Estados Unidos: avaricia y fascismo

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Estados Unidos: avaricia y fascismo  /  Por

Miguel Ángel García Alzugaray

 

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La avaricia por el dinero.

 

Es normal escuchar en los noticieros estadounidenses a los senadores y representantes afirmar que, al día siguiente de ser electos, comienzan a buscar financiamiento para su reelección.

En las películas y series de televisión estadounidenses, cuando se habla de campañas electorales, siempre vemos que los comandos de campaña tienen, como tarea fundamental, conseguir recursos económicos. Inclusive, cuando en la trama necesitan imprimir algo de drama, siempre sucede que algún grupo retira el financiamiento lo que amenaza con impedir finalizar la campaña.

 

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Nadie obtiene un cargo de elección popular en los Estados Unidos si no cuenta con exorbitantes sumas de dinero.

 

El pueblo no importa, importan los dólares.

 

Por eso, es una plutocracia.

Un imperio fascista sediento de sangre

 

 

Esta secular avaricia por el dinero de los círculos de poder norteamericanos, de los que Donald Trump es un claro exponente, han convertido a esa nación en un imperio fascista sediento de sangre.

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Así, las operaciones bélicas en Siria por parte de Estados Unidos y sus aliados, mantienen la política de hostigamiento y desestabilización del gobierno de Bashar al Assad.

Bajo la coartada que se combate a Daesh, son la expresión crónica de la política exterior estadounidense.

 

Política que suele plantear, en el plano internacional, la resolución de sus problemas internos. Generando con ello cohesiones frente a enemigos reales o inventados de tal forma de levantar la imagen, no sólo del presidente estadounidense sino también de su partido político y de esa forma tratar de primar en la cámara alta, teniendo una mayoría tal que no cuestione las políticas implementadas durante su cuestionada administración.

Es un juego interno, que repercute trágicamente en la vida de miles de personas en zonas del mundo donde esa política exterior estadounidense se manifiesta con muerte y destrucción.

No es casual que las intervenciones de los gobiernos estadounidenses en terceros países, ya sea en forma directa como fue en Irak y Afganistán o a través de la estrategia de Barack Obama del Leading from Behind, son claros antecedentes de elecciones presidenciales o de representantes parlamentarios y en ese contexto, el complejo militarindustrial estadounidense suele jugar un papel fundamental, en el marco de las nuevas estrategias globales, donde los enemigos de ayer no son los mismos de hoy.

Pero se les ataca con la misma saña.

Una sociedad manipulada y vigilada.

 

Cuando en diferentes épocas de la historia de los EE.UU. a alguien o a un grupo de ciudadanos se le ha ocurrido salirse del carril, inmediatamente los tres poderes supuestamente independientes (legislativo, ejecutivo y judicial) han cerrado filas y se han convertido en una maquinaria represiva integral .

El Congreso ha hecho las leyes, el poder ejecutivo las ha firmado y el poder judicial ha puesto a cada uno en su lugar. Más claro, ni el agua.

Con el establishment no se juega.

 

Pasó cuando la Guerra Civil, pasó en la Gran Depresión de los años treinta y también pasó cuando la Guerra contra Vietnam, y ahora hay señales de que está pasando bajo  el gobierno de Donald Trump.

Si teoricamente el ciudadano norteamericano tiene un espacio libre en donde moverse sin tener que pagar las consecuencias, la realidad es que ese espacio se ha ido estrechando cada vez más y ahí están las fuerzas represivas para indicarle a los ciudadano que no se pasen de la raya.

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Después de los criminales ataques terroristas del 11 de septiembre, los tres poderes se volvieron uno y empezaron a estrechar aún más el pequeño espacio que tenían los norteamericanos.

No creo que la famosa Ley Patriótica fue aprobada solamente porque haya estado gobernando en esos momentos un selecto grupo de la ultraderecha reaccionaria de este país.  Estoy seguro que algo bastante parecido hubiese sido implantado aunque los liberales hubiesen estado ostentando el poder.

