Un reclamo de justicia para Julian Assange

 

Un reclamo de justicia para Julian Assange / / Juana Carrasco Martín

 

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En el banquillo de los acusados debieran estar y ser condenados los múltiples crímenes de guerra de Estados Unidos, que no tienen pausa ni causa…

 

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Desde las atrocidades en Irak y Afganistán, los ilegales programas de vigilancia mundial, el empleo de la tortura en la prisión de la CIA y el Pentágono en la ilegal Base Naval de Guantánamo, y muchos crímenes más de Estados Unidos, debieran estar en el banquillo de los acusados en el tribunal de Londres que prolonga la persecución contra Julian Assange, cuyo «delito» ha sido revelar las bestiales e impunes transgresiones del imperio.

La cacería del periodista australiano fundador de Wikileaks comenzó en 2010, cuando esa plataforma dio a conocer al mundo el video Collateral Murder, 38 minutos de testimonio documentado por las cámaras de dos helicópteros estadounidenses AH-64 Apache que el 12 de julio de 2007 abrieron fuego contra un grupo de iraquíes en una calle de Bagdad: fueron asesinados 12 civiles, incluidos dos periodistas de la agencia de noticias Reuters.

La analista de inteligencia estadounidense Chelsea Manning, fue acusada de filtrar ese material militar clasificado y muchos otros más a Wikileaks. A Manning la encarcelaron y la condenaron a 35 años en prisión, un proceso donde la tortura física y sicológica fueron inútiles instrumentos de presión para doblegar a esta prisionera política y de conciencia, hasta que el presidente Barack Obama le conmutó la pena en 2017. Pero la administración Trump, la regresó a la cárcel en 2019 por «desacato al tribunal», tras negarse a responder preguntas ante un jurado para inculpar a Assange.

El tortuoso proceso político contra el periodista australiano ha incluido falsas acusaciones desde Suecia, Reino Unido y Estados Unidos, y la felonía del actual Gobierno de Ecuador, que renegó del asilo político que le protegió durante siete años en la Embajada del país andino en Londres; aunque en el actual proceso en el Old Bailey se ha conocido un escandaloso complot de espionaje en la Embajada, que Estados Unidos ni ha negado, ni ha confirmado, pero que ha sido destapado y con testimonios fehacientes.

Como elemento «legal» para el acoso, la administración Trump pidió a Gran Bretaña, formalmente, la extradición de Julian Assange amparada en la Ley de Espionaje de 1917 y la Ley de Fraude y Abuso Informático. Lo acusan de conspirar para hackear computadoras del Gobierno y divulgar ilegalmente información clasificada y sensible de seguridad nacional; y ese pedido es el que se debate en la corte londinense. Si los jueces británicos ceden, el cofundador de Wikileaks enfrentaría un proceso con 17 acusaciones, que podría significar una posible condena de 175 años de prisión.

Y no hay que echar a un lado que en el clímax de las revelaciones de Wikileaks, algunos prominentes republicanos y el actual presidente Donald Trump, pidieron su ejecución.

Tras todo ese acorralamiento, la venganza como motivo para juzgar y condenar a Assange, pero también amedrentar a quienes desde el dictado de su conciencia filtren las verdades de las guerras sucias de Estados Unidos y de sus aliados cómplices, y a periodistas y prensa que las publiquen.

Diez años de implacable cerco han afectado seriamente la salud de Assange. El año pasado, Nils Melzer, relator especial de las Naciones Unidas sobre la tortura, calificó repetidamente los efectos acumulativos sobre Assange como una forma de «tortura sicológica».

La compañera de Assange, Stella Moris, ha dicho que sus dos hijos «necesitan de su padre», y acusa a Estados Unidos de destrozar a su familia. Denuncia también la petición de extradición como «un ataque frontal al periodismo».

Morris, abogada sudafricana, dejó claro en un comunicado leído fuera del Old Bailey — el Tribunal Penal Central de Inglaterra y Gales—, el basamento o las amañadas razones por las que su compañero sigue perseguido y atormentado: «Está en prisión porque informó de crímenes y atrocidades reales cometidos por una potencia extranjera. Esa potencia extranjera le ha arrancado su libertad y destrozado a nuestra familia. Ese poder quiere ponerlo en detención incomunicada en el agujero más oscuro de su sistema penitenciario por el resto de su vida».

