Fidel en las victorias y la memoria

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Fidel en las victorias y la memoria / Por Martha Gómez Ferrals Servicio Especial de la ACN

 

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Cuando el 25 de noviembre de 2016 el pueblo cubano sufrió el impacto doloroso de la partida del Comandante en Jefe Fidel Castro, casi todos se estremecieron ante la coincidencia traída por la casualidad: el hecho infausto ocurrió en el día en que se conmemoraba el 60 aniversario del inicio de la expedición del yate Granma, liderada por él, e integrada por 82 audaces combatientes, dispuestos a luchar a toda costa para alcanzar la liberación definitiva.

Y el mensaje del azar, que seguramente el líder de la Revolución hubiera refutado como misterio, debido a su sólida formación científica y principios marxistas-leninistas, fue tomado por su pueblo fidelista y martiano como una lección del tiempo, empeñado en recordar su invencible espíritu de lucha en el momento en que la vida física declinaba por ley natural, reafirmando el camino de siempre. El pueblo en medio de su tristeza dijo entonces: “Yo soy Fidel”.

Había nacido el 13 de agosto de 1926 en la demarcación rural de Birán, en el oriente del país, hoy perteneciente a la provincia de Holguín. Era hijo de un hacendado de origen español y una cubana: el gallego Angel Castro y la pinareña Lina Ruz.

De modo que en el momento de su deceso tenía 90 años cumplidos para alegría y beneplácito de los cubanos, quienes seguían de cerca la evolución de su delicado estado de salud. Vivía al calor de su familia, cultivando plantas útiles, estudiando, leyendo, escribiendo artículos, y sobre todo compartiendo su invaluable experiencia y sus conocimientos vastos con el pueblo y los amigos que los necesitaran. Su corazón y sus puertas siempre abiertas.

Habló de ello en más de una ocasión y lo cumplió hasta el último día. Nació para luchar y el combate por las causas justas, que siempre fue con espíritu optimista , pues solo concebía la victoria, dio sentido a su vida provecta y descollante, no solo para sus connacionales sino para los pobres y oprimidos de puntos lejanos del planeta. La vocación martiana de servir era esencial en él.

Fue ese revolucionario y rebelde casi nato desde la niñez, luego forjado por sólidos principios éticos y conocimientos en la juventud, quien, tras el arribo a Cuba del yate Granma en 1956, y el primer golpe demoledor a su fuerza, no claudicó ni cejó, decidió volver a empezar con mayor brío.

Se adentró en la agreste Sierra Maestra con escasos sobrevivientes e ínfimos fusiles, combatió, organizó, sumó y convenció, y formó el Ejército Rebelde, que derrotó a la tiranía de Fulgencio Batista y declaró la Revolución triunfante el Primero de Enero de 1959.

Además de su espíritu de combate, sus compatriotas recuerdan al líder justiciero, desde que era un joven abogado defensor de los desposeídos, y en el cumplimiento del llamado Programa del Moncada, puesto en marcha desde la misma victoria de enero, basado en La Historia me Absolverá, su histórico alegato en el juicio de los asaltantes al cuartel Moncada (1953).

Y conste que para llevar al pueblo cubano la equidad y la justicia prometida debió enfrentar acciones, agresiones y la guerra sucia que los EE.UU. desataron contra Cuba desde la misma victoria. Batallas libradas junto al pueblo cubano.

A pesar de los ataques y sabotajes, de los crímenes concebidos y pagados por la CIA y el Pentágono yanqui, los hijos de esta tierra siguieron a su líder, con profunda convicción en la maravillosa, aunque difícil Campaña de Alfabetización, lo respaldaron en las nacionalizaciones a empresas norteamericanas, se movilizó en la Crisis de Octubre, y combatió heroicamente en las arenas de Girón, propiciando la primera derrota al imperialismo en América.

Un pueblo que lo acompañaba no solo porque era siempre el primer combatiente, sino porque siempre decía la verdad y se regía por valores.

Esto lo hizo emprender otra batalla singular en los años 80, cuando estimó que ciertas manifestaciones de la conciencia social, de tendencia negativa, se entronizaban en colectivos laborales y obstaculizaban su buen desempeño.

El período de rectificación de errores y tendencias negativas, dirigido por él con firmeza, se vio interrumpido por la grave situación generada por la caída del campo socialista y la llegada abrupta del llamado período especial, por la sensible depresión económica que padeció el país.

Una vez aliviada esa cruda etapa, siempre bajo la presión despiadada del bloqueo económico y financiero ordenado por Estados Unidos, la inmensa mayoría del pueblo cubano permaneció al lado de Fidel y de la construcción de un modelo social socialista, a pesar del alto costo material y espiritual pagado en los años precedentes por la crisis. Bajo ataques, presiones y agresiones colosales del Imperio.

No por gusto había contribuido tan decisivamente a dar justicia, educación y cultura al pueblo que ayudó a liberar y al cual también estimuló a desarrollar la ciencia, el espíritu humanista, la dignidad, algo que pudiera ser una utopía para una pequeña nación del Tercer Mundo, que todavía lucha por el desarrollo. Y también un sueño para los tiempos que corren.

Forjó otra grandeza: el incremento de la solidaridad con el prójimo, con otros pueblos del mundo, como el apoyo a la lucha por la independencia de Angola, así como los miles de trabajadores de la salud y la educación cubana que han salvado vidas y formado a ciudadanos del mundo, de manera altruista.

Si en Cuba hay un orgullo inmenso por el Fidel combatiente, también lo hay por el estadista brillante, el político y ciudadano del mundo comprometido con causas como la lucha contra el cambio climático y el hambre.

-Un nuevo 25 de noviembre llega, entonces, con el aliento de su vida.

 

 

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Claves de una exitosa búsqueda en Internet

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Claves de una exitosa búsqueda en Internet / Por Mercedes Munoz Fernandez

 

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Buscar en Internet con fines académicos –ya sea para encontrar un tema de investigación, elaborar el marco teórico de una tesis o un ensayo de tarea– no parece nada raro. Sería lo mismo de siempre, si introducir palabras al azar no nos dejara dolor de cabeza y mucha información de la que, tal vez, solo nos servirán algunos datos.

Por eso, aprendiendo a realizar búsquedas avanzadas y organizar mejor el proceso, le sacaríamos un mayor provecho a la web. Incluso, si eres muy ducho en el tema, este texto tiene algunos consejos probados desde Alma Mater que podrás compartir con esas amistades que pasan trabajo o regalan su tiempo (y megas) en repetidas consultas sin los resultados esperados.