En derechos civiles, la limitación es exagerada. Es como si todos los ciudadanos de ese país fueran hoy sospechosos de ser terroristas. Los ejemplos de los casos individuales en los que esas exageraciones han ocurrido han sido innumerables.

A medida que la brutalidad policial se generaliza, los afrodescendientes, los latinos, los emigrantes y otras minorías son víctimas de ello.

 

En las grandes ciudades, en casi todas las intersecciones, existe una cámara de seguridad que vigila el andar de los ciudadanos, iguales a las que existen en todos los supermercados, centros comerciales, edificios de oficinas, etc., etc. Desde que uno sale de la casa está vigilado. En la vía pública, uno es un delincuente en potencia.

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Pero ¿qué es lo que está pasando en el interior de la casa? Pues lo mismo.

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Las llamadas telefónicas son monitoreadas, las veces que llamas a un número telefónico aquí  o en el extranjero y si lo creen necesario, lo que hablas en esas llamadas, el Internet controlado y todas las páginas sociales que se han abierto en los últimos años se han convertido en el juego de video de un “gran hermano” que te vigila hasta cuando duermes.

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De esta forma, los Estados Unidos se han transformado poco a poco en una sociedad de zombis que son manipulados con la ayuda de los medios de comunicación, para que ignoren la enajenante realidad en la que viven.

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Entonces, si la precitada vigilancia y represión de la población mundial y norteamericana ocurre constantemente a todos los niveles institucionales, ¿de qué son campeones los imperialistas yanquis? ¿Con que moral le dan lecciones y les exigen a otros países?

Lo que debería hacer el gobierno de EE.UU. es acabar de admitir públicamente que todos los gobiernos tienen el derecho de crear y defender sus propios sistemas y que nadie es mejor que nadie para criticarlos.

 

Al respecto pienso que por ahora es difícil que ello ocurra, pues en realidad el gobierno de los Estados Unidos, lejos de ser una verdadera democracia como cacarea, no es más que la feroz tiranía de una insaciable oligarquía sedienta de sangre, riquezas y poder.

 

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El Imperialismo Yanqui contra el Mundo

 

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La estrategia de guerra no convencional del imperio y la violencia «civil» organizada

 

En varios países de Latinoamérica, en Irán y en otras partes donde rigen gobiernos no convenientes a los intereses de Estados Unidos, las fuerzas especiales de la CIA establecen como modo de injerencia la creación de grupos violentos aparentemente desorganizados y espontáneos, que buscan sembrar el caos, criminalizar las protestas sociales y justificar la acción homicida de las fuerzas de seguridad.

 

Mientras las fuerzas represivas en Ecuador se enfrentaban al pueblo que se manifestaba contra las medidas neoliberales del gobierno de Lenín Moreno, mientras los cuerpos de seguridad asesinaban, torturaban y secuestraban a los participantes en la protesta, la televisión ecuatoriana transmitía muñequitos de Bob Esponja. Todo intento por presentar la verdad era censurado.

Grupos violentos aparentemente desorganizados y espontáneos actuaban. Su objetivo: sembrar el caos, criminalizar las protestas y justificar la acción homicida de las fuerzas de seguridad.

En Chile el pueblo luego del letargo cultivado con esmero por los medios de comunicación y abonado por años de terror, despertaba. Los hijos de Lautaro, Caupolicán y Allende desafiaban a las fuerzas de seguridad. El 14 de octubre de 2019, los estudiantes secundarios y universitarios se organizaron para evadir masivamente el pasaje del metro de Santiago. La razón, una protesta al alza en el valor del pasaje, pero era solo el inicio, era apenas una chispa. Ante la verdadera situación de desigualdad creada por el neoliberalismo en ese país, la protesta se radicalizó y se generalizó.

