Vacunas contra la Covid-19, el gran negocio

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Vacunas contra la Covid-19, el gran negocio

 

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Desde que estalló la pandemia de la Covid-19 a finales del 2019, el mundo puso sus ojos en una posible vacuna para cortar el avance del nuevo coronavirus identificado como SARS-CoV-2  y que en pocas semanas se expandió por todo el planeta, con una cifra creciente de enfermos y fallecidos.

Desde el inicio, arrancó una fuerte carrera por obtener la vacuna, llegándose a registrar medio centenar de candidatos vacunales, en su mayoría procedentes de naciones ricas con un amplio potencial científico y tecnológico.

Más de un año después de los primeros casos reportados en la lejana ciudad china de  Wuhan, el proceso de vacunación se acelera en el planeta, aunque con una distribución desigual y en beneficio de aquellos países que más pueden pagar por el medicamento.

Vacunas … un negocio rentable?

En un inicio, las grandes farmacéuticas del mundo no mostraron mucho entusiasmo en estudiar y desarrollar una vacuna contra el SARS-CoV-2 .

Firmas reconocidas en el mundo de los medicamentos como Oxford-AztraZeneca, Johnsons&Johnson, Novavax, Moderna, Pfizer/BioNTech y otras más no manifestaron un entusiasmo inicial, desgano también presente en los inversores privados que no encontraban incentivos financieros para sus bolsillos con una vacuna.

Varias son las razones que condujeron a la indiferencia inicial.  La creación de vacunas, especialmente en caso de una emergencia sanitaria, no ha demostrado ser muy rentable en el pasadopues una vez controlado el pico pandémico las demandas de los preparados descienden o buscan una meseta de mercado.

Si a esto se le añade que el proceso de descubrimiento lleva tiempo y su apresuramiento está lejos de ser seguro e inocuo a los seres humanos, esto funciona como retranca a iniciar esos estudios.

A estos argumentos se suman otros meramente mercantiles y donde el interés sanitario público no encaja, de ahí que las grandes farmacéuticas valoren  que las naciones más pobres necesitan grandes suministros pero no pueden permitirse pagar precios altos, razón que las vacunas resultantes tienen que ser baratas, lo cual no está en su filosofía de mercado. Basado en eso, las farmacéuticas enfocan sus investigaciones y producción hacia los países más ricos, especialmente en medicamentos que requieren dosis diarias, razón que los hacen más rentables.

La expansión del virus, el creciente número de enfermos y la elevada cantidad de muertes actuaron como un resorte de presión frente a los gobiernos que tuvieron que reaccionar con medidas sanitarias para contener el problema y a las largas, apostar por una vacuna que detenga el contagio, por esa razón las arcas de muchos gobiernos se abrieron para financiar los estudios de las grandes farmacéuticas, renuentes a realizar inversiones desde sus propios recursos.

Europa y Estados Unidos son las regiones donde el financiamiento procedentes del Estado ha llegado con más fuerza a las farmacéuticas. Los datos de financiamiento son elocuentes: Novavax recibió 1 570 millones de dólares,  Oxford-AztraZeneca contabilizó una ayuda por 2 220 millones, mientras Moderna y Pfizer/BioNTech contabilizan sumas de 562 y 545 millones cada una. En total esas grandes compañías recibieron fondos de gobiernos, cuentas privadas y organizaciones sin fines de lucro por un monto total superior a los 8 mil millones de dólares para financiar la búsqueda de vacunas contra la Covid-19.

Un factor de apreciación cambió la perspectiva de las farmacéuticas sobre las vacunas para la Covid-19, su rentabilidad por encima de cualquier otra consideración sanitaria.

En la medida que los estudios clínicos sugieren que la Covid-19, tal como la gripe o enfermedad estacional, llegó para quedarse y va a requerir inyecciones de refuerzo anuales para lograr la inmunidad de las personas, entonces sí podría ser rentable para las empresas, de ahí la decisión de impulsar el estudio y producción de las vacunas.

Llenando los bolsillos

La reacción de todas la grandes farmacéuticas no parece ser igual, mientras algunas mantienen una postura ética de vender sus productos a precios bajos, teniendo en consideración el enorme respaldo financiero recibido desde los gobiernos y otras fuentes, existe otro grupo que busca una ganancia extrema para sus cuentas.

