¿Contra la cultura cubana? (I y II Partes)

¿Contra la cultura cubana? (I y II Partes) / Octavio Fraga Guerra*

 

¿Contra la cultura cubana? (I Parte)

 

La cultura es un bien espiritual, también material, esencial para el desarrollo del individuo, la familia, las comunidades, las sociedades enteras. Sus más sustantivas propiedades nos ensanchan el espectro de miradas y nos transportan, desde todo un capital simbólico, hacia otras realidades.

También nos dibujan la evolución de contextos desconocidos que habitan en coordenadas pretéritas con envoltura de “presente”. El boceto de la historia y su necesaria socialización son parte de las singularidades y funciones inherentes a todas las expresiones de la cultura.

El llano conocimiento sobre vitales formas patrimoniales y los hechos sociohistóricos que confluyen en sus medulares cimientos, se incluyen en el legado y el deber social de una nación. Constituyen un arsenal lúcido del que nos apropiamos para entender nuestras raíces y las evoluciones socioculturales que nos son propias, tejidas –en el caso de Cuba– por apropiaciones transculturales. Su desarrollo trasciende las fronteras de lo artístico y literario.

El consumo cultural debe transitar por apropiación de contenidos que contribuyan a forjar un lector crítico. Las prácticas educativas han de aportar esenciales herramientas ideoestéticas que discriminen sucesivas oleadas de productos tóxicos de burda y mediocre factura artística.

No es posible una aguda formación de las sociedades sin un activo consumidor de contenidos culturales de alto valor educativo, social e histórico. Todas estas materias convergen desde una singular aritmética para fortalecer los resortes identitarios de los pueblos.

Pero se impone subrayar un asunto medular. Los ciudadanos tenemos un sagrado deber con la nación que nos forjó. Somos múltiples arboles de una profunda raíz que reverdece desde los preceptos de la lucidez y el compromiso con la Patria, de la que somos eternos deudores.

Aunque, prestos y serviles, hombres y mujeres inmorales, afincan las rodillas en el suelo rumiando palabras obscenas y adjetivos moribundos. Enarbolan gustosos los cimientos de una bandera, que no es la nuestra, incrustados en los excrementos de un gobierno que apuesta por el estrangulamiento del pueblo cubano. Lo hacen en nombre de la “libertad y la democracia” teñida de sangre.

Desde la Segunda Guerra Mundial, sucesivos gobiernos de los Estados Unidos han ejecutado “incontables” operaciones guerreristas materializadas en 37 naciones. Estos actos belicistas han mutilado la vida de más de veinte millones de personas. (1)

Sobre estos serviles especímenes José Martí sentenció: “Con lenguas de traidores debe escribirse en la historia de un pueblo el nombre de quién anteponga la autoridad de su persona o de su camarilla a la concordia y unificación de su país”. (2)

Se impone desarrollar una retrospectiva sobre algunos de los ataques que individuos como esos han materializado contra los pilares de la cultura cubana y sus hacedores.

No son historias tomadas de un filme de ficción, son hechos contrastables materializados en dispares períodos de la historia de la Revolución. Todos ellos ejecutados bajo la tutela de políticos reaccionarios y por mercenarios de usar y tirar, vendidos hasta el hartazgo a través de los mass medias como “intelectuales”.

Junto a estos dos grupos se han de citar también a terroristas de origen cubano radicados, fundamentalmente, en Estados Unidos. Son los ejecutores de horrendos crímenes amparados, durante décadas, por los inquilinos de la Casa Blanca y sus agencias de inteligencia.

En más de sesenta años de Revolución socialista, 3 mil 478 cubanos han muerto y 2 mil 99 han quedado con discapacidades como consecuencia de actos terroristas perpetrados contra Cuba.

I

Un artículo titulado, Terrorismo de derecha en Puerto Rico (3), de Raúl Alzaga Manresa, fundador de la Revista Areito, nos dibuja la asimetría de buena parte de los actos ejecutados por terroristas de origen cubano en esa nación caribeña. Nombres como Luis Posada Carriles y Orlando Bosch (autores intelectuales de la voladura del avión civil de Cubana de aviación en 1976, que le quebró la vida a 73 personas) y Félix Rodríguez, quién le ordenó al sargento Jaime Terán asesinar al Che, son señalados, junto a otros, como los responsables y ejecutores de actos criminales materializados en tierra boricua.

Alzaga resume algunos de estos hechos desde una condensada escritura: “Las bombas a las agencias de viajes Girasol (dos atentados) y Viajes Varadero (tres atentados); al Ballet Nacional de Cuba en la Universidad de Puerto Rico; a la empresa Publish Record; al Canal 11 de televisión; y el asesinato de Carlos Muñiz Varela apuntan claramente a exiliados cubanos de extrema derecha vinculados al semanario La Crónica, a elementos del CORU (Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas), y a Omega 7, estas dos últimas organizaciones terroristas de la derecha cubana”.