Mientras los manifestantes, jóvenes en su mayoría, alzaban los brazos para ratificar el carácter pacífico de las marchas, hechos violentos ocurrían en varios lugares. Grupos sin relación aparente entre sí, ajenos a los manifestantes, eran los responsables de estos hechos. La denuncia hecha por varias personas los sitúa en escenarios donde actuaban fuerzas de Carabineros, a los que algunos videos subidos a las redes sociales les muestran, incluso, participando o estimulando los saqueos.

Aquí también los medios masivos de comunicación optan por el silencio, por la criminalización de la protesta, mientras las fuerzas del orden asesinan, violan, golpean como en los «mejores tiempos» de la dictadura.

En Bolivia, un conjunto de factores se unió para propiciar la caída del gobierno de Evo Morales. No fueron solo elementos de dinámica interna, ciberataques, tareas de espionaje y propaganda, campañas de desestabilización, también fueron grupos criminales sin aparente conexión entre sí, aliados con fuerzas militares y policiales implicadas en el complot, acción diplomática externa e intervención de agentes desestabilizadores de la Embajada de EE.UU.

Bandas de criminales amparados en la narrativa de la «indignación popular», por un supuesto fraude electoral, tomaron el control de las ciudades, realizaron bloqueos de vías públicas al estilo de los guarimberos venezolanos, quemaron instituciones, profirieron amenazas, cometieron asesinatos, torturas en la vía pública, y humillaron a líderes sociales y políticos.

Esos grupos criminales de derecha, armados, invisibilizados por los medios, actuaron con absoluta coordinación y tomaron puntos estratégicos de la capital del país, un ejemplo fue la toma de Bolivia TV, lo que demuestra una gran preparación previa. No actuaron al azar: dirigieron sus golpes con precisión, sabían contra quiénes proceder, secuestraron, asesinaron y destruyeron, selectivamente.

No se trataba del pueblo descontento ante un fraude que jamás ocurrió, sino  de una agresión bien planificada. Lo saben bien los pueblos de Venezuela y Nicaragua, que han sido víctimas de esas acciones de guerra no convencional.

No solo en Latinoamérica

El modus operandi no es exclusivo en nuestra región. En el pasado mes de noviembre Irán sufrió una oleada de violencia que destruyó 730 bancos, 70 estaciones de servicio, 140 inmuebles gubernamentales y más 50 bases de fuerzas de seguridad.

Miles de manifestantes enardecidos se volcaron a las calles durante días y atacaron gasolineras, bancos y edificios de gobierno a partir del anuncio del racionamiento y de un aumento del 50 % en los precios del combustible.

Se repite aquí de nuevo la táctica empleada en Bolivia: grupos armados, perfectamente coordinados y entrenados actúan sobre el terreno. Utilizando la técnica del «enjambre», los grupos se comunicaban entre sí, y concertaban las acciones usando mensajes de texto para reunirse en los puntos de ataque.

La agresión se paralizó cuando el gobierno apagó internet y las redes inalámbricas. Las fuerzas de seguridad iraníes lograron capturar a varios agentes de la cia que actuaban en estos supuestos grupos antigubernamentales.

Los Political Action Group

En un libro de 2003,Special ops: America’s elite forces in 21st. century combat, el autor afirma:

«Sumamente confidencial, la División de Actividades Especiales se considera como la unidad de operaciones especiales preeminente en el mundo. Los miembros son la élite de la élite. Esto se debe a las fuentes de las que la organización recluta a sus miembros: Unidades de Misiones Especiales, tales como la Fuerza Delta y el Grupo de Desarrollo de Guerra Naval Especial de los Estados Unidos…».

El Centro de Actividades Especiales (del inglés: Special Activities Center; SAC), es una división de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, responsable de llevar a cabo operaciones encubiertas conocidas como «actividades especiales». Antes de 2016 la unidad se llamaba Special Activities Division o División de Actividades Especiales.

