Discurso Díaz-Canel, Presidente de la República de Cuba, en el acto político cultural por el XV Aniversario del ALBA-TCP

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Discurso pronunciado por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de la República de Cuba, en el acto político cultural por el XV Aniversario del ALBA-TCP

 

Discurso pronunciado por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de la República de Cuba, en el acto político cultural por el XV Aniversario de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos, en la Escalinata de la Universidad de La Habana, el 14 de diciembre de 2019, “Año 61 de la Revolución”.

 

(Versiones Taquigráficas – Presidencia de la República)

Buenas noches.

Este acto está al revés: Maduro, Ralf y Daniel hablaron poquito y ahora yo voy a tener que hablar un poquito más (Risas).


Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba;

Estimados Jefes de Estado y de Gobierno del ALBA-TCP;

Estimados jefes de delegaciones e invitados:


Estudiantes de nuestras universidades, presente y futuro de la nación cubana.  ¡A ustedes y a todos los jóvenes de Cuba, Latinoamérica y el Caribe, nos dirigimos hoy!

Hemos venido hasta esta, nuestra gloriosa Escalinata, para celebrar los 15 años del ALBA-TCP, porque esta alianza tiene sus raíces en el primer encuentro de dos gigantes de Nuestra América: el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, y el entonces (joven) líder del Movimiento Bolivariano 200, Hugo Rafael Chávez Frías.

Aquel encuentro, que cambió la historia de América Latina y el Caribe e impactó al mundo, ocurrió entre el 13 y el 15 de diciembre de 1994.

Como sucede hoy, vivíamos días complejos e inciertos para la región y el mundo.  Y fue cerca de aquí, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, donde se escucharon por primera vez los análisis y planteos premonitorios de lo que, con el tiempo, los esfuerzos concertados y el avance de gobiernos progresistas, cristalizaría en el año 2004 como este paradigma de la integración solidaria que conocemos como ALBA-TCP.

Escogemos también la Escalinata, puerta de nuestra Universidad, una de las más antiguas de América, porque por aquí transita todos los días el presente y el futuro de Cuba y de buena parte del resto del mundo, jóvenes provenientes de naciones hermanas, estudiantes que comparten aulas y sueños con nuestros hijos.

Creemos firmemente que las universidades no pueden estar desconectadas de nuestro mundo y de sus acuciantes problemas.  Aquí se hizo revolucionario Fidel, aquí habló a sus contemporáneos de Latinoamérica Hugo Chávez, aquí se estudia y se piensa para el mundo mejor posible que nos hemos propuesto conquistar los revolucionarios.

Hermanas y hermanos:

Hace exactamente un año se reunió la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, con el objetivo de establecer posiciones comunes frente a la previsible intensificación de las agresiones contra nuestras naciones.  Los pronósticos de entonces no fueron exagerados.

El Gobierno de los Estados Unidos y sus aliados desplegaron e insisten en una feroz e inescrupulosa campaña desestabilizadora en la región.

Lo hacen retomando la aplicación brutal de la Doctrina Monroe, con la que la actual administración de Washington se ha comprometido de manera abierta y prepotente.

Intensifican las acciones contra la hermana República Bolivariana de Venezuela, violando los más elementales principios del Derecho Internacional.  Han llegado al colmo de designar quién o quiénes pueden hablar en nombre de Venezuela y a decidir el destino del dinero y los inmuebles del país fuera de su territorio. Nunca antes en la historia se ofendió tanto a la democracia hablando en nombre de ella mientras se le pisotea.

La reciente invocación contra Venezuela del obsoleto Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) —que jamás sirvió para salvaguardar los intereses de la región— es otra advertencia de que la paz, la democracia y la seguridad permanecen bajo amenaza.

¿Qué otro objetivo tiene el rescate de una institución como el TIAR que avaló golpes de Estado, apuntaló dictaduras militares y no fue capaz de apoyar a uno de sus miembros cuando una potencia extrarregional ocupó territorios y desató una guerra?