Este texto periodístico (4) fue reescrito y ampliado el 8 de marzo de 2007. En su segmento final se incluye una detallada relación de acciones criminales donde la cultura cubana fue también blanco de ataques, todos ellos ejecutados por cubanos al servicio de la Agencia Central de Inteligencia (Cia).

Subrayo sobre alguno de estos hechos:

El 8 de octubre de 1974 una potente bomba destruye el Teatro Modelo de Río Piedras y Teatro Modelo de Mayagüez luego de anunciarse un festival de películas cubanas. Los organizadores del evento acusaron a cubanos “exiliados” como los autores. Dos años después, el 3 de octubre de 1976, estos lanzaron un artefacto explosivo al estacionamiento del Canal 11 en Puerta de Tierra, donde se proyectaba el filme documental La Nueva Escuela, de Jorge Fraga.

La agencia de Viajes Girasol, que organizaba excursiones a Cuba desde 1970, fue desgarrada por una bomba el 3 de marzo de 1978. El 6 de agosto de ese mismo año explotó otra en los alrededores de la Universidad de Puerto Rico mientras se presentaba el Ballet Nacional de Cuba en el teatro de la U.P.R. El Comando terrorista Pedro Luis Boitel se atribuyó el atentado.

La empresa Publish Record, del cubano Alberto Martínez Arizala, también fue objeto de otro potente artefacto explosivo ¿Razones?: planear la proyección de una película sobre el Cabaret Tropicana en la televisión. Este hecho ocurrió el 7 de octubre de 1978.

Otra compañía de viajes estuvo en la mirilla de terroristas cubanos al servicio de la Cia ¿El hecho? Explotó una bomba en la agencia de pasajes Viajes Varadero el 4 de enero de 1979. Dicha compañía organizaba viajes de cubanos a la isla desde el 21 de diciembre de 1978. Ese día salía, rumbo a la isla, el segundo grupo de cubanos que visitarían a sus familiares.

El 28 de abril de 1979 asesinaron a Carlos Muñiz Varela, presidente de Viajes Varadero. En una llamada a una estación de radio de Miami una persona leyó un comunicado en nombre del Comando Zero, adjudicándose el crimen. El 26 julio de ese mismo año encuentran y desactivan una potente bomba en Viajes Varadero. En enero de 1980 explota una tercera en dicha empresa. La ya citada organización terrorista Omega 7 se atribuyó el atentado.

II

El 10 de mayo de 1933, en la Alemania nazi, se desató una quema masiva de libros organizada por asociaciones estudiantiles y estimulada por los miembros del partido nazi. Los libros condenados fueron arrojados a hogueras en veintiuna ciudades alemanas. Sin embargo, las imágenes más famosas corresponden a la quema realizada en Berlín.

En los inicios del período franquista, en La Coruña, más de 1.000 libros de autores como Blasco Ibáñez, Ortega y Gasset, Pio Baroja o Miguel de Unamuno fueron quemados en “ejemplarizantes” hogueras públicas. En Madrid, la biblioteca personal de Juan Ramón Jiménez fue destruida por falangistas. Maestros, editores y bibliotecarios fueron fusilados y sus bibliotecas destruidas, como el de la bibliotecaria gallega Juana Capdevielle que, embarazada, fue ejecutada en 1936.

Los grises de Franco fueron ejemplares ejecutores de esas “limpiezas ideológicas”. Libros de Marx, Engels y Lenin también fueron incinerados en espacios públicos. Textos de los socialistas y republicanos (Azaña, Machado, Lorca, Juan Ramón Jiménez, Alberti o Miguel Hernández) corrieron igual suerte. Clásicos de la literatura universal como Freud, Voltaire, Lafontaine, Rousseau, Kant, Stendhal, Sade, Goethe, Balzac, Ibsen o Azorín, cayeron en el cadalso de hogueras que mutilaron letras impresas.

El golpista chileno Augusto Pinochet, tras el asesinato del Presidente constitucional Salvador Allende, se esmeró en materializar estas prácticas. El Capital, El Manifiesto del Partido Comunista o El imperialismo, fase superior del capitalismo, fueron algunos de los primeros libros en arder, también en espacios públicos. La quema más significativa ocurrió el 23 de septiembre de 1973 (doce días después del golpe a La Moneda). El evento fue cubierto por el Canal 13, considerado un medio aliado a la junta militar.

La difusión de estos actos execrables funcionó como un castigo y provocó que cientos de personas, que se resistían al régimen, iniciaran su propia quema de libros por temor a la represión, el encarcelamiento y la tortura.

Sería injusto señalarle estas prácticas incendiarias contra la cultura solo a los seguidores del Führer, Franco y Pinochet. Con el golpe de estado del 24 de marzo de 1976, en la Argentina de Videla, se inició una macabra escalada denominada “proceso de reorganización nacional”. Con esta operación de mutilación cultural se quemaron cerca de un millón y medio de libros.

