confort: los algoritmos manejan la información y nos acercan personas, eventos y declaraciones que coinciden con ella. Por muy banal o absurda que sea una opinión, hace que nos parezca universal. Si los amigos que nos han seleccionado —y no me refiero solo a los que aceptamos como tales, muchas veces sugeridos por la «máquina», sino a los pocos que en definitiva esos algoritmos permiten una interacción real con nosotros—, repiten una idea o afirman algo verosímil pero falso, lo certificamos como «verdad». La verdad, en los supuestos tiempos de la posverdad, no se mide por su coincidencia o fidelidad a los hechos que describe o nombra, sino por su efecto emocional, por la cantidad de veces que es repetida (Goebbels). Por eso, es muy común topar con personas muy aferradas a opiniones «propias» que fueron previamente sembradas en sus cabezas. Incluso, hay quienes se asientan en el pantano del cinismo: si se demuestra que, por ejemplo, nunca se produjo una aludida huelga de hambre, responden: «A mí no me importa que sea verdad o mentira». Los algoritmos son algas de río. Se enredan en tus pies y no te dejan nadar. Mientras más braceas, más te sujetan.

Algunos se ahogan, y creen (de verdad creen) que la Revolución Cubana tiene los días contados, o que la mayoría del pueblo ―no cuenta el 86 por ciento que certificó la Constitución socialista en voto secreto y directo― se opone a ella. Cualquier evidencia contraria es ignorada. Más aún, cualquier evidencia contraria es acallada, mediante artilugios tecnológicos o acciones represivas. Porque Facebook se parece a su amo: puede ser un espacio de seducción que nos mantenga «cómodos», «queridos», sin que sintamos la «necesidad» de pensar; o puede ser una maquinaria de terror, que nos haga caer al vacío de la incomodidad, si persistimos en seguir nuestro rumbo. La zanahoria y el garrote. El terror es virtual ―las ofensas son un recurso―, pero tiene consecuencias en la vida real: ya sea la pérdida de contratos para músicos o artistas escénicos, por ejemplo, o la siembra de una duda plausible que afecte el prestigio del emisor rebelde («el asesinato del carácter» puede basarse en hechos reales o ficticios, mas siempre deja la sombra de la duda), e incluso la agresión física en la calle, como recurso extremo. Puede provocar en un joven la sensación de aislamiento del grupo de amigos, lo que para él o ella es difícil de sobrellevar. Sin embargo, en realidad, como afirma Israel Rojas en una de las tomas del audiovisual, «te matan cuando te logran callar».

El documental presenta los testimonios de Israel Rojas y de Arnaldo Rodríguez, dos talentosos y populares músicos cubanos que sufrieron el ataque de las redes y no se callaron. Porque callarse es un primer paso que certifica la muerte del sujeto. Pero no lo «libera». El terror es carroñero: necesita que el vencido se pronuncie en sentido opuesto a sus convicciones. El documental nos invita a reflexionar, aunque también a actuar; a preservar nuestra identidad y a crear formas novedosas, capaces de tocar resortes emocionales y racionales en defensa de la verdad, la que coincide con los hechos. Lo recomiendo.

 

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6.-La encrucijada de las redes / Por Yuris Nórido

 

Hace algunas décadas se repetía una frase que parecía exagerada (y a todas luces lo era), pero que resumía ciertos presupuestos de la jerarquización mediática: si no estás en las pantallas de la tele­visión, para millones de personas sencillamente no existes.

Esa idea del imperio de lo vir­tual sobre la realidad concreta se remarca en los tiempos que co­rren; aunque las redes sociales de Internet ofrezcan una ilusión de autonomía y democratización.

Si no estás en Twitter, Face­book, Instagram, YouTube… no existes para muchas personas. Y  Twitter, Facebook, Instagram, YouTube (y otras tantísimas pla­taformas) te dan la posibilidad de conectarte con el mundo, de ex­presarte, recibir la información que necesitas, de compartir con tus semejantes, participar en los debates públicos, de ser una voz que importe en el apabullante concierto universal.

Gracias a las redes sociales de Internet (dicen algunos gurús), ahora todos tenemos la posibili­dad que antes era privilegio de los medios de comunicación: sociali­zar nuestro mensaje, proyectarlo más allá de los límites de nuestra casa y nuestra comunidad más in­mediata.

