La obra permanente de José Martí

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José Martí sigue mostrando caminos

La obra permanente de Martí

 

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Algunos pretenden extrapolar el ideario martiano, asumiendo sin vocación crítica las concepciones de un hombre del siglo XXI. Es imposible, por más que José Martí haya sido un visionario.

Pero algo sí está claro: el legado intelectual del Héroe Nacional de Cuba es pilar imprescindible del proyecto de país que soñamos, que construimos cada día.

Sin Martí no hay concepto de nación cubana. Y no hay idea justa de República.

Los que enarbolan frases del Apóstol sacadas de contexto para atacar las esencias mismas de la Revolución Cubana, desconocen los postulados básicos de un hombre que puso por encima de todo la defensa de la independencia y la soberanía de su Patria. Entendiendo libertad como dignidad plena de un pueblo.

A golpe de frases sueltas no se desmonta un proceso orgánico, que tiene a José Martí como referente fundamental.

Fidel Castro lo dijo temprano: Martí fue el autor intelectual del asalto al cuartel Moncada, y por lo tanto, de la Revolución Cubana. Una Revolución que es, en definitiva, la misma que comenzó Céspedes y a la que se consagró el propio Martí.

El Apóstol tiene mucho que hacer todavía.

Buena parte de su ideario mantiene absoluta vigencia, concreciones dables en el actual contexto.

Y vale, sobre todo, el ejemplo de ética irreprochable que ofreció a los cubanos. Su poética de la acción.

Por eso es vital ahondar en el conocimiento de su obra, para poder comprender su proyección y encontrar aplicaciones prácticas.

José Martí sigue mostrando caminos.

Cuba está ahora mismo ante grandes desafíos y hace falta una visión profundamente humanista para no extraviar el rumbo.

Hay que blindarse en los valores. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra, decía Martí.

La República que soñó el Maestro es una tarea titánica, pero no imposible. Y es responsabilidad de todos. La clave, ahora mismo, está en la unidad.

Por eso también luchó José Martí.

 

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Aniversario 168 del natalicio de José Martí: 28/1/1853 – 28/1/2021

 

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Martí convoca para todos los tiempos

 

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Martí convoca para todos los tiempos, y en estos difíciles por los que atraviesa el mundo su pensamiento es luz.

Su legado sigue vigente y hoy tiene América la oportunidad de hacerlo realidad en la nueva coyuntura que vivimos, porque Martí supo comprender a cabalidad el pasado —del que supo sacar innumerables experiencias—, el presente —el que le tocó vivir— y el futuro —este que basados en sus enseñanzas construimos.

Cada cubano tiene su propia historia con Martí. Incluso aquellos que han dedicado su vida a estudiarlo, se asombran ante su grandeza.

 

Aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional José Martí. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional José Martí. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional José Martí. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional José Martí. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional José Martí. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional José Martí. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional José Martí. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional José Martí. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional José Martí. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional José Martí. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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José Martí en el ideario de Fidel Castro

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Intervención de Fidel en la Mesa Redonda Especial en homenaje al Héroe Nacional de Cuba, José Martí, en el teatro Karl Marx, el 19 de mayo de 2005./ Sitio Fidel Soldado de las Ideas.

El pensamiento de José Martí en Fidel Castro

 

No hay dudas de que Fidel Castro ha sido, en la historia cubana y de nuestra América, el alumno más aventajado de nuestro Héroe Nacional, José Martí. Desde los días iniciales de la lucha, el pensamiento martiano nutrió la conciencia del entonces joven revolucionario, y la conciencia se convirtió en acciones. De las muchas consideraciones fidelistas sobre el Apóstol de la independencia cubana, véanse solo algunas, en momentos cumbres.

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En la antesala del Moncada: “Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos, pero de todas maneras, óiganlo bien, compañeros, este movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí.

En el Manifiesto del Moncada: “Ante la tragedia de Cuba, contemplada en calma por líderes políticos sin honra, se alza en esta hora decisiva, arrogante y potente, la juventud del Centenario, que no mantiene otro interés como no sea el decidido anhelo de honrar con sacrificio y triunfo el sueño irrealizado de Martí”.