En el primer grupo están la farmacéutica estadounidense Johnson & Johnson y la británica AstraZeneca, esta última asociada a la Universidad de Oxford, quienes venden sus preparados a precios bajos. En el otro extremo está Moderna, una pequeña empresa de biotecnología que ha fijado su vacuna hasta 37 dólares la dosis.

La gama de precios es hoy muy variada, ajustada en gran medida a la demanda y a la capacidad de pago que tienen los gobiernos más ricos, dispuestos a gastar millones para tratar de controlar la epidemia.  Sin que resulten tasas fijas, hoy los precios de las vacunas van de 4 a 37 dólares la dosis.

La china Sinovac mantiene precios entre los 13 y los 29 dólares, mientras Pfizer/BioNTech expende su preparado a 19 dólares, Novovax a 16, Curevac a 11 y la rusa Sputnik V se contabiliza a 10 dólares la unidad.

Además del problema de los precios de las dosis, las vacunas contra la Covid-19 están sacando a la luz un viejo problema que marca las relaciones Norte-Sur y es referente a la transferencia de tecnología.

Ya varias voces en el mundo alertan sobre la posición de la mayoría de las farmacéuticas que retienen para sí la tecnología y los resultados de sus investigaciones, lo que no facilita la producción de vacunas en otras naciones.

Las críticas vienen también hacia los gobiernos que aprobaron fuertes financiamientos para esas empresas en la búsqueda del preparado antiCovid-19 y no pusieron reglas que obligaran a las farmacéuticas a compartir y transferir sus resultados a fin de poder fabricar vacunas  en otros laboratorios.

Esta situación pone en total desventaja y dependencia  a naciones del sur que no tienen acceso a los datos, procedimientos y manejos tecnológicos para producirlas, aun teniendo capacidades de laboratorios e industrias para replicar algunas de esas formulaciones. Naciones como la India, Sudáfrica, Brasil y México pudieran fabricar esas vacunas a partir de la transferencia que hagan las grandes farmacéuticas, hasta ahora negadas a compartir sus conocimientos, mientras se adentran en una competencia mercantil entre ellas para ver quién vende más dosis.

En esta batalla por los mercados, las grandes farmacéuticas han firmado cartas de intención con los países, con volúmenes que superan sus capacidades reales de producción y distribución, lo que ha provocado desacuerdos y reclamaciones de naciones que no están recibiendo la cantidad de lotes pactados.

A todo esto se suma un problema  tecnológico relacionado con la conservación y cadenas de distribución de los fármacos, en su mayoría necesitados de cadenas de frio de muy bajas temperaturas, lo que dificulta su transportación, almacenamiento y manejo, en particular en las unidades asistenciales de base donde se deben aplicar las dosis.

Mientras el mundo sigue enfrentando una pandemia que ya deja más de 112 millones de personas infectadas y ha causado la muerte a cerca de 2 millones y medio de seres humanos, la producción de vacunas contra la Covid-19 constituye un campo de batalla donde para algunos, el dinero sigue siendo su principal incentivo.

Tomado de Radio Reloj

 

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El negocio de la vacuna contra la COVID-19

 

Como si no fuese suficiente con la desolación por el confinamiento, el desasosiego por los nuevos contagios y el duelo por quienes volaron a otro plano a causa de la pandemia, sentimos también una profunda indignación cuando se pone de relieve uno de los más inhumanos antivalores del capitalismo: hacer de la vida y de la salud un negocio.

EEUU, la Unión Europea y el Reino Unido se oponen a la propuesta de exención de los derechos de propiedad intelectual y patentes de la vacuna contra el COVID-19. Dicha propuesta fue presentada ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) en octubre de 2020 por Sudáfrica y la India, a la cual ya se han sumado más de 100 países. Consiste en eliminar las barreras de la propiedad intelectual de manera que las empresas transfieran su tecnología y conocimiento a otras plantas productoras para fabricar masivamente todas las dosis que se requieren y así inmunizar lo más rápido posible a la población mundial. Capacidad de producción con la que se cuenta, según Tedros Adhanom, director de la OMS.

El Acuerdo de los Derechos de Propiedad Intelectual y del Comercio (ADPIC) suscrito por los países miembros de la OMC no es otra cosa sino la creación legal de monopolios en la medida en que conceden a los capitales la exclusividad, por años, de la producción y comercialización de un bien. El argumento que esgrimen es que las patentes son la única garantía para incentivar la inversión en investigación y desarrollo.

