Fidel y la industria del odio

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Fidel y la industria del odio

 

Desde que triunfó la Revolución Cubana, el imperialismo usó todos los recursos posibles para satanizarla, y presentar a Fidel Castro, como el demonio; así el dirigente cubano encarnaba todos los males.

Es común ver en los medios de comunicación enemigos de la Mayor de las Antillas, que la Revolución Cubana y Fidel Castro despiertan odios; pero no se dice, ¿en quiénes despierta odio? ¿Acaso producirá odio en esos más de diez millones de personas alfabetizadas de treinta países, gracias al método cubano, “Yo sí puedo”? ¿Generarán odio en los millones de personas que han sido salvadas gracias a la ayuda de los médicos cubanos en varias decenas de naciones? ¿Albergarán odio los más de seis millones de personas de Latinoamérica y el Caribe que recuperaron la vista gracias a la Misión Milagro? Aunque Cuba no anda alardeando de sus obras en el mundo, el bloqueo económico, comercial y financiero impide que la gente sepa de los milagros sociales que hacen “el demonio y su corte”.

No es posible hallar aversión hacia Cuba entre los pobres y explotados del Tercer Mundo; no es posible encontrar fobia contra Cuba entre los pueblos que ayer multitudinariamente recibían a Fidel, y hoy reciben a la brigada médica Henry Reeve.

El odio yace en la vida de los batistianos que huyeron de Cuba cuando triunfó la Revolución, y terminaron enquistados en Miami, convirtiendo el Sur de la Florida en una caverna de gente resentida y derrotada, cuyos hijos se hicieron portadores del rencor hacia Cuba y, en su desenfreno de venganza se aliaron a la extrema derecha republicana de los Estados Unidos y formaron una gran industria del odio contra la Patria de Martí; crearon desde grupos terroristas hasta curas activistas para atentar contra la Revolución. Ya llevan más de seis décadas fabricando disidentes, financiando emisoras radiales de ira, transmitiendo programas televisivos de odio, realizando caravanas de encono, y pidiendo a los gobiernos de los Estados Unidos una invasión militar a la Isla.

El periodista Luis Ortega, que radicaba en Miami desde los años cincuenta, se refiere así a estos batistianos: “Son individuos que se han desgajado, voluntariamente, del tronco nacional. Se disfrazan de exiliados que anhelan un retorno mítico. Pero no es cierto. Son personas que disfrutan como locos cuando un ciclón pasa por Cuba.”

Hoy los enemigos de la Revolución expiden odio y lo hacen de manera parecida tanto en la ciudad de La Habana como en Miami; en la primera, un falso artista se enfunda en la bandera cubana y hace sus necesidades sanitarias en el inodoro; en la segunda, llevan la bandera atada en la parte trasera del auto y la exhiben maltrecha y sucia; el primero, desconoce a las autoridades cubanas y llama a la desobediencia civil; el segundo, defiende la idea de una invasión armada de los Estados Unidos para que se apodere de la Isla, aunque tengan que morir un millón de cubanos. Son personajes apátridas, hijos putativos de los batistianos, mantenidos por la industria del odio.

El Che dijo:el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor y, así lo asumieron los revolucionarios en la lucha guerrillera y en el ejercicio del poder.

Ronald Reagan presidente de los Estados Unidos (1981-1989) creó en 1981 la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), que jugó un “siniestro papel en el bloqueo y el terrorismo contra Cuba”. Este engendro de Reagan provocó en todo este tiempo muchas muertes en el pueblo cubano; había razones suficientes para odiarlo; sin embargo, en 1984 cuando los servicios de seguridad de la misión de la Isla en Naciones Unidas supieron que se preparaba un atentado contra Reagan, Fidel decidió alertar a la seguridad del presidente norteamericano; el plan abortó y se salvó la vida de Reagan.

¿Se puede acusar a la Revolución Cubana de ser sembradora de odio?

 

Autor: Abner Barrera Rivera 

 

(Tomado de Red En Defensa de la Humanidad)

 

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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Un mundo muy complicado y peligroso

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Un mundo muy complicado y peligroso

 

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Los últimos cinco años vividos han complicado sobremanera la situación mundial. Como si fuera poco, llegó la Pandemia en el 2020, acelerando los procesos de deterioro económico, social y político llevando a la insostenibilidad varios de los sistemas de salud en el mundo, tanto a nivel de países, como de grupos de países y a nivel mundial.

No creo que después de la II Guerra Mundial, hayamos vivido una situación tan compleja como la que ahora tenemos dándonos el frente. La Potencia capitalista, que, durante más de 70 años del siglo XX, lideró casi todos los equilibrios y desequilibrios mundiales, hoy no se lidera ni ella misma.

Sin dudas, después de la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos, sobre la base del poderío hegemónico conseguido, diseñó un mundo que parecía duraría por siglos. Hoy ese diseño se está desmoronando a una velocidad que nos amenaza a todos.

Con la administración de Donald Trump hicieron crisis todos los principios básicos en que se apoyó el liderazgo norteamericano, tanto interno como externo.

Internamente, la economía norteamericana hace crisis, sin que se avizoren mejorías sustanciales para los próximos años. Esta potencia, económicamente, se diseñó para avanzar sola, valerse de todos los demás e imponer política a nivel mundial, utilizando el mecanismo de la guerra, siempre que le fuese necesario, aunque no siempre conveniente. Para liderar las organizaciones, tanto económicas como políticas, controlar todas las fuentes de materias primas, energéticas, técnicas, monetarias, bancarias, militares, comerciales, de inversión, todas a nivel mundial.

Se trataba de un diseño que dio coherencia mundial al sistema capitalista, pero que, al mismo tiempo, lo fue haciendo más vulnerable, en la misma medida en que sirvió para profundizar las tendencias imperiales al profundizar el poder de la oligarquía financiera, que como diría V.I. Lenin, sus intereses son opuestos a los de toda la sociedad.

Sin embargo, hoy el mundo ha cambiado, pero los Estados Unidos parece pretenden continuar como si nada hubiese ocurrido. Ya Biden, para estrenarse, ha bombardeado a Siria.

Esta administración enfrenta una situación interna como no había tenido ninguna otra junto a un mundo que le está exigiendo cambios y al que miró siempre solo con la intención de la explotación, control absoluto de los recursos, imposiciones de políticas, servirse de todo cuanto estuviese a su alcance, con una diplomacia de puñaladas por la espalda, terrorismo de estado, asesinatos selectivos, invasiones de todo tipo, presiones, sanciones y alianzas controladas.