Dentro del sac existen dos grupos por separado: el Special Operations Group (SOG) o Grupo de Operaciones Especiales para las operaciones paramilitares tácticas y el Political Action Group (PAG) o Grupo de Acción Política para las operaciones políticas encubiertas.

El Political Action Group (PAG) o Grupo de Acción Política es responsable de las actividades encubiertas relacionadas con la influencia política, las operaciones sicológicas y la guerra económica. Con el rápido desarrollo de la tecnología se incluyó en sus misiones la guerra cibernética.

El sac ofrece sus servicios al Presidente de Estados Unidos como una opción cuando las acciones militares y diplomáticas no son viables o factibles políticamente.

El Grupo de Acción Política lleva a cabo operaciones encubiertas para lograr un cambio político. La intervención encubierta en una elección extranjera es considerada por el sac la forma más importante de la acción política. Esto podría incluir el apoyo financiero a los candidatos «apropiados» para Estados Unidos, sostén con medios de comunicación especializada, soporte técnico para las relaciones públicas, recursos para influir en el voto, participación en la organización política, asesoría legal, campañas de publicidad y lo que ellos llaman «otros medios de acción directa».

Según los especialistas del SAC, las decisiones políticas pueden verse influenciadas por valores activos, tales como la sublevación de los funcionarios del país, presión sobre funcionarios y líderes políticos para lograr decisiones de carácter oficial, alineadas con la política y los objetivos de Estados Unidos. Además, desarrollar los mecanismos para la formación de la opinión pública favorable a los intereses estadounidenses, acciones que implican el uso encubierto de propaganda.

Pueden emplear a oficiales para trabajar como periodistas, recurrir a agentes con influencia, operar las plataformas de los medios de comunicación, plantar ciertas historias o información en lugares donde se espera que saldrán a la luz pública «de forma natural», o tratar de negar y/o desacreditar la información que es de conocimiento público.

La mayoría de los expertos estadounidenses consideran al SAC la fuerza de operaciones especiales actual, perfecta para la guerra no convencional.

Algunos ejemplos de programas de acción política de la cia  fueron las acciones para prevenir que el Partido Comunista Italiano (PCI) ganara las elecciones en 1948; ya a finales de 1960, el golpe de Estado iraní de 1953; Chile 1953; Guatemala 1954; Indonesia en 1957, así como la provisión de fondos y apoyo al sindicato Solidaridad en Polonia 1981, intento de golpe de Estado en Venezuela 2002; golpe enHonduras 2009,Nicaragua 2018, autoproclamación de Juan Guaidó en Venezuela, ataques al Sistema Eléctrico Nacional (SEN) venezolano 2019, etc.

Más claro ni el agua: la presencia denunciada más de una vez de oficiales y agentes de los servicios especiales estadounidenses en el terreno durante estas acciones, más el reconocimiento en documentos hechos públicos de su accionar intervencionista contra gobiernos que no les son afines, prueba la injerencia directa de Estados Unidos en estos golpes, que de suave solo tienen el nombre, pues han dejado una huella de sangre y sufrimientos en todas partes del mundo.

Prever es la palabra de orden, las fuerzas progresistas, los líderes de izquierda deben estar preparados y preparar a sus pueblos. Hay que estar dispuestos a darlo todo, a enfrentar con inteligencia los planes yanquis y vencer.

Fuentes:

Executive Secrets: Covert Action and the Presidency. University of Kentucky Press. Daugherty, William J. (2004).

A Guide to America’s Special Operations Units : the World’s Most Elite Fighting Force. Da Capo Press.Southworth, Samuel A. & Tanner, Stephen. 2002. U.S. Special Forces.

At the Center of the Storm: My Life at the CIA. Harper Collins. Tenet, George. 2007.