Estados Unidos articuló ataques contra la patria de Bolívar y Chávez sin comprender que la determinación de su pueblo se fortalece aún más frente a las agresiones externas.  Fracasaron y seguirán fracasando ante la sólida unión cívico-militar y la valentía de millones de venezolanos, que han jurado ser leales siempre y traidores nunca (Aplausos).

Aquí está nuestro hermano Nicolás Maduro en representación de esa unión victoriosa y firme.

¡Viva la Revolución Bolivariana! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

Reiteramos nuestra solidaridad con la Revolución Popular Sandinista, que con su presidente al frente, el Comandante Daniel Ortega Saavedra, resiste los embates imperiales contra Nicaragua sin importar las amenazas, y se esfuerza en su camino de reconciliación, paz y desarrollo justo para su país.

¡Viva la Revolución Sandinista! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

Celebramos la liberación del líder de los trabajadores brasileños y expresidente de ese país, el compañero Luiz Inácio “Lula” da Silva, y a la vez llamamos a todos a continuar demandando su plena libertad, la recuperación de su inocencia y la restitución de todos sus derechos políticos.

Ante las conspiraciones imperiales y la politización de los sistemas judiciales, ante la corrupción y el descrédito de la política a mano de agentes del imperialismo y el neoliberalismo y de los medios de comunicación, Lula es un ejemplo de que siempre tendremos el recurso de luchar por la verdad, la dignidad y la solidaridad para vencer la mentira.

Bolivia, el hermano ausente, merece mención aparte.

El golpe de Estado al presidente constitucional Evo Morales Ayma confirmó que a Estados Unidos y a las fuerzas reaccionarias no les importa aplastar por cualquier medio las libertades y los derechos humanos de los pueblos con el fin de revertir los procesos emancipatorios en la región.  Como siempre, usaron a su fiel peón: la Organización de Estados Americanos (OEA).

No sorprende que, como impone el libreto imperial, la primera acción de política exterior de los golpistas en Bolivia fuera salirse del ALBA.

En países como Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Brasil vemos con dolor e indignación cómo crece el número de muertos y suman miles los heridos, al tiempo que aumentan las lesiones oculares a cientos de jóvenes en actos de represión tan brutales que recuerdan los días tenebrosos de las dictaduras militares.  Se asesina a activistas sociales, periodistas y exguerrilleros.  Los casos de violencia, tortura y violaciones de detenidos ya suman cientos.

Varios de los jefes militares y policiales que hoy protagonizan la horrible represión fueron formados en la desaparecida Escuela de las Américas.  Los que persiguen a los líderes de izquierda y progresistas se formaron en la actual Academia Internacional para la Aplicación de la Ley, también de factura yanqui.

Con admiración, seguimos día a día el curso dramático de la resistencia de los pueblos y su creciente movilización.

Desde esta tribuna, condenamos enfáticamente el silencio cómplice y vergonzoso de muchos, y la manipulación y ocultamiento de los medios de comunicación transnacionales y oligárquicos sobre lo acontecido en Bolivia.

Y hoy aquí, Cuba ratifica su apoyo y solidaridad con el compañero Evo Morales Ayma (Aplausos).  ¡Vivan los gobiernos y los pueblos que rinden culto a su dignidad y soberanía acogiendo y apoyando a los líderes perseguidos! (Exclamaciones de: “¡Vivan!”)

Nuestro personal de Salud que prestaba servicios en Bolivia, conoce de cerca la brutalidad de los golpistas, cuyas fuerzas represivas, conducidas directamente por Estados Unidos, agredieron físicamente a dos colaboradores, en tanto 54 de ellos fueron injustamente detenidos, algunos por varios días.

Miembros de la Brigada Médica Cubana, sin motivo alguno, fueron registrados de forma humillante y despojados de sus pertenencias.  Las autoridades golpistas instigaron el odio contra los cubanos.

La cobardía de estos represores contrastó con la dignidad y valentía de nuestros abnegados profesionales, quienes merecen un reconocimiento por su inconmovible actitud, hija de la tradición internacionalista cubana (Aplausos).