Ya hoy, nada de eso está al fácil alcance de las manos de Estados Unidos. Teniendo que contar, además, con que existen potencias mundiales, como China, Rusia, India y otras de mediano porte, que van lanzando a Estados Unidos del primer lugar que siempre ocupó, quizás hasta un tercero o cuarto, apareciendo una clara tendencia a la distribución de las áreas de influencia mundiales, sin que haya habido otra guerra.

El mundo va dejando de ser unicentrico para devenir en policentrico. Y los Estados Unidos ya no está en condiciones de controlar esa tendencia, como si tuvo lugar cuando, después de la II Guerra Mundial, aparecieron la URSS, los demás países socialistas y los movimientos de liberación nacional vivieron un auge.

Junto a todo ello, los Estados Unidos como nación, están más divididos que nunca, surgiendo la contradicción entre nación e imperio que ha quebrado de manera profunda a la sociedad estadounidense. De un lado, los que están dispuestos a salvar la nación, aunque desaparezca el imperio; mientras del otro, aquellos, dispuestos a salvar el imperio, aunque se ponga en peligro la nación. Se trata de una profunda división, que tiene incluso su expresión en la composición social de fuerzas dentro de los partidos Demócrata y Republicano.

Con esa división, los Estados Unidos, enfrentan varios retos que amenazan la estabilidad del país. Como son los siguientes:

-Resulta indispensable superar la pandemia del llamado coronavirus. Qué ha resultado el desastre de salud más grande dentro de la sociedad norteamericana.

-Resulta urgente superar la crisis económica, que amenaza como nunca antes, la recuperación económica.

–Hay que mejorar la situación del racismo.

-Hay que arreglar las relaciones con los aliados, que amenaza como nunca antes la capacidad internacional del país.

-Hay que volver a todas aquellas instituciones Internacionales de las que Trump sacó al país: la UNESCO, la Organización Mundial de La Salud, El Acuerdo Climático, la OMC, restaurar las relaciones con la OTAN y volver a ocupar espacio en otras organizaciones económicas internacionales, que Trump abandonó.

-Concluir la salida de Afganistán, que ha sido la guerra más larga librada por Estados Unidos, algo así como su segundo Vietnam.

Todo ese proceso tan necesario tiene lugar en los marcos de una América Latina en que las fuerzas políticas de izquierda vuelven a tomar fuerza y Rusia y China cuestionan el liderazgo económico de Estados Unidos en la región. Y, además, no están resueltos los conflictos con Nicaragua, Cuba, Venezuela, Haití, la paz en Colombia, la lucha contra el narcotráfico, los conflictos migratorios, así como otros temas de seguridad que preocupan al país.

Biden, por su parte, tropieza con varios asuntos que deberá solucionar de inmediato.

-La gran división existente, dentro de la que Trump continúa capitalizando parte de las fuerzas políticas internas.

-Los ataques de Trump, que ya anunció su candidatura para el 2024.

-La extrema derecha vuelve con sus amenazas de atacar al capitolio.

-Neutralizar los ataques del Partido Republicano que pretende recobrar el control del congreso en el 2022. Y buena parte, apoyar a Trump en sus pretensiones electorales hacia el 2024.

Sin dudas, Biden tendrá que desplegar una administración exitosa que le permita superar, al menos, parte de la división existente. Al mismo tiempo, que logre presentar claramente los descalabros sociales de la administración de Trump, sacando al país de la pandemia y de la crisis económica, que son, sin lugar a dudas, los problemas más serios y apremiantes a resolver.

Solo así lograría que Trump no recuperase el control del Congreso en el 2022 y el del gobierno en el 2024, logrando superar, paulatinamente, la popularidad con que aún esta cuenta.

Creo que, en la política norteamericana, cuatro años son suficientes para lograrlo, pero todo depende de cómo le salgan las cosas a Biden.

Particularmente, en el caso de las relaciones con Cuba se están moviendo suficientes fuerzas como para que, si Biden se propone mejorar las cosas, siguiendo su promesa de campaña, podría lograrlo; incluso, tal vez, con menos obstáculos que los que tuvo que enfrentar Obama.

Sin embargo, no debemos olvidar que si las cosas no le salen como Biden espera, Cuba podría siempre ser entregada como moneda de cambio. No sería la primera vez que ocurre.

Por

 

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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El mundo de la tecnología futurista cada vez se está adentrando más en el presente

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El mundo de la tecnología futurista cada vez se está adentrando más en el presente

 

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Las tablas de surf con hidroalas desafían a Tesla

 

El mundo de la tecnología futurista cada vez se está adentrando más en el presente.

-Como si viajaran a la velocidad de la luz, por día son más las noticias que inundan las redes sociales, medios de prensa, sobre las últimas innovaciones.

-Todo un reto para quienes aspiran seguirle los pasos, que cortos, aunque muy continuos, marcan una cadencia rápida.

Desde celulares con pantallas flexibles y lentes alucinantes como si llevaran dentro las más sofisticadas cámaras fotográficas, hasta carros totalmente eléctricos.

-El mercado es infinito y no es posible imaginar cómo cada uno de los productos existentes sale actualizado para impactar en un agitado mercado pautado por las conductas variables de oferta y demanda.

Los drones y su novedad de no ser tripulados parecieran de un pasado no tan lejano, pero pasado.

-Así, no es de mucho esperar, pasaría con los carros híbridos, de propulsión mixta combinando un motor eléctrico y otro de combustión, los cuales poseen mayor eficiencia energética y resultan una estrategia más noble hacia la protección del medio ambiente.

-Si la cosa sigue a ese ritmo, qué podríamos decir de los que caminan solo por motor de combustión, ¿se sumarían en otra categoría, a la lista de coches clásicos?

El futuro de la industria automóvil apuesta por el eléctrico, aunque todavía no aparecen a precios más asequibles.

-Entre los más baratos figuran los de marcas como Seat, Peugeot, Skoda, etc.

-Y es que esta producción no parece tener frenos, incluso en plena pandemia, a lo largo de todo el 2020, que estremeció ventas de amplia índole, puestos de trabajos, y significó una cierta crisis en general, pues la supuesta normalidad pasó a reconfigurarse, la venta de carros eléctricos a nivel mundial se mantuvo a flote, sobre todo con Tesla, Renault y Nissan.