Con el chantaje del incentivo, lo que realmente otorgan a las empresas farmacéuticas es el poder de decidir quién vive y quién muere, además de decidir de qué viviremos y de qué moriremos. Son estas las que elaboran la agenda de las investigaciones siguiendo el criterio de lo que le es más rentable, no por casualidad cronifican las enfermedades.

Es el caso que, el financiamiento para la investigación ni siquiera proviene de la propia industria privada farmacéutica. Son los gobiernos los que históricamente han facilitado los recursos financieros y es en las universidades e instituciones principalmente públicas que se han desarrollado las investigaciones que luego han sido apropiadas por las farmacéuticas.

De los US$ 13.900 millones que se han destinado a la investigación de la vacuna contra el COVID-19, los gobiernos han proporcionado US$8.600 millones, las organizaciones sin fines de lucro US$ 1.900 millones, mientras que solo US$3.400 millones los han puesto las empresas farmacéuticas privadas, apenas el 25% (Airfinity). A esto debemos sumar el mercado seguro que tiene la vacuna, de hecho, para diciembre de 2020 los gobiernos de los países llamados desarrollados habían pre encargado 10.380 millones de dosis.

La empresa farmacéutica estadounidense Moderna desarrolló la vacuna contra el COVID-19 con financiamiento 100% público, recibió US$ 562 millones. Le fueron pre encargadas 780 millones de dosis a un precio que ronda en promedio los US$ 31/dosis, lo que le genera ingresos por el orden de US$ 24.000 millones. Saquen ustedes las cuentas de la ganancia de esta empresa.

Pfizer/BioNtech, también estadounidense recibió US$ 268 millones del gobierno, alrededor del 66% de lo que destinó a la investigación. Le fueron pre encargadas 1.280 millones de dosis que a un precio promedio de 18,5 US$/dosis equivalen a ingresos por el orden de US$ 23.680 millones. A AstraZeneca/Oxford de capital inglés, le pre encargaron 3.290 millones de dosis, las cuales vende a un precio de 6 US$/dosis, obtendrá US$ 19.740 millones por ingresos, pero el 67% de los US$ 2.200 millones que dedicó a la investigación fueron públicos. A Jhonson&Jhonson le encargaron 1.270 millones de vacunas que vende a US$ 10/dosis lo que le generará un ingreso de US$ 12.700 millones habiendo realizado una inversión de US$ 819 millones con financiamiento 100% público.

Los precios de las vacunas oscilan entre 4 y 37 US$/dosis: Sputnik-V 10 US$/dosis; Sanofi/GSK entre 10 y 21; Novavax 16; Moderna entre 25 y 37; Sinovac entre 13 y 29 US$/dosis, además de las ya mencionadas.

La vacuna contra el COVID-19 es un negocio redondo, al parecer es el mejor de estos tiempos: la inversión para la investigación la asumieron los gobiernos que dieron los recursos a las empresas farmacéuticas privadas; tienen el mercado garantizado porque los mismos gobiernos pre encargaron las vacunas a las empresas que financiaron; toda la ganancia va a parar a las empresas farmacéuticas en su mayoría privadas que además son las que, gracias al monopolio otorgado por los mismos gobiernos a través del ADPIC, tienen la exclusividad de producción y comercialización por años.

Esta restricción del acceso a la vacuna, consecuencia de las patentes, ocurre mientras 500 mil personas se contagian y 8.000 fallecen a diario a causa de esta enfermedad. ¿Es ésta, o no, la muestra más inhumana del capitalismo?

Hoy, mientras los países con mayores ingresos vacunan a una persona por segundo, la mayoría de los países aún no han puesto ni una sola dosis (Oxfam). De los 128 millones de dosis de vacunas administradas hasta la fecha, más de tres cuartas partes se han aplicado en tan solo 10 países que representan el 60% del PIB mundial. Casi 130 países, con 2500 millones de habitantes, todavía no han iniciado la vacunación (OMS). Se estima que, a mediados de año, tan solo se habrá vacunado a un 3 % de la población de los países con menores recursos, y en el mejor de los casos, a una quinta parte, para finales de 2021 (Oxfam), lo que a su vez retardaría la recuperación no solo económica de esos países, sino de las condiciones de vida de su población. EEUU ha recibido el 25% de todas las vacunas disponibles a nivel mundial y la Unión Europea el 12,6%.