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La Derecha, Estados Unidos y el imperialismo en el siglo XXI / Por Yazmín Bárbara Vázquez Ortiz

 

La acción de la derecha que enfrentamos es expresión de las particularidades que adquiere la disputa multidimensional por el poder en el imperialismo siglo XXI, en medio de lo que se ha denominado “corrimiento de la concentración de la riqueza y el capital a la concentración del poder político”.

En este contexto los objetivos de la derecha no se reducen a obtener votos a través de la participación política. Sus propósitos se enfocan en dominar a la sociedad y al Estado, incluso más allá de la fuerza política que esté en el gobierno.

Ganar las bases sociales, subjetividades, imaginarios, espacios de organización y participación social-políticos, los territorios, espacios institucionales, así como los de gobierno local y nacional, se constituyen en metas que trascienden la otrora intención o apuesta de ganar votos para ocupar posiciones de poder.

En función de tales objetivos, los niveles de organización que ha desplegado la derecha revelan los resultados graduales de un proceso continuo, acumulativo, de articulación de las élites de poder y sus respectivos instrumentos de dominación en dos niveles:

El primero, referido a la alianza entre organizaciones y partidos de derecha a nivel regional, hemisférico y transnacional. El segundo, que revela las relaciones que se establecen entre la derecha, el capital transnacional y los gobiernos imperiales.

Del primer nivel, la Unión Demócrata Internacional; la Unión de Partidos de Latinoamérica, que incluye las articulaciones con actores estadounidenses, en especial con el Partido Republicano de los Estados Unidos, a través del Instituto Republicano Internacional y centros de pensamiento; así como la Organización Demócrata Cristiana para América Latina (ODCA), constituyen ejemplos de los enlaces entre partidos de derecha de Estados Unidos, Europa y América Latina que han sido funcionales para construir estrategias de dominación y subversión político-ideológicas en función de ajustar las condiciones políticas y sociales en cada país en pro de garantizar las reformas en interés del mercado-capital.

Es por ello que se identifican en lugares diversos formas de hacer que solo se ajustan según los contextos histórico-concretos, pero que presentan muchos elementos de base en común. Por ejemplo, operan a través de espacios donde se integran:

  • Primero: el ejercicio analítico para la deconstrucción de las bases teóricas de la ideología de las fuerzas de izquierda (especialmente del marxismo).
  • Segundo: la caracterización y clasificación de cada uno de los partidos de izquierda en función de desacreditarlos, junto a la campaña mediática contra sus gobiernos y líderes.
  • Tercero: y como alternativa, el llamado a la formación de movimientos ciudadanos o partidos desideologizados, nutridos desde universidades, tanques de pensamiento, iglesias, como actores efectivos del cambio hacia el “progreso” y la “democracia”.
  • Cuarto: La promoción de acciones de protesta social, que a través de manuales o videos incluyen orientaciones precisas para cada caso: protestas contra gobiernos, votación en procesos electorales, entre otros.

En el segundo nivel de articulación, las Redes de Intervención desplegadas en América Latina desde los años 80 del siglo XX [3], muestran las interrelaciones que se establecen entre actores gubernamentales y no gubernamentales estadounidenses, actores vinculados a los objetivos de ese país en la región y actores latinoamericanos, de los entornos nacionales donde se intervienen, influyen, cooptan procesos de gestión de desarrollo, seguridad, democracia, gobernabilidad, entre otros, trabajando el contenido de los cambios que promueve la derecha desde una diversidad de espacios y sujetos que multiplican los alcances de su acción[4].

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A estas Redes se integran actores gubernamentales y no gubernamentales de los Estados Unidos para capacitar, asistir, financiar en países de la región a comunidades, gobiernos locales y nacionales. La acción de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID), la Fundación Nacional para la Democracia (NED), el Centro Internacional de la Empresa Privada (CIPE), direccionadas hacia el empoderamiento comunitario y la promoción de académicos para incidir en la proyección de estrategias de desarrollo de gobiernos nacionales y locales es una muestra de ello.