-Pero y si imagináramos, en vez de un desplazamiento terrestre, así como algo supersónico, ir dentro de una máquina sin gasolina que enchufamos a la electricidad como si fuera algo tan sencillo como conectar el cargador de un teléfono portable, o un secador de pelo, lo hiciéramos pensando en movernos de forma atípica sobre el agua. Sí, como si voláramos.

-La revolución eléctrica sigue expandiéndose y esta vez llegó al mar con una nueva versión de Flite, la tabla de surf con motor eléctrico que se desliza por encima del mar.

-Fliteboard Series 2 son consideradas las tablas de surf con hidroalas más avanzadas del mundo, poseen autonomía de hasta 40 km, sistema electrónico para la geolocalización y controlar la velocidad.

-Además de poseer varios LEDs para mostrar el estado de batería y la conexión Bluetooth, tienen un control remoto de mano que cuenta con un gatillo para acelerar y un pequeño panel con información sobre la tabla. Esto no es cosa de videojuegos, es la pura realidad.

-Como para un mayor, como para un joven, es novedoso y asombroso, la idea y con hechos de que el mundo tecnológico tome más lugar en nuestras vidas con el paso del tiempo.

-Pero si lo invertimos: ¿será que somos nosotros quienes anhelamos que estas invenciones nos controlen? ¿Estaremos evolucionando hacia una humanidad robótica?

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

 

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Claves para entender la guerra comunicacional en tiempos de pandemia

Claves para entender la guerra comunicacional en tiempos de pandemia

 

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Elementos del diagnóstico sobre el papel de la comunicación en la guerra imperialista en el contexto de la pandemia:

  1. La guerra imperialista es multiforme y asimétrica: adopta todas las formas posibles y se da en situación de desigualdad. No es nuevo, siempre ha sido así.

Sin embargo, habría que precisar en qué consiste esa asimetría y si en todos los planos se da la misma desigualdad en la correlación de fuerzas. Por ejemplo, en el caso de Venezuela, indudablemente la potencia imperialista (USA) y sus socios tienen una fuerza superior en el ámbito económico, en el control de las instituciones internacionales y el sistema financiero, etc. pero el gobierno bolivariano maneja mejor los factores subjetivos: Identidad nacional, soberanía, memoria histórica, valores comunitarios, etc. Chávez supo ver la importancia de construir un sujeto político revolucionario y no hacer descansar sólo en lo objetivo (mejora de las condiciones de vida) la fuerza del proyecto bolivariano. Esta es también la experiencia de Cuba en donde la revolución va unida al sentimiento de independencia nacional. En los últimos años Fidel desarrolló el arma de “la batalla de las ideas” colocando en el centro de la contienda la defensa de los valores revolucionarios en los que se apoyan el resto de las armas que puede desplegar e incrementar la revolución.

  1. Dentro de la multiplicidad de formas que adopta la guerra imperialista, la guerra tecnológica-comunicacional se ha convertido en central (Guerra de cuarta generación G4G). Esto es así porque en un mundo globalizado y supertecnologizado los medios de comunicación han adquirido un papel hegemónico en las relaciones de poder. Cuanto más fragmentada es una sociedad más poder tienen los medios de comunicación (incluimos aquí las redes sociales e Internet)

La guerra imperialista no sería posible sin los medios de comunicación de masas. Pero tampoco las democracias modernas podrían sobrevivir sin unos medios cuya principal función es construir una opinión pública cómplice, consentidora y consumidora. En el momento actual la guerra por las mentes es una de las formas centrales de la guerra.

La tendencia de las democracias actuales es a convertirse en Estados de excepción permanente, pero sin que esto sea evidente para la mayor parte de la población. Las corporaciones mediáticas han desarrollado mecanismos específicos y personal entrenado para naturalizar y ocultar la deriva autoritaria de las “democracias occidentales”. Esto se evidencia con la pandemia. La tecnología digital y los medios hegemónicos cobran una importancia fundamental en el control interno de la población. Tal y como describió Naomi Klein, mantener en estado de shock a la población permite poner en marcha las medidas que necesita el Capitalismo para reorganizarse y eliminar las resistencias.

3 Pedro Santander Molina en el libro “La batalla comunicacional” señala que cuando Fidel utilizó la metáfora de “la batalla de las ideas” y Chávez hablaba de “la artillería del pensamiento” señalaban la dirección en la que se deben desarrollar las estrategias defensivas hoy en día. Chávez decía que “El hecho comunicacional es un hecho político”, lo que quiere decir que es tanto un arma para la revolución como para la contrarrevolución. Pero es necesario profundizar en el significado de “hecho comunicacional” ya que no podemos confundir la comunicación con las herramientas que utilizamos para transmitir ideas, señalar objetivos, acumular fuerzas y enfrentar al imperialismo. Como hecho político lo comunicacional está relacionado con el poder.

PROPUESTAS PARA EL DEBATE 1:

  1. El enemigo está “sobrediagnosticado”. No podemos centrarnos constantemente en denunciar lo que “el enemigo (nos) hace”: “En la guerra los enemigos, actúan como tal, y cumplen su rol de acuerdo a sus propias convicciones; no podemos pedirles que no actúen como lo que son” El enemigo: miente, silencia, impone la agenda, divide, genera un “régimen de verdad” y lo monopoliza.

Controlan los medios masivos, las redes sociales y la tecnología comunicacional, y la usan contra los pueblos que se resisten. Tienen más medios y más capacidad de influencia (asimetría) A pesar de eso han sufrido grandes derrotas en el pasado (Vietnam, Cuba, Venezuela, Nicaragua).

Tal vez el imperialismo, en tanto que forma necesaria de la expansión capitalista, esté “sobrediagnosticado” ¿pero el arma tecnológico-comunicacional también lo está? ¿Sabemos realmente cómo está funcionando esta forma de guerra? Cuando analizamos cómo se comportan, cómo nos comportamos los militantes antiimperialistas en relación a las redes sociales, los medios de comunicación y las tecnologías de la comunicación y la información en general, percibimos falta de comprensión de su naturaleza (límites y potencialidades)

  1. Problemas del movimiento antiimperialista en relación a la guerra tecnológica-comunicacional:

Se actúa respondiendo a la agenda marcada por el imperialismo. Posición siempre reactiva. Esto no es nuevo ya que se actúa sin planificar, sin definir una estrategia y siguiendo siempre la coyuntura. Esto supone que no se priorizan los frentes ni las batallas y por tanto nuestras fuerzas siempre están divididas y cada vez más atomizadas. Lo nuevo es que con las tecnologías digitales la saturación informativa aumenta la dispersión, el ruido, la velocidad y número de los ataques imperialistas, y se multiplican los frentes (las causas).