La ciudad estadounidense de Miami tuvo su “momento de gloria”. Me apropio del punto de vista del periodista e historiador cubano Jorge Wejebe Cobo que, en su blog Cuba es surtidor, pone en contexto los hechos que pretendo compartir:

“Hace 30 años era difícil que un artista cubano, residente en la Isla, visitara Miami y tuviera un intercambio cultural de forma normal, sin que se le provocara y exigiera hacer afirmaciones políticas contrarias a la Revolución y aunque siempre esas acciones eran instituidas por las organizaciones de derecha, no es menos real que tenían cierto apoyo  del público de la época o por lo menos los emigrados que pensaban de otra forma, no eran mayoría para imponerse a las corrientes más extremistas de la emigración”. (5)

Wejebe Cobo agrega: “En ese clima fue quemado en 1988 el cuadro de Manuel Mendive El pavo Real, exhibido por el Museo Cubano de Arte y Cultura, institución que además sufrió de ataques dinamiteros.

El periódico oficialista de los extremistas de Miami, El Nuevo Herald, publicó un artículo de José M. Juara, uno de los autores de la destrucción del cuadro del artista de la plástica cubana, quién afirmó:

“… al quemar públicamente el cuadro Pavo Real, se estaba quemando al marxismo asociado con todos los pintores marxistas cubanos y se estaba repudiando la exhibición y venta de productos de cariz marxista en nuestra ciudad”.

El autor de esta barbarie sentencia en otra parte de su artículo titulado, Hay razones para quemar un cuadro: “… no hay duda de que con la venta de esos cuadros y con la promoción de los artistas se ayuda directa o indirectamente a la estatizada economía cubana. Y esto, por sí mismo constituye una provocación al exilio cubano, en el corazón de la ciudad en que hemos tenido que tomar refugio”.

José M. Juara fue uno de los integrantes de la derrotada Brigada 2506, de mercenarios cubanos entrenados por la Agencia Central de Inteligencia (Cia) del gobierno de los Estados Unidos, apertrechadas militarmente para invadir a Cuba y truncar a la naciente Revolución cubana, liderada por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz.

En una entrevista realizada por Estrella Díaz al maestro Manuel Mendive, le preguntó:

—Cuando está fuera de la Isla, ¿qué es lo que más extraña?

—El sonido del cantío del gallo, el ladrido de mis perros, el trinar del sinsonte, el vuelo del colibrí, las palmeras, la vegetación en general, y, sobre todo, la gente buena. Todo eso lo extraño, porque me siento atado a esta isla, a mi isla.

III

La orquesta Los Van Van, fundada el 4 de diciembre de 1969 por el genio de la música cubana Juan Formell, es una de las leyendas de nuestra cultura. Esta virtuosa banda asume el perenne protagonismo de poner a bailar a multitudes.

Sus textos constituyen auténticas crónicas de la realidad de Cuba. La cuidada ironía, el rico humor tomado de los acentos que habitan en los barrios, el clásico choteo que nos caracteriza y la sabia popular, son algunos de los atributos estéticos y culturales que marcan la diferencia de esta banda del resto de las agrupaciones musicales de Cuba. El éxito es el estandarte de toda su trayectoria.

El octubre de 1999, Juan Formell y Los Van Van, fueron a cantar a la ciudad de Miami. Curiosamente, el diario español El País publicó una  crónica de esta presentación con agudo apunte. “La reputación de intolerancia del exilio cubano de Miami volvió a quedar patente el sábado. Esta vez insultaron, escupieron y tiraron piedras, botellas y huevos contra los asistentes a un concierto de la popular orquesta cubana de salsa Los Van Van, de gira por Estados Unidos. Los anticastristas justificaron sus ataques porque consideran que la actuación era una “provocación” del régimen comunista de La Habana. No obstante, el espectáculo se celebró, pero con uno de los mayores despliegues de seguridad vistos en esta ciudad en los últimos años”. (8)

El cine documental también ha registrado este suceso. ¡Van Van empezó la fiesta! (9), una producción (Cuba-Argentina, 2000) dirigida por Liliana Mazure y Aarón Vega, incluye un “capítulo” sobre el hecho, como parte de la narrativa de un filme que biografía la trayectoria de la agrupación.

En el minuto 52 de esta no ficción se relata con plural lectura y un montaje de llanos paralelismos, la agresividad de los nostálgicos del dictador Fulgencio Batista. La organización contrarrevolucionaria Vigilia Mambisa y los derrotados de la Brigada 2506, que recientemente premió al Presidente de los Estados Unidos Donald Trump, protagonizaron la escena.

En esta apuesta fílmica, se revelan auténticos linchamientos en tono de ajustes de cuenta. La escritura del audiovisual resuelve con acertada narrativa la naturaleza de mercenarios asentados en Miami.