¿El primer paso? Crearse una estrategia con una selección de términos a localizar a partir de nuestro conocimiento, aunque luego aumentará en dependencia del grado de profundidad a alcanzar. También debes seleccionar las bases de datos para recopilar información. Google no es la única alternativa.

Desde el portal científico internacional WorldWideScience  se llega a varios sitios de referencia. Igual puedes visitar bibliotecas digitales o repositorios como SciELODialnet o Redalyc, donde accedes a revistas especializadas de países hispánicos y otros. Un buen ejercicio es repetir la misma consulta en varias de estas plataformas y no tienes que limitar el uso de Google o su versión académica.

Al elegir los términos precisos, recuerda que las palabras clave no son mágicas. Con una sola quizá se genere demasiada información y no obtengas nada en concreto. Preparar una pregunta muy elaborada, tampoco es factible. Sobre todo, porque la máquina no entiende el contexto ni significado de las palabras.

Google, por ejemplo, no presta atención a mayúsculas, minúsculas o acentos. Sus algoritmos, además, eliminan las interrogaciones usuales: cómo, dónde o por qué, para evitar así que se ralenticen las búsquedas. Vale apuntar que el orden de los términos en la barra de consulta, sí afecta las posibles respuestas.

Ahora, a simple vista hay una serie de atajos para filtrar los resultados en casi todos los buscadores generalistas como Google. Esto permite delimitar la información a los formatos deseados: páginas webs, imágenes, videos, noticias, entre otras opciones en el botón «Más». Asimismo, sin ir más allá de la página principal, se logra limitar la búsqueda a datos en algún idioma escogido o fecha de actualización determinada mediante el apartado «Herramientas».

Sobre las búsquedas avanzadas

La búsqueda avanzada también se convierte en una excelente herramienta de precisión si disponemos de datos suficientes sobre los elementos por encontrar. En dependencia de los ajustes que hagas, se mostrarán páginas de la región escogida o de ciertos dominios e, incluso, puedes regular que solo se obtenga material con libre derecho de usos. Esto aplica a casi todos los buscadores online.

Dicha opción –útil para cualquier consulta– afina mucho más los resultados. Desde el apartado «Preferencias» en la página principal del buscador, se accede a esas facilidades. Sin embargo, la forma más simple de realizar búsquedas avanzadas es mediante operadores. O sea, a través de palabras o símbolos que se introducen en la barra de consultas junto a los términos que te interesan.

Con los operadores se precisan o aumentan los resultados, a la vez que disminuye la información sobrante que pudiera aparecer y realmente no aportará. Entre los más populares está el uso de comillas. Se emplea para frases literales. Por ejemplo, cuando necesitamos alguna teoría, entrecomillamos un fragmento y el buscador devolverá las páginas donde aparece textualmente.

No obstante, para hallar el sitio donde se encuentran una serie de palabras pero no necesariamente juntas o en una frase específica, debes introducir esos términos precedidos por el operador allintext: en la barra de búsquedas. Cuando lo que conoces del archivo es su título o parte de él, entonces vas a escribir allintitle: junto a los términos que debe descubrir el buscador.

Si la búsqueda va dirigida a algún tipo de archivo específico como PDF, PPT, MP3 debes añadir la palabra filetype: seguida sin espacios de la abreviatura de tres letras que se refiere a ese formato. Para imágenes en general hay alternativas específicas en la página principal, mediante las cuales precisar qué se necesita, y están relacionadas al color predominante, el tamaño, la calidad y licencias de uso.

Pero si no tienes muy claro algunos elementos respecto a tu objetivo, están los operadores comodines (*, ? , #). Estos sirven para sustituir palabras o letras que no recuerdes dentro de una frase: “Técnica y * de la locución”. En ese caso el motor de búsqueda completa la idea o propone todas las formas posibles. Igual ocurre al buscar niñ?, el resultado responderá a los términos niño y niña.

Por el contrario, en el caso de que la palabra clave utilizada tenga varios significados, para restringir los resultados bastará con insertar un signo negativo (-) delante del término relacionado con el aspecto a evitar. Al buscar masa en el campo de las ciencias, por ejemplo, eliminarás los resultados de otra de sus acepciones haciendo la búsqueda en la forma: masa –culinaria.

A partir de otros sitios donde ya encontramos material útil, también se pueden buscar páginas con contenido similar. Para ello, se introduce el operador related: seguido en este caso del enlace o dirección URL del dominio web que nos ha servido antes. En los resultados tendremos una lista de páginas semejantes para escoger.

Por otra parte, si la información requerida debería aparecer en un determinado tipo de sitio web (.org — .edu) o pertenece a alguna institución, solo debemos incluir site: antes de la consulta. Por ejemplo, site:unicef.org palabra clave. Del mismo modo, la técnica funciona para localizar una palabra dentro de un sitio que no cuente con su propio buscador interno.

Existen otros operadores y opciones más desarrolladas; pero en general estos términos se usan con frecuencia en investigaciones académicas y se combinan para lograr resultados más específicos. A la par, tendrás que redefinir las palabras claves para ajustar el asunto en cuestión a la documentación necesitada.

Más allá de trucos o herramientas

Si bien estas opciones permiten que la máquina entienda mejor los objetivos de la búsqueda, alcanzar resultados cada vez más afines a nuestros intereses investigativos dependerá en gran medida de otros factores. Completar y contrastar los datos obtenidos es un paso determinante en este proceso.

Se trata de combinar los resultados de varios motores de búsqueda, en distintas fechas y desde plataformas que no tengan en cuenta tu ubicación geográfica. Además de nunca quedarse con la primera página de devoluciones del buscador; pues no siempre contiene la información más valiosa para la investigación.

Habría que valorar y seleccionar los datos con una visión crítica. Para empezar ni siquiera hay que entrar al sitio en cuestión, basta con verificar el origen o fuente, su autoridad, fiabilidad y objetividad científica; así como la actualidad y el enfoque que da al tema.

Por último, generar apuntes bibliográficos a la par de las búsquedas organizará el trabajo y no tendrás que gastar datos revisitando los sitios web. Una idea es copiar y pegar los enlaces en las notas electrónicas del dispositivo o añadirlas a los marcadores-favoritos del navegador. De cualquier forma, recuerda también ampliar tus opciones, porque no toda la información está en Internet.

(Tomado de Alma Mater)

 

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Entre lo virtual y lo virtuoso

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Entre lo virtual y lo virtuoso / Por Luis Toledo Sande

 

Una somera exploración en las redes sociales muestra, junto a grandes y valiosos aportes, un alud de errores y mentiras. Ante la COVID-19 , por ejemplo, han cundido recetas milagrosas para erradicar el sarscov-2, entre ellas las gárgaras de agua tibia con sal recomendadas por un presunto profesional que decía basarse en lo que Perú estaba logrando. Pero ese país no tardó en ser uno de los más afectados por el virus.