Ya están todos de vuelta en la patria, listos para defenderla y para una próxima misión.

Los hechos acaecidos en Bolivia, sacuden las alarmas y nos alertan.  Una vez más “el tigre acecha”, como decía Martí en su magnífico ensayo “Nuestra América”:

“La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros (…) por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia.  El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina”.

En nuestra reciente visita a Argentina para asistir a la toma de posesión de Alberto y de Cristina, sostuvimos un valioso diálogo con importantes intelectuales y artistas de ese país.

De todos ellos recogimos la más formidable crítica al neoliberalismo “el tigre que acecha” y a sus graves consecuencias para los pueblos de América que han sido destrozados por los experimentos neoliberales.

El cineasta y actual ministro de Cultura argentino, Tristán Bauer acaba de documentar los graves costos sociales del neoliberalismo en los cuatro años de macrismo, en un documental que tituló: Tierra arrasada.

Otros de los asistentes, recordaron que esos procesos se instalan con una poderosa red mediática a los que los proyectos progresistas tienen que enfrentarse en una batalla asimétrica.  Y se propuso promover una suerte de estrategia cultural que resuelva esas asimetrías.

Lo que queda de mentalidad colonial en América, debe desaparecer antes de que desaparezcan nuestros pueblos y sus sueños de emancipación e integración, la gran deuda desde los tiempos de Bolívar.

Es esencial sembrar ideas y valores para defender nuestras conquistas.  Y también es preciso integrarnos en el área de la comunicación para que la mentalidad colonial no nos engulla con su carga de símbolos falsos, como los espejitos que los conquistadores daban a nuestros nobles habitantes originarios a cambio de las riquezas naturales con las que han construido su poder.

Las magníficas ideas que en apenas dos horas se desataron en el encuentro con los amigos argentinos, nos confirman las enormes potencialidades de la imaginativa intelectualidad latinoamericana, cuyos mejores exponentes siempre han sido aliados de las batallas por la justicia social.

Compañeras y compañeros:

Aun ante las más brutales presiones estadounidenses, Cuba alcanzó una resonante victoria en las Naciones Unidas, cuando 187 países votaron a favor de la resolución que condena el fin del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos.

Aquellos que no tuvieron el valor de resistir las presiones yanquis y no se atrevieron a condenar el bloqueo a Cuba, cargan sobre sí la responsabilidad de apoyar una política que ningún pueblo de esta tierra aprueba, porque es criminal, porque viola los derechos humanos de millones, porque es extraterritorial, ilegal e infame.

Y porque lo que hacen hoy contra Cuba lo harán mañana contra otras naciones, como se ha probado más de una vez en los últimos años.  Nadie está libre del látigo del imperio, y permitir que se golpee a otros es abrir el camino al golpe sobre todos.

Nos complace saber que esa actitud no refleja lo que realmente sienten los pueblos hermanos de Brasil y Colombia.

En triunfos como la condena al bloqueo en la ONU, el ALBA ha sido y debe seguir siendo un frente de unidad y resistencia al imperio, al golpismo y a las posturas injerencistas que solo motivan la vergüenza de los hombres y mujeres dignos de nuestro continente.

Asimismo, saludamos y nos alientan los triunfos progresistas en México y Argentina, cuyos nuevos gobiernos ya han mostrado, en muy corto plazo, su compromiso con la paz, la democracia, el desarrollo y la justicia social de los pueblos y con la genuina unidad e integración de Nuestra América.

En los últimos meses hemos escuchado acusaciones ridículas contra las revoluciones cubana y bolivariana, en el intento vil de justificar lo que se niegan a entender: las profundas razones de las rebeliones populares contra el neoliberalismo que continúan sucediendo en varios países de la región.  No nos sorprenden.

Las manifestaciones populares son el resultado de las luchas contra la desigualdad y las injusticias sociales acumuladas durante años.  Y permanecerán, y se harán mayores mientras no se atiendan sus causas.