En igual sentido, se destaca la inserción de académicos y tanques de pensamiento que estudian nuestras sociedades y construyen fórmulas de cambio a la medida en cada caso, así como de instituciones financieras regionales o internacionales para financiar y consolidar la orientación técnica de los mismos (BID, FMI, BM).

Las corporaciones transnacionales también han estado presentes en estas redes. Su incidencia se ha revelado en la diversidad de espacios en los que se despliega su acción como parte de la legitimación ideológica y política de los cambios propuestos, desde la construcción de opinión pública por las corporaciones mediáticas, hasta el fortalecimiento de la cultura del emprendimiento, del empoderamiento productivo, con la participación de corporaciones como Walmart en “Modelos de Desarrollo rural”.

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Durante el gobierno de Donald Trump, y desde los avances que logró la derecha hemisférica en la administración de Barack Obama, se promovió, como parte del esquema de intervención, el despliegue de una red de Gobiernos engrosada por aquellos países en los que la derecha fue retomando el poder ejecutivo.

Desde la misma se articuló el Grupo de Lima en función de aislar diplomáticamente a Venezuela, un instrumento también aplicado contra Cuba en la década del 60 del siglo XX y al que se recurre, junto al uso de instrumentos financieros perfeccionados en las guerras económicas y el bloqueo en el siglo XXI, como método de asfixia ante la resistencia mostrada a la implementación combinada de todos los demás mecanismos de intervención ya mencionados.

Por último, pero no menos importante, está la inserción de las fuerzas militares en este esquema. El Comando Sur, por ejemplo, promueve desde el año 2017 el despliegue de una “Red de Redes”, articulando las ya existentes, como modo más efectivo para hacer frente a los desafíos de los Estados Unidos en la región[3] y desde el año 2018, destacan los pronunciamientos de altos mandos de sus fuerzas militares sobre el objetivo que perseguirán: Valores, Ideas e Ideales.

¿Cuáles pueden ser las implicaciones de tales objetivos? ¿Serán, entre otras, que se potencie a las fuerzas militares latinoamericanas como objetivo de cooptación para que encarnen un rol protagónico en aras del cambio de ser necesario?

Para estos propósitos, los enfocados en cooptar valores, ideas e ideales, ya han sido ensayadas al menos tres importantes Líneas de Acción con resultados de efectividad probada por esta derecha hemisférica con raíz global. Las dos primeras que referiremos:

La disputa de sentidos, enfocada hacia las bases racionales y éticas de la orientación de la conducta humana, de la construcción de las apuestas individuales, familiares y sociales en términos de proyectos de vida y sociedad.
La evangelización para promover el conservadurismo como vía de influencia político-ideológica.

Desde ellas la instalación de un modelo racional pro-neoliberal, utilizando lo mejor del discurso y las prácticas de la izquierda, re-funcionalizadas para servir a los intereses del capital, consolida el sistema a través de la dominación cultural.

Y para cerrar el esquema de dominación y subversión político-ideológica, la tercera línea de acción, tal vez la más sutil: el secuestro, la toma de instituciones, leyes, políticas públicas, formas de gobierno, para institucionalizar la dominación político-ideológica y la subversión con base cultural.

Una línea de acción a partir de la cual se promueven ajustes en leyes e instituciones a fin de inhabilitar o reprimir por “vías legales” a líderes y movimientos sociales que no resulten convencidos, cooptados a través de los modos antes esbozados.

De esta forma la derecha trabaja combinando seducción con coacción, según se requiera, para eliminar de forma radical cualquier oposición, presente o en futuro potencial.

A los alcances que ha tenido su acción refieren de una parte, la capacidad para apropiarse de imaginarios, reconstruirlos y articular a diferentes grupos y organizaciones de la sociedad civil a sus modelos de gestión y procesos de disputa por el poder, especialmente a través de la acción territorial, real y virtual.

