Estados Unidos, una bomba de tiempo contra Cuba

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Sabotaje a La Coubre, una de las primeras acciones de terrorismo contra Cuba.  Durante el sepelio de las víctimas del 4 de marzo de 1960, Fidel enarboló por primera vez la consigna que sigue expresando la voluntad del pueblo cubano de resistir en su lucha: “Patria o Muerte”.

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Agresión contra embajada de Cuba en Washington: Orificios de balas pueden verse en una columna detrás de la estatua de José Martí mientras miembros del Servicio Secreto investigan luego de que un hombre abriera fuego contra la Embajada Cubana en Washington. (AP Photo/Andrew Harnik)

Parte de una cara, reducida a dos ojos “impresionantes, como si vivieran”, fue la última imagen que vio un niño de su padre, víctima del sabotaje al vapor francés La Coubre en marzo de 1960.
De acuerdo con el relato de la enfermera Gloria Azoy, quien atendía a los lesionados del siniestro en el puerto de La Habana, ella recogió esos restos y los puso sobre un apósito. “Más tarde, un niño se acercó a mí tratando de buscar información sobre su padre perdido. Lo miré, y enseguida comprendí a quién buscaba”, contó.
El saldo de ese 4 marzo fueron 100 fallecidos, 34 desaparecidos, 400 heridos (decenas de ellos incapacitados de por vida) y cientos de familias destruidas por el considerado uno de los más criminales actos terroristas organizados desde Estados Unidos, pero no el único.

GEOPOLÍTICA DISFRAZADA DE CONFLICTOS

Según el escritor y profesor universitario cubano José Luis Méndez, la hostilidad del Gobierno norteamericano hacia el proceso revolucionario en el territorio insular data desde antes de su triunfo, el 1 de enero de 1959.

Al respecto, refirió los “denodados esfuerzos” para aplastar al Ejército Rebelde liderado por Fidel Castro, a partir del abastecimiento de bombas y municiones a aviones de la dictadura de Fulgencio Batista (1952-58) en la ilegal Base Naval de Guantánamo, al oriente del país.

También, apuntó Méndez, Washington presionó para que distintos países se negaran a vender armas a la guerrilla, ello “junto con otras medidas para organizar a la contrarrevolución con el empleo de batistianos, desplazados del poder y afectados por las leyes del naciente proceso, con profundo contenido y beneficio popular”.

En un artículo, el doctor en Ciencias Políticas Alejandro Castro cuestiona: “Si Cuba no representa una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos, como lo reconociera el Pentágono, ni constituye un rival en el terreno económico, ¿por qué perdura la fracasada política y la furibunda animadversión contra la Revolución?”.

Para Jorge Hernández, director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana, de las pugnas más conocidas en el ámbito de las relaciones internacionales, la existente entre Washington y La Habana es quizás (junto a la del pueblo palestino e Israel) la que mayor atención ha recibido.

En ese caso, “no se trataba solo ni esencialmente de un conflicto de amor-odio, estimulado por un caprichoso empecinamiento neocolonial e imperialista de los Estados Unidos, sino de imperativos geopolíticos y simbólicos que sostenían la lógica de la dominación”, explicó.

A partir del triunfo revolucionario, tal enfrentamiento adquiere una connotación diferente, cualitativamente nueva, que convirtió a Cuba en objeto de los más variados métodos de agresión, aseveró.

CUBA EN LA AGENDA DEL HORROR

De acuerdo con la Demanda del pueblo de Cuba al Gobierno de Estados Unidos por daños humanos, presentada en La Habana el 31 de mayo de 1999, el terrorismo ha sido un instrumento permanente de la política exterior de la Casa Blanca contra el país caribeño.

En ese contexto, la ínsula se convirtió en diana de sabotajes, ataques piratas contra instalaciones costeras, naves mercantes y embarcaciones pesqueras; además de atentados a oficinas y personal cubano en el exterior, incluidas sedes diplomáticas y aviones.

A ello se suma la constante instigación, a través de emisoras de radio y televisión, a mercenarios, quienes reciben instrucciones para realizar actos subversivos y dañar centros de la producción y los servicios, según fuentes oficiales.

Un informe de octubre de 1961, firmado por el inspector general y director ejecutivo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Lyman Kirkpatrick, dio cuenta del inicio de las operaciones organizadas desde Washington contra La Habana en el verano de 1959, poco después de la firma de la Ley de Reforma Agraria (17 de mayo de ese año).

Para octubre de 1959, ya volaban sobre la isla pequeños aviones procedentes de territorio norteamericano, con misiones tales como la infiltración de agentes, armas y otros medios, la realización de actos de sabotaje, bombardeos y el arrojo de propaganda subversiva.

Como precisa la Demanda, es en 1961 cuando ocurren con mayor sistematicidad estas agresiones, consecuencia del llamado “Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro”, aprobado el 17 de marzo de 1960 por el entonces presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower.

Leyla Carrillo, especialista del Centro de Investigaciones de Política Internacional, reseñó que entre octubre de 1960 y abril de 1961, la CIA asesinó alfabetizadores y pescadores, introdujo 75 toneladas de explosivos y 45 de armas, realizó 110 atentados dinamiteros, hizo estallar 200 bombas, descarriló seis trenes, e incendió 150 fábricas e igual número de cañaverales.

La guerra no declarada contra el país caribeño incluyó el ametrallamiento de poblados costeros y la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos en 1961, vencida en menos de 72 horas, para trascender como la primera derrota militar estadounidense en América.