Una llamada Asociación de Médicos por la Verdad ha negado la existencia misma de la pandemia, y sostenido que la enfermedad no la produce un virus, sino una bacteria. Se descalifican así los esfuerzos hechos para erradicarla, o al menos se siembran dudas sobre el tema. Una “novedad” difundida por BBC News Mundo ha declarado que  no existe la pandemia, sino una sindemia.

No se discurrirá aquí sobre términos, y —puesto que se trata de un error cometido hasta por especialistas— se soslayará que en ese reportaje no se habla de “la covid”, sino de “el covid”. Pero la “información” no rebasa un verbalismo sin salida, orientado a desacreditar el trabajo de la Organización Mundial de la Salud, contra la cual se sabe quién o quiénes han arremetido, y por qué.

Se ha dicho incluso que la pandemia es un invento de marxistas, nada menos que ¡de Rockefeller hacia acá! Y para descalificar el distanciamiento físico acusándolo de ardid comunista se han realizado manifestaciones masivas, como si no fueran ya bastantes las campañas contra todo lo que huela a comunismo y a socialismo, o se quiera llamar así.

Tales hechos coinciden con la satanización, por la ultra derecha en los Estados Unidos, de políticos que no pasan de ser, si acaso, tibios socialdemócratas imperiales. Mientras tanto, el gobierno de esa nación —cada vez más visiblemente en crisis— ha tenido ante la covid un manejo que merece condenarse como delito de lesa humanidad.

Considérense chistes, pero no es seguro que lo sean, ciertas “tesis” que circulan en los medios, como la convocatoria a luchar por la eliminación del oxígeno. La foto de un objeto de metal severamente atacado por la oxidación se usa como prueba de lo nocivo que supuestamente le resulta al organismo humano un gas imprescindible para la vida.

En tal contexto campañas como las lanzadas contra el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo y a defender su lugar en el mundo, o dirigidas a calzar el machismo, la homofobia y otras expresiones de injusticia, pudieran parecer chiquilladas. Pero son tendencias alarmantes que han llegado a Cuba, incluso en la esfera artística. Una muestra es la cantante legalmente demandada por atizarlas, y no debería pasar como inocente el servicio que expresiones “humorísticas” exitosas le prestan a la homofobia.

En el mundo esas aberraciones se vinculan con un oscurantismo azuzado. Decirlo no implica —ni lo hacen estos apuntes, necesariamente esquemáticos— proponer una guerra contra la libertad de creencia, o revalidar formas de ateísmo tan oscurantistas como el fanatismo religioso, ni confundir maniqueamente oscurantismo y religiosidad.

Aterra la mezcolanza de oscurantismo asociado a creencias religiosas y actitudes en general anticientíficas, de un lado, y, del otro, el oscurantismo cavernario que actúa en lo más ostensiblemente político, y aquí ostensiblemente no va como un énfasis casual. Al margen del desprestigio de la política por prácticas corruptas y criminales de ella, vale pedirle prestada a Ruben Darío la irradiación de su poema “La canción de los pinos” y preguntarse con respecto a lo humano: ¿Qué que Es, no es político?

Un hecho resulta mucho más que inquietante: la connivencia del oscurantismo de signo sectariamente religioso, como el fundamentalismo llamado “evangélico”, y el que encarnan en la política gobiernos como los representados por Donald Trump y su discípulo sudamericano Jair Bolsonaro. Por añadidura, en hebreo el nombre del segundo significa “El Iluminado”.

En su afán por minimizar la peligrosidad de un virus que está matando grandes cifras de ciudadanos en sus propios países, ambos han querido ridiculizar el uso de la mascarilla. Y en eso también los apoyan fundamentalistas religiosos que la proclaman contraria a la voluntad de Dios.

Cuba no se debe creer libre de que a ella lleguen esas lacras. No se hará esa ilusión quien haya visto cómo no solo en templos, sino en la calle, y usando vehículos con altoparlantes, algunos voceros “evangélicos” han hecho campañas contra justas aspiraciones constitucionales de la nación.

Respetar la libertad de culto, que Cuba refrenda constitucionalmente y en la práctica, no es razón para olvidar que este es un Estado laico, ni para ignorar hechos que son, por lo menos, curiosos, sin entrar en valoraciones, por atinadas que pudieran ser. Una de ellas propiciaría tal vez determinar cuándo ha estado más presente la sinceridad, y hasta qué punto se aprecian los estragos del sectarismo ateocrático, aunque ni remotamente sea lo que más opera hoy.

En el paso de pocos años —va una punta de iceberg— son cada vez menos las personas exitosas que agradecen sus triunfos a representantes de todos los panteones, no al proceso revolucionario que las formó. Y hay quienes, salvados de la covid, solo después de invocar a cuantas figuras celestiales tienen en mente se refieren al sistema de salud y al personal médico a los que deben su curación.

Aun sin relacionar mecánicamente los hechos, ni menospreciar los efectos de crisis materiales (económicas) y de civilidad y pensamiento, hay señales que llaman a mantener atención crítica sobre lo difundido por las redes sociales. La heterografía —hablar de errores ortográficos sería un acto de piedad o de sarcasmo— y gruesas aberraciones ideológicas coexisten con aciertos y perspectivas valiosas, pero tal vez abunden más las primeras.

Estudiosos del tema, y en Cuba destaca la periodista Rosa Miriam Elizalde, han probado que, las más nocivas campañas de desinformación y tergiversaciones no son casuales ni espontáneas: se orquestan siguiendo planes minuciosamente concebidos y con los más avanzados recursos tecnológicos. Así se magnifica lo que se quiere difundir, para que aparezca como verdad pregonada por incontables personas.

Soslayar esa realidad sería como dar la espalda a una agresión bélica tradicional. En la guerra de vieja factura, que no ha desaparecido, quienes en Cuba defienden a la patria están prestos a combatir resueltamente contra un enemigo que en general dispondrá de armamentos más poderosos.

Similar actitud se requiere para el combate inaplazable en el terreno de la información o la desinformación, que es donde hoy —sin descartar otros escenarios: el imperio no rinde ningún culto a la paz— urge librar enconadas batallas. No costarán derramamiento de sangre; pero, si no se asumen con tenacidad e inteligencia, el enemigo podrá minar nuestro pensamiento y, en esa medida, hacernos más vulnerables con miras a la guerra tradicional.