Morris habló en medio de los temores sobre la propagación de la pandemia de la COVID-19 en la prisión de Belmarsh, donde Assange está recluido desde que la Policía Metropolitana de la capital del Reino Unido lo sacara a la fuerza de la Embajada ecuatoriana en Londres, en abril de 2019, y lo mantiene en encierro, «culpable» de no entregarse a la corte y bajo una sentencia del pasado mayo de 50 semanas en prisión.

El actual proceso de extradición fue pausado en septiembre dado que hubo casos de COVID-19 en el equipo de abogados de Estados Unidos, tras su reanudación recién acaba de conocerse que tras escuchar a la defensa del periodista, la sentencia o veredicto de la jueza británica Vanessa Baraitser sobre la extradición o no del fundador de Wikileaks a Estados Unidos, la dará a conocer el 4 de enero, lo que sumará dos meses más de prisión «preventiva» para Assange, quien nunca ha sido declarado culpable, pero a quien no se le ha permitido gozar de libertad bajo fianza, y lleva ya más de diez años de encierro, asilado o encarcelado.

Pero enero de 2021 tampoco será el fin del camino, las apelaciones de una u otra parte, según el fallo de la jueza, tomaran los estrados.

Para el tribunal de los pueblos queda claro la persecución políticamente motivada de Washington y su ansiedad por hacerle un juicio en Estados Unidos que jamás tendría que ver con la verdadera justicia.

Mientras tanto, seguirá deteriorándose el estado de salud de Julian Assange que, según declararon varios siquiatras padece «un trastorno del espectro autista» que incluye tendencias suicidas…

Lo señaló Stella Morris: «Es una lucha por la vida de Julian, una lucha por la libertad de prensa y una lucha por la verdad». Ello requiere la movilización mundial y una condena a los múltiples y reiterados crímenes de guerra de Estados Unidos en su persistente proyecto de dominar el mundo a cualquier precio y sin importarle el costo de vidas y de la destrucción de no pocas naciones por la acción de sus letales bombas o por la no menos letal actividad de las sanciones económicas.

Fuente: Un reclamo de justicia para Julian Assange / Juana Carrasco Martín 

 

Snowden: “Condenar a Assange expone a The New York Times y a otros medios”

 

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La extradición a Estados Unidos del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, y su persecución por las revelaciones que expusieron el abuso de poder, representa un gran riesgo para todos los periodistas y va en contra de los intereses de la prensa, declaró este martes el excontratista de la Agencia Central de Inteligencia y de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Edward Snowden, en una entrevista concedida al presentador estadounidense Joe Rogan.

De acuerdo con un reporte de Rusia Today (RT), Snowden aseguró: “Puedes odiar a Julian Assange, puedes pensar que es un títere de Rusia, puedes pensar que es la peor persona en la Tierra —una reencarnación de Hitler o Stalin— y, aún así darte cuenta de que condenarlo te perjudica”.

Snowden aseguró que el gobierno estadounidense busca encarcelar a Assange “por el resto de su vida debido al mejor trabajo que ha hecho WikiLeaks”, como lo hizo al filtrar los registros de acciones de guerra en Irak y Afganistán, o los archivos de los detenidos en la prisión en Guantánamo, “cosas que son sobre crímenes de guerra y abusos de poder”.

Desde esa perspectiva, sostuvo que el caso de Assange marca un precedente legal en Estados Unidos, donde la justicia ha hecho una clara distinción entre los periodistas y sus fuentes y resaltó que su sentencia podría impactar a toda la esfera mediática.

“Por muy abusivos que hayan sido estos cargos bajo la Ley de Espionaje, en los últimos 50 años, el gobierno tenía una especie de acuerdo tácito. Nunca presentaron cargos contra los medios de comunicación, sino que acusaban a sus fuentes”, explicó Snowden y enfatizó que Assange no es la fuente, “es simplemente un editor, dirige una organización de prensa”.

En caso de condenar a Assange bajo la Ley de Espionaje —precisó Snowden— se estaría exponiendo al mismo peligro a The New York Times, The Washington Post, CBS, ABC, NBC, CNN, Fox, y numerosos medios a la misma clase de cargos.

Un tribunal de justicia en Londres reanudó el juicio de extradición este lunes 7 de septiembre, luego de que el proceso, previsto para abril, fuera retrasado por la pandemia de la COVID-19.

Los seguidores de Assange convocaron a manifestaciones fuera de los juzgados, con el lema: “No extraditen a Assange, el periodismo no es un crimen”.

Las protestas buscan advertir que el gobierno norteamericano quiere intimidar y asustar a los periodistas, además de atacar a la libertad de expresión.

(Tomado de Cuba en Resumen).