En el juicio del Moncada: “Nadie debe preocuparse de que lo acusen de ser autor intelectual de la Revolución, porque el único autor intelectual del asalto al Moncada es José Martí, el Apóstol de nuestra independencia”.

En La historia me absolverá: Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han luchado por la libertad de los pueblos”.

“Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!

Fuente: Sierra Maestra / Fecha: 01/04/2019

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Martí en Fidel Castro

 

No creemos que para nadie sea difícil, en Cuba ni en ninguna parte, encontrar la presencia de José Martí en el pensamiento y en la acción de Fidel Castro. La lealtad absoluta y acérrima del gran líder de la revolución a la doctrina del Apóstol se puede encontrar fácilmente con sólo disponernos a recorrer, con el detenimiento necesario, no solamente el curso del pensamiento fidelista desde los días del Cuartel Moncada hasta la fecha, si que, también, el proceso de todas sus actividades políticas y revolucionarias.

No hay que decirnos, porque lo sabemos sobradamente, que José Martí no era socialista, sino tan sólo un revolucionario radical de su tiempo, según la frase de Blas Roca en uno de sus ensayos más lúcidos y penetrantes, y que, por consiguiente, la revolución organizada e iniciada por él en el noventa y cinco no era la que ahora conduce Fidel Castro. Pero no se debe olvidar, con todo, lo que Martí le dijo a Carlos Baliño, su compañero y amigo, en cierta oportunidad histórica que recordaría Julio Antonio Mella, muchos años después, glosando los pensamientos del Apóstol: “¿La revolución? La revolución no es la que vamos a iniciar en la manigua sino la que vamos a desarrollar en la República”.

Julio Antonio entendía, como entendemos nosotros, que de haber vivido Martí en este tiempo habría sido el intérprete de su necesidad histórica y del cambio social que ella requería. No era posible que Julio Antonio pensara de otro modo conociendo, como él conoció tan a fondo, el ideario político y revolucionario de quien nos había dicho, como nos dijo Martí, que era con los pobres con quienes él quería echar su suerte:

Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar.”

¿Y quiénes eran entonces, y siguen siendo ahora, los pobres de la tierra…? Pues no son otros que los obreros, que los campesinos, que el pueblo. Obsérvese la extensión de ese pensamiento martiano. No lo limita el Apóstol a su patria; no dijo con los pobres de mi tierra, sino con los pobres de la tierra. Obsérvese, también, cómo eran los humildes, y no los poderosos, los que le complacían:

El arroyo de la sierra me complace más que el mar.”

En este verso sencillo de Martí —ahora repetimos lo que ya en alguna otra ocasión hemos dicho— el arroyo es la imagen con la cual él quiere representar la humildad, es decir los pobres. Como el mar es la imagen opuesta, es decir: los ricos. Y no eran éstos los que a él le complacían, sino aquéllos. Precisamente los que complacerían también, andando los años, y por los cuales lucharía como está luchando, Fidel Castro.

¿Pero es que ésta no es la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes? ¿Pero es que ésta no es una revolución socialista, una revolución de los obreros, de los campesinos y del pueblo? ¿Pero es que Fidel no echó su suerte con los pobres? ¿Alguien puede dudarlo? ¡No! Porque la realidad es superior a su propia grandeza.

Es claro que Fidel Castro, por muy claras razones de la gravitación y del determinismo histórico, tenía que superar algunos filos de las grandes postulaciones martianas. No podía ser de otra manera_ Pero superar una norma no es apartarse de ella esquivándola o traicionándola, sino, por el contrario, cumplirla mejor. Sin duda que el propio Martí habría hecho lo mismo si tenemos en cuenta que fue él quien nos dijo que en cada momento debía hacerse lo que en cada momento era necesario.

Si la revolución iniciada y desarrollada por Fidel Castro se hubiese quedado en su primera etapa, o sea en su etapa de liberación nacional, sin avanzar a la etapa superior en que nos encontramos, profundizándose y radicalizándose, sin duda que no sólo habría retrocedido, porque todo lo que no avanza retroceder, como se sabe, sino que, a estas horas, acaso la tendríamos perdida.