El filme pone en contexto los puntos de vista de los integrantes de la orquesta y los cubanos reaccionarios de Miami, quienes desprecian los pilares de la cultura cubana. Muchos de los cubanos residentes en esta ciudad tuvieron que entrar con la cara tapada para proteger su identidad frente a las amenazas de extremistas dispuestos a todo. Los realizadores del filme incorporaron una escena muy simbólica, de apenas un minuto, donde un cubano residente en Miami expresó a cara descubierta: “Todos estos son unos enfermos mentales”.

IV

Otros hechos contra la cultura cubana, venidos de los mercenarios de Miami, se podrían listar y documentar en un compendio de acciones que revelan un “lenguaje” grosero, hostil y demente. En los últimos tiempos, una escalada de terrorismo mediático se ha desatado contra artistas e intelectuales cubanos que apuestan por vivir y hacer su obra en nuestra isla, su isla.

Los músicos Haila María Monpié y el dúo Buena Fe o el humorista Juan Carlos Hernández “El Gordo”, son tan solo tres de los que han sido víctimas de estas arremetidas de corte fascista y xenófobo. El líder de la agrupación Habana D´Primera, también ha sido punto de mira de dichos ataques.

El ensayista e historiador cubano Ernesto Limia significa la textura de las vulgares embestidas. “Hace unas horas Alexander denunció que ha recibido en su teléfono celular mil mensajes con ofensas y vituperios de carácter político y racista; hasta “gorila” le han llamado”. (10)

Son oleadas mediáticas que recuerdan aquella frase lapidaria del criminal de guerra, el expresidente de los Estados Unidos George W. Bush, que sentenció, salvando las diferencias semánticas, “Si no estás conmigo, estás contra mí”.

La altura ética y la hidalguía del músico cubano Alexander Abreu frente a estos furibundos ataques son digno de señalar. “Lo único que quiero decir es que a todos los que escriben con tanto odio les tengo un corazón lleno de amor y música” (10).

Obviamente, estos ataques venidos de una ciudad que ha sido históricamente cobija de terroristas, torturadores y mercenarios, recibieron una llana respuesta. El cineasta y articulista Javier Gómez Sánchez resume esta idea en su texto, La etiqueta de oficialista y el terrorismo contra la cultura cubana.

“Un grupo de músicos, entre los que se encontraban Samuel Formell, César “Pupy” Pedroso, Elito Revé, Manolito Simonet, Diego Gutiérrez y Maikel Blanco, en conjunto con el Ministerio de Cultura, realizaron una conferencia de prensa on line mostrando su rechazo en nombre de los músicos cubanos a las prácticas de terror que en los últimos tiempos se vienen perpetrando contra los artistas de Cuba”. (11)

La criminalización del pensamiento coherente con la nación es parte de las prácticas agresivas de estos serviles “luchadores por la libertad y la democracia”. El gradual incremento del Bloqueo Económico, Comercial y Financiero articulado por las administraciones de los Estados Unidos y el rediseño perverso de otras medidas administrativas, pensadas para estrangular a los cubanos de la isla desde el paraban de la Ley Helms-Burton, son parte de sus estandartes.

A los cubanos les asiste el deber y el derecho de denunciar y repudiar estas medidas hostiles que laceran el desarrollo de la nación. Dos ejemplares actores, Fernando Hechavarría y Jorge Enrique Caballero en nombre de millones de cubanos, se sumaron para responder a estas políticas que pretenden anular la voluntad de los que apostamos por una Constitución socialista (Norma suprema del ordenamiento jurídico de la República de Cuba) que tuvo su primera entrega en el año 1976.

Hechavarría y Caballero, quienes tuvieron un relevante papel en la serie LCB. La otra guerra, una producción de la Televisión Cubana que aborda la historia de las bandas contrarrevolucionarias que, financiadas por la Agencia Central de Inteligencia (Cia) en los sesenta pretendieron truncar la ruta de la joven Revolución, sumaron sus oficios para responder a las siniestras medidas de ahogamiento con la campaña No nos entendemos (12).

Lo hicieron desde la narrativa de la decencia y los llanos argumentos, que son también culturales, repudiando las matrices de estas prácticas nocivas que son un claro atentado a la dignidad humana de los cubanos que viven en nuestra isla.