Pese a todas las maniobras imperialistas, frente a los peligros aludidos son en especial estimulantes algunos hechos recientes, como los ocurridos en Bolivia y en los Estados Unidos: el primero, la victoria del Movimiento al Socialismo; el segundo, la derrota de Donald Trump en su propósito de mantenerse en la Casa Blanca, aunque no se descarte que allí aún se den más muestras de pudrición que las ya vistas.

El logro del MAS le aporta al ambiente político de la región energías favorables para enfrentar el auge con que la derecha venía revirtiendo los replanteos emancipadores. Eso quizás contribuya incluso a impedir que se repitan hechos tan lamentables como el apoyo del actual gobierno argentino a maniobras del Grupo de Lima —de Lima la Horrible— contra la Venezuela bolivariana. Añádase que la crisis política y moral de la cúpula peruana debería conducir a la desintegración de un Grupo que nació desprestigiado y al servicio de los Estados Unidos.

Pero no se ha de cantar victoria, ni cruzarse de brazos, y de pensamiento mucho menos. Para quebrar valores éticos, conductuales y cognitivos que les son adversos, las fuerzas imperiales y sus aliados no solo se valen de recursos tecnológicos sofisticados y de implacables mecanismos de desinformación. Manipulan constructos culturales que presentan la historia como un relato desprovisto de raíces y de realidad.

De ese modo se niega que haya ideas y sustentos nacionales que merezcan tenerse por sagrados y respetarse. De ahí que una agresión a símbolos medulares de la patria, como la imagen de José Martí, sea tan malvada y repudiable como el ataque con bombas y cañones al territorio nacional.

Mientras tanto, el imperio estadounidense usa en su propio territorio nacional las fuerzas de que dispone, y agrede con ellas a otros países. Para eso capitaliza mistificaciones como los fundamentalismos que ahora se apropian del rótulo evangélico, y las suma al “mesianismo” que subyace en los fundamentos de su nación.

Entre sus maniobras sobresalen acusaciones de corrupción a políticos que le molestan y a los cuales necesitan quitar del camino, para lo cual emplea un asidero poderoso. Al margen de lo que puntualmente pudiera haber de realidad en tales acusaciones, los voceros del capitalismo saben que en ese sistema la corrupción es un componente natural llamado negocios, pero resulta incompatible con la defensa de la equidad y la justicia social en su conjunto.

La honradez y la austeridad —desde el modo de vida personal y familiar, imagen incluida, hasta la administración de los recursos materiales públicos— son una condición básica para representar de veras proyectos revolucionarios, emancipadores. Y para tener verdadero derecho a reclamar sacrificios.

Acaso lo sean todavía más cuando en sus maniobras el debilitado pero aún poderoso imperio acude a cualquier recurso, y las multiplicadas fuentes informativas no solo sirven para difundir mentiras, sino también para denunciar conductas inaceptables en dirigentes políticos responsabilizados con la acción revolucionaria.

En general, frente a las aberraciones orgánicas del capitalismo —que se precipita en una decadencia tal vez larga, pero que vale considerar irreversible— no solo basta fomentar el buen uso de los medios para el conocimiento. Urge cultivar, y hacerlo natural, el debido comportamiento, no únicamente ni en lo determinante para dar la imagen de que se actúa bien, sino para mantener la conducta debida.

En eso desempeña una función vital el conocimiento limpiamente abrazado y trasmitido, y puesto en práctica entre lo virtual y lo virtuoso.

 

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Los doce césares

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Los doce césares / Por Rosa Miriam Elizalde

 

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“Clandestina”, un pequeño negocio privado que vende ropa con diseño nacional en La Habana Vieja, colgó este mensaje en Facebook el 7 de noviembre: “Se acabó el drama”. Resumió en cuatro palabras la sensación colectiva de alivio ante la noticia de que habrá nuevo presidente en Estados Unidos a partir del 20 de enero.

Más que de satisfacción por la victoria de Joseph Biden, la emoción es la del condenado al que le aflojan un poco el torniquete que no lo deja respirar. Está por concluir la peor administración de la historia estadounidense y la que, en medio de una pandemia mortal, ejecutó una implacable letanía de sanciones que no parecía tener fin y que ha afectado al ciudadano común en Cuba de todas las formas posibles.

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Donald Trump castigó a los cubanos sin más motivo que el que lleva a un perro grande a intentar apoderarse de un hueso: cortó las remesas, persiguió los barcos petroleros, estranguló las finanzas, golpeó al turismo y calumnió a las brigadas médicas que han enfrentado al coronavirus. Por si fuera poco, fantaseó con que un grupo de colaboracionistas emigrados a Florida lo anclarían cuatro años más en la Casa Blanca.

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No conozco a otro personaje de la política estadounidense que genere más desprecio. Es difícil no profesar con vehemencia este discreto sentimiento hacia quien se ha ganado entre los cubanos no solo la reputación de déspota, sino la de hazmerreír en jefe. Francisco Rodríguez Cruz, un periodista de agudo sentido del humor, pedía con sorna ser justos con el presidente republicano: “Los únicos en el gobierno de Trump que trabajaron bastante, fueron los de la oficina contra Cuba”. Y hasta esos están abandonando el barco.

Mauricio Claver-Carone, arquitecto de la política hacia Cuba y Venezuela en la Casa Blanca y actual presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, felicitó a Biden por su victoria.  Trump debe haberlo sentido como una puñalada trapera. A nadie extrañaría un tuit del mandatario recordando a Claver-Carone que tiene ese puestecito gracias a él, porque lo sacó de un oscuro lobby anticubano en Washington y lo convirtió en asesor principal de su política para Latinoamérica, antes de catapultarlo al BID.

Que los cubanos expresen alivio, no significa que haya entusiasmo desbordado. La sicóloga Reina Fleitas comentó a IPS que Biden ha hecho pública la promesa de una política menos restrictiva hacia la isla, “pero muchos políticos prometen y no cumplen, o lo hacen parcialmente, y eso nos obliga a no crearnos falsas expectativas”.

El politólogo Esteban Morales, coautor de un libro esencial para entender la historia de las relaciones entre los dos países, titulado De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba, cree que aunque aflojarán las presiones de Washington, “nunca desaparecerá el lastre de querer controlar a la isla, que ha sido la intención y el destino de cualquier política norteamericana”.

El presidente Miguel Díaz-Canel también ha sido cauto: “Reconocemos que, en sus elecciones presidenciales, el pueblo de EE.UU. ha optado por un nuevo rumbo. Creemos en la posibilidad de una relación bilateral constructiva y respetuosa de las diferencias”, que traducido al lenguaje popular, según Paquito Rodríguez Cruz, significa que “nos cuadra una pila el cambio, pero no nos chupamos el dedo”.