Por consiguiente, no había otro camino que el escogido por Fidel Castro para conducirla, Era la única manera no había otra— de que los grandes sueños de José Martí se realizaran en su Patria. ¿Y no se están realizando en toda su grandeza y en todo su esplendor? ¿Es que no nos salen al paso en todos los caminos de nuestra tierra, en un himno de cristalizaciones espléndidas y como diciéndonos, refiriéndose al propio Fidel: “Así se es hombre: vertido en todo un pueblo ¿Pero no es la propia voz de José Martí, ahora con admoniciones todavía más claras, la que frente a la reciedumbre de esta revolución nos dice: “He aquí las fuerzas que nos hacen vivir la dignidad, la libertad y el valor”?

Quien no vea los sueños de Martí realizados en su tierra será porque está ciego. Quien no oiga su voz en uno como cruce de comprobaciones recias y obstinadas, será porque está sordo. Y esta revolución no es de ojos ciegos ni de oídos sordos.

Las revoluciones son estériles cuando no se firman con la pluma en las escuelas y con el arado en el surco”. “Hasta que los obreros no sean cultos no serán felices”. “La ignorancia mata a los pueblos y es preciso matar a la ignorancia” “Mientras haya un antro no hay derecho al sol”. “Divorciar al hombre de la tierra es un atentado monstruoso”. “Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos”. “Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre”.

Fidel derribó los cuarteles para erigir sobre ellos escuelas. Y para que las escuelas saliesen, en hileras fecundas y luminosas, en chorros desbordados y tibios, a convertirse, de un extremo a otro de la isla, en la siembra más útil, más poderosa y más radiante A la vez que en toda la tierra se despertaban los surcos y sonreían los frutos.

¿Y no es en esas escuelas y en esos surcos, precisamente, donde se firma la revolución con la pluma y con el arado? ¿Y no son los campesinos, ahora con trabajo, con pan y con techo —y antes en la indigencia— quienes firman la revolución con el arado que conducen sus brazos? ¿No son los niños, las mujeres y los hombres, antes analfabetos, antes sin escuelas, antes sumidos en la mayor ignorancia y en la mayor miseria —y ahora sabiendo leer y escribir, ahora con escuelas hasta en los rincones más apartados y lejanos, ahora sin desnudeces y sin hambre—, los que firman la revolución con la pluma que manejan sus manos?

Sería bueno que todos nos detuviéramos a mirar en torno nuestro; pero a mirar con pupila sin telarañas, con pupila limpia, vasta y abarcadora. Es posible que algunos no lo hagan con el detenimiento, con el reposo y con la penetración necesarios para abarcar, de una manera totalizadora, el poderoso conjunto de victorias que ha podido alcanzar la revolución en tan poco tiempo, merced a la pujanza tremenda de su líder. Si lo hicieran, si lo hiciéramos todos, en seguida veríamos cómo se levanta nuestro pueblo, más vivo y más erguido que nunca, porque aquí se ha matado y se está matando a la ignorancia; enseguida veríamos cómo la cultura está haciendo felices a los obreros; cómo brilla el sol de nuestra tierra porque en ella han desaparecido los antros; cómo es el bien de muchos y la opulencia de nadie: cómo el atentado monstruoso de divorciar al hombre de la tierra desapareció en Cuba, para siempre, al ser liquidado los grandes latifundios y los privilegios de los ricos; y cómo, por último, nuestro pueblo se va sintiendo cada vez más libre y más fuerte porque está recibiendo, como jamás tuvo la oportunidad de recibirlas, la instrucción, la educación y la cultura.

Y sí esto es así —y no es de otra manera—, ¿a qué se debe? Se debe, sencillamente, a que un hombre llamado Fidel Castro, en quien convergen, a juicio nuestro, el heroísmo y la genialidad —dos fuegos tan difíciles de juntarse— discípulo esclarecido de José Martí, y muy metido en las entrañas de éste, quiso realizar los grandes sueños de su maestro. Y, para realizarlo mejor, superando algunos filos de sus normas, desencadenó la revolución en su tierra para construir la sociedad socialista.