Snowden: “Condenar a Assange expone a The New York Times y a otros medios”

 

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Medios que miran a otro lado en el juicio a Julian Assange / Por Pascual Serrano

 

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Todos esos medios que tanto se presentaron como desveladores de secretos de guerra ocultados por Estados Unidos ahora asisten e informan con frialdad e indiferencia del atropello de la persona que hizo posible conocer toda aquella verdad

El pasado 7 de septiembre se reanudó el juicio de extradición de Julian Assange en Londres. Estados Unidos lo reclama por 18 presuntos delitos de espionaje e intrusión informática, por difundir mediante Wikileaks en 2010 más de 700.000 documentos clasificados sobre las actividades militares y diplomáticas estadounidenses, sobre todo en Iraq y Afganistán, que revelaron actos de tortura, muertes de civiles y otros abusos

Tras ser pospuesto en febrero por la pandemia de COVID, se prevé que las vistas duren tres o cuatro semanas.

Recluido en una prisión londinense de alta seguridad desde su detención en abril de 2019 en la embajada de Ecuador, donde vivió siete años, Assange podría ser condenado a 175 años de cárcel si la justicia estadounidense lo declara culpable.

Es verdad que estamos solo ante el juicio donde se decidirá si se le extradita, no si es culpable de los delitos, sin embargo, la repercusión de esta noticia está siendo mínima en los grandes medios a pesar de situarse en una ciudad, Londres, donde todos tienen acceso. No estamos viendo ni crónicas de corresponsales o enviados ni reportajes ni artículos de opinión. Algo que contrasta con la tremenda repercusión que tuvo la difusión de las informaciones de Wikileaks y lo rentable que supuso para el pool de periódicos que tuvieron el privilegio de disponer de sus informaciones en primicia. Sin embargo, ahora se están limitando a difundir escuetos y fríos cables de agencia.

Los medios no están recordando elementos de contexto fundamentales. Repasemos:

Assange está encarcelado en Londres por una condena de 50 semanas de prisión por haber violado la libertad condicional que le concedieron mientras se decidía una reclamación de la justicia sueca por violación. Pero en 2015 el fiscal sueco retiró los cargos y en 2017 la justicia sueca archivó la causa, por tanto, no tiene sentido mantener en prisión en Londres a una persona acusándole de violar una libertad condicionada a una acusación que no existe.

Assange fue abandonado por el gobierno de Ecuador cuando llegó al poder Lenin Moreno. Su país recibió el visto bueno de Estados Unidos para un préstamo con el FMI por cuatro mil millones de dólares a cambio de que la policía inglesa entrara a la embajada y lo arrestara por no haberse entregado a la corte cuando estaba libre bajo fianza en 2012. No parece que ese sea un sistema muy lícito para impartir justicia.

Sesenta médicos suscribieron una carta alertando su preocupación de que Assange pudiera morir en la cárcel dado su deteriorado estado de salud. Incluso el relator de la ONU sobre la tortura, Nils Melzer, dijo que la vida de Assange estaba «ahora en peligro». Posteriormente, el pasado junio, más de 200 médicos eminentes de todo el mundo suscribieron un comunicado en la revista médica The Lancet pidiendo poner fin a la tortura psicológica del editor de WikiLeaks y su liberación inmediata de la prisión Belmarsh de máxima seguridad en Gran Bretaña.

No se hace referencia a las irregularidades denunciadas en la comparecencia del pasado octubre ante el tribunal de primera instancia de Westminster. El exdiplomático británico Craig Murray, que logró estar presente en la sesión, reveló el estado débil y errático en el que se encontraba Assange, el desprecio de la jueza hacia la defensa, que vio denegadas todas sus alegaciones, desde la petición de más tiempo para preparar el caso dadas las limitaciones que se pusieron a los abogados de Assange para ver a su cliente en prisión, a la incautación de los documentos (por agentes de Estados Unidos) que éste tenía en la embajada de Ecuador. Extraña la irregularidad de que el fiscal del caso consultara en la propia sala sus dudas con tres funcionarios de la embajada de Estados Unidos que, según sus propias palabras, le daban «instrucciones». La jueza aprobó todas sus peticiones. Incluso llegaron a entrar en la sala dos agentes estadounidenses armados.

La vista que ahora ha comenzado se realiza en Woolwich Crown Court, un lugar destinado a los juicios por terrorismo, no se permite público ni observadores de ONG’s y se ha impuesto una limitación de tan solo 10 periodistas que podrán acceder a las sesiones. Esta restricción es una manera de invisibilizar el estado de salud de Assange: la última vez que se lo vio fue en su arresto en la embajada ecuatoriana. La información de las pocas personas que han tenido acceso a Assange en todos estos meses –su actual pareja, sus abogados- es que su estado de salud es precario.