Es tan grande la desfachatez de EEUU, la Unión Europea y el Reino Unido que para privilegiar a sus capitales farmacéuticos se niegan a la exención de las patentes a pesar de que, en el propio seno de la OMC, en 2001 acordaron flexibilizar los derechos de propiedad intelectual en caso de emergencias de salud pública: “Convenimos en que el Acuerdo sobre los ADPIC no impide ni deberá impedir que los miembros adopten medidas para proteger la salud pública. En consecuencia, al tiempo que reiteramos nuestro compromiso con el Acuerdo sobre los ADPIC, afirmamos que dicho Acuerdo puede y deberá ser interpretado y aplicado de una manera que apoye el derecho de los miembros de la OMC de proteger la salud pública y, en particular, de promover el acceso a los medicamentos para todos.”

¿Qué mayor emergencia de salud pública que una pandemia, que es mundial y disculpen la redundancia, ocasionada por un virus altamente contagioso y letal?

Como si no fuese suficiente con todo lo anterior, irrita saber que, a un precio promedio de 15 US$/dosis y suponiendo que se apliquen 2 dosis de la vacuna a los 7.700 millones de habitantes, se necesitarían US$ 231 mil millones para inmunizar a toda la población mundial, monto que no representa ni siquiera el 5% de todo lo que en pandemia ganaron los 2.000 multimillonarios del Planeta gracias al dinero que los gobiernos inyectaron en el mercado bursátil mientras 500 millones de personas se sumaban a la lista de pobres que ya va por los 4.000 millones.

Decía Alí Primera, “Ayúdenla, ayúdenla que sea humana, la humanidad”.

(Tomado de El Ciervo Herido) / Por Pasqualina Curcio Curcio

 

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El capitalismo, la pandemia y la especie humana

 

La actual pandemia saca a la luz las miserias y partes más oscuras del sistema capitalista

 

La actual pandemia global ha puesto en entredicho, con mayor crudeza que nunca, la capacidad del capitalismo para preservar la vida humana.

La rápida expansión del nuevo coronavirus, uno de los efectos negativos de la globalización mundial, ha colocado a la Humanidad ante un desafío inédito y más grave incluso que las Guerras Mundiales.

Nunca antes la especie humana había enfrentado una crisis sanitaria tan colosal que ha enseñado de la peor manera la incapacidad de resolver el problema de forma rápida y efectiva.

La propiedad privada y la libertad de mercado, columnas vertebrales del capitalismo, hasta ahora solo han servido para que los países más ricos, y por supuesto más avanzados tecnológicamente, se afilen los dientes con las ganancias que generarán las vacunas en investigación.

Para los ricos

La espiral mundial de muertes, que parece indetenible, se ha convertido en una posibilidad de negocio para las grandes transnacionales biotecnológicas, que por supuesto, pertenecen al Primer Mundo.

Aunque no lo digan descarnadamente, la vacuna contra la Covid-19 es ahora la veta en esta nueva Fiebre del oro, que encabezan poderosas compañías de Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania.

Por supuesto, que las naciones pobres no podrán acceder con facilidad a esos fármacos, cuyos precios son astronómicos, y en última instancia tendrán que ponerse al final de la cola.

Es un neomaltusianismo sanitario que confirma la esencia inhumana del capitalismo, en su variante neoliberal contemporánea, que no caerá por el efecto de una pandemia, pero enseña sin pudor las costuras rotas.

 

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Vacunas para los ricos, contagio para los pobres

 

Cuando el mundo enfrenta la pandemia de la Covid-19, la distribución de las vacunas contra la enfermedad benefician ahora solo a los países más ricos

 

Mientras el nuevo coronavirus corretea por todas las esquinas del planeta, a golpe de talonario los países del Norte desarrollado acaparan sin miramientos cuanta vacuna aparezca.

Como están las cosas, todo parece indicar que la inmunización total llegará primero a las naciones desarrolladas, las que tuvieron suficientes recursos para comprar de manera masiva los fármacos más adelantados.

La cola para adquirir los caros inyectables es larguísima y por eso, algunos analistas vaticinan que África Subsahariana, por ejemplo, tendrá que esperar hasta 2024 para vacunar a toda la población.

Ese acceso desigual creará depósitos regionales de la Covid-19 desde donde pudieran propagarse nuevas cepas, quizás más mortales que mantendrán muertes, contagios y una dura crisis económica mundial.

Acaparamiento desvergonzado

De acuerdo con una investigación de la Universidad de Boston, más de la mitad de las dosis de las vacunas contra el nuevo coronavirus han sido adquiridas por los países ricos, donde viven solo mil 200 millones de personas, la séptima parte de la población mundial.