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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Memorial José Martí cumple 25 años de fundado

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Memorial José Martí: 25 años del más alto homenaje

 

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Aniversario 168 del natalicio de José Martí: 28/1/1853 – 28/1/2021

 

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Justo en vísperas del aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional José Martí, el Memorial que lleva su nombre en la capital cubana, cumple este 27 de enero 25 años de inaugurado.

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Fue el Comandante en Jefe Fidel Castro quien ideó convertir el más alto monumento al Maestro, con 142 metros sobre el nivel del mar, en un centro de homenaje permanente al autor intelectual del Asalto al Cuartel Moncada.

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Luego de inaugurado el Memorial, hizo un recorrido por el recinto, interesándose en fotos y manuscritos. Foto: Cortesía del Memorial, tomada de JR.

Al finalizar el recorrido inaugural, Fidel expresó:Uno siente satisfacción de que un hombre como él haya recibido este homenaje tan bello, tan estético, porque es verdaderamente bello la combinación de todo lo que hay aquí. La concepción ha sido excelente, entonces, ahora sí tenemos un Memorial, que creíamos que lo teníamos, porque había un Monumento y la estrella. Pienso que mucha gente va a venir a verlo, no quedará un ciudadano que no venga a este lugar”.

Este cuarto de siglo le ha dado la razón. Son incontables los cubanos y también ciudadanos de otras nacionalidades, incluidos mandatarios y otras personalidades, que han visitado ese emblemático centro histórico-cultural, testigo de importantes acontecimientos que han marcado nuestra historia patria, incluyendo desfiles, marchas y antológicos discursos del líder histórico de la Revolución.

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Algunos datos de interés:

– La escultura que representa a José  Martí, fue esculpida al pie del Monumento por Juan José Sicre  entre el 15 de octubre de 1956 y el 15 de agosto de 1958. La forman 52 piezas de mármol y tiene una altura de 18 metros. Frente a la misma se ubican 6 pilares que simbolizan a las 6 provincias en que entonces se estructuraba Cuba.

-Constituye el Monumento más grande construido a la memoria del Héroe Nacional de Cuba. Su mirador es considerado el punto geográfico más alto de La Habana.

-Posee una estructura en forma de estrella de 5 puntas, en las que se reparten salas expositivas, una sala teatro y una galería de arte dedicada a exposiciones transitorias de diferentes manifestaciones artísticas.

-Cuenta con un revestimiento exterior de losas de mármol gris siboney, provenientes de las canteras cercanas a El Abra, actual Isla de la Juventud y donde el Martí adolescente inició su destierro.

-Para la construcción del Monumento a José Martí se utilizaron más de 35 mil toneladas de acero y  más de 24 mil toneladas de mármol. Este 2021 cumplen, según recuerda el perfil de Facebook del Memorial,  60 años de su construcción definitiva.

– También este enero cumple 95 años de su primer diseño la actual Plaza de la Revolución José Martí, en sus orígnes conocida como Gran Plaza Cívica de la Loma de los Catalanes y luego como Plaza de la República, indican en el Facebook del Memorial.

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-El mirador de la torre, el punto geográfico más alto de la ciudad, con una visión de hasta 50 kilómetros en días claros, reabrió al público, luego de tres años cerrado, al comenzar febrero de 2017.

Entre los más connotados acontecimientos a los que ha servido de contexto el Memorial José Martí se incluyen el homenaje póstumo ofrecido por el pueblo al Comandante en Jefe, el 28 de noviembre de 2016, así como el también rendido en 1997 a los restos del Che y sus compañeros de guerrilla, su Destacamento de Refuerzo.

Con motivo del aniversario 20 de esta institución, Miguel Díaz-Canel, entonces Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, aseguró que “Este lugar nos acerca a Martí, a ese Martí tan necesario en los empeños de nuestra nación y para el equilibrio del mundo”.

Así ha seguido y seguirá siendo.

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Memorial José Martí, en la Plaza de la Revolución. Foto: Alejandro Azcuy / Cubadebate.