El voluntarismo: La facilidad con la que se crean medios de comunicación digitales, los canales de mensajería rápida, y la facilidad para comunicarse e informarse permite la proliferación de medios unipersonales, y sin vínculos con organizaciones, que aparecen y desaparecen en poco tiempo. La incidencia y la influencia de estas formas y medios de comunicación es escasa y no sale del ámbito reducido de los ya convencidos.

Se aspira a igualar la capacidad de nuestros medios de comunicación con los del enemigo. Aspirar a la paridad de recursos. Destinar ingentes esfuerzos en crear muchos medios (crear muchos emisores) en vez de contenidos que son los que “crean vínculos con las audiencias”.

Ponemos el objetivo en la parte técnica, en el desarrollo de medios de comunicación más potentes, menos controlados, que lancen más cantidad de mensajes. Pero no sabemos ni a quienes llegan ni nos preocupamos de los efectos de nuestros mensajes, ni si realmente modifican la percepción. También esto conduce a una sobrevaloración de lo cuantitativo.

Nos centramos en desmentir los ataques y las fake news de los medios imperialistas, lo que genera un efecto reflejo: los desmentidos aumentan la circulación de las fake news.

Siempre nos estamos defendiendo en vez de anticiparnos.

  1. El Campo de batalla: la tecnología digital supone un salto de escala en la guerra comunicacional. La nueva fase en la que hemos entrado con la pandemia aumenta la capacidad e influencia de la guerra comunicacional (limita nuestras acciones al reducirlas a acciones virtuales, nos expone a mayor vigilancia, usamos herramientas que no podemos controlar, potencia lo individual frente a lo político-colectivo…)

Características del contexto digital (Tecnologías de la Información y la Comunicación): Mayor capacidad de control de la información, vigilancia de las personas, acumulación de datos prácticamente ilimitada, micro y nanosegmentación de audiencias, mayor manipulación y predicción de comportamientos.

De la misma forma que se han diseminado bases militares por todo el planeta, el imperialismo ha hecho lo mismo con las bases mediáticas (Fernando Buen Abad Domínguez)

El distanciamiento social, el aislamiento y los confinamientos aumentan la dependencia de la tecnología.

Aumento de la concentración del Capital y por tanto de los medios tradicionales y de los tecnológicos (GAFAM –Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft)

Articulación “glocal”: concentración ideológica.

Aumento de la velocidad y la sincronicidad.

Contexto digital total: tendencia de llevar todo lo comunicacional al campo de lo digital. (Se da una batalla por captar el mayor tiempo posible nuestra atención digital)

La tecnología digital permite el acceso a nuestra vida diaria. Se convierte en una prótesis que ordena todas nuestras actividades, tanto las vitales como las militantes.

Infobesidad: generación de ruido (el 50% del tráfico online mundial son bots (The New York Times) Caso del golpe a Bolivia.

Caso asalto al Congreso de USA, Twitter quita las cuentas a Trump: el poder de Twitter mayor que el presidente de USA.

  1. Prácticas de los medios hegemónicos y su potenciación con la pandemia:

Resignifican la realidad. Disputan el significado de los acontecimientos. Establecen la lectura hegemónica.

La batalla fundamental es por lo visible y lo imaginable de ahí que un objetivo fundamental sea la desmovilización mediante “la estrategia del desaliento”.

Tácticas para el desaliento desmovilizador (Pedro Santander): distopía, exageración, distorsión, despolitización, impotencia, apatía.

Media-lawfare: los medios hegemónicos reagrupan fuerzas y restauran en el poder a las fuerzas de derecha.

Fake News y su viralización. Aumentan con la corona-crisis.

  1. Estrategia antiimperialista en la batalla comunicacional:

Luchar por objetivos, a largo plazo y con continuidad.

Diseñar estrategias a partir de profundizar en el conocimiento de cómo operan las armas comunicacionales del enemigo.

En la defensa comunicacional anticiparnos a las actuaciones del enemigo (por ejemplo, conocemos que los momentos electorales son utilizados para campañas de propaganda mediática contra los gobiernos progresistas, hay que adelantarse en la difusión de contenidos y desenmascarar cuál será la actuación).

Propiciar la inversión de agenda (imponer la agenda social a la agenda mediática).

Nuestro objetivo no son los medios hegemónicos sino la población, por tanto:

1) preparar a la población para una “resistencia cognitiva”. Esto no se puede hacer desde los medios digitales. Hay que pensar en estrategias más globales donde lo educacional y pedagógico estén en el centro.

2) crear “comunidades interpretativas”. La población interpreta las informaciones que le llegan a partir de la matriz de conocimiento que ya tiene instalada, por tanto, hay que apuntar hacia la destrucción de estas matrices.

3) generar “conexión comunicativa con la población”. Crear vínculos con las audiencias. Estos vínculos no pueden ser débiles, y las tecnologías digitales tienden (debido a su naturaleza) a ser débiles.

4) Conectar a los receptores de nuestros mensajes.

5) nuestros medios deben dirigirse a “organizar a los receptores”: “receptores política y comunicacionalmente conectados entre sí, capaces de reconocerse en comunidad interpretativa, más alertas y menos vulnerables” (Estas cinco propuestas nos las hace Pedro Santander Molina)

6) Trabajar en la desnormalización de los principios que hacen tan eficaces las armas tecnológico-comunicacionales (no es normal que la comunicación siempre sea mediada y no personal, no es normal la individualización, sustituir la relación personal por la conexión…) Tender hacia la construcción de un sentido común distinto.

Tomado de: Insurgente

Angeles Diez , Dra. en CC Políticas y Sociología, miembro de la Red de Intelectuales artistas y movimientos sociales en defensa de la Humanidad y del Frente Antiimperialista Internacionalista.

 

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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Vacunas contra la Covid-19, el gran negocio

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Vacunas contra la Covid-19, el gran negocio

 

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Desde que estalló la pandemia de la Covid-19 a finales del 2019, el mundo puso sus ojos en una posible vacuna para cortar el avance del nuevo coronavirus identificado como SARS-CoV-2  y que en pocas semanas se expandió por todo el planeta, con una cifra creciente de enfermos y fallecidos.

Desde el inicio, arrancó una fuerte carrera por obtener la vacuna, llegándose a registrar medio centenar de candidatos vacunales, en su mayoría procedentes de naciones ricas con un amplio potencial científico y tecnológico.