Y de otra, la capacidad mostrada para cooptar los espacios de organización y participación política de la sociedad a través del ajuste de leyes que han debilitado la acción de sindicatos y partidos políticos como la reforma laboral y electoral[4].

En esta misma dirección, el fortalecimiento institucional de tribunales constitucionales ha sido funcional para frenar programas de corte social desde gobiernos de izquierda o para inhabilitar políticamente a sus líderes.

Por último, es importante destacar los medios implementados para dominar al Estado a través del supuesto perfeccionamiento de las formas de gobierno, que con el objetivo declarado de potenciar redes de colaboración entre gobierno y sociedad civil, privilegian la inserción de gremiales empresariales, y tanques de pensamiento que responden a los intereses de estas últimas, en la construcción de modelos de gestión de importantes programas sociales, potenciando así el uso de matrices racionales e instrumentos técnicos, supuestamente efectivos para obtener seguridad, progreso y democracia a nivel social.

De esta forma, no importa si la fuerza de izquierda está en el poder ejecutivo, lo conveniente y efectivo desde las matrices teóricas del capitalismo global puede secuestrar el rumbo del proyecto político, económico-social si no hay un pensamiento crítico articulado a los programas de transformación que contribuya a decantar y ajustar las mismas.

Para concluir, ante la capacidad de acción mostrada por esta derecha hemisférica con nexos transnacionales, y en función de atender a los desafíos de la izquierda para enfrentarla, algunas preguntas pudieran ayudar a la reflexión.

¿Cómo hacer al llegar al poder ejecutivo en Estados con una institucionalidad tomada por la derecha y el capital, ajustada para cumplir sus intereses, si queremos transformar en beneficio social?

¿Cómo hacer para reconstruir el tejido social de base, en aras de tener las fuerzas necesarias para cambiar todo lo que deba ser cambiado y poder gobernar, especialmente, junto al pueblo?

¿Cómo recuperar y promover la subjetividad de la izquierda? Los valores y una racionalidad adecuada para garantizar en todos los niveles y espacios el éxito de la acción.

Y por último: ¿Cómo hacer todo lo anterior ante las fuerzas de la Derecha Hemisférica, el Capital transnacional-Global y los Gobiernos Imperiales articulados para impedirlo?

Ante esas interrogantes las fuerzas de izquierda también tienen un proceso acumulativo de pensamiento y acción que a través de la historia ha ido  mostrando las vías posibles. Y sobre todo, una gran reserva de conocimiento acumulado en la praxis de los pueblos, partidos y gobiernos que luchan cada día frente la avanzada del capital. La izquierda tiene todo lo necesario para constituir un gran tanque de pensamiento y acción social.

Notas:

[1] Ver ROBINSON, WILLIAN (2008): «La Promoción de la Anti-Democracia: Proyecto de la Élite Transnacional», Presentación en Conferencia Internacional “Revolución e Intervención en América Latina, Auspiciada por Telesur, Patria Grande, y Ministerio de Poder Popular para la Comunicación e Información (MINCI), Caracas, 14-15 Noviembre.

[2] Ver VÁZQUEZ, YÁZMIN BÁRBARA (2019): Estados Unidos en la contraofensiva imperialista en América Latina. Revista Cuba Socialista. N 11. 2019. La Habana.

[3] Ver COMANDO SUR DE LOS ESTADOS UNIDOS. Consorcio Para Las Américas (2017): ESTRATEGIA DEL TEATRO 2017-2027

[4] Ver VÁZQUEZ ORTIZ, YAZMIN BÁRBARA (2019): «Geopolítica y Derecho en América Latina», en Lima, Bárbara Nascimiento de; Gontijo, Lucas de Alvarenga; Bicalho, Mariana Ferreira (orgs), Cuba-Brasil Diálogos sobre democracia, soberanía popular y derechos sociales, Volumen II. Belo Horizonte. Editora de Plácido. ISBN: 978-65-80444-99-1.

(Tomado de La Jiribilla)

 

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