No es tan sencillo

Y no solo porque no todos conta­mos con acceso a las tecnologías, sino porque el “ágora mundial” que se ha instaurado tiene sus reglas, sus gradaciones, sus lógi­cas… y el motor principal no es precisamente el afán caritativo de las grandes empresas que con­trolan el juego. Hay que ganar dinero, y la mejor manera es con­solidando una hegemonía que es económica… y también política y cultural.

Convendría no perder eso de vista, si bien a buena parte de los usuarios esas peculiaridades no les afectan directamente. A quien quiere solo publicar las fotos de su fiesta particular o las imágenes e historias más tiernas de sus mas­cotas (algo, por supuesto, legíti­mo) poco o nada le importarán los rejuegos en el tráfico y la dosifica­ción de la información.

La dictadura del algoritmo,el documental de Javier Gómez Sánchez que estrenó la Televi­sión Cubana desmonta mitos y revela lógicas en el cada vez más extendido ámbito de las redes sociales de Internet, al abordar no tanto su más amable e “inocente” face­ta —la posibilidad de encuentro y diálogo entre personas que se quieren, o sus potencialidades educativas y culturales—, sino sus efectos en dinámicas socia­les, que parten de una manipu­lación más o menos evidente de ciertos individuos con la decidi­da intención de subvertir siste­mas y poner en crisis determina­dos consensos.

Es lo que sucede ahora mis­mo en Cuba, aprovechando la in­fraestructura que el país ha ido desarrollando (no sin dificulta­des, no sin conflictos) para in­sertarse en el demandante mun­do digital.

No hay que darle muchas vueltas: las redes sociales son herramientas de poder que tras­cienden nuestras más cotidianas zonas de confort. Y las herra­mientas se usan en beneficio de quien las utilice. Por eso, más que demonizar el funcionamien­to meramente técnico de una pla­taforma, el documental se ocupa de los resortes políticos que acti­van la maquinaria y su efecto en determinados sectores de la lla­mada opinión pública.

¿Hasta qué punto es diáfano, justo, equilibrado el debate que se propicia muchas veces en las redes? ¿Quién lo propone? ¿Quién lo modera?

Los algoritmos que rigen esas dinámicas responden, obvio, a los intereses de las grandes em­presas que los crearon.

-Y el in­terés de una empresa, insistimos, es ganar dinero.

-Existe (o al me­nos debería existir) un posicio­namiento ético, pero ¿la ética define?

-¿Se puede hablar de una nueva realidad en las redes, de una sociedad paralela?

-¿Somos los mismos en las redes? ¿Somos conscientes de las reglas y de hasta qué punto comulgamos con ellas?

¿Podemos separar el grano de la paja?

Son solo algunas preguntas del documental. Algunas entre muchas. Si le interesa más que chatear con sus familiares y ami­gos, quizás le convendría aten­derlas.

7.-La dictadura del algoritmo: Comentarios / Por Atilio Borón

 

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Imagen: La dictadura del algoritmo / Facebook.

Se trata de un documental excelente, y quienes me conocen saben que no soy dado a exageraciones. Es en verdad muy interesante e ilustrativo porque ofrece un análisis muy exhaustivo del mundo de las redes digitales y su utilización para “formatear”, valga la metáfora, la conciencia de las sociedades contemporáneas de modo tal que profundice la sumisión a los dictados de las clases y grupos dominantes. En pocas palabras, un contenido impecable, sólido desde el punto de vista de la teoría social y política, e ilustrado con bellas imágenes e intervenciones muy claras y sucintas de destacadas personalidades.

Dicho lo anterior debo agregar que la agresión que están sufriendo en Cuba se reproduce con distintos matices en toda Latinoamérica y el Caribe. Por supuesto, que la beligerancia demostrada en los mensajes dirigidos a la población de la isla es muy superior a la que se comprueba aún en casos de países que también son víctimas del bloqueo, como Venezuela y Nicaragua. Cuba, como sabemos, es una espina clavada en la garganta de Tío Sam desde hace más de doscientos años, y cunde la desesperación porque a pesar de sesenta años de bloqueo y ataques de todo tipo (sabotajes, atentados terroristas, sanciones económicas, etcétera) la Revolución Cubana prosigue su marcha e inclusive, en tiempos de pandemia, será el único país no sólo de Latinoamérica sino de la periferia capaz de producir una vacuna endógenamente generada, lo que no es el caso de India, que fabrica vacunas producidas por otros países.