La situación carcelaria a la que está sometido es inhumana. Se trata de una prisión de alta seguridad en condiciones de aislamiento, con 23 horas diarias de soledad y 45 minutos para hacer ejercicio en un patio de cemento. Cuando Assange sale de la celda, «todos los pasillos por los que pasa son evacuados y todas las puertas de las celdas se cierran para garantizar que no tenga contacto con otros reclusos».

Todos esos medios de comunicación que tanto se presentaron como desveladores de secretos de guerra ocultados por Estados Unidos, medios que denunciaban torturas y múltiples violaciones de derechos humanos, defensores de la libertad de expresión y de la transparencia informativa, ahora asisten e informan con frialdad e indiferencia al atropello de la persona que hizo posible conocer toda aquella verdad sobre la guerra y las invasiones de Estados Unidos.

Nos lo recordaban Noam Chomsky y Alice Walker como copresidentes de AssangeDefense.org en The Independent (por supuesto nuestros grandes medios españoles no han recogido ese manifiesto): «Assange enfrenta la extradición a Estados Unidos porque publicó pruebas incontrovertibles de crímenes de guerra y abusos en Irak y Afganistán, avergonzando a la nación más poderosa de la Tierra. Assange publicó pruebas contundentes de «las formas en que el primer mundo explota al tercero», según la denunciante Chelsea Manning, la fuente de esa evidencia. Assange está siendo juzgado por su periodismo, por sus principios».

«Las publicaciones de Assange de 2010 expusieron 15.000 víctimas civiles previamente no contadas en Iraq, bajas que el Ejército de Estados Unidos habría enterrado. Destaca el hecho de que Estados Unidos está intentando lograr lo que los regímenes represivos solo pueden soñar: decidir qué pueden y qué no pueden escribir los periodistas de todo el mundo. Destaca el hecho de que todos los denunciantes y el periodismo en sí, no solo Assange, están siendo juzgados aquí», añaden Chomsky y Walker.

Tomado de: https://www.eldiario.es

Pascual Serrano

Periodista español. Se licenció en Periodismo en 1993 en la Universidad Complutense de Madrid, trabajando en el diario español ABC. Fue fundador y redactor jefe de la revista Voces, editada por la organización política Izquierda Unida. (Valencia, 1964)

 

 

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Enseñanzas de la derecha

Muchas lecciones brindan la derecha internacional encabezada por Estados Unidos, cuando luchan por mantener su hegemonía. Ahí enseñan con todo rigor, que para lograrla no se respetan leyes, convenciones ni tratados internacionales y la justicia se somete a sus órdenes.

Presiones políticas, chantajes y amenazas son sus armas preferidas, con el fin de arremeter contra líderes de izquierda que llevan a cabo programas a favor del pueblo, algo considerado por los yanquis como “malos ejemplos” que deben ser arrancados de raíz.

Así pasó con el presidente Manuel Celaya en Honduras, Dilma Rousseff de Brasil, la argentina Cristina Fernández, Luis Ignacio Lula en Brasil, el boliviano Evo Morales y Rafael Correa de Ecuador.

Todos sufrieron persecución encarnizada política, acusados con causas fabricadas para dañar su moral e imagen ante el pueblo, con el único objetivo de impedirles gobernar con sentimientos humanos que favorecen a los desposeídos, situación considerada por Washington como un modelo inadmisible.

Los yanquis denominan el “eje del mal” a Cuba, Venezuela y Nicaragua, por ser los procesos revolucionarios que más se les enfrentan y que denuncian a voz en cuello sus agresiones y desmanes ejecutados, entre ellos la criminal guerra económica, comercial y financiera, para que sus gobiernos no sean un paradigma de bonanza económica a imitar, por otros países de la región.

Con sus patrañas, Estados Unidos enseña de lo que son capaces de ejecutar para quitarse del medio a líderes de izquierda, como hacen con Evo Morales, a quien le dieron un golpe de estado comprando a los mandos militares, respaldado por la desprestigiada OEA, acusándolo de fraude electoral cuando había ganado ampliamente el voto popular.

No conformes, lo persiguen con saña hasta obligarlo a pedir asilo político. Para sacarlo del juego político de por vida, le construyen un expediente legal por violaciones a las leyes que jamás cometió, todo con el propósito de destruir su imagen política, a pesar de ser el presidente que más hizo por su país, poniéndolo a la cabeza del crecimiento del PIB en la región.