Una vez más, los que apuestan por el capitalismo para Cuba, enarbolado desde una ciudad estadounidense, arremetieron contra estos dignos artistas. “Esa es la bilis acumulada que se ha descargado sobre Fernando Hechavarría y Jorge Enrique Caballero por haber hecho un spot contra la Ley Helms-Burton. Ahí están El Nuevo Herald y Cibercuba, revolviendo a la chusma que los insulta. Los mismos que celebran cuando les resulta conveniente lo que algún que otro actor publica en su muro de Facebook. ¡Qué poca cosa parecen ahora esas publicaciones de moda!” (13)

(Tomado de Cuba en Resumen, Imagen destacada: Quema de libros en la Alemania nazi)

Notas:

 

¿Contra la cultura cubana? (II Parte y final)

 

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La paz no solo se asienta en el ejercicio de la política, se fortalece también desde los pilares de la cultura, la sensibilidad ante los problemas de los otros, los desafíos que entraña desmontar refinadas manipulaciones mediáticas o las subliminales (cada vez menos) estrategias de colonización cultural e ideológica, donde el recurso audiovisual resulta protagónico. Se ventilan desde el agudo conocimiento cultural y sus más genuinas herramientas lúdicas.

La decencia, la ética, el respeto sobre el otro son también partes protagónicas de los aportes de la cultura. Esta, cuando es auténtica y renovadora, funda, asienta y legitima una narrativa que entronca con los pilares de la humanidad.

Las diferencias ideológicas que priman entre las naciones de este mutilado planeta no deben compulsar escaladas de conflictos o deshumanizadas guerras intervencionistas. El arte y la cultura se han de han de forjar como protagonistas del diálogo entre los países, como garante del entendimiento y el respeto entre los pueblos y gobiernos.

I

A Cuba y a los Estados Unidos les unen probados lazos culturales. La música cubana es la más notable expresión artística de nexos solidificados entre artistas e intelectuales de ambas naciones. Este flujo de sabias ha evolucionado históricamente como parte de esa transculturación construida por sustantivas apropiaciones y reciclajes ideoestéticos.

El intercambio cultural, como vital herramienta del conocimiento ha sido, y es, una prioridad para la política cultural del gobierno cubano, que se empeña en construir un permanente dialogo y un flujo de valores estéticos, identitarios y artísticos, siempre enriquecedores, con otras naciones.

Esta praxis no es liderada solo por el estado cubano. No es posible su materialización sin el acompañamiento de los artistas e intelectuales de Cuba, protagonistas de esenciales trazos de idas y vueltas. Sobre este medular asunto, el trompetista, compositor y líder del grupo Habana D´Primera, Alexander Abreu, afirmó a la televisora Russia Today.

“Necesitamos esta apertura, para que la energía de este pueblo que tiene tanta cultura y tantas cosas lindas por mostrar pueda seguir expandiéndose. Sé que es un proceso lento, por los contratiempos que han existido a lo largo de la historia de Cuba; un proceso que lleva un esfuerzo sobrenatural de ambas partes, y realmente esperemos que sea positivo en un futuro, porque van a ganar los dos pueblos”. (1)

Con la administración de Donald Trump estas cosechas han sido truncadas. En una entrevista realizada al viceministro de cultura de la isla, Fernando Rojas, articulista y ensayista, publicada por la Revista Cuba Internacional este señaló:

“… el año pasado dejaron de presentar su obra en EE.UU. 497 artistas, principalmente músicos, y los que viajaron lo hicieron en condiciones desfavorables y sin recibir ingresos, a causa del bloqueo. De igual forma, se interrumpió el Encuentro de Editores, Distribuidores y Agentes Literarios de Cuba y EE.UU. que en 2016 y 2017 se efectuó en el contexto de la Feria Internacional del Libro de La Habana y que propició el acercamiento y cooperación bilateral en el ámbito editorial”. (2)

En otra parte del dialogo, Rojas puntualizó: “… durante el mandato de Barack Obama (2009-2017) se suscribieron contratos de servicios, que permitían a los artistas —no así a las entidades de la isla—, obtener ingresos por sus presentaciones. También creció el diálogo entre académicos y en el ámbito cinematográfico”.

Estas reflexiones revelan agresividad contra las prácticas culturales entre ambas naciones. No solo se trata de cortar los beneficios económicos del que son merecedores los artistas cubanos. También se priva al público del conocimiento y disfrute de la riqueza cultural en ambas direcciones.

II

¿Son la cultura cubana y sus protagonistas los únicos objetivos de estos mercenarios de Miami?

No. Estamos frente al clásico ataque de lo simbólico. Se trata de arremeter contra los valores y principios revolucionarios que sustentan a la nación cubana.

En este “nuevo” escenario de prosaicas arremetidas y burdas manipulaciones informativas, toman “protagonismo” los llamados influencer de origen cubano radicados en Miami, que son más trumpistas que Trump. Todos ellos, secundados por los tradicionales medios oficialistas del Condado de Miami-Dade.

Algunos de sus habituales flancos son: el clásico ataque a los líderes de la Revolución y su legitimidad como gestores de la administración pública y política; el desprecio hacia las instituciones fundadas en la isla con la perversa pretensión de imponer un sistema de privatizaciones en servicios esenciales como (educación, salud, seguridad social); el ataque al prestigioso sistema de salud cubano que exhibe, indicadores exclusivos de naciones del “primer mundo”.