Otros cubanos han decidido festejar la patada que millones de estadounidenses le han dado al magnate, pero por razones que tienen que ver más con la historia entre ambos países, que con las elecciones. Trump es el presidente número 12 que, desde 1959, intenta destruir la Revolución cubana sin conseguirlo.

El escritor Luis Toledo Sande ha recordado que “Cuba se ha ganado el derecho de celebrar la derrota de doce césares empeñados en doblegarla”. Otros han utilizado también la analogía de Los doce césares, pero subrayan la frase más célebre de ese famoso libro de Suetonio: “El zorro cambia de piel, pero no de hábito”.

(Publicado originalmente en La Jornada)

 

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Cuba-Angola: Operación Carlota

Fidel Castro visita las poblaciones de Quifangondo y Caxito, en compañía del presidente angolano Agosthino Neto, el 24 de marzo de 1977. Foto: Joaquín Viñas/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas.

 

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Se iniciaba lo que dio en llamarse Operación Carlota, nombre en clave de la más justa, prolongada, masiva y exitosa campaña militar internacionalista de nuestro país. El imperio no pudo alcanzar sus propósitos de desmembrar Angola y escamotear su independencia. Lo impidió la heroica y larga lucha de los pueblos de Angola y de Cuba”.

Fidel (2005)

 

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Operación Carlota, “la más justa, prolongada, masiva y exitosa campaña militar internacionalista de nuestro país”

 

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El 2 de noviembre de 1975, en la localidad de Caporolo, un grupo de asesores cubanos enfrentó a fuerzas contrarias y por primera vez sangre cubana y angolana se derramó y se enraizó en tierras de África. El 4 de noviembre, tras conocerse la noticia de ese enfrentamiento, Fidel Castro ordenó el traslado de las primeras unidades de combate, por vía aérea y naval, dando comienzo a la Operación Carlota, una de las más singulares hazañas militares de la historia moderna.

Angola fue la lucha de todo un pueblo. Para llegar ahí el escritor colombiano, Gabriel García Márquez, escribió que “en los primeros días de la guerra, cuando la situación era urgente, Fidel Castro gastaría hasta catorce horas en la sala de comando del personal general, a veces sin comer o durmiendo, como si él estuviera en el campo de batalla él mismo”.

En una ocasión, el mismo Fidel explicó las razones del involucramiento de Cuba en África:

“Algunos imperialistas se preguntan por qué ayudamos a los angoleños, qué intereses tenemos nosotros allí. Ellos están acostumbrados a pensar que cuando un país hace algo es porque está buscando petróleo, o cobre, o diamante, o algún recurso natural. ¡No! Nosotros no perseguimos ningún interés material, y es lógico que los imperialistas no lo entiendan”.

“¡Estamos cumpliendo un elemental deber internacionalista cuando ayudamos al pueblo de Angola! Simplemente aplicamos una política de principios. No nos cruzamos de brazos cuando vemos a un pueblo africano, hermano nuestro, que de repente quiere ser devorado por los imperialistas y es brutalmente atacado por África del Sur”.

El día 5 de noviembre el Comandante en Jefe se reunió con los primeros voluntarios. Les habló “sobre todo de la invasión sudafricana. Dijo que algunos de los instructores cubanos habían muerto, que la situación era difícil, que debíamos detener a los sudafricanos antes de que llegaran a Luanda y que muchos de nosotros no regresaríamos. Dijo que le era muy duro decir eso y no acompañarnos”, relató el oficial René Hernández Gattorno, uno de los dispuestos a participar en la misión internacionalista.

Cualquiera de los hombres seleccionados podía decir que no; la decisión personal, con absoluta libertad, determinaba quien partía o no hacia el campo de batalla. Empezaba así la Operación Carlota, que duraría 15 años y medio, hasta el 25 de mayo de 1991, cuando los últimos 500 internacionalistas cubanos en África regresaron a la Patria, tras demostrar con creces el espíritu solidario de nuestro pueblo, y la capacidad de un pequeño país para movilizar numerosos medios y fuerzas militares. Por la República Popular de Angola, en el transcurso de los casi dieciséis años que duró la operación, llegaron a pasar 377 033 combatientes cubanos.

“El nombre de aquella operación, explicó Fidel, es a la vez símbolo y homenaje a los miles de esclavos que perecieron en combate o fueron ejecutados durante las primeras insurrecciones. En ellas se forjaron mujeres de la talla de Carlota, una negra lucumí de la dotación del ingenio matancero Triunvirato, que en 1843 encabezó uno de los muchos alzamientos contra el terrible estigma de la esclavitud y ofrendó la vida en el empeño”.

Para los cubanos, formados en una profunda vocación internacionalista, había un solo camino: no dejar solo al pueblo angolano en esa hora crucial. En la primera semana de octubre habían arribado nuestros hombres y el cargamento bélico en tres barcos e inmediatamente se habían creado cuatro centros de instrucción en diferentes direcciones del país.

Las fuerzas zairotas y el FNLA con refuerzos sudafricanos y de mercenarios blancos atacan el día 6, y con fuerzas mayores repiten la acción el día 10 en las posiciones patrióticas en Kinfangondo, 20 kilómetros al norte de Luanda con el objetivo de penetrar en la capital. En ambas ocasiones son rechazadas por unidades de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (FAPLA) y parte del personal cubano y angolano del centro de instrucción de N’Dalatando.

En esos mismos días, entre el 8 y el 11 culminan exitosamente los combates de rechazo a la invasión de unidades regulares de Zaire y mercenarios blancos en Cabinda, donde los instructores cubanos, sus alumnos angolanos del centro y otras tropas de las FAPLA aniquilan el intento enemigo que deja en su retirada cientos de cadáveres sobre el terreno. Luanda y Cabinda estaban salvadas.

Fidel diría años después: “Por primera vez, en ese apartado punto de la geografía africana, la sangre de cubanos y angolanos se unió para abonar la libertad de aquella sufrida tierra”.

En el primer minuto del 11 de noviembre de 1975, el presidente Agostinho Neto, en medio de una impresionante multitud enardecida, anuncia al mundo el nacimiento de la República Popular de Angola.

“El imperio, aseguró el líder histórico de la Revolución, no pudo alcanzar sus propósitos de desmembrar Angola y escamotear su independencia. Lo impidió la heroica y larga lucha de los pueblos de Angola y de Cuba”.