Algunas naciones del Norte desarrollado han llegado a acumular fármacos suficientes para vacunar dos y tres veces a todos sus ciudadanos. Y a pesar de los reclamos de la Organización Mundial de la Salud nadie se anima a donar los medicamentos que necesitan los pobres, atrapados entre las patas de los desbocados caballos del neoliberalismo y la pandemia.

Desde la opulencia el Norte, olvida que nadie estará a salvo, hasta que lo estemos todos, y mientras, las vacunas siguen llegando a los ricos, pero entre los pobres, los contagios mortales crecen.

 

USA-vacuna: Hispanos en la última lista de espera

 

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Debbie Lesko, congresista republicana por Arizona, dijo que “los latinos son buenos trabajadores, pero como no son ciudadanos estadounidenses, deben estar en la última lista de espera para ser vacunados contra la COVID-19”.

 

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La OMS ve “irrealista y prematuro” acabar con la COVID-19 este año

 

El director Ejecutivo del Programa de Emergencias Sanitarias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Mike Ryan, ha calificado de “irrealista y prematuro” poder acabar con el coronavirus este año, aunque sí reducir mucho las muertes y las hospitalizaciones.

“Es irrealista y prematuro pensar que podemos terminar con este virus a finales de año. Pero creo que podemos reducir las hospitalizaciones y las muertes este año, para terminar con el miedo y la tragedia de esta pandemia”, ha explicado en rueda de prensa desde Ginebra (Suiza).

 

OMS considera poco probable fin de pandemia en 2021

 

Detalló que hay razones científicas para compartir las vacunas, pues, aunque en un país se inmunice a toda su población, pero el virus sigue transmitiéndose y mutando en otros, las personas siguen en riesgo.

El mundo supera hoy los 114 millones 200 mil contagios de Covid-19 y los 2.5 millones de muertes.

 

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¿Guerra fría de vacunas?

 

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El capitalismo monopolista de las grandes transnacionales está esbozando una carrera inhumana por el control del mercado de vacunas contra la COVID-19

 

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Hace escasos meses transnacionales del sector de los medicamentos como los laboratorios estadounidenses de Pffizer-BioNtech y Moderna, y la británica-sueca AstraZeneca-Oxford —entre otros— informaron que estaban inmersos de lleno en la lucha por desarrollar candidatos vacunales efectivos contra la COVID-19, los cuales debían estar listos a inicios del 2021.

Aquel anuncio en medio de un crecimiento descontrolado de la pandemia en Europa, Estados Unidos y otras partes, donde ya había provocado cientos de miles de muertes, desató una puja entre un grupo de países ricos por obtener para sí la mayor parte de los nuevos medicamentos, entre los cuales sobresalió la superpotencia norteamericana, que bajo la presidencia de Donald Trump intentó sobornar a un importante laboratorio alemán con el fin de acaparar su producción como parte de su política de América primero.

Como se recordará, por aquellos días Rusia anunció que también contaba con un candidato vacunal de nombre Sputnik V, que ya estaba muy avanzado y cuyas pruebas de las fases I y II habían transcurrido con éxito.

Tan pronto esta información fue conocida en occidente, comenzó de inmediato una campaña para desacreditar el producto del país eslavo, cuyos principales argumentos estuvieron referidos a que era poco serio, que su proceso de desarrollo no había contado con el tiempo necesario y no era diáfano, por lo que podía resultar peligroso para la salud de los inoculados.

Lo mismo ocurrió con China, cuando Beijing anunció que ya tenía prácticamente listas dos vacunas muy promisorias contra la mortal pandemia: la Sinovac y la CanSinoBIO y empezaron las insinuaciones y frases descalificadoras por parte de algunos medios, sospechosos de estar vinculados económicamente con los fabricantes de productos biotecnológicos y farmacológicos de Europa y Estados Unidos.

Fue así que de forma progresiva se fueron incorporando nuevos laboratorios con otros prospectos inmunológicos como los norteamericanos Johnson & Johnson y Novavax, a los que se han sumado otros de diferentes naciones como la India y Alemania, cuando ya avanzaba la vacunación con las vacunas iniciales en la patria de Lincoln, Inglaterra, Israel, Argentina, México, Brasil y otras naciones.

Casi desde el primer momento esta campaña mundial de inmunización contra la COVID-19 ha estado signada por el desespero en la carrera por obtener vacunas por parte de gobiernos acosados por las demandas de sus respectivas poblaciones y por los incumplimientos de los productores, los que han llegado a violar contratos con países y organizaciones internacionales con tal de vender sus productos al mejor postor.

En las primeras semanas de la vacunación masiva, ya en febrero de 2021 se planteó que las vacunas de Pfizer/BioNTech y Moderna, las dos con tecnología de ARN mensajero, tenían tasas de efectividad de 95 por ciento y de 94.1, respectivamente, en tanto la criticada Sputnik V mostraba una eficacia de 91.6 por ciento, según resultados verificados por expertos independientes y publicados en The Lancet.

En esa larga emulación recién iniciada, se conoció que la AstraZeneca-Oxford tiene una eficacia de 60 por ciento, de acuerdo con la Agencia Europea de Medicamentos, pero, además de la alegada eficacia, han empezado a influir otros factores que a la larga pueden resultar decisivos como la inocuidad, la facilidad de manejo y el precio por unidad de cada medicamento.

Se sabe que la producción masiva de determinado artículo incide en la baja en el costo de producción y, por ende, en los precios de venta al por mayor y en este caso la Sputnik V, por debajo de 10 dólares, lleva la ventaja sobre sus principales competidoras occidentales que frisan los 20 dólares por unidad. Mayor aun es la ventaja de las vacunas chinas incluso más baratas que la rusa.

Súmese a esto las noticias acerca de muertes ocurridas entre vacunados con la Pfizer-BioNTech y Moderna, y que ambas deben conservarse a temperaturas de entre 70 y 20 grados bajo cero, respectivamente, mientras a sus competidoras rusa y china les basta con entre 2 y 8 grados Celsius, y se tendrán los indicios acerca de cuales se impondrán finalmente en el mercado.

En esa lucha sin cuartel por la hegemonía de los inoculantes contra la COVID-19 aparecen de un lado los países desarrollados con Estados Unidos y Europa a la cabeza, y las vacunas norteamericanas y europeas, mientras que del otro se sitúan América Latina y el Caribe, África y Asia como escenarios donde empiezan a predominar los productos de Rusia, China y, como comienza a inferirse, pronto se incorporará Cuba.

Esta isla, durante meses ignorada por especialistas e instituciones científicas de occidente, de pronto apareció en el escenario científico mundial, descubierta por publicaciones especializadas inglesas y norteamericanas y medios de prensa como The New York Times, nada menos que con cinco prospectos vacunales, como son Soberana 01 y 02, Mambisa, Abdala y Soberna Plus, dos de ellas —Soberana 02 y Abdala— en plena fase tres de los protocolos de certificación final.

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En este contexto acaba de aparecer el lunes 8 de marzo un reporte de Prensa Latina según el cual la académica británica Helen Yoffe valoró como una noticia esperanzadora para los países de menos recursos, el hecho de que Cuba tenga casi a punto varias vacunas contra la COVD-19.

“Es como si de pronto se dieran cuenta de que Cuba tiene una industria biotecnológica increíble y de nivel mundial”, comentó la experta en temas cubanos y latinoamericanos. De acuerdo con la profesora de Economía e Historia Social de la Universidad de Glasgow, el tema cobra importancia especial tras reportes de que la empresa estadounidense Pfizer le exigió a Argentina, Brasil y otros países la entrega de activos soberanos como pago colateral por su vacuna contra la Covid-19, expresa la agencia.

De momento Sputnik V y las vacunas chinas están compartiendo el mercado con sus homólogas estadounidense y británica en Argentina, Brasil, México, Perú y otras naciones de este continente donde tienen las de ganar por sus precios y pocas exigencias de conservación, además de la disposición rusa y del país asiático de producirlas fuera de su territorio.

Así las cosas, se conoció este lunes en un trabajo de José Llamos Camejo, publicado en el periódico Granma, que en el mundo se trabaja en 308 candidatos vacunales, 81 de ellos en ensayos clínicos y 16 en fase III, sin contar a Soberana 02 y Abdala. Del total, 15 vacunas cuentan ya con registros sanitarios o autorización de uso de emergencia, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hasta el 4 de marzo, expresa el reportaje, en el mundo se habían administrado 284 millones de dosis de vacunas, y 166 000 000 de individuos de 81 países habían recibido al menos una dosis, mientras que solo 60 millones de ciudadanos de distintas nacionalidades completaron el ciclo de inmunización, lo que representa menos del 1 por ciento de los habitantes del mundo.

 

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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