Cuba: Gracias por “Pensar como País”, Díaz-Canel

Santa Clara Aniversario 330 - 19

Prácticamente todos los textos recibidos transmiten entusiasmo, responsabilidad ciudadana y compromiso. Emocionan por la sinceridad al abordar nuestros problemas y por la manera en que la crítica se vuelve en muchos casos autocrítica y casi siempre se traduce en propuestas.

Cuba: Gracias por “Pensar como País”, Díaz-Canel

 

El 30 de septiembre, tal como se informó previamente, cerró la recepción de mensajes sobre qué significa “Pensar como país”, que lanzamos el 26 de agosto.

Nuestro sitio (www.presidencia.cu) y el de Cubadebate (www.cubadebate.cu) publicaron hasta el cierre, 1210 mensajes en sus páginas principales y otras, incontables, en redes sociales.

A propósito de lo publicado, el Presidente ha escrito el siguiente mensaje a los participantes:

Queridos compatriotas:

Como comentaba en un tuit reciente, resulta impresionante la respuesta recibida a nuestra invitación a “Pensar como país”. No tanto por la cantidad, que no podía ser mayor en tan corto tiempo y en las condiciones que vive la nación en las últimas semanas, sino por la calidad del contenido.

Prácticamente todos los textos recibidos transmiten entusiasmo, responsabilidad ciudadana y compromiso. Emocionan por la sinceridad al abordar nuestros problemas y por la manera en que la crítica se vuelve en muchos casos autocrítica y casi siempre se traduce en propuestas.

Quienes hayan revisado detalladamente los mensajes, advertirán una clara sintonía entre lo que el Gobierno se ha propuesto hacer y lo que la ciudadanía demanda. El país que queremos es el mismo.

No es obra de la casualidad. Es el fruto de años de debates y búsquedas de los caminos más firmes para que transite nuestro socialismo, en consulta con el pueblo. Las discusiones sobre la Constitución y sobre los modos más proactivos de enfrentar el cerco externo y las trabas internas, han aportado mucho a esa sintonía, que es parte de nuestra historia revolucionaria.

Habría resultado sencillo y fácil implementar las políticas de ajuste con las que el neoliberalismo creó un bienestar deslumbrante para las minorías latinoamericanas, mientras enterraba en la miseria a tantos pueblos de nuestra región desde los ya lejanos años 90 del siglo pasado.

Cuba eligió preservar la mayor cuota de justicia y solidaridad social posible. Y hemos tenido que pagar un altísimo precio: el bloqueo se ha recrudecido hasta niveles insólitos. Genocidio es la palabra exacta para calificarlo. Y nadie puede negar que sólo gracias a la historia, a la unidad y al socialismo, no han podido destruirnos.

Creemos firmemente en las enormes potencialidades del trabajo colectivo y en las experiencias que todos los ciudadanos pueden aportar.

Intercambiar criterios, conectar propuestas diversas, que son fruto del estudio y fundamentalmente de la práctica, ayudan a iluminar el camino. El desarrollo, la prosperidad, el bienestar que espera y merece nuestro pueblo, no pueden instalarse por decreto. Entre propósitos y conquistas median las circunstancias.

Nuestro mayor interés y esfuerzo se consagra a diferenciar las que realmente dependen de factores externos. Y no sólo el bloqueo, aunque sobre todo el bloqueo: económico, financiero y comercial -así con sus tres apellidos, que equivalen a tres cercos- sino también las injustas relaciones que la tiranía del mercado impone a todos los países de menos recursos.

Los otros obstáculos, los que dependen de nosotros mismos, están generalmente identificados y nombrados con todas sus letras en los documentos que guían el trabajo del Partido y el Gobierno. Y los mensajes de ustedes los han diseccionado con la proverbial sabiduría popular cubana.

Pero no sobra insistir una y otra vez sobre ellos, porque también es preciso reflexionar sobre la cuota que cada uno de nosotros tiene en esas dañinas circunstancias que hemos contribuido a crear.

Hemos leído cada mensaje con el mayor interés. Y nos satisface comprobar que mucho de lo que ya está implementándose o se busca transformar desde el Gobierno, va justamente por las vías que en sus escritos nos proponen muchos de ustedes.

Ya podrá verse que “Pensar como país” es mucho más que una consigna para tiempos arduos. Es un ejercicio de Gobierno colectivo del que todos pueden ser parte.

Decía Fidel que “Cuando la patria se enfrenta al imperio en un gesto sin precedente y sin paralelo, cuando se ha convertido en la primera trinchera de la defensa de América, cuando la patria es lo que quiso hacer Martí, es un verdadero privilegio ser cubano”.