Angola es liberada

A finales de 1987 se produjo la última gran invasión contra Angola. Sudáfrica y Estados Unidos lanzaron el último y más amenazador golpe contra el país. Pese al serio peligro de agresión militar que también enfrentaba Cuba, el gobierno revolucionario decidió de nuevo reunir a las fuerzas necesarias para asestar un golpe definitivo a las pretensiones sudafricanas. Como en 1975, un número ingente de tropas y medios de combate cruzaron rápidamente el Atlántico, desembarcando en la costa sur del país, para atacar junto al ejército angoleño a las poderosas fuerzas sudafricanas.

Esta vez fueron 55 000 los soldados cubanos que pusieron punto final a la agresión militar extranjera contra Angola. Pero suman millones los hombres y mujeres que aseguraron desde Cuba el éxito de cada misión y se esforzaron para que nada faltara a la familia del combatiente o colaborador civil. La gesta resultó decisiva para consolidar la independencia de Angola y alcanzar la de Namibia.

Fue además una contribución significativa a la liberación de Namibia y a la desaparición del régimen del apartheid en Sudáfrica. En total más de 300 000 combatientes internacionalistas, y cerca de 50 000 colaboradores civiles cubanos, se ofrecieron de forma voluntaria para una misión que no tiene parangón en la historia.

Como observó un analista sudafricano: “En Angola, soldados negros –cubanos y angolanos- derrotaron a las tropas blancas en combate, esa ventaja psicológica, esa ventaja que el hombre blanco ha disfrutado y explotado durante más de 300 años de colonialismo e imperio. El elitismo blanco ha recibido un golpe irreversible en Angola y los que estuvieron allí lo saben”.

Pocas veces una guerra, la acción humana más terrible, ha estado acompañada de tal dignidad, honestidad en los principios y la transparencia más absoluta en cada acción realizada por parte de los combatientes internacionalistas. Para Fidel “aquella extraordinaria epopeya nunca ha sido narrada cabalmente”, y “el imperialismo yanki realiza un extraordinario esfuerzo para que el nombre de Cuba no aparezca siquiera en los eventos conmemorativos”.

“Cuba al parecer nunca tuvo absolutamente nada que ver con la independencia de Angola, la independencia de Namibia y la derrota de las hasta entonces invencibles fuerzas del ejército del apartheid”.

Cuba cumplió con lo que dijera el insigne líder anticolonialismo Amílcar Cabral: “Los combatientes cubanos están dispuestos a sacrificar sus vidas por la liberación de nuestros países, y a cambio de esa ayuda a nuestra libertad y al progreso de nuestra población lo único que se llevarán de nosotros son los combatientes que cayeron luchando por la libertad”.

En un discurso pronunciado en Cuba en 1991, Nelson Mandela rindió tributo al pueblo de la isla y expresó su gratitud por su contribución a la libertad en África austral:

“Desde sus días iníciales, la Revolución Cubana ha sido una fuente de inspiración para todos los pueblos amantes de la libertad. El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan”.

Exactamente 19 años después del desembarco del Granma, en noviembre de 1975, un pequeño grupo de cubanos libraba en Angola los primeros combates de una batalla que se prolongaría por muchos años. “La hazaña de Angola y la lucha por la independencia de Namibia y contra el apartheid fascista fortaleció mucho a nuestro pueblo. Los incontables actos de heroísmo, abnegación y humanismo son un tesoro de extraordinario valor”, dijo Fidel en 2005.

“Esa hermosa tradición, concluyó, es hoy dignamente continuada por decenas de miles de médicos y demás profesionales y trabajadores de la salud, maestros, entrenadores deportivos y especialistas de las más diversas ramas, que cumplen con el deber solidario muchas veces en condiciones tan difíciles como las del combate, como es el caso del ya glorioso Contingente Henry Reeve”.

Operación Carlota: Nombre con el cual se conoce a la ayuda militar internacionalista prestada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba a la República Popular de Angola. Comenzó en noviembre de 1975 con el objetivo de preservar su independencia e integridad territorial, e impedir una invasión de Sudáfrica por su frontera sur.Toma su nombre de una esclava negra que lideró una sublevación de esclavos en Cuba.Cerca de 450.000 cubanos entre médicos, maestros, ingenieros y soldados sirvieron en Angola durante los 16 años que duró la operación.

 

Cuba-Angola: Operación Carlota, “la más justa, prolongada, masiva y exitosa campaña militar internacionalista de nuestro país”

 

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Mayor General Serafín Sánchez Valdivia

 

Esbozo biográfico del Mayor General Serafín Sánchez Valdivia

 

 

Nace el Mayor General Serafín Sánchez Valdivia el 2 de julio de 1846, en la ciudad de Sancti Spíritus, donde muy joven aprende agrimensura y se hace maestro.

Estremecido por el Grito de Yara, se pronuncia en armas contra el colonialismo español el 6 de febrero de 1869, en la zona norte de Sancti Spíritus, al frente de 45 hombres. El día 10 del mismo mes recibe su bautismo de fuego en Mayajigua y poco después participa en los combates de Chambas, Naranjo, Cascorro, entre otros.

La difícil vida de mambí no impide al combatiente continuar su labor de maestro; alfabetiza a soldados, campesinos y a esclavos liberados. Entre éstos se recuerda al esclavo Quirino Amézaga quien es alfabetizado por Serafín en plena manigua redentora.

Inconforme con el Pacto del Zanjón, participa en la Guerra Chiquita ya con el grado de Mayor General. Fue cercano colaborador de José Martí en su emigración a Cayo Hueso, donde se destaca como escritor, periodista y poeta.

A finales del año 1894 hay impaciencia en la Isla por producir el levantamiento armado; por su parte Martí con sus compañeros preparan y organizan el Plan de la Fernandina, que posteriormente es frustrado.

Junto a Carlos Roloff, prepara una expedición y el 24 de julio de 1895, a las nueve de la noche, arriban a las costas espirituanas por Punta Caney en la ensenada de Tayabacoa.

Cuando el general Carlos Roloff pasa al cargo de Secretario de la Guerra, Serafín Sánchez lo sustituye en la jefatura del IV Cuerpo del Ejército Libertador, y se le ratifica su nombramiento de Mayor General que databa desde 1879. Antes de finalizar 1896 regresa a Las Villas, donde infringe nuevas derrotas al enemigo. El 18 de noviembre de 1896, en el Paso de Las Damas, libra su último combate. Al caer expresó: ¡Me han matado… eso no es nada Siga la marcha!