Más de un año después de los primeros casos reportados en la lejana ciudad china de  Wuhan, el proceso de vacunación se acelera en el planeta, aunque con una distribución desigual y en beneficio de aquellos países que más pueden pagar por el medicamento.

Vacunas … un negocio rentable?

En un inicio, las grandes farmacéuticas del mundo no mostraron mucho entusiasmo en estudiar y desarrollar una vacuna contra el SARS-CoV-2 .

Firmas reconocidas en el mundo de los medicamentos como Oxford-AztraZeneca, Johnsons&Johnson, Novavax, Moderna, Pfizer/BioNTech y otras más no manifestaron un entusiasmo inicial, desgano también presente en los inversores privados que no encontraban incentivos financieros para sus bolsillos con una vacuna.

Varias son las razones que condujeron a la indiferencia inicial.  La creación de vacunas, especialmente en caso de una emergencia sanitaria, no ha demostrado ser muy rentable en el pasadopues una vez controlado el pico pandémico las demandas de los preparados descienden o buscan una meseta de mercado.

Si a esto se le añade que el proceso de descubrimiento lleva tiempo y su apresuramiento está lejos de ser seguro e inocuo a los seres humanos, esto funciona como retranca a iniciar esos estudios.

A estos argumentos se suman otros meramente mercantiles y donde el interés sanitario público no encaja, de ahí que las grandes farmacéuticas valoren  que las naciones más pobres necesitan grandes suministros pero no pueden permitirse pagar precios altos, razón que las vacunas resultantes tienen que ser baratas, lo cual no está en su filosofía de mercado. Basado en eso, las farmacéuticas enfocan sus investigaciones y producción hacia los países más ricos, especialmente en medicamentos que requieren dosis diarias, razón que los hacen más rentables.

La expansión del virus, el creciente número de enfermos y la elevada cantidad de muertes actuaron como un resorte de presión frente a los gobiernos que tuvieron que reaccionar con medidas sanitarias para contener el problema y a las largas, apostar por una vacuna que detenga el contagio, por esa razón las arcas de muchos gobiernos se abrieron para financiar los estudios de las grandes farmacéuticas, renuentes a realizar inversiones desde sus propios recursos.

Europa y Estados Unidos son las regiones donde el financiamiento procedentes del Estado ha llegado con más fuerza a las farmacéuticas. Los datos de financiamiento son elocuentes: Novavax recibió 1 570 millones de dólares,  Oxford-AztraZeneca contabilizó una ayuda por 2 220 millones, mientras Moderna y Pfizer/BioNTech contabilizan sumas de 562 y 545 millones cada una. En total esas grandes compañías recibieron fondos de gobiernos, cuentas privadas y organizaciones sin fines de lucro por un monto total superior a los 8 mil millones de dólares para financiar la búsqueda de vacunas contra la Covid-19.

Un factor de apreciación cambió la perspectiva de las farmacéuticas sobre las vacunas para la Covid-19, su rentabilidad por encima de cualquier otra consideración sanitaria.

En la medida que los estudios clínicos sugieren que la Covid-19, tal como la gripe o enfermedad estacional, llegó para quedarse y va a requerir inyecciones de refuerzo anuales para lograr la inmunidad de las personas, entonces sí podría ser rentable para las empresas, de ahí la decisión de impulsar el estudio y producción de las vacunas.

Llenando los bolsillos

La reacción de todas la grandes farmacéuticas no parece ser igual, mientras algunas mantienen una postura ética de vender sus productos a precios bajos, teniendo en consideración el enorme respaldo financiero recibido desde los gobiernos y otras fuentes, existe otro grupo que busca una ganancia extrema para sus cuentas.

En el primer grupo están la farmacéutica estadounidense Johnson & Johnson y la británica AstraZeneca, esta última asociada a la Universidad de Oxford, quienes venden sus preparados a precios bajos. En el otro extremo está Moderna, una pequeña empresa de biotecnología que ha fijado su vacuna hasta 37 dólares la dosis.

La gama de precios es hoy muy variada, ajustada en gran medida a la demanda y a la capacidad de pago que tienen los gobiernos más ricos, dispuestos a gastar millones para tratar de controlar la epidemia.  Sin que resulten tasas fijas, hoy los precios de las vacunas van de 4 a 37 dólares la dosis.

La china Sinovac mantiene precios entre los 13 y los 29 dólares, mientras Pfizer/BioNTech expende su preparado a 19 dólares, Novovax a 16, Curevac a 11 y la rusa Sputnik V se contabiliza a 10 dólares la unidad.

Además del problema de los precios de las dosis, las vacunas contra la Covid-19 están sacando a la luz un viejo problema que marca las relaciones Norte-Sur y es referente a la transferencia de tecnología.

Ya varias voces en el mundo alertan sobre la posición de la mayoría de las farmacéuticas que retienen para sí la tecnología y los resultados de sus investigaciones, lo que no facilita la producción de vacunas en otras naciones.

Las críticas vienen también hacia los gobiernos que aprobaron fuertes financiamientos para esas empresas en la búsqueda del preparado antiCovid-19 y no pusieron reglas que obligaran a las farmacéuticas a compartir y transferir sus resultados a fin de poder fabricar vacunas  en otros laboratorios.

Esta situación pone en total desventaja y dependencia  a naciones del sur que no tienen acceso a los datos, procedimientos y manejos tecnológicos para producirlas, aun teniendo capacidades de laboratorios e industrias para replicar algunas de esas formulaciones. Naciones como la India, Sudáfrica, Brasil y México pudieran fabricar esas vacunas a partir de la transferencia que hagan las grandes farmacéuticas, hasta ahora negadas a compartir sus conocimientos, mientras se adentran en una competencia mercantil entre ellas para ver quién vende más dosis.

En esta batalla por los mercados, las grandes farmacéuticas han firmado cartas de intención con los países, con volúmenes que superan sus capacidades reales de producción y distribución, lo que ha provocado desacuerdos y reclamaciones de naciones que no están recibiendo la cantidad de lotes pactados.

A todo esto se suma un problema  tecnológico relacionado con la conservación y cadenas de distribución de los fármacos, en su mayoría necesitados de cadenas de frio de muy bajas temperaturas, lo que dificulta su transportación, almacenamiento y manejo, en particular en las unidades asistenciales de base donde se deben aplicar las dosis.