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25 años del Memorial José Martí, el lugar que todo cubano debe conocer

 

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Construcción del Memorial José Martí. Foto: @MemorialJMarti / Facebook

 

Este 27 de enero se cumplen 25 años de inaugurado el Memorial José Martí, 60  de la definitiva construcción del Monumento y 95 del primer diseño de la Plaza. 

Cuando el 27 de enero de 1996, el Comandante enJefe Fidel Castro Ruz, dejó inaugurado el Memorial José Martí, he hizo realidad su idea de convertir el Monumento ubicado en la Plaza en un centro de homenaje permanente a nuestro Héroe Nacional, expresó:

“Pienso que uno siente satisfacción de que un hombre como él haya recibido este homenaje tan bello, tan estético, porque es verdaderamente bello la combinación de todo lo que hay aquí. La concepción ha sido excelente, entonces, ahora si tenemos un Memorial (…)”.

El Memorial José Martí ofrece al visitante una muestra de la vida y la obra de José Martíy la historia de la construcción de la Plaza y el Monumento. La exposición se compone de fotografías, grabados, dibujos, facsímiles de documentos históricos, ediciones de obras martianas y reproducciones de objetos significativos de la vida del Apóstol. Existe además una sala de actos y una de exposiciones donde se realizan actividades culturales y se exhiben importantes obras de artistas cubanos y extranjeros.

Aquel día, el Comandante en Jefe, también dijo: “…pienso que mucha gente va a venir a verlo, no quedará un ciudadano que no venga a este lugar”; veinticinco años más tarde, el Memorial, se ha convertido en un símbolo de Cuba, un lugar al que cubanos y extranjeros vienen, no solo para conocer de cerca al Héroe Nacional de Cuba, sino la historia de esta tierra, a sus líderes y a Fidel.

El Monumento y la Plaza de la Revolución José Martí, declarada Monumento Nacional por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural en 2010; está integrada por una torre en forma de estrella de 142 metros de altura, delante de ella, la estatua de José Martí en posición sedente, con 18 metros de altura, obra del escultor cubano Juan José Sicre.

A sus 60 años de construida, ha sido testigo excepcional de acontecimientos relevantes ocurridos en Cuba, conmemoración de fechas históricas, clausura de eventos nacionales e internacionales, ceremonias militares, actos obreros y militares y la despedida de duelo de importantes personalidades, la última de ellas las realizadas a nuestro querido Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Un mural de cerámica veneciana con 89 textos martianos, esritos con letras laminadas en oro y un atractivo mirador en la cima de la torre, desde la que puede apreciarse toda la ciudad y se alcanza una visibilidad aproximada de 50 km hacia el horizonte, son parte de este monumento que cada día abre al público para acercarlo a la vida y la obra de José Martí y encontrar un ambiente cultural con exposiciones y espectáculos artísticos para todas las edades.

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Vista de La Habana desde el mirador del Memorial. Foto: Liudmila Peña.

 

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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Abdala: José Martí

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Abdala: la Patria, la libertad y la madre en el Martí adolescente / Abdala: el gran poema dramático del joven José Martí

Martí pone en voz de Abdala un significativo concepto con respecto a la Patria:

 

El amor, madre, a la patria
No es el amor ridículo a la tierra,
Ni a la yerba que pisan nuestras plantas;
Es el odio invencible a quien la oprime,
Es el rencor eterno a quien la ataca;
Y tal amor despierta en nuestro pecho
El mundo de recuerdos que nos llama
A la vida otra vez, cuando la sangre,
Herida brota con angustia el alma;
¡La imagen del amor que nos consuela
Y las memorias plácidas que guarda!

 

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Abdala y la profecía de Martí: morir por Cuba

 

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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José Martí: austeridad y prosperidad

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Mausoleo dedicado al Héroe Nacional de Cuba y apóstol de la independencia, José Martí

José Martí: austeridad y prosperidad / Por Luis Toledo Sande

 

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Las nociones de austeridad y prosperidad han suscitado particular atención y diversas valoraciones, especialmente quizás en los últimos años. El entendimiento de la primera parece haberlo oscurecido el uso instrumental que el capitalismo ha hecho de ella para justificar manejos económicos y políticos, mientras que la segunda ha cargado frecuentemente con la sombra del egoísmo y las ambiciones personales.