Por obra de la Casa Blanca también estarían la amenaza de terrorismo nuclear en 1962, durante la llamada Crisis de Octubre, y el fomento de grupos de bandidos para acabar con la Revolución, emplazados principalmente en la región del Escambray, y a merced de los suministros y órdenes del Gobierno de Estados Unidos.

Según la Demanda hasta 1965, fecha en que se liquidó el bandidismo, actuaron en la isla 299 grupúsculos con tres mil 995 mercenarios, dejando a su paso al menos 549 fallecidos.

En 1962 complementaría la escena el “Proyecto Cuba”, presentado al Gobierno de Estados Unidos con una relación de 32 tareas de guerra encubierta que debían ser ejecutadas por los departamentos y agencias participantes en la llamada Operación Mangosta.

De acuerdo con el general de división (retirado) Fabián Escalante, estudioso sobre el tema, ese programa incluyó planes de atentados contra el líder de la Revolución, Fidel Castro (sumaron más de 634 entre 1958 y el año 2000), y otros dirigentes, además de tareas de orden económico, militar, de inteligencia y de subversión político-ideológica.

En fecha tan temprana como 1961, ya el líder histórico denunciaba cómo la CIA manejaba los hilos de la contrarrevolución, abastecimientos de armas y explosivos, y “sin respeto alguno para el Derecho Internacional”, reclutaba y organizaba mercenarios, tras violar “de manera incesante el espacio aéreo nacional y las aguas jurisdiccionales de nuestro país”.

De hecho, el documento desclasificado de Kirkpatrick enfatizaba en “incitar, apoyar y, en lo posible, dirigir la acción, dentro y fuera” de la isla, “por parte de grupos selectos de cubanos que pudieran realizar cualquier misión por iniciativa propia”.

Según fuentes oficiales, así emergieron distintas asociaciones, las cuales se vanagloriaban de fomentar el terrorismo y actuaban desde Estados Unidos con total impunidad.

Siglas como MRP (Movimiento Revolucionario del Pueblo), CORU (Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas, que en realidad aglutinó a los grupos anticubanos más violentos en la región), Alpha 66 y Omega 7, pasaron a ser célebres por bañar la isla en sangre, y lanzaban declaraciones adjudicándose cada gota derramada.

“Si tuviéramos más recursos, ardería Cuba de un extremo a otro”, decía ante la prensa de Miami el terrorista Orlando Bosch el 17 de enero de 1965.

La trayectoria de ese criminal incluyó la fundación del CORU; junto a Posada Carriles, promovió en 1976 el estallido en pleno vuelo de la nave CU-455 de Cubana de Aviación y la muerte de sus 73 personas a bordo en las costas de Barbados; sin embargo, pasó sus últimos años con la protección del Gobierno estadounidense, en libertad.

Igual suerte corrió Posada, el mismo que en 1998 confesaba al diario The New York Times: “La CIA nos lo enseñó todo, cómo usar explosivos, cómo matar, hacer bombas”, y ensayó esos entrenamientos al organizar el atentado al avión de Cubana.

“El sabotaje fue el golpe más efectivo que se haya realizado contra Castro”, así calificó Posada al primer acto de terrorismo aéreo en la historia continental, en un texto publicado por el periódico Miami Herald el 10 de noviembre de 1991.

Las armas contra Cuba también incluyeron la agresión biológica. De acuerdo con los archivos históricos, los primeros planes de la CIA atentaron contra la caña de azúcar, en aquel momento el principal cultivo exportable del país caribeño.

De igual forma, la epidemia de dengue hemorrágico introducida en la isla por grupos terroristas acabaría con la vida de 101 niños, entre cero y 14 años de edad.

Ante el Tribunal Federal de la ciudad de Nueva York, en 1984, el cabecilla de Omega 7, Eduardo Arocena, confesó la inserción en Cuba de “gérmenes” como parte de la guerra biológica; por ello no fue ni investigado ni juzgado, revelaron documentos oficiales.

También, en el contexto de su estrategia política, Washington incentivó la emigración ilegal hacia su territorio, subrayó la Demanda, y entre los ejemplos está que, entre 1959 y 2001, 51 aviones cubanos fueran secuestrados y en su mayoría desviados hacia la vecina nación.

Para 1992, la Fundación Nacional Cubano Americana destinó fondos con vistas a reclutar terroristas en Centroamérica y colocar bombas en instalaciones turísticas cubanas; solo en 1997, siete de ellas explotaron.

En opinión del escritor y exagente de la Seguridad del Estado Raúl Antonio Capote, la isla tiene un récord: ser el país que más ataques terroristas ha recibido durante más tiempo, los cuales costaron la vida a tres mil 478 personas e incapacitaron a dos mil 99.

Para tener una idea de la intensidad de esa violencia, la Demanda del pueblo de Cuba enfatiza: en 14 meses, desde 1961 hasta 1963, hubo cinco mil 780 acciones terroristas, de las cuales 716 resultaron sabotajes de envergadura contra instalaciones industriales de la isla.

Las más recientes huellas del flagelo hablan sobre el descarrilamiento de un tren en 2019, complots pagados desde la Florida para incendiar centros comerciales y de servicios, y la sede diplomática de La Habana en Washington fue acribillada a balazos (30 de abril de 2020), sin un pronunciamiento de Estados Unidos al respecto.

 

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Por Claudia González Corrales / Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina

En la realización de este trabajo colaboraron los periodistas Amelia Roque, Elizabeth Borrego, Orlando Oramas e Isaura Diez, de la redacción nacional de Prensa Latina; David Reyes, editor de PLTV; y editor web Rey Dani Hernández Marreros.

 

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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