Mientras el mundo sigue enfrentando una pandemia que ya deja más de 112 millones de personas infectadas y ha causado la muerte a cerca de 2 millones y medio de seres humanos, la producción de vacunas contra la Covid-19 constituye un campo de batalla donde para algunos, el dinero sigue siendo su principal incentivo.

Tomado de Radio Reloj

 

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El negocio de la vacuna contra la COVID-19

 

Como si no fuese suficiente con la desolación por el confinamiento, el desasosiego por los nuevos contagios y el duelo por quienes volaron a otro plano a causa de la pandemia, sentimos también una profunda indignación cuando se pone de relieve uno de los más inhumanos antivalores del capitalismo: hacer de la vida y de la salud un negocio.

EEUU, la Unión Europea y el Reino Unido se oponen a la propuesta de exención de los derechos de propiedad intelectual y patentes de la vacuna contra el COVID-19. Dicha propuesta fue presentada ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) en octubre de 2020 por Sudáfrica y la India, a la cual ya se han sumado más de 100 países. Consiste en eliminar las barreras de la propiedad intelectual de manera que las empresas transfieran su tecnología y conocimiento a otras plantas productoras para fabricar masivamente todas las dosis que se requieren y así inmunizar lo más rápido posible a la población mundial. Capacidad de producción con la que se cuenta, según Tedros Adhanom, director de la OMS.

El Acuerdo de los Derechos de Propiedad Intelectual y del Comercio (ADPIC) suscrito por los países miembros de la OMC no es otra cosa sino la creación legal de monopolios en la medida en que conceden a los capitales la exclusividad, por años, de la producción y comercialización de un bien. El argumento que esgrimen es que las patentes son la única garantía para incentivar la inversión en investigación y desarrollo.

Con el chantaje del incentivo, lo que realmente otorgan a las empresas farmacéuticas es el poder de decidir quién vive y quién muere, además de decidir de qué viviremos y de qué moriremos. Son estas las que elaboran la agenda de las investigaciones siguiendo el criterio de lo que le es más rentable, no por casualidad cronifican las enfermedades.

Es el caso que, el financiamiento para la investigación ni siquiera proviene de la propia industria privada farmacéutica. Son los gobiernos los que históricamente han facilitado los recursos financieros y es en las universidades e instituciones principalmente públicas que se han desarrollado las investigaciones que luego han sido apropiadas por las farmacéuticas.

De los US$ 13.900 millones que se han destinado a la investigación de la vacuna contra el COVID-19, los gobiernos han proporcionado US$8.600 millones, las organizaciones sin fines de lucro US$ 1.900 millones, mientras que solo US$3.400 millones los han puesto las empresas farmacéuticas privadas, apenas el 25% (Airfinity). A esto debemos sumar el mercado seguro que tiene la vacuna, de hecho, para diciembre de 2020 los gobiernos de los países llamados desarrollados habían pre encargado 10.380 millones de dosis.

La empresa farmacéutica estadounidense Moderna desarrolló la vacuna contra el COVID-19 con financiamiento 100% público, recibió US$ 562 millones. Le fueron pre encargadas 780 millones de dosis a un precio que ronda en promedio los US$ 31/dosis, lo que le genera ingresos por el orden de US$ 24.000 millones. Saquen ustedes las cuentas de la ganancia de esta empresa.

Pfizer/BioNtech, también estadounidense recibió US$ 268 millones del gobierno, alrededor del 66% de lo que destinó a la investigación. Le fueron pre encargadas 1.280 millones de dosis que a un precio promedio de 18,5 US$/dosis equivalen a ingresos por el orden de US$ 23.680 millones. A AstraZeneca/Oxford de capital inglés, le pre encargaron 3.290 millones de dosis, las cuales vende a un precio de 6 US$/dosis, obtendrá US$ 19.740 millones por ingresos, pero el 67% de los US$ 2.200 millones que dedicó a la investigación fueron públicos. A Jhonson&Jhonson le encargaron 1.270 millones de vacunas que vende a US$ 10/dosis lo que le generará un ingreso de US$ 12.700 millones habiendo realizado una inversión de US$ 819 millones con financiamiento 100% público.

Los precios de las vacunas oscilan entre 4 y 37 US$/dosis: Sputnik-V 10 US$/dosis; Sanofi/GSK entre 10 y 21; Novavax 16; Moderna entre 25 y 37; Sinovac entre 13 y 29 US$/dosis, además de las ya mencionadas.

La vacuna contra el COVID-19 es un negocio redondo, al parecer es el mejor de estos tiempos: la inversión para la investigación la asumieron los gobiernos que dieron los recursos a las empresas farmacéuticas privadas; tienen el mercado garantizado porque los mismos gobiernos pre encargaron las vacunas a las empresas que financiaron; toda la ganancia va a parar a las empresas farmacéuticas en su mayoría privadas que además son las que, gracias al monopolio otorgado por los mismos gobiernos a través del ADPIC, tienen la exclusividad de producción y comercialización por años.

Esta restricción del acceso a la vacuna, consecuencia de las patentes, ocurre mientras 500 mil personas se contagian y 8.000 fallecen a diario a causa de esta enfermedad. ¿Es ésta, o no, la muestra más inhumana del capitalismo?

Hoy, mientras los países con mayores ingresos vacunan a una persona por segundo, la mayoría de los países aún no han puesto ni una sola dosis (Oxfam). De los 128 millones de dosis de vacunas administradas hasta la fecha, más de tres cuartas partes se han aplicado en tan solo 10 países que representan el 60% del PIB mundial. Casi 130 países, con 2500 millones de habitantes, todavía no han iniciado la vacunación (OMS). Se estima que, a mediados de año, tan solo se habrá vacunado a un 3 % de la población de los países con menores recursos, y en el mejor de los casos, a una quinta parte, para finales de 2021 (Oxfam), lo que a su vez retardaría la recuperación no solo económica de esos países, sino de las condiciones de vida de su población. EEUU ha recibido el 25% de todas las vacunas disponibles a nivel mundial y la Unión Europea el 12,6%.

Es tan grande la desfachatez de EEUU, la Unión Europea y el Reino Unido que para privilegiar a sus capitales farmacéuticos se niegan a la exención de las patentes a pesar de que, en el propio seno de la OMC, en 2001 acordaron flexibilizar los derechos de propiedad intelectual en caso de emergencias de salud pública: “Convenimos en que el Acuerdo sobre los ADPIC no impide ni deberá impedir que los miembros adopten medidas para proteger la salud pública. En consecuencia, al tiempo que reiteramos nuestro compromiso con el Acuerdo sobre los ADPIC, afirmamos que dicho Acuerdo puede y deberá ser interpretado y aplicado de una manera que apoye el derecho de los miembros de la OMC de proteger la salud pública y, en particular, de promover el acceso a los medicamentos para todos.”