 

 

Muerte de Serafín Sánchez / Ciro Bianchi Ross

 

Serafín Sánchez es uno de los grandes héroes de nuestra independencia. Estuvo en las tres guerras y participó en unas 120 acciones combativas, algunas de la trascendencia de La Sacra y Palo Seco, Las Guásimas y Naranjo-Mojacasabe, siempre a las órdenes de Máximo Gómez, que le tenía tanta confianza que cuando renunció al mando de Las Villas,  en 1876, le hizo entrega de todo el dinero de que se disponía en su jefatura. Como ayudante del general Honorato del Castillo estuvo en la asamblea de Guáimaro (1869) y tomó parte en el combate de Jimaguayú (1873) donde murió Agramonte. Cruzó en ambas direcciones la trocha de Júcaro a Morón, y era ya coronel cuando obligado por las circunstancias aceptó el Pacto del Zanjón (1878), pero a diferencia de otros jefes insurrectos no abandonó la Isla, sino que en ese mismo año comenzó a gestionar con el alto mando español una salida decorosa para el general Ramón Leocadio Bonachea, que seguía combatiendo sin ninguna posibilidad de éxito. Diría: «El Zanjón fue en el fondo una cobardía, en la forma una vileza y, en sus funestos resultados, una traición execrable a Cuba».

¡Siga la marcha!

Me pide un lector que cuente cómo fue la muerte de aquel valeroso combatiente nacido en Sancti Spíritus en 1846 y que fue maestro y agrimensor antes de ser soldado. Corría ya el año de 1896, cuando Serafín, entonces inspector general del Ejército Libertador, enfrentó en Manaquitas a una tropa numerosa de la renombrada Guardia Civil. Los cubanos la pusieron en fuga y uno de los guardias, capturado, fue llevado a la presencia del jefe.

—Te pongo en libertad para que vayas enseguida a decirle a tu jefe que el general Serafín Sánchez, el mismo que le encendió la leva en Palo Prieto, va con una columna a Paso de las Damas… ¡Que me siga!

El general López Amor, el enérgico jefe de Operaciones del Ejército español en Sancti Spíritus, recogió el guante que le lanzaba el cubano, y el 18 de noviembre se enfrentaron en Paso de las Damas. Allí moriría el hombre que fue uno de los puentes entre José Martí y los veteranos del 68. Entre los pinos nuevos y los viejos. Una bala le entró por el hombro derecho y le salió por el izquierdo, y le seccionó la arteria pulmonar. Dijo, vacilando sobre su cabalgadura: «¡Me han matado! ¡No es nada, siga la marcha!».

1884: Plan Gómez-Maceo

Tras el Zanjón, al mismo tiempo que abogaba por Bonachea, Serafín, con el seudónimo de Magón, conspiraba para un nuevo alzamiento en Las Villas. En diciembre de 1878, el mayor general Calixto García, presidente del Comité Revolucionario de Nueva York, le confiere el grado de general de brigada y lo nombra jefe del movimiento insurreccional en la jurisdicción de Sancti Spíritus, y allí, el 9 de noviembre de 1879, se alza para dar inicio a la Guerra Chiquita en Las Villas, donde también se insurreccionan Remedios y Sagua la Grande. En diciembre de ese año es ya mayor general, pero la guerra no fructifica. Lanza entonces una proclama llamando a los villareños a las armas. Intento inútil. Sale del país por la costa de Remedios, hace una estancia breve en Nueva York y junto al  mayor general Francisco Carrillo, compañero y amigo inseparable, peregrina por varios países. Las vicisitudes no doblegan aquellos espíritus animosos. Un compatriota en Dominicana los acoge con cariño, pero no pueden salir juntos porque disponen, para ambos, de un solo par de zapatos.

Llega así el año 1884 y sobreviene el plan Gómez-Maceo. Serafín y Carrillo operarían en Las Villas. El Gobierno dominicano de Ulises Heureaux se apodera del armamento que se emplearía en la guerra y no hay para más porque los recursos de la emigración están agotados. Así se frustra la expedición que traerían Serafín y Carrillo y aquel noble propósito de Gómez y Maceo queda solo en el sacrificio inútil de los generales Bonachea y Limbano Sánchez, y del puñado de valientes que sin vacilación ni cálculos se lanzó al proyecto.

Lo ancho de este charco

Permanece Serafín en Santo Domingo y asume la dirección de un gran tren de carretas, que le permite un sueldo más que decoroso, pero renuncia al cargo por un problema de delicadeza con una empresa rival. En Cayo Hueso, donde se asienta, se emplea como escogedor de tabaco. Devenga un salario de cuatro dólares diarios; tres para la casa y uno para la causa. A veces por las tardes, en compañía de Enrique Loynaz del Castillo, que por orden de Martí llega al Cayo para colaborar con Serafín y ser su ayudante en la manigua, pasea junto al mar. «Lo malo es lo ancho de este charco»,  afirma.

Fracasa, por una traición, el plan de Fernandina, del que es uno de los jefes. Pero Martí dice que a Cuba hay que ir, «en bote o en una uña», y prosiguen los preparativos para la guerra que estallará el 24 de febrero de 1895. Enferma gravemente, pero aun así es uno de los 130 hombres que al mando del mayor general Carlos Roloff desembarca en Cuba, en el límite entre Trinidad y Sancti Spíritus, luego de pasar penalidades sin cuento en uno de los cayos de la Florida. Organiza la primera División del Cuarto Cuerpo del Ejército y el Consejo de Gobierno lo confirma en su grado de mayor general. Está con Gómez en La Reforma y asiste al encuentro del general en jefe con la columna invasora al mando de Maceo. Con esa tropa participa, entre otras acciones, en el combate de Mal Tiempo, y ya en Matanzas, con brillante papel, en los de Coliseo y Calimete. Se le encomienda asumir el mando de Las Villas, pero Maceo decide y Gómez refrenda confiar esa jefatura al general Carrillo, y como este no puede desempeñarla porque el presidente Cisneros Betancourt lo retiene en Camagüey, el Generalísimo lo demueve a jefe de la brigada de Remedios, en tanto que Serafín, a guisa de ascenso, es nombrado inspector general: un «cargo sin brillo», dice Loynaz.

Sus nuevas funciones lo llevan a cruzar la trocha de Júcaro a Morón. Recorre los territorios de Camagüey y Oriente. Trata de regular el funcionamiento del Ejército Libertador y la disciplina de los combatientes. Quiere Gómez que Serafín vuelva a Las Villas a fin de reorganizar el territorio, aumentar la acometividad mambisa y avanzar en la proyectada expedición a Puerto Rico que bajo el mando del teniente coronel Loynaz del Castillo, fomentaría la independencia de esa isla. Transcurre el sitio de Cascorro. El práctico no aparece y en su espera pasan 30 minutos de la hora prevista para la salida de Serafín hacia su destino. Gómez, de mal humor, le dice: «General, qué hace usted que no se larga». Dolido, humillado, sin esperar por el práctico ni despedirse marcha el mayor general Serafín Sánchez, solo con su escolta y su Estado Mayor, por cualquier camino hacia Las Villas.