Los que reprimen se niegan a leer en esas manifestaciones sus causas verdaderas, porque, para instalarse, el neoliberalismo trata de impedir que tengamos conciencia histórica, proponiendo la deshistorización del tiempo.  Por eso sus ideólogos, como Francis Fukuyama, insisten en que “la historia ha terminado”.

Pretenden decirnos que el capitalismo es eterno. Quieren entonces eternizar la desigualdad social, la miseria, la exclusión.  ¡Tiempo es historia!  Y la nuestra se apoya en Bolívar, San Martín, Sucre, Martí, Che, Fidel, Chávez, Sandino, la lucha contra la esclavitud, contra la dominación española, contra las invasiones y contra el bloqueo a Cuba por parte del imperialismo genocida.

El neoliberalismo obliga a la economía mundial a pasar de la producción a la especulación.  Mientras el Producto Interno Bruto mundial crece a un promedio anual de 1 % a 2 %, el rendimiento financiero crece más del 5 % al año.  ¡Mientras ochocientos veinte millones de personas son amenazadas de muerte por el hambre, los paraísos fiscales guardan veinte trillones de dólares!

El neoliberalismo produce lo que Marx había prevenido: la gente ya no vale por ser humana, sino por el valor de la mercancía que porta.  Es la brutal deshumanización.

El neoliberalismo no promueve globalización, y sí globocolonización.  Su propósito es hacer del mundo un gran mercado al que tienen acceso solamente los ricos, los demás quedan excluidos, son seres descartables, condenados a la muerte precoz.

El neoliberalismo tiene base en la competitividad, el socialismo en la solidaridad.  El neoliberalismo en la acumulación privada de la riqueza, el socialismo en compartir la riqueza.  El neoliberalismo en defender los intereses del capital, el socialismo los derechos humanos y de la naturaleza.

Lo que no nos perdonan los Estados Unidos y las oligarquías latinoamericanas es que hayamos construido modelos incluyentes y comprometidos con el pueblo, aun bajo las presiones y los cercos de sanciones y bloqueos.

Podemos darles la fórmula: no construimos modelos para el 1 %.  No construimos modelos de exclusión.  Construimos modelos solidarios y practicamos la integración (Aplausos).

Y no nos perdonan que nos asociemos solidariamente entre latinoamericanos y caribeños sin tutelas imperiales.

No nos perdonan que no solo elijamos hacer prevalecer la independencia, la libertad, la soberanía sobre nuestros recursos y la libre determinación, sino que hayamos demostrado que somos capaces de defenderlas.

Lo que no le perdonan a Cuba es que defendamos la filosofía de compartir solidariamente lo que tenemos, de llevar salud y letras donde otros llevan armas, de enseñar a leer y a escribir, o devolver la vista o salvar la vida a quienes jamás tuvieron servicios de salud dignos.

Ahora, cuando como resultado de la conjura imperialista y oligárquica en algunos lugares se ha interrumpido la cooperación que Cuba brinda, observamos con preocupación que millones de latinoamericanos han sido despojados de su derecho humano a la salud.  A las oligarquías no les importa y se pliegan a la patológica campaña yanqui.

Las únicas fuerzas militares y de seguridad que interfieren en los asuntos internos de los países y que amenazan a América Latina y el Caribe son las estadounidenses.

Cuba resistirá todas las amenazas.  Estamos curtidos en la lucha.  Tenemos un pueblo unido. Contamos con la solidaridad del mundo, de los pueblos de América Latina y el Caribe y, muy en especial, de nuestros hermanos del ALBA.

¡No renunciaremos al socialismo!  ¡No renunciaremos a la solidaridad!  ¡No renunciaremos a la amistad!  ¡No renunciaremos a la dignidad! (Aplausos.)

Compañeras y compañeros del ALBA:

Les reitero el abrazo de este pueblo noble, valiente y solidario en la bella ciudad que acaba de cumplir 500 años de historia y luchas y a la que siempre podrán volver para recibir el cariño de los que no se rinden, no se rendirán y continuarán la Revolución vibrante que nos trajo hasta aquí.