Uno de las miras más ruines de estos mercenarios desechables, es arremeter contra la digna labor de nuestros médicos internacionalistas. Palabras insulsas como “esclavos del régimen”, forman parte de los adjetivos que pretenden desarticular los pilares humanistas de nuestros profesionales de la salud y su protagónico aporte al desarrollo económico de Cuba.

No son casuales los más de 30 disparos perpetrados contra la Embajada de Cuba en Washington. Un individuo, de origen cubano, llamado Alexander Alazo, atacó con un arma de alto calibre una de nuestras sedes diplomáticas en los Estados Unidos. Este comportamiento ha sido estimulado, abiertamente, por esos “influencer” y la retórica guerrerista de los extremistas de Miami.

La desinformación, las fake news y el rumor, forman parte de las torcidas estrategias de estos “líderes de opinión” que pretenden incidir, desde las redes sociales, en los comportamientos y estados de opinión de los cubanos que habitamos en una isla entrenada en los pilares de la resistencia. Nos llegan empaques gramaticales de burdas texturas en formas de estampidas, dispuestas como envolturas sinuosas.

Reciclan información de “última hora” sobre el estado de salud de Raúl Castro Ruz, y después hacen el ridículo, cuando aparece el General de Ejército presidiendo otra sesión del Buró Político del Partido.

O el ya clásico, también cansino, bulo de que soldados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Far), que se “oponen al régimen”, se entrenan secretamente en algún lugar de la isla para derrocar al gobierno de los Castro.

Luego, días más tarde, la Red Verdad desmonta la burda fake news al mostrar que el vídeo de youtube “legitimado” por estos “influencers”, corresponde a soldados colombianos en una sesión de entrenamiento militar.

La familia cubana también forma parte de sus puntos de mira. Provocar su fragmentación es uno de los pilares de sus desesperadas estrategias. Estimulan el no envío de remesas para “ahogar la economía”. Según estos “líderes” de turno, esa es “la única fuente que sostiene” al gobierno que preside, legítimamente, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

La ruta del miedo constituye una de las estrategias que materializan, alineados al discurso de sus amos del gobierno de los Estados Unidos. Cualquier cubano digno que se salga de ese guion, será víctima de sus arremetidas.

Carlos Lazo, un profesor cubano radicado en Seattle, ha recibido por estos días, amenazas de muerte y de violencia contra él y su familia. (3) ¿Por qué es amenazado?

Propone que la Embajada de los Estados Unidos en La Habana normalice la emisión de visados y el resto de los servicios consulares. Solicita la restauración del Programa de Reunificación Familiar (Cuban Family Reunification Parole Program), suspendido por Trump desde 2017.

Incluye entre sus iniciativas, que se permita a las aerolíneas estadounidenses volar otra vez a las provincias cubanas. También plantea los envíos ilimitados de remesas a Cuba. O que se decrete la libertad de los estadounidenses de viajar a la isla. Además, que se incentive las relaciones financieras y comerciales entre ambos países, se estimule las inversiones económicas y los intercambios científicos y culturales entre ambos pueblos. Esa es la “culpa” de Carlos Lazo.

Por otra parte, de manera abierta y cínica, las líneas de mensajes predominantes en dicha estrategia contrarrevolucionaria es la desestabilización de la sociedad cubana compulsada desde Miami mediante el estímulo al caos, la protesta social y el ataque a las autoridades del gobierno.

Se apropian del manual del politólogo estadounidense Gene Sharp, teórico de las Revoluciones de colores (también conocidas como Golpes blandos), para subvertir el orden social y político de Cuba. Estamos ante terroristas mediáticos que bocetan un relato propicio para construir un escenario que “justifique”, una intervención militar en Cuba.

La más reciente “iniciativa” de estos cubanos asentados en Miami, es que el gobierno de Trump, imponga en nuestra nación un bloqueo total naval, que impida la entrada de cualquier producto o insumo. Esta idea aberrante, es traducida tradicionalmente por la geopolítica como una declaración de guerra.

Otro recurso de sus desesperadas acciones para derrocar la obra de la Revolución son los mensajes inducidos o afirmaciones carentes de sustento, sin el aporte de ningún elemento documental. Así finiquitan el tiempo de vida de nuestro modelo social y político: “agosto de este año”, “ante de fin de año”, plazos que se vencen unos tras otros.

El youtuber Guerrero cubano, virtuoso defensor de la Revolución, con acento popular y sabia hidalguía, desmonta, de lunes a sábado, los inmorales cimientos de estas garrapatas de potreros, empeñadas en servir a su amo, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

III

La desconstrucción de los significados es esencial en esta batalla de valores y símbolos. No estamos frente a “disidentes u opositores” al socialismo cubano. Son mercenarios que actúan al servicio de una potencia extrajera.