Su augusta serenidad

Al caer Serafín en Paso de las Damas, asume el mando el general Carrillo y ordena la retirada inmediata del cadáver de Serafín y de los que cayeron  defendiéndole la vida. Los cuerpos serían llevados a Pozo Azul. Allí, entre cuatro cirios encendidos, tienden el pálido cadáver del general. Relata Loynaz del Castillo en sus Memorias de la guerra, que parecía haber adelgazado repentinamente, pero su rostro irradiaba la augusta serenidad que mostró en vida.

Loynaz se despojó del banderín de seda tricolor que, pendiéndole del hombro derecho, le cubría el pecho y se prolongaba más abajo del pomo del machete, y orló con la tela el pecho de Serafín. Enseguida se despojó de las estrellas de su jerarquía y las prendió al banderín. Lo mismo hizo el general Avelino Rosas y enseguida los imitaron todos los oficiales presentes. No muy lejos, un carpintero construía el ataúd. Sobre la tapa de cedro, Loynaz talló, con afilado cortaplumas, estas palabras: «Mayor General Serafín Sánchez. Por Paria. 18 de noviembre de 1896». La oficialidad, toda la tropa, quiso participar en la guardia de honor. A las seis de la mañana, en silenciosa marcha, lo llevaron en hombros a enterrar en un áspero recodo de la finca Las Olivas. Tenía 50 años de edad. Una vida dedicada por entero a la libertad de Cuba.

 

Relieve escultórico que muestra el rostro del Mayor General Serafín Sánchez Valdivia en el mural de la Patria. (Foto: Maricela Torres)

 

Mayor General Serafín Sánchez Valdivia: Héroe de Tres Guerras

 

Nació el 2 de julio de 1846 en la ciudad de Sancti Spíritus para dedicarse muy tempranamente a las labores de maestro. Maestro de profesión, al grito de Independencia o Muerte esgrimido en 1868 por el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes durante la primera contienda libertaria contra la metrópoli española, se sumó a las filas del Ejército Libertador.

Fue amigo incondicional y valeroso combatiente en las filas mambisas del Mayor Ignacio Agramonte, del Generalísimo Máximo Gómez y de nuestro Héroe Nacional José Martí. Con los dos últimos compartió, además, las penurias del exilio. Destacada fue su rectitud de carácter, conducta intachable y abnegado patriotismo, en no sólo las tres contiendas independentistas, sino también al llegar a ser figura militar unitaria entre los veteranos de la Guerra de los Diez Años y la nueva generación martiana del 95 o Pinos Nuevos.

En una ocasión un revolucionario de las huestes del Generalísimo Gómez le llamó: “General obrero, por tener un espíritu en el que nunca cupo ni la soberbia ni la vanidad humana de las que tan pocos se sustraen”.

“No aceptó el Pacto del Zanjón conspiró en la llamada Guerra Chiquita se levantó en armas el 9 de noviembre de 1879. Fracasado el reintento armado, marcha al exilio, primero en República Dominicana, donde intima con el general Gómez, quien había sido su jefe en la Guerra Grande, tras la muerte de Agramonte, y luego hacia los Estados Unidos, donde conoce a José Martí y se convierte en figura importante dentro de la emigración cubana en aquel país. De obrero tabaquero se gana la vida. Un oficio al que accede por recomendación del propio Martí, sabedor de las penurias por las que pasaba el patriota espirituano” (2).

“(…) Al estallar la Guerra de 1895 regresa a Cuba en una expedición armada junto al también Mayor General Carlos Roloff; el general José María (Mayía) Rodríguez y el brigadier José Rogelio Castillo. De inmediato, se suma a las tropas del Generalísimo Máximo Gómez durante la Invasión de Oriente a Occidente. Ocupa el cargo de Jefe del Cuarto Cuerpo de Ejército y luego se desempeña como Inspector General del Ejército Libertador, responsabilidad que le asigna Gómez para imponer disciplina y orden en las filas insurrectas (…) El 18 de noviembre de 1896 libra su último combate en el Paso de las Damas. Acerca de su caída en combate, narra el historiador Luis F. del Moral, en su libro Serafín Sánchez: Un carácter al servicio de Cuba: “Son las cinco y cuarto de la tarde (…) Serafín se vuelve para observar el movimiento del enemigo. En ese instante un proyectil de Máuser lo atraviesa del hombro derecho al izquierdo: “¡Me han matado!”, dijo, y seguidamente: “Eso no es nada; ¡Qué siga la marcha!” (3).

El mayor general Serafín Sánchez Valdivia dedicó su vida entera a la independencia de nuestra patria y al proceso de unidad entre todos los cubanos; su probado patriotismo venció las duras pruebas de la manigua, la desunión de los cubanos y las vicisitudes de la emigración.

Acerca de este Héroe de tres guerras expresó nuestro José Martí:

“El general Serafín Sánchez es digno del amor de los cubanos por el valor que ha empleado en su servicio, por la dignidad con que vive en el destierro del trabajo de sus manos y por la pasión republicana que le dirige el brazo heroico. “(…) De sólidos méritos y limpio corazón (…) el valiente y sensato cubano Serafín Sánchez. De soldado anduvo toda Cuba y adquirió gloria justa y grande. Es persona de discreción y de manejos de hombres, de honradez absoluta, y (…) tiene de columna hasta la estatura”.

 

Notas:

  1. Serafín Sánchez Valdivia (Sancti Spíritus, 2 de julio de 1846-Paso de las Damas, 18 de noviembre de 1896)
  2. Historia de Cuba (1492-1898). Formación y Liberación de la Nación. Eduardo Torres-Cuevas/ Oscar Loyola Vega. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 2001.
  3. Idem

 

Homenaje al Mayor General Serafín Sánchez

Web Site / Serafín 

 

Serafín Gualberto Sánchez Valdivia (Sancti Spíritus, 2 de julio de 1846 – Paso de Las Damas, 18 de noviembre de 1896):

-Combatiente de las tres guerras por la independencia de Cuba donde logro alcanzar el grado de Mayor General del Ejército Libertador cubano.

-Participó en la Guerra de 1868, Guerra Chiquita y Guerra de 1895, y en los intentos por recomenzar la lucha armada del Plan Gómez-Maceo.

-Durante su vida alcanzó los más altos honores militares, amigo entrañable y colaborador de José Martí y Máximo Gómez.

 

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