Terminemos como terminan siempre los actos en esta histórica Escalinata: con la celebración de la vida, del futuro que se forma aquí para hacer posible el mundo mejor por el que han dado su sangre y sus propias vidas tantas generaciones.

¡Somos Cuba!

¡Y también somos Latinoamérica y el Caribe, todos unidos por el ALBA-TCP!

¡Hasta la victoria siempre!

(Ovación.)

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Díaz-Canel en XV Aniversario del ALBA-TCP: Las únicas fuerzas militares y de seguridad que interfieren y amenazan son las estadounidenses

 

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Diez frentes de combate de la nueva cultura

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Diez frentes de combate de la nueva cultura / Por Enrique Ubieta Gómez

 

Intervención en el Taller Cultura y Liberación de los Pueblos del XXV Foro de Sao Paolo, Caracas, 26 de julio de 2019.

 

“La cultura es lo primero que hay que salvar”, alertaba Fidel. No hablaba solo del arte y la literatura. La nueva sociedad exige un individuo “nuevo”, es decir, una mujer y un hombre que participen conscientemente en su construcción. La cultura que llamamos socialista es de hecho una cultura de tránsito. No existe como meta, sino como proceso, en franca guerra contra la cultura dominante. Una Revolución en el poder debe luchar contra la cultura global hegemónica (modo de vida, modelo de éxito) que es la capitalista, en todos los ámbitos de su reproducción. Pero los revolucionarios no pueden esperar a tener el poder, o el gobierno (en el peor pero más probable de los casos) para iniciar esa lucha, que es vital: lo que comúnmente identificamos como concientización de las masas, es un hecho cultural. La cultura dominante en el mundo es la de la clase dominante, y la nueva cultura avanza y retrocede, su éxito siempre es parcial.

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El socialismo no es un problema de cuchillo y tenedor. Es un movimiento de cultura, una grande y poderosa concepción del mundo”, decía Rosa Luxemburgo. Para alcanzar esa nueva cultura se necesita una base material que la sustente —algo que con frecuencia se olvida—, pero la tarea no puede postergarse. Las revoluciones auténticas, cuando se producen, impulsan esa nueva mirada colectiva. Un millón de personas en la Plaza de la Revolución no son una masa sin rostro, son un millón de protagonistas individuales. Pero la guerra cultural entre los dos modos de vida, incluso en una Revolución que ha alcanzado el poder, no cesa. Abordaré algunos aspectos de la batalla por la cultura que me parecen importantes, desde la experiencia revolucionaria cubana:

 

1. Romper los tabiques que separan lo “culto” de lo “popular”. Integración de saberes.


Debe procurarse una integración de saberes, que desdibuje las fronteras de las culturas etiquetadas con los adjetivos de “alta” y “popular”. En “Palabras a los intelectuales” (1961) Fidel le dice a los más importantes escritores y artistas cubanos de entonces:

En días recientes nosotros tuvimos la experiencia de encontrarnos con una anciana de 106 años que había acabado de aprender a leer y a escribir, y nosotros le propusimos que escribiera un libro. Había sido esclava, y nosotros queríamos saber cómo un esclavo vio el mundo cuando era esclavo, cuáles fueron sus primeras impresiones de la vida, de sus amos, de sus compañeros. Creo que puede escribir una cosa tan interesante que ninguno de nosotros la podemos escribir.

Uno de los más jóvenes oyentes de ese discurso escribió algunos años después un libro emblemático de la literatura de la Revolución: Biografía de un cimarrón (1967). La vida de un hombre sencillo se convertía en literatura clásica.

En sentido inverso, el primer libro que publicó la Revolución en su recién creada Imprenta Nacional, a un precio casi simbólico y en una tirada millonaria, fue la obra de Cervantes, El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Una obra clásica, la más representativa de la cultura hispana, se puso al alcance de las mujeres y los hombres de pueblo. Por otra parte, la Revolución cubana creó un amplio sistema de escuelas de arte en todo el territorio nacional y abrió sus puertas a los “hijos más humildes del pueblo”.