Ante el avance del socialismo en gran parte del siglo XX, el sistema capitalista insufló fuerzas a la socialdemocracia para aplacar demandas de la clase obrera. En ese camino se acuñó el concepto de estado de bienestar, aunque el bienestar seguía siendo mayoritariamente para los más ricos, tanto como el control del estado.

Y luego, sobre todo ante el desmontaje del campo socialista europeo y la desintegración de la Unión Soviética, el propio sistema capitalista empezó a zarandear el llamamiento a la austeridad. No para promoverla como contribución a la equidad social y a la salvación del planeta, propósitos con los cuales resultaría sano asumirla y fomentarla, sino como condena para las mayorías. Manipulada por los poderosos, ha servido para que las frustraciones y la pobreza la sufran principalmente las personas y naciones más pobres.

Esa es historia reciente, o aún viva, y conocerla está al alcance de quienes se interesen en ella. A las masas populares vale suponer que su propia existencia les ha dado no poca información, experiencia vivida. Pero estos temas serán aquí apenas rozados en relación con lo que significaron para José Martí.

En su pensamiento y en su conducta fue cardinal la decisión de echar su suerte con los pobres de la tierra. Así se lee en sus Versos sencillos y se confirma en el artículo que publicó el 24 de octubre de 1894, precisamente con el título “Los pobres de la tierra”, en el periódico Patria, fuente —si no se indica lo contrario— de sus otros textos aquí citados. En el poemario y en el rotativo salta a la vista que la relación de Martí con los pobres no se limitaba a los de su tierra: se extendía a los de la tierra toda, al mundo.

En cuanto a sus compatriotas, se vinculó con todos los que, pobres o ricos, estuvieron dispuestos a apoyar honradamente a la revolución independentista, pero su más profunda simpatía lo unió con aquellos a quienes en el artículo antes citado, refiriéndose a “los obreros cubanos en el Norte”, llamó “los héroes de la miseria”. Su visión y sus simpatías las fortificaban el hecho de que el ímpetu independentista lo mantenían vivo, mayoritariamente, los más humildes.

En su medular discurso del 26 de noviembre de 1891, que pronunció en la etapa decisiva para la fundación del Partido Revolucionario, y se conoce por su concluyente lema “Con todos, y para el bien de todos”, concentró la valoración que le merecía la masa trabajadora y la actitud de esta con respecto a la patria.

Frente a quienes se oponían a la guerra de liberación —como aquellos, entre otros, a quienes denominó lindoros, olimpos de pisapapel y alzacolas—, enalteció a las fuerzas para las cuales dignificó el rótulo de “turba obrera”. Dirigiéndose a compatriotas emigrados en Tampa que apoyaban la independencia, los llamó “el arca de nuestra alianza, el tahalí, bordado de mano de mujer, donde se ha guardado la espada de Cuba, el arenal redentor donde se edifica, y se perdona, y se prevé y se ama”.

A lo largo de su vida él mismo fue un trabajador, algo en lo que no suele insistirse lo bastante, y su identificación con esas huestes fue entrañable: “el corazón se me va a un trabajador como a un hermano”, escribió en carta del 16 de noviembre de 1889 al activista obrero Serafín Bello. No por azar buscó y halló entre las comunidades de compatriotas obreros emigrados el apoyo principal para fundar el Partido Revolucionario Cubano y trazar sus definiciones cardinales.

Debe añadirse que para él la pobreza no fue fatalidad, sino opción. Talento le sobraba para haberse hecho rico, y vivió con la mayor austeridad. No fue mera declaración verbal ni sonajero demagógico su voluntad de echar la suerte con los pobres: vivió como ellos, fue uno de ellos. Con su labor periodística ayudaba desde la emigración a la madre, que se hallaba en La Habana, pero en general llama la atención la humildad con que vivía incluso cuando en Nueva York era corresponsal de diarios relevantes y llegó a ser cónsul a la vez de tres países: Argentina, Uruguay y Paraguay.