Estos actos de subversión y desestabilización constituyen delitos reconocidos en el código penal cubano.

Dicha legislación estipula, en el Artículo 1: «tipificar y sancionar aquellos hechos dirigidos a apoyar, facilitar o colaborar con los objetivos de la Ley Helms-Burton’, el bloqueo y la guerra económica contra el pueblo cubano, encaminados a quebrantar el orden interno, desestabilizar el país y liquidar el Estado socialista y la independencia de Cuba». (4)

El artículo 11 establece: «el que, […] directamente o mediante tercero, reciba, distribuya o participe en la distribución de medios financieros, materiales o de otra índole, procedentes del Gobierno de los Estados Unidos de América, sus agencias, dependencias, representantes, funcionarios o de entidades privadas, incurre en sanción de privación de libertad de tres a ocho años».

Pero, ¿es exclusivo del sistema jurídico cubano este enfoque penal frente a nacionales que se prestan para desestabilizar y subvertir el orden constitucional de sus países? Les propongo dos hipotéticos escenarios.

En Estados Unidos, tras el asesinato del afro estadounidense George Floyd, el 25 mayo de 2020 por un agente policial de Minneapolis, se registraron en varios estados de la nación norteña multiplicadas revueltas sociales.

El racismo sistémico que persiste en esa sociedad, ha compulsado un escenario de duras confrontaciones entre manifestantes y funcionarios de la policía, la Guardia Nacional y otras instituciones represivas. Incluso, algunos politólogos como el prestigioso lingüista Noam Chomsky, pronosticaban el desate de una Guerra Civil. ¿Qué pasaría si un gobierno X utiliza a ciudadanos estadounidenses para catapultar este vaticinio?

En Estados Unidos, esos actos se sancionan fuertemente. Según el párrafo 951 del Código Penal, «cualquiera que no sea funcionario diplomático o consular o agregado, que actúe en Estados Unidos como agente de un gobierno extranjero sin notificación previa al ministro de Justicia […] es susceptible a este título de una sanción que puede llegar a diez años de prisión».

El párrafo 953, conocido como la Ley Logan, estipula que «todo ciudadano de Estados Unidos, sea quien sea, que, sin autorización de Estados Unidos, emprenda o mantenga, directa o indirectamente, una correspondencia o una relación con un gobierno extranjero o cualquier funcionario o agente de éste, con la intención de influir en las medidas o la conducta de un gobierno extranjero o de cualquier funcionario o agente de éste, respecto a un conflicto o una controversia con Estados Unidos» es susceptible de una sanción que puede llegar a tres años de cárcel.

Por otra parte, en el mes de octubre de 2018, se desató en Francia un movimiento de protestas sociales conocido como “Chalecos amarillos”. Fueron movilizaciones de ciudadanos que protestaron contra el alza del precio de los combustibles, la injusticia fiscal y la pérdida del poder adquisitivo.

Desde el inicio de las protestas y hasta el 10 de enero de 2019, más de 6.400 manifestantes han sido detenidos por la policía, víctimas de brutales arremetidas de los “antidisturbios” y 2.100 resultaron heridos, según datos del Ministerio del Interior. Entre ellos, hay 22 lesionados que han perdido un ojo, cinco que se han quedado sin una mano y 210 que sufrieron heridas en la cabeza.

En el supuesto de que un gobierno, otro, provea de recursos materiales y financieros a ciudadanos franceses para desestabilizar al estado que preside Emmanuel Macron, ¿qué legisla el código penal del país galo para este imaginado escenario?

Según el artículo 411-4, «El hecho de mantener relaciones de inteligencia con una potencia extranjera, una empresa, una organización extranjera o bajo control extranjero, o con sus agentes, con vistas a suscitar hostilidades o actos de agresión contra Francia, se castiga con treinta años de detención criminal y 450.000 euros de multa.

Se castiga con las mismas penas el hecho de proporcionar a una potencia extranjera, a una empresa o una organización extranjera o bajo control extranjero o a sus agentes los medios para emprender hostilidades o ejecutar actos de agresión contra Francia».

El código penal de otras tres naciones europeas, contemplan respuestas jurídicas ante el comportamiento de sus nacionales que se prestan al servicio de otro gobierno.

El Código Penal español de 1995 prevé sanciones severas para esos mismos delitos. Según el Artículo 592, «serán castigados con la pena de prisión de cuatro a ocho años los que, con el fin de perjudicar la autoridad del Estado o comprometer la dignidad o los intereses vitales de España, mantuvieran relaciones de inteligencia o relación de cualquier género con gobiernos extranjeros, con sus agentes o con grupos, organismos o asociaciones internacionales o extranjeras»

El Capítulo II de la legislación belga que trata de «los crímenes y los delitos contra la seguridad exterior del Estado» y más precisamente el Artículo 114, estipula que: «el que realice maniobras o mantenga relaciones de inteligencia con una potencia extranjera o con cualquier persona que actúe en el interés de una potencia extranjera, para llevar a dicha potencia a emprender la guerra contra Bélgica, o para procurarle los medios, será castigado con prisión de veinte a treinta años. Si las hostilidades ocurren será castigado a cadena perpetua».