Hugo Chávez manejaba dos conceptos prácticos de cultura: la que se entiende como tradición, hogar, hábitat, territorio, alma colectiva de cada pueblo, una visión en la que no hay jerarquías, cualquier cultura es tan importante como la otra, no hay cultura desarrollada y cultura no desarrollada y que, vista en un proceso evolutivo y de enriquecimiento constantes, puede definirse como identidad cultural; y la que responde al sentido martiano de “ser cultos para ser libres”, como instrumento de liberación, de superación, de crecimiento espiritual, como manejo de información, de comprensión del mundo.
Las revoluciones necesitan integrar los saberes, eliminar las barreras culturales y espaciales que separan a las clases sociales.

 

2. Saber y participación social


La “nueva” cultura en construcción no es pasiva. Su rasgo principal es que existe solo si la sociedad y el individuo la asumen conscientemente. No se consume, se protagoniza. Es, más claramente que cualquier otra, un modo de vida. El primer acto de una revolución tercermundista es la alfabetización masiva de su población. El conocimiento es indispensable, porque determina la capacidad crítica del individuo. La relación entre saber académico y saber participativo es mutuamente enriquecedora en una Revolución. No puede cultivarse un saber desentendido de los problemas sociales, ni pueden abordarse esos problemas sin una integración de saberes.

En Cuba miles de adolescentes y jóvenes, citadinos de clase media, partieron a las zonas rurales del país; muchos se separaban por primera vez de sus padres, y se hospedaban en los humildes hogares de los que serían alfabetizados. La alfabetización era doble: el joven enseñaba a su alumno —por lo general mucho mayor en edad—, a leer y a escribir, y su presencia era también una lección del significado de la Revolución. Por otra parte, el alfabetizador se alfabetizaba; su aprendizaje, abrupto, era de otro tipo: conocía otro mundo inimaginado antes por él, e interactuaba con sus habitantes. En meses, la alfabetización concientizaba al maestro y al alumno, era una intensiva escuela política.

El método empleado en Venezuela (“Yo sí puedo”) se apoya en la tecnología y no requiere la movilización masiva de jóvenes de la ciudad, pero introduce una perspectiva nueva. El propio alumno se convierte en su maestro, auxiliado por videos y cuadernos especialmente concebidos para ello. Existe un “facilitador”, un miembro de la comunidad, un “alumno ayudante” un poco más avanzado que sus compañeros, pero el sujeto activo es el que se alfabetiza, el que se convierte en “vencedor”, en protagonista de su propio crecimiento.

Las misiones bolivarianas son mecanismos de inserción y empoderamiento de las masas en la transformación del país. El triunfo de una Revolución es convertir a las masas en colectividades de individuos conscientes. El mayor peligro es crear, con la masividad de la educación, jóvenes informados de libros, y analfabetos de vivencias sociales y políticas. José Martí, lector voraz y erudito, recelaba de la “falsa erudición”, la que se oponía a la naturaleza humana y a las particularidades de nuestra región.

 

3. Reconstrucción de la historia


La interpretación de la historia depende del proyecto de futuro que tengamos. La historia oficial de un país selecciona hechos y personajes, evade o silencia otros. La obra del historiador estadounidense Howard Zinn es elocuente: con su libro La otra historia de los Estados Unidos demuestra que esta puede ser narrada desde la perspectiva de los humildes, desde las luchas obreras. No es, por supuesto, la historia que se enseña en las escuelas de ese país. En Cuba, con la Revolución, adquirieron relevancia los protagonistas de las luchas obreras y campesinas y los combatientes revolucionarios. La historiografía contrarrevolucionaria se esfuerza en descalificar a esos héroes de la nueva Cuba: presenta al Che Guevara, por ejemplo, como un criminal, y trata de reivindicar al tirano Fulgencio Batista. Por otra parte, la industria del entretenimiento complementa la labor de la educación burguesa y despliega una amplia gama de recursos “correctores”: banaliza la historia nacional de los pueblos del Sur, convierte en héroes a los invasores y en villanos a los patriotas, reafirma el mito de la superioridad y la invencibilidad de los imperialistas. Todo ello llega empaquetado en video juegos, series de televisión, películas, redes sociales.