Tampoco cuesta mayor esfuerzo suponer que en esas tareas no veía ni buscaba caminos para el lucro personal, sino modos de propagar ideas que sabía necesarias para la salvación de Cuba y toda nuestra América, y para salvar el equilibrio del mundo. Al hacerlo ejercía lo que en el pórtico de Ismaelillo denominó “utilidad de la virtud”, divisa de su existencia. Y una de sus grandes virtudes fue la austeridad.

Escogió ser pobre, y si alguna vez pudo acaso estar holgado de caudal cabe conjeturar que lo habrá dedicado a los fondos de la revolución. Los cuidaba con celo mientras podía custodiar un maletín lleno de dinero y vestir trajes raídos. Se sabe de sus zapatos con suela rota, y del pantalón que Máximo Gómez le prestó. Cuando ambos organizaban su traslado a Cuba para incorporarse a la guerra, y presumiblemente por iniciativa de Gómez —a quien habría impresionado la pobreza de su indumentaria—, se le hizo al Delegado del Partido Revolucionario Cubano, en Montecristi, su último traje.

Todo desaprueba tanto el énfasis como el silencio con que, desde un ángulo o desde otro, parece haberse querido tratar su idea de la prosperidad como condición apetecible. A la luz de su pensamiento y, sobre todo, de sus actos, esa idea alcanza cada vez mayor vigencia, como puede apreciarse en su artículo “Maestros ambulantes”, publicado en mayo de 1884 en la revista La América.

En ese texto escribió dos oraciones a las que dio jerarquía de párrafo: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso” y “Ser culto es el único modo de ser libre”. Y a esas declaraciones sobre los valores del pensamiento y la cultura, añadió: “Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. Algunas interpretaciones parecen subrayar, desgajado del contexto, lo relativo a la prosperidad, y lo consideran referido mecánica o meramente a la riqueza individual.

Esa interpretación tropieza con la médula del texto y del pensamiento de Martí, de su sentido de la vida, que para él fue, como se ha dicho, un hecho moral. A las palabras citadas agregó las que remiten, como base de la prosperidad, a la noción del trabajo, no a ganancias egoístas: “Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza”.

Y falta por ver lo fundamental de la visión que en ese artículo Martí plasmó sobre la prosperidad. No dice sin más que “se necesita ser próspero para ser dichoso”, sino que ubica esa noción en lo que le da fundamento: “en lo común de la naturaleza humana”. Pero él no se hallaba en esos márgenes, sino en lo extraordinario, como suele ocurrir a los grandes luchadores por la justicia, aunque no siempre con el grado de pureza que seres como él mismo, y alguien tan afín a él como Ernesto Guevara, han personificado.

Pero era también el político que sabía que a los colectivos humanos no se les guía sin contar con las características y las aspiraciones personales de sus integrantes, y comprendía además lo saludable de no propiciar los malos o corruptores consejos de la penuria. Aunque sin llegar a las cimas de lo extraordinario, siempre ha habido y habrá quienes luchen y trabajen motivados por la significación moral del esfuerzo, pero no se debe desconocer que esa no es la medida de lo general.

En cualquier caso, cuando hoy —desde perspectivas sospechosas de pragmatismo— se dictamina que el estímulo salarial hará que “la gente trabaje”, se es irrespetuoso, además de injusto, con quienes han dedicado su vida a trabajar para el bien común, para el fortalecimiento de la Cuba revolucionaria, sin hacer depender del salario su consagración, por indispensable que el salario sea.

En cuanto a que Martí no confundía prosperidad con riqueza u ostentación, habrá de volverse siempre a su identificación preferente con los humildes. Y es indispensable tener presente hasta el sentido de sencillez con que, desde los preparativos de la guerra, y en ella, ideó el gobierno que en la contienda debía fundarse con alma válida para abonar la república futura.