Según el Artículo 243 del Código Penal italiano, «el que mantenga relaciones de inteligencia con el extranjero con el objetivo que un Estado extranjero declare la guerra o realice actos de hostilidad contra el Estado italiano, o cometa otros hechos con el mismo objetivo, será castigado con una reclusión no inferior a diez años. Si la guerra estalla, se aplicará la pena de muerte [1]; si las hostilidades se comprueban, se aplicará la cadena perpetua. [1] La pena de muerte se suprime y se sustituye por la cadena perpetua»

El 24 de febrero de 2019, se desarrolló en Cuba un Referendo Constitucional. Se presentó al pueblo un proyecto de Carta Magna (enriquecida, con respecto a la aprobada en el año 1976) que fue discutido en espacios públicos con total libertad para proponer suprimir, modificar o mejorar cualquiera de sus artículos. También aportar sugerencias de inclusión de otros artículos, no contemplados en el borrador llevado a consulta popular. (5)

En ese ejercicio de democracia ciudadana ejercieron el derecho al voto, para definir el futuro de este medular documento rector de toda nación, 7 millones 848 mil 343 electores para el 90,15 %. De igual cantidad de boletas depositadas en urnas, se declararon válidas 7 millones 522 mil 569, lo que representa el 95,85 %.

Votaron por el SÍ, 6 millones 816 mil 169 electores.

Sin embargo, el gobierno de los Estados Unidos omite los resultados contundentes de este plebiscito mientras acompaña a los ciberterroristas cubanos, radicados en Miami, quienes no esconden sus vínculos y complicidades con “disidentes” financiados por las agencias de la Casa Blanca, que ha declarado públicamente su pretensión de derrocar al sistema socialista cubano.

Este 16 de octubre, la publicación digital Cubadebate incluyó un artículo de Johana Tablada, Subdirectora general de la Dirección de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, que puntualiza las políticas de injerencia, agudizadas por la administración de Donald Trump.

“Uno de esos mecanismos es la distribución periódica de fondos para programas ilegales dirigidos a influir en sectores específicos de la población cubana. Por estos días se repartió una parte de la piñata de la USAID para los “proyectos” seleccionados contra Cuba. Son casi 4 millones de dólares en este paquete dirigidos a promover artificialmente una oposición y comprar apoyos para el derrocamiento del Gobierno cubano.

Y agrega la funcionaria del Minrex: “Para esos propósitos en 10 años se han malgastado más de 300 millones del contribuyente estadounidense. Es una política ilegal y fracasada que desvirtúa, distorsiona y obstaculiza diariamente los empeños de nuestro país”.

En el entorno de estos serviles cubanos dispuestos a cumplir las políticas agresivas de los gobiernos de los Estados Unidos, han aparecido, “discretamente”, los terroristas Orlando Gutiérrez Morona, Ramón Saúl Sánchez y Santiago Álvarez Fernández-Magriña, este último bien conocido en Cuba por sus estrechos vínculos con el criminal de guerra Luis Posada Carriles.

A Álvarez Fernández-Magriña se le conoce por organizar la puesta de explosivo C-4, de alto valor destructivo, en el mítico Cabaret Tropicana de La Habana ¿Cuántas muertes se hubieran producido si este perverso plan se hubiera materializado?

¿Pensarán estos mercenarios de temporada que destruirán a la Revolución cubana? ¿Pensarán? Roma paga a sus traidores, pero los desprecia.

Notas:

(1)     https://actualidad.rt.com/programas/entrevista/167037-entrevista-alexander-abreu-musico-cubano

(2)     https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=373702&SEO=estados-unidos-contra-la-cultura-cubana

(3)     https://www.cubainformacion.tv/emigracion/20201014/88270/88270-carlos-lazo-profesor-cubano-impulsor-en-eeuu-de-campana-contra-el-bloqueo-pide-a-biden-derogar-sanciones-a-cuba-y-recibe-amenazas

(4)     http://www.cubadebate.cu/opinion/2008/05/07/las-contradicciones-de-amnistia-internacional/

(5)     http://www.trabajadores.cu/20190301/resultados-finales-de-la-votacion-en-referendo-constitucional-del-24-de-febrero-de-2019

 

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Octavio Fraga Guerra*

Periodista y articulista de cine, Especialista de la Cinemateca de Cuba. Colaborador de las publicaciones Cubarte y La Jiribilla. Editor del blog https://cinereverso.org/ Licenciado en Comunicación Audiovisual por el Instituto Superior de Arte de La Habana.
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