El enemigo, que es el mismo para todos, nos divide desde la ignorancia. Los que compartimos fronteras nacionales y episodios esenciales de la historia (con frecuencia incluso hasta una lengua), ignoramos las vivencias del vecino y desconocemos a sus héroes, que son nuestros también. Es imprescindible, para nuestra mejor defensa, que aprendamos la historia de Nuestra América, que hagamos nuestros a sus héroes populares. “La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia”, pedía José Martí en 1891.

 

4. La fragmentación y reunificación de sentidos


La izquierda debe reconocer el hecho de que la violencia de género, la racial o étnica, y la ecológica (también se ejerce violencia sobre la naturaleza) y cualquiera de las multiplicadas fobias sociales, si bien no están adecuadamente expuestas, como alguna vez se pensó, en la crítica a la violencia de clase, tampoco son ajenas a ella, ni pueden ser pensadas como fenómenos autónomos, capaces de ser solucionados por sí mismos. Las contradicciones de la sociedad capitalista actual no pueden reducirse a las contradicciones entre clases, pero estas no pueden ignorarse o subestimarse. La violencia imperialista expresa la esencia de un sistema que nació y creció de la explotación del mundo colonial y neocolonial, y de sus propios trabajadores. La estrategia de los defensores de la violencia, es fragmentar su comprensión, hacer que nuestros jóvenes la combatan en sus manifestaciones no estructurales. Es necesario construir vasos comunicantes entre los frentes de lucha porque todos son importantes, y la izquierda no puede darle la espalda a ninguno de ellos, pero tampoco puede detenerse o aislarse en alguno de ellos. El enemigo final siempre es el capitalismo.

 

5. Identidad cultural


La identidad cultural no es estática. Está en permanente proceso de construcción, de ensanchamiento, aunque conserve sus matrices esenciales. América Latina es poseedora de una gran riqueza cultural: esa diversidad es una ventaja, siempre que conservemos o abramos sus vasos comunicantes. El imperialismo necesita detener y diluir las identidades que se expresan al interior de una nación y la que representa a la nación misma, así como la regional, por motivos mercantiles que funcionan también como ideológicos, porque facilitan la dominación. La estrategia revolucionaria debe ser proteger y consolidar toda manifestación de unidad y de diversidad culturales. Frente a la estrategia imperialista de dividirnos, los revolucionarios tenemos la obligación de promover y defender la identidad “nuestroamericana”, sin desconocer o relegar su diversidad.

En una Revolución, la identidad nacional empieza a integrar elementos nuevos que surgen del proceso de transformaciones. La contrarrevolución celebra el trabajo diluyente de la industria del entretenimiento yanqui, pero a la vez, pretende paralizar el movimiento de la historia, con el pretexto de que defiende sus tradiciones. En realidad, se niega a aceptar la existencia de las nuevas tradiciones creadas por la Revolución. Cuando un contrarrevolucionario despliega hoy la bandera nacional de Cuba, produce una contradicción de sentidos, más allá de su voluntad y de su comprensión: esa bandera ha incorporado al entramado simbólico de sus formas y colores, los nuevos hitos y héroes de la Revolución. Es por ello que los revolucionarios de cualquier país o región del mundo pueden enarbolarla como propia. Cuba ya no es y no podrá volver a ser, el país que existía antes de 1959.

 

6. La cultura de la solidaridad


La Revolución es generadora de solidaridad entre países y pueblos (a lo interno y a lo externo), porque no puede hacerse sin el concurso de todos, y porque su fin inmediato son los más humildes. No se concibe tampoco como un hecho aislado, inconexo con otras realidades. La Revolución cubana se autoproclamaba “primer territorio libre de América”, precisamente porque aspiraba a la liberación de los restantes, porque se asumía como un eslabón en el proceso emancipatorio de todos los pueblos.

