Quemar la Amazonía es un crimen contra la humanidad

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Si el último pulmón del planeta desaparece, las perspectivas para la vida en la Tierra serán desoladoras. (CienciaLab)

Amazonía: incendios en el último púlmón de la Tierra

 

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Según reportan medios locales, la mayoría de los incendios fueron provocados para crear tierras que luego serán usadas para la agricultura…

  • La Amazonia, también denominada Amazonía es una vasta región de la parte central y septentrional de América del Sur que comprende la selva tropical de la cuenca del río Amazonas. Las adyacentes regiones de las Guayanas y el Gran Chaco también poseen selvas tropicales, por lo que muchas veces se las considera parte de la Amazonia.
  • Esta selva amazónica es el bosque tropical más extenso del mundo. Se considera que su extensión llega a los 7 000 000 km² (siete millones de kilómetros cuadrados) repar-tidos entre nueve países, de los cuales Brasil y Perú po-seen la mayor extensión, seguidos por Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana, Francia (Guayana Francesa) y Surinam. La Amazonia se destaca por ser una de las eco-rregiones con mayor biodiversidad en el planeta.
  • El 11 de noviembre de 2011 la selva Amazónica fue de-clarada una de las siete maravillas naturales del mundo.
  • Es en la selva amazónica donde se han registrado más de la mitad de los incendios (52,6%) que afectaron a Brasil este año, de acuerdo al INPE.

Vía Campesina Brasil: Quemar la Amazonía es un crimen contra la humanidad

 

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Gobiernos de todo el mundo han estado alertas en los últimos días ante los extensos incendios forestales en la selva amazónica. Las nubes de humo que se tomaron el sudeste de Brasil y, en especial, la ciudad de São Paulo, se conectan directamente con el aumento dramático de los incendios en diversas partes de esa área y zonas de transición con el Cerrado.

Es fundamental que toda la sociedad brasileña, latinoamericana y mundial sepa con claridad que este no es un fenómeno aislado. En realidad, es el resultado de una serie de acciones del agronegocio y de las mineras, ampliamente apoyados e incentivados por el gobierno de Bolsonaro, y que comenzaron con su elección. Después de casi dos décadas de reducción de la deforestación, el actual presidente y su ministro de medio ambiente, Ricardo Salles, articularon un violento discurso contra la legislación y los mecanismos de conservación ambiental brasileños, al mismo tiempo que aumentaron la persecución y criminalización de los pueblos que históricamente protegieron los biomas brasileños: pueblos indígenas y familias campesinas.

Desde el gobierno de transición, los discursos desde Brasilia atacaron el licenciamiento ambiental y el control y monitoreo del Estado sobre las actividades agropecuarias y mineras –justamente elementos que podrían haber evitado los crímenes de Mariana y Brumadinho, en Minas Gerais–. Al mismo tiempo, el gobierno entregó el Servicio Forestal Brasileño a representantes ruralistas, implementó una intervención militar en el Instituto Chico Mendes (ICMBio) y prohibió las acciones de fiscalización del IBAMA, además de atacar públicamente a servidores de todas esas instituciones. El enorme recorte de recursos, impuesto por la política neoliberal al mando del ministro de finanzas, Paulo Guedes, convirtió a la situación en completamente insostenible.

Las denuncias comenzaron ya en 2018, por medio de pueblos y comunidades tradicionales de la región, que están siendo perseguidos por terratenientes y policías. Las ONG socioambientales también están siendo criminalizadas y perseguidas por este gobierno. Por último, científicos de diversas organizaciones, universidades y hasta incluso del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE por sus siglas en portugués), internacionalmente reconocido, también denunciaron las consecuencias, y fueron recibidos con despidos y órdenes de no divulgación de datos. La respuesta de países como Noruega y Alemania a este cambio brutal en la política gubernamental fue la suspensión de las transferencias para el Fondo Amazonía, a lo que el gobierno de Bolsonaro respondió con desdén y acusaciones completamente infundadas.

Las dimensiones del crimen contra la humanidad son alarmantes. Solo en este año ya son más de 70 mil focos de incendios, 33 mil de ellos en la Amazonía, un aumento del 60% sobre la media de los últimos tres años. Solamente entre el 10 y el 11 de agosto hubo un aumento del 300%, cuando el agro negocio de la región declaró el “día del Fuego”. Imágenes de satélites también muestran un avance de la minería artesanal, no visto desde la década de 1980, principalmente en territorios indígenas.

Esas acciones, completamente apoyadas por el actual gobierno brasileño, deben ser reconocidas como crímenes contra la humanidad y daños irreparables al pueblo y a la naturaleza brasileños. En tiempos que el mundo choca con las consecuencias de los cambios climáticas, esta postura es completamente inaceptable.

Debemos también recordar que la Amazonía no es un territorio “salvaje”, sino una región mega diversa en biodiversidad y pueblos. Hace milenios, diferentes formas de convivencia en ese bioma produjeron los bienes comunes que hoy no se pueden separar de la selva. No existe la selva amazónica sin sus pueblos, ni tampoco existimos sin ella. La conservación de la Amazonía sólo es posible junto con la defensa de los territorios indígenas y tradicionales, de la agroecología y de políticas públicas de salud, cultura y educación que tengan como actores a los pueblos de la región.