Para completar la vileza, le impidieron postularse como vicepresidente, celebrándole un juicio amañado que lo condenó, y para colmo le impiden aspirar a un escaño en el Senado.

Con la misma receta, frenaron la candidatura de Rafael Correa a vicepresidente de Ecuador, acusándolo de corrupción sin pruebas, en un juicio sumarísimo que lo sancionó a 9 años de prisión, ratificada en la vista de apelación efectuada con idéntica rapidez, para impedir su aspiración política.

La prepotencia yanqui es tal, que poco les importa mentir y construir denuncias que pueden desbaratarse posteriormente, como el caso de Lula, a quien la corrompida justicia brasileña ahora lo exonera de una decena de cargos, pues el objetivo de impedirle su elección como presidente, se logró sin dificultades.

Ante esas patrañas, ni la Unión Europea ni organizaciones de las Naciones Unidas han levantado su voz para condenar las continuas violaciones legales. Por el contrario, solapadamente ven con buenos ojos que la izquierda no gobierne.

¿Qué pasaría si en Venezuela hubieran detenido a Juan Guaidó, por sus comprobados actos de traición a la patria, conjuras públicas con Estados Unidos para propiciar un golpe militar, apoyo total a los planes de magnicidio fraguados en complicidad con el gobierno de Colombia y la firma de un contrato para una invasión contra Venezuela, con el empleo de mercenarios profesionales norteamericanos?

Tanto Estados Unidos, como la Unión Europea, más la OEA, convocarían el Consejo de Seguridad de la ONU para justificar una invasión.

Esa es la democracia que enarbola la derecha mundial, la que ahora condena a Bielorrusia por no aceptar las imposiciones emanadas desde Estados Unidos, respaldadas por sus aliados de Polonia, República Checa, Reino Unido y otros países europeos.

Sin embargo, Estados Unidos nunca se manifiesta contra el gobierno chileno, encabezado por el agente CIA Sebastián Piñera, por las continuas violaciones de los derechos humanos en la cruel represión a las manifestaciones populares.

Con esas lecciones de que es la “democracia”, la izquierda debe sacar sus propias conclusiones, para actuar con mano dura contra las violaciones de la ley que ejecutan los elementos pagados por Estados Unidos, para desestabilizar y derrocar a los líderes con posiciones nacionalistas y anti imperialistas.

Venezuela tiene un gran reto en los próximos meses con el proceso electoral para la Asamblea Nacional, actualmente en manos de la derecha pro yanqui. Nicolás Maduro tomó la decisión de indultar a varios cabecillas de la oposición, vinculados directamente con actos anti constitucionales para derrocarlo, con el fin de darles la oportunidad de participar en las elecciones y demostrar su deseo de que el proceso se transparente y participativo sin exclusiones, acto que la derecha no hace.

No obstante, desde ya el títere Juan Guaidó hace llamados a la no participación en el proceso electoral e incluso dictamina con tres meses de antelación, que las elecciones serán “fraudulentas”, como si fuese el oráculo divino, preludio de como calificarán Estados Unidos y la Unión Europea el resultado electoral, si gana la izquierda bolivariana.

Para Donald Trump no hay paños tibios, la violencia y la represión son sus mejores armas, demostrado por su apoyo al golpe militar en Bolivia y a las marchas opositoras contra el presidente bielorruso.

Pero cuando las protestas son contra su gobierno, como las ejecutadas por los actos racistas que dejan una estela de asesinatos y heridos entre los negros norteamericanos, la posición que asume es diametralmente opuesta, al declarar:

Para detener la violencia política, debemos enfrentar la ideología radical que incluye esta violencia. Políticos imprudentes de extrema izquierda continúan impulsando el mensaje destructivo de que nuestra nación y nuestras fuerzas del orden son opresivas o racistas. En realidad, debemos dar un apoyo mucho mayor a nuestras fuerzas del orden”.

Esa es la “democracia” que pretenden imponer en el mundo, por eso no condenan la violencia policial en Francia contra las marchas obreras, ni en Alemania, Inglaterra, Bolivia o en Chile. Para Trump los culpables son los movimientos de izquierda, denominándolos “ideología radical”.

Muchas son las enseñanzas de esa derecha, de las cuales hay que sacar importantes experiencias y por eso afirmó José Martí:

“Las cosas hay que verlas en sus causas y objeto, no en la superficie”

 

Fuente: Enseñanzas de la derecha / Por Arthur González / El Heraldo Cubano

 

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