Ante la falta de efectividad de todas estas agresiones perpetradas contra Cuba, pese al enorme daño infligido a su pueblo y los elevadísimos costos económicos del bloqueo, los estrategas norteamericanos se han volcado a estudiar todas las posibilidades que le abre el llamado “poder blando”. En el documental se aporta una muy detallada descripción de cómo opera uno de los instrumentos de este “poder blando”: las redes digitales, que no son sociales porque crean “comunidades imaginarias” o, como dice Rosa Miriam Elizalde, “burbujas de confort” que sólo por excepción dan nacimiento a conjuntos sociales reales. Pero, como se demuestra muy bien en el documental la eficacia de esta tecnología reposa en la calidad y precisión de los algoritmos creados para, desde ellos, interpelar a los sujetos reales con discursos y exhortaciones concretas, con llamados a la acción y casi recurriendo al “bullying” contra quienes desoyen esas convocatorias y no salen a protestar contra el gobierno, la revolución, el socialismo. El reverso de esta medalla es la ridiculización de los que siguen en una onda -caracterizada como anacrónica, tal vez arcaica- anclada en una “vetusta” crítica a la sociedad norteamericana o a los crímenes del imperialismo. Este proceso está muy bien retratado en el documental.

Las “burbujas de confort” crean una falsa sensación de universalismo: “todos piensan esto”, se dice a sí misma la persona que está siendo ametrallada por estos mensajes. No se sabe, pero se supone, y ahí opera el temor a ser la oveja negra de un paciente rebaño que sigue las instrucciones que emiten quienes controlan plataformas como Facebook o Twitter, sin ir más lejos. Nada más engañoso que suponer que esos son espacios de ilimitada libertad, como algunos creyeron cuando estas tecnologías hicieron su irrupción en las sociedades contemporáneas. ¡Vaya si hay control, si hasta al propio ex presidente Donald Trump se permitieron sacar del Twitter, donde tenía 83 millones de seguidores, porque los dueños de esa plataforma consideraban inapropiados los mensajes que posteaba el magnate neoyorquino!

Resumiendo: este magnífico documental describe y explica el funcionamiento de esta nueva arma de dominación neocolonial. Es muy poderosa, más no invencible. Nosotros también podemos hacer uso de ella. No será sencillo pero si apelamos a nuestra imaginación, si elaboramos un minucioso plan de contra-ataque, si lanzamos las consignas o palabras adecuadas y con el estilo comunicacional de nuestro tiempo: sencillo, breve, apelando a las pasiones y no sólo a la argumentación racional, todo en pro de una buena causa, estoy seguro que podremos contrarrestar la ofensiva del imperio. Al fin y al cabo esa es la historia de la Internet: inventada por el Pentágono se les escapó de las manos. Es instrumento de opresión pero también, bajo ciertas circunstancias, de liberación. Hosni Mubarak, treinta años dictador de Egipto sostenido por Estados Unidos e Israel, sucumbió ante el uso inteligente y masivo que hicieron los jóvenes que manifestaron más de un mes en El Cairo. Lo mismo ocurrió en Túnez, acabando con la tiranía de Zine El Abidine Ben Ali. Las luchas populares en Colombia y en el Chile de nuestros días -así como las que se libraron en Ecuador en 2019- son coordinadas y repotenciadas en su efectividad por la utilización de las redes sociales. Si, la dictadura de los algoritmos y sus creadores existe, pero eso que he dado en llamar “asociativismo digital” puede ser un arma poderosísima en manos de los pueblos. No olvidemos una enseñanza de la guerrilla de Sierra Maestra, y lo que tantas veces dijo Fidel: “teníamos unas pocas armas, pero nos equipamos con las armas que le arrebatábamos a nuestros enemigos”. Lo mismo hizo el Viet-Cong: apoderarse de las armas de las tropas de Estados Unidos y derrotarlas con ellas. Ahora se trata de hacer lo mismo; derrotar al imperio, volviendo en su contra sus propias armas.

 

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Las redes sociales son herramientas de poder que tras­cienden nuestras más cotidianas zonas de confort. Y las herra­mientas se usan en beneficio de quien las utilice

 

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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