Según su plan emancipador para el gobierno de la república por fundar, preveía que todas las opiniones estuvieran representadas, pero sin obviar una condición justa: “Que la minoría estará siempre en minoría: ¡como debe estar, puesto que es la minoría!” Así se lee en el apunte identificado con el número 186 en el volumen de Fragmentos —el 22— de sus Obras completas.

Su pensamiento y su capacidad de previsión lo hacían incluso valorar cómo debían proyectarse y comportarse los combatientes de la revolución, cualquiera que fuese su grado de heroísmo y su jerarquía. Así como fue el máximo dirigente, con el democrático título Delegado, del Partido Revolucionario Cubano que fundó para preparar la guerra, y vivía y vestía humildemente, tenía derecho a desear que los representantes todos de la revolución respondieran a ese ideal de conducta, de austeridad.

No era una invención suya, y menos todavía un capricho que en otros podría tener visos dramatúrgicos. Era, ante todo, claridad sobre los intereses que se defendían y los fines buscados, y lealtad al ejemplo de quienes —como Francisco Vicente Aguilera, Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte— renunciaron a sus riquezas y murieron en extrema pobreza material. Fueron también, como él, seres irreductibles a “lo común de la naturaleza humana”.

Afincado en su tiempo, y con visión planetaria, pensaba en el futuro de su país. En el artículo “‘¡Vengo a darte patria!’ Puerto Rico y Cuba”, publicado el 14 de marzo de 1893, anticipó: “Volverá a haber, en Cuba y en Puerto Rico, hombres que mueran puramente, sin mancha de interés, en la defensa del derecho de los demás hombres”.

Con esa luz organizó la guerra, y ya en ella ratificó la orientación de su pensamiento, por lo que se mantenía atento a lo más abarcador y a los detalles, por insignificantes que a otros ojos pudieran parecer. En su Diario de campaña se asiste al puntual testimonio del representante de una gesta que se hacía principalmente con el sacrificio de los más humildes.

De ello da un indicio relevante la anotación del 5 de mayo. Se refiere a un héroe formidable por quien sentía inmenso y merecido respeto, y admiración, y en cuya irrestricta entrega a la patria confiaba. Pero no es entusiasmo lo que se aprecia en su observación de que, en medio de aquellas tropas formadas en su gran mayoría por campesinos y otros hombres humildes, el héroe no solamente vestía “traje de holanda gris”: “ya tiene plata la silla, airosa y con estrellas”.

La significación del apunte —que no se agota en discrepancias puntuales, aunque inseparables también de su concepción general de la brega revolucionaria y el pensamiento con que esta debía acometerse— se aprecia con mayor claridad porque no se refirió en esos términos a una silla cualquiera, sino ejemplar, guiadora.

Tal vez no haya mejor muestra de cómo leer y entender a Martí si se trata de calar en los nexos que para él tuvieron la austeridad y la prosperidad, y el modo más pleno de echar la suerte con los pobres de la tierra. Nutrido de una experiencia planetaria que lo puso en contacto presencial con las limitaciones de la democracia y los postulados liberales de la primera República Española, de las naciones independientes en nuestra América y, sobre todo, de los Estados Unidos, en las Bases del Partido Revolucionario Cubano, escritas por él, se lee que uno de los propósitos fundamentales de esa organización era fundar en Cuba “un pueblo nuevo y de sincera democracia”.

Así era la Cuba que él deseaba que surgiera de sus luchas por la independencia, luchas que no debían reproducir el incumplimiento medular que él apreció en las repúblicas constituidas en los pueblos hispanoamericanos que habían logrado librarse del coloniaje: “Con los oprimidos había que hacer causa común para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores”.

El alcance mayor de esa iluminación de su ensayo “Nuestra América” sigue aportando claridad no solo para los afanes independentistas, sino también, o sobre todo, para los proyectos de justicia social. No basta luchar contra los intereses de los opresores: es igualmente necesario luchar contra sus hábitos de mando. Y de vida, cabe añadir, considerando el ejemplo de austeridad del propio Martí.

Muchas y profundas razones tuvo Fidel Castro para proclamar que en Martí halló la Revolución Cubana su fundamento moral.

 

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Publicado por: David Díaz Ríos CubaEstrellaQueIlumina

 

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