Por eso, nosotros, organizaciones campesinas de La Vía Campesina, denunciamos a los verdaderos culpables de este crimen de proporciones históricas: el agro negocio y la minería, apoyados por el gobierno de Bolsonaro. Exigimos el combate inmediato a los crímenes ambientales, al mismo tiempo que exigimos la garantía de los derechos de los pueblos de la Amazonía, sus reales e históricos protectores. ¡Es vital que toda la sociedad brasileña se levante contra esta atrocidad! ¡La Amazonía es territorio de vida, de alimentos, de agua, de culturas, no de destrucción, muerte, explotación!

¡Contra el avance del capital, los pueblos en defensa de la Amazonía!

(Tomado de Rebelión)

 

El porqué del desastre ambiental en la Amazonia

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Mientras el presidente Jair Bolsonaro culpaba a los ambientalistas por los peores incendios forestales de los últimos años en la Amazonia brasileña, y el ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, ensayaba una explicación floja de papeles refiriéndose al clima seco de la época, los medios de comunicación repetían en cadena las imágenes del desastre. Pocos pudieron (o quisieron) sumergirse en los “asuntos internos” de Brasil: el estado crítico de los organismos públicos ambientales (y sus cifras de deforestación); las políticas implementadas por los últimos ministros de Medio Ambiente; o la apremiante situación de las tribus indígenas en el territorio, son solo algunos de los elementos que suelen quedar fuera de discusión.

Todos los expertos en medio ambiente coinciden en que la deforestación descontrolada es la principal causa de los incendios en la Amazonia. Mal que le pese a Bolsonaro, esta práctica marcó en julio un aumento histórico del 278 por ciento en relación al mismo mes de 2018, de acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE). El sistema que utiliza el instituto, reconocido por científicos y de acceso público, fue cuestionado en más de una ocasión por el presidente, llegando al extremo de despedir al director de la entidad por considerar que actuaba “al servicio de alguna ONG”: el saliente Ricardo Galvão fue reemplazado interinamente por un oficial de la Fuerza Aérea. Como si fuera poco, Bolsonaro exigió que los datos oficiales pasen primero por sus manos antes de ser divulgados. Una suerte de censura encubierta.

Desde Londres, la Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en medio ambiente, Teresa Romero, aclara en diálogo con PáginaI12, que Galvão no es ni por asomo el primer miembro de una agencia medioambiental en ser despedido o atacado por el actual gobierno. “Tenemos el caso de José Augusto Morelli, antiguo jefe de operaciones aéreas del Instituto Brasileño del Medio Ambiente (IBAMA), y parte del equipo que multó a Bolsonaro en 2012 por pescar ilegalmente en una reserva ecológica”, comenta. También cita el caso de su sucesora en el instituto desde 2016, Suely Araújo, “quien renunció a principios de 2019 a causa de una serie de ataques infundados contra la agencia”.

Para Fabrina Furtado, profesora adjunta del Departamento de Desarrollo, Agricultura y Sociedad de la Universidad Rural de Río de Janeiro, los (des)manejos del gobierno central forman parte de un plan más amplio: “Su programa consiste en un verdadero odio por la producción y difusión del pensamiento crítico. El gobierno se rodea de su gente, sus amigos, militares y empresarios, todos aquellos que no se oponen a sus órdenes”, comenta.

Breve historia de la política ambiental en Brasil

 

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Durante la dictadura militar brasileña (1964-1985), la política ambiental fue considerada, a grandes rasgos, un obstáculo al progreso económico. Recién en 1992, Brasil logró ser sede de la primera conferencia sobre medio ambiente de la ONU. Desde entonces, con altibajos, pudo desarrollar y sostener una política basada en distintos lineamientos legales que le permitieron convertirse en un país líder en políticas climáticas, hasta la llegada de Bolsonaro al poder.

Bajo el mandato de Lula da Silva (2003-2011), la cuestión ambiental pareció revitalizarse como pocas veces. Con Marina Silva a cargo del ministerio, la disminución en los niveles de deforestación fue la muestra de que se podía crecer y, en paralelo, proteger al medio ambiente y a las poblaciones indígenas. El programa Terra Legal, introducido por Lula en 2009, buscaba la regulación y titulación de tierras en beneficio de pequeños productores y comunidades locales. Ocho años más tarde, el ex presidente Michel Temer hizo lo posible por alterar el acuerdo de manera significativa, a través del programa MP 759, que ofrecía múltiples vacíos legales que beneficiaban a los usurpadores de tierras.

Durante la gestión de Temer (actualmente detenido por la causa Lava Jato), el Ejército brasileño se encargó de asfaltar la ruta BR-163, en 2017. “Esa ruta fue conocida como ‘El Camino Blairo Maggi’, en honor al mayor plantador de soja de Brasil. El recorrido permitía circular el flujo de la producción del Mato Grosso en dirección al río Amazonas. Maggi ganó el premio ‘Motosierra de Oro’ de Greenpeace en 2005 como mayor deforestador de cerros, y fue premiado por Temer con el Ministerio de Agricultura”, cuenta Furtado a este diario.

Antes de la polémica asunción de Temer, una Dilma Rousseff debilitada hizo lo que pudo, presionada por distintos sectores. En mayo de 2012 se sancionó el Nuevo Código Forestal que, entre otras cosas, perdonaba a todo aquel que hubiera cometido “infracciones relativas a la supresión irregular de vegetación en Áreas de Preservación Permanente, de Reserva Legal o de uso restringido”. Rousseff (2011-2016) logró vetar algunos capítulos del nuevo código, pero nada pudo hacer por frenar la entrada en vigencia