De esa certeza nació nuestro llamado a “Pensar como país”. Gracias por la energía, la confianza y las propuestas.

Venceremos,

Miguel Díaz-Canel Bermúdez
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros

 

 

Miguel Díaz Canel: Sin miedo a la coyuntura

 

El Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez sostiene en este artículo publicado hoy por el diario Granma que, inspirado en los que aman y fundan, ha convocado a pensar como país, con la convicción de que es inagotable la fuente de la inteligencia colectiva

«Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen. Y la pelea del mundo viene a ser la de la dualidad hindú: bien contra mal».

¿Quién no ha recordado esa frase de Martí en estos días desafiantes en que el adversario aprieta el cerco con renovadas esperanzas de rendirnos y lo mejor de Cuba se levanta para enfrentarlo, mientras otros trafican con el malestar y las carencias?

Los primeros, perceptible y poderosa mayoría, elevan la autoestima nacional y energizan más que cien barcos de combustible.

Los he visto en nuestros recorridos por el país. Hombres y mujeres, jóvenes, niños o ancianos, que siguen las noticias, analizan contextos, condenan el abuso y ofrecen sus ideas, esfuerzos y hasta chistes, para enfrentar el indiscutible mal rato que la nueva vuelta de tuerca del imperio prepotente y abusador nos impone.

Ellos están en el bando de los que aman y fundan. Pensando en ellos hemos convocado a pensar como país, con la convicción de que es inagotable la fuente de la inteligencia colectiva.

Hemos convocado a pensar distinto, a ser proactivos, a distinguir las potencialidades del tiempo que vivimos, cualitativamente diferentes, como también lo son los seres humanos, en comparación con otras etapas, no solo porque han pasado los años, sino porque en su transcurso se transformaron el mundo, el país y los cubanos con ellos.

Cuando llamamos a rescatar experiencias de los años más difíciles, a desempolvar prácticas de ahorro y eficiencia del periodo especial, lo hacemos pensando en todo lo que entonces aportó la inteligencia colectiva y que erróneamente desechamos en cuanto pasó el peor momento.

Estamos convencidos de que esa búsqueda tiene que tomar en cuenta los nuevos contextos, los avances tecnológicos, los aportes del conocimiento en uno de los periodos más dinámicos de la civilización humana, y no solo en cuanto a lo que hemos avanzado como especie, también en cuanto a lo que hemos perdido bajo el empuje consumista y depredador del sistema capitalista.

No le tememos a las palabras, como no le tememos al desafío. Todo cambia, excepto los principios. En primerísimo lugar la decisión de preservar la soberanía y la independencia nacional y de defender el socialismo, la justicia social, la solidaridad y el internacionalismo, al que debemos nuestra propia existencia como nación.

Algo más no cambia: la obsesión del imperio por castigar «el mal ejemplo de Cuba».

Quizá por eso algunos han cuestionado el término coyuntural con el que hemos descrito la situación energética. En las inciertas condiciones en que opera el mercado internacional de los combustibles y bajo la enfermiza persecución financiera del bloqueo que padece Cuba, lo coyuntural puede sugerir optimismo excesivo, pero no fijar límites a esa situación habría sido innecesariamente pesimista e irresponsable.

Lo que no podíamos hacer de ninguna manera era callar frente a un escenario impuesto por una escalada en la hostilidad del imperio hacia Cuba por nuestra solidaridad con Venezuela.

Lo que debíamos y podíamos hacer era informar de modo amplio y transparente, nuestro plan contra el plan del enemigo. Un Gobierno serio y responsable tiene ese deber con su pueblo.

La situación se ha ido remontando hasta hoy sin tener que recurrir a los apagones. El bando de los que aman y construyen lo ha hecho posible.

En el bando contrario, los del odio tratan de deshacer lo que hacemos, llenos de rabia ante la respuesta popular claman porque los barcos no lleguen, porque las luces se apaguen, porque el cerco se cierre, porque la Cuba independiente y digna se rinda o se muera. Se alegran de cada nueva medida dirigida a reforzar el Bloqueo. Sueñan con la invasión a Cuba.

Como el Caín bíblico, hay quienes escriben, hablan y hasta chillan en las redes sociales, por unas monedas del millonario botín destinado a la subversión contra Cuba. Cada minuto de nuestra resistencia les permite venderse.

No hay peor precio que capitular frente al enemigo que sin razón, ni derecho, te agrede, escribió Fidel. ¡Qué vigente su frase! Tanto como la de Almeida, con la que arrancamos y sostenemos esta pelea. Coyuntural o permanente el ataque: «Aquí no se rinde nadie…». La última palabra la pone el pueblo.

 

 
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Publicado por: David Díaz Ríos / CubaEstrellaQueIlumina

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