La cultura de la solidaridad, la que se recibe y la que se da, no se concibe como un favor que se dispensa, sino como un deber insoslayable. Desde los primeros momentos la Revolución cubana cultivó la solidaridad en todos los ámbitos posibles, y educó al pueblo en ella. La campaña mediática que se empeña en desacreditar e incluso criminalizar la solidaridad médica de Cuba en el mundo, pretende desarticularla, porque su sola existencia, es una escuela política que no se propone ni necesita “formar” a nadie. Los movimientos sociales y los partidos políticos no pueden desentenderse de las causas justas, para hacer avanzar la suya; se traiciona a sí misma la causa justa que evade su responsabilidad con la justicia de los otros. “Patria es Humanidad”, sentenciaba José Martí.

 

7. Los símbolos y los paradigmas del éxito


Las revoluciones no pueden subestimar la guerra de los símbolos. La industria del entretenimiento se apoya en el mercado para difundir los del capitalismo. Las páginas “sociales” de la prensa burguesa, narran historias de vida de sus hombres y mujeres de éxito: banqueros y empresarios, deportistas y estrellas del arte, y también duques, príncipes y reyes, es decir, de los famosos y ricos. Ser como ellos, es la consigna implícita; en sentido inverso los niños cubanos repiten cada mañana en sus escuelas, “seremos como el Che”. En el capitalismo no importa el cómo: se triunfa si se consigue acceder al nivel más alto de consumo, por una herencia, por un “buen” matrimonio, por el robo de cuello blanco o a mano armada, por la lotería, etc. La cultura del tener, asentada sobre el consumismo depredador del medio ambiente, se presenta de manera atractiva, como el único camino hacia la felicidad.

 

8. Apropiación de las formas


Hoy el imperialismo pretende apropiarse de las formas tradicionales de la izquierda. Subrayo “de las formas”, porque el procedimiento conlleva un vaciamiento de sus contenidos revolucionarios. Ello incluye la utilización y, a veces, el secuestro de términos y conceptos tradicionales de la izquierda. En Cuba hemos visto la aplicación de ese procedimiento en “huelgas de hambre” y en marchas de “madres” vestidas de blanco como las de la Plaza de Mayo. Se utiliza el término de “Revolución de colores” y símbolos como el puño cerrado para aludir a movimientos reaccionarios monitoriados por la CIA. Por otra parte, nos induce a desechar e incluso a repudiar palabras que son imprescindibles en nuestro léxico, como comunismo o imperialismo.

 

9. Las nuevas tecnologías


Todos los aspectos antes descritos alcanzan mayor intensidad en las redes de Internet. La izquierda debe aprender a usar esta herramienta, lo que implica conocer sus ventajas y sus peligros. La guerra por el poder desecha por inservible la verdad, y las redes compulsan al elector a decisiones que pueden atentar contra sus propios intereses. Es un medio que suele utilizarse para aislar y desmovilizar al individuo (especialmente al joven), y reagruparlo en colectivos “rebeldes” pero inocuos. Los revolucionarios no podemos desechar la verdad, aun cuando avancemos en el terreno movedizo del mercado electoral. Una experiencia positiva son las redes de redes, que permiten la movilización horizontal y transversal, en aspectos compartidos, entre personas y movimientos no siempre afines. Un ejemplo es la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad.

 

10. El político revolucionario


Es indispensable que el pueblo aprecie la diferencia entre los políticos tradicionales y los revolucionarios. Es una diferencia que debe sustentarse en la ética de su conducta y en los procedimientos que emplea. La participación en los mecanismos de la democracia burguesa no puede desdibujar la identidad de un revolucionario. El fin no justifica los medios. Un revolucionario no puede mentir jamás, y debe estar siempre en la primera línea de combate, allí donde pide que estén los otros.

 

Fuentes:

Diez frentes de combate de la nueva cultura  /  Por Enrique Ubieta Gómez

 

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https://davidson.cubava.cu/files/2015/01/CubaestrellaQueIlumina.jpg

 

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