¿Qué mayor emergencia de salud pública que una pandemia, que es mundial y disculpen la redundancia, ocasionada por un virus altamente contagioso y letal?

Como si no fuese suficiente con todo lo anterior, irrita saber que, a un precio promedio de 15 US$/dosis y suponiendo que se apliquen 2 dosis de la vacuna a los 7.700 millones de habitantes, se necesitarían US$ 231 mil millones para inmunizar a toda la población mundial, monto que no representa ni siquiera el 5% de todo lo que en pandemia ganaron los 2.000 multimillonarios del Planeta gracias al dinero que los gobiernos inyectaron en el mercado bursátil mientras 500 millones de personas se sumaban a la lista de pobres que ya va por los 4.000 millones.

Decía Alí Primera, “Ayúdenla, ayúdenla que sea humana, la humanidad”.

(Tomado de El Ciervo Herido) / Por Pasqualina Curcio Curcio

 

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El capitalismo, la pandemia y la especie humana

 

La actual pandemia saca a la luz las miserias y partes más oscuras del sistema capitalista

 

La actual pandemia global ha puesto en entredicho, con mayor crudeza que nunca, la capacidad del capitalismo para preservar la vida humana.

La rápida expansión del nuevo coronavirus, uno de los efectos negativos de la globalización mundial, ha colocado a la Humanidad ante un desafío inédito y más grave incluso que las Guerras Mundiales.

Nunca antes la especie humana había enfrentado una crisis sanitaria tan colosal que ha enseñado de la peor manera la incapacidad de resolver el problema de forma rápida y efectiva.

La propiedad privada y la libertad de mercado, columnas vertebrales del capitalismo, hasta ahora solo han servido para que los países más ricos, y por supuesto más avanzados tecnológicamente, se afilen los dientes con las ganancias que generarán las vacunas en investigación.

Para los ricos

La espiral mundial de muertes, que parece indetenible, se ha convertido en una posibilidad de negocio para las grandes transnacionales biotecnológicas, que por supuesto, pertenecen al Primer Mundo.

Aunque no lo digan descarnadamente, la vacuna contra la Covid-19 es ahora la veta en esta nueva Fiebre del oro, que encabezan poderosas compañías de Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania.

Por supuesto, que las naciones pobres no podrán acceder con facilidad a esos fármacos, cuyos precios son astronómicos, y en última instancia tendrán que ponerse al final de la cola.

Es un neomaltusianismo sanitario que confirma la esencia inhumana del capitalismo, en su variante neoliberal contemporánea, que no caerá por el efecto de una pandemia, pero enseña sin pudor las costuras rotas.

 

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Vacunas para los ricos, contagio para los pobres

 

Cuando el mundo enfrenta la pandemia de la Covid-19, la distribución de las vacunas contra la enfermedad benefician ahora solo a los países más ricos

 

Mientras el nuevo coronavirus corretea por todas las esquinas del planeta, a golpe de talonario los países del Norte desarrollado acaparan sin miramientos cuanta vacuna aparezca.

Como están las cosas, todo parece indicar que la inmunización total llegará primero a las naciones desarrolladas, las que tuvieron suficientes recursos para comprar de manera masiva los fármacos más adelantados.

La cola para adquirir los caros inyectables es larguísima y por eso, algunos analistas vaticinan que África Subsahariana, por ejemplo, tendrá que esperar hasta 2024 para vacunar a toda la población.

Ese acceso desigual creará depósitos regionales de la Covid-19 desde donde pudieran propagarse nuevas cepas, quizás más mortales que mantendrán muertes, contagios y una dura crisis económica mundial.

Acaparamiento desvergonzado

De acuerdo con una investigación de la Universidad de Boston, más de la mitad de las dosis de las vacunas contra el nuevo coronavirus han sido adquiridas por los países ricos, donde viven solo mil 200 millones de personas, la séptima parte de la población mundial.

Algunas naciones del Norte desarrollado han llegado a acumular fármacos suficientes para vacunar dos y tres veces a todos sus ciudadanos. Y a pesar de los reclamos de la Organización Mundial de la Salud nadie se anima a donar los medicamentos que necesitan los pobres, atrapados entre las patas de los desbocados caballos del neoliberalismo y la pandemia.

Desde la opulencia el Norte, olvida que nadie estará a salvo, hasta que lo estemos todos, y mientras, las vacunas siguen llegando a los ricos, pero entre los pobres, los contagios mortales crecen.

 

USA-vacuna: Hispanos en la última lista de espera

 

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Debbie Lesko, congresista republicana por Arizona, dijo que “los latinos son buenos trabajadores, pero como no son ciudadanos estadounidenses, deben estar en la última lista de espera para ser vacunados contra la COVID-19”.

 

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La OMS ve “irrealista y prematuro” acabar con la COVID-19 este año

 

El director Ejecutivo del Programa de Emergencias Sanitarias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Mike Ryan, ha calificado de “irrealista y prematuro” poder acabar con el coronavirus este año, aunque sí reducir mucho las muertes y las hospitalizaciones.

“Es irrealista y prematuro pensar que podemos terminar con este virus a finales de año. Pero creo que podemos reducir las hospitalizaciones y las muertes este año, para terminar con el miedo y la tragedia de esta pandemia”, ha explicado en rueda de prensa desde Ginebra (Suiza).

 

OMS considera poco probable fin de pandemia en 2021

 

Detalló que hay razones científicas para compartir las vacunas, pues, aunque en un país se inmunice a toda su población, pero el virus sigue transmitiéndose y mutando en otros, las personas siguen en riesgo.

El mundo supera hoy los 114 millones 200 mil contagios de Covid-19 y los 2.5 millones de muertes.

 

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¿Guerra fría de vacunas?

 

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El capitalismo monopolista de las grandes transnacionales está esbozando una carrera inhumana por el control del mercado de vacunas contra la COVID-19

 

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Hace escasos meses transnacionales del sector de los medicamentos como los laboratorios estadounidenses de Pffizer-BioNtech y Moderna, y la británica-sueca AstraZeneca-Oxford —entre otros— informaron que estaban inmersos de lleno en la lucha por desarrollar candidatos vacunales efectivos contra la COVID-19, los cuales debían estar listos a inicios del 2021.

Aquel anuncio en medio de un crecimiento descontrolado de la pandemia en Europa, Estados Unidos y otras partes, donde ya había provocado cientos de miles de muertes, desató una puja entre un grupo de países ricos por obtener para sí la mayor parte de los nuevos medicamentos, entre los cuales sobresalió la superpotencia norteamericana, que bajo la presidencia de Donald Trump intentó sobornar a un importante laboratorio alemán con el fin de acaparar su producción como parte de su política de América primero.

Como se recordará, por aquellos días Rusia anunció que también contaba con un candidato vacunal de nombre Sputnik V, que ya estaba muy avanzado y cuyas pruebas de las fases I y II habían transcurrido con éxito.

Tan pronto esta información fue conocida en occidente, comenzó de inmediato una campaña para desacreditar el producto del país eslavo, cuyos principales argumentos estuvieron referidos a que era poco serio, que su proceso de desarrollo no había contado con el tiempo necesario y no era diáfano, por lo que podía resultar peligroso para la salud de los inoculados.

Lo mismo ocurrió con China, cuando Beijing anunció que ya tenía prácticamente listas dos vacunas muy promisorias contra la mortal pandemia: la Sinovac y la CanSinoBIO y empezaron las insinuaciones y frases descalificadoras por parte de algunos medios, sospechosos de estar vinculados económicamente con los fabricantes de productos biotecnológicos y farmacológicos de Europa y Estados Unidos.

Fue así que de forma progresiva se fueron incorporando nuevos laboratorios con otros prospectos inmunológicos como los norteamericanos Johnson & Johnson y Novavax, a los que se han sumado otros de diferentes naciones como la India y Alemania, cuando ya avanzaba la vacunación con las vacunas iniciales en la patria de Lincoln, Inglaterra, Israel, Argentina, México, Brasil y otras naciones.

Casi desde el primer momento esta campaña mundial de inmunización contra la COVID-19 ha estado signada por el desespero en la carrera por obtener vacunas por parte de gobiernos acosados por las demandas de sus respectivas poblaciones y por los incumplimientos de los productores, los que han llegado a violar contratos con países y organizaciones internacionales con tal de vender sus productos al mejor postor.

En las primeras semanas de la vacunación masiva, ya en febrero de 2021 se planteó que las vacunas de Pfizer/BioNTech y Moderna, las dos con tecnología de ARN mensajero, tenían tasas de efectividad de 95 por ciento y de 94.1, respectivamente, en tanto la criticada Sputnik V mostraba una eficacia de 91.6 por ciento, según resultados verificados por expertos independientes y publicados en The Lancet.

En esa larga emulación recién iniciada, se conoció que la AstraZeneca-Oxford tiene una eficacia de 60 por ciento, de acuerdo con la Agencia Europea de Medicamentos, pero, además de la alegada eficacia, han empezado a influir otros factores que a la larga pueden resultar decisivos como la inocuidad, la facilidad de manejo y el precio por unidad de cada medicamento.

Se sabe que la producción masiva de determinado artículo incide en la baja en el costo de producción y, por ende, en los precios de venta al por mayor y en este caso la Sputnik V, por debajo de 10 dólares, lleva la ventaja sobre sus principales competidoras occidentales que frisan los 20 dólares por unidad. Mayor aun es la ventaja de las vacunas chinas incluso más baratas que la rusa.

Súmese a esto las noticias acerca de muertes ocurridas entre vacunados con la Pfizer-BioNTech y Moderna, y que ambas deben conservarse a temperaturas de entre 70 y 20 grados bajo cero, respectivamente, mientras a sus competidoras rusa y china les basta con entre 2 y 8 grados Celsius, y se tendrán los indicios acerca de cuales se impondrán finalmente en el mercado.

En esa lucha sin cuartel por la hegemonía de los inoculantes contra la COVID-19 aparecen de un lado los países desarrollados con Estados Unidos y Europa a la cabeza, y las vacunas norteamericanas y europeas, mientras que del otro se sitúan América Latina y el Caribe, África y Asia como escenarios donde empiezan a predominar los productos de Rusia, China y, como comienza a inferirse, pronto se incorporará Cuba.

Esta isla, durante meses ignorada por especialistas e instituciones científicas de occidente, de pronto apareció en el escenario científico mundial, descubierta por publicaciones especializadas inglesas y norteamericanas y medios de prensa como The New York Times, nada menos que con cinco prospectos vacunales, como son Soberana 01 y 02, Mambisa, Abdala y Soberna Plus, dos de ellas —Soberana 02 y Abdala— en plena fase tres de los protocolos de certificación final.

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En este contexto acaba de aparecer el lunes 8 de marzo un reporte de Prensa Latina según el cual la académica británica Helen Yoffe valoró como una noticia esperanzadora para los países de menos recursos, el hecho de que Cuba tenga casi a punto varias vacunas contra la COVD-19.

“Es como si de pronto se dieran cuenta de que Cuba tiene una industria biotecnológica increíble y de nivel mundial”, comentó la experta en temas cubanos y latinoamericanos. De acuerdo con la profesora de Economía e Historia Social de la Universidad de Glasgow, el tema cobra importancia especial tras reportes de que la empresa estadounidense Pfizer le exigió a Argentina, Brasil y otros países la entrega de activos soberanos como pago colateral por su vacuna contra la Covid-19, expresa la agencia.

De momento Sputnik V y las vacunas chinas están compartiendo el mercado con sus homólogas estadounidense y británica en Argentina, Brasil, México, Perú y otras naciones de este continente donde tienen las de ganar por sus precios y pocas exigencias de conservación, además de la disposición rusa y del país asiático de producirlas fuera de su territorio.

Así las cosas, se conoció este lunes en un trabajo de José Llamos Camejo, publicado en el periódico Granma, que en el mundo se trabaja en 308 candidatos vacunales, 81 de ellos en ensayos clínicos y 16 en fase III, sin contar a Soberana 02 y Abdala. Del total, 15 vacunas cuentan ya con registros sanitarios o autorización de uso de emergencia, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hasta el 4 de marzo, expresa el reportaje, en el mundo se habían administrado 284 millones de dosis de vacunas, y 166 000 000 de individuos de 81 países habían recibido al menos una dosis, mientras que solo 60 millones de ciudadanos de distintas nacionalidades completaron el ciclo de inmunización, lo que representa menos del 1 por ciento de los habitantes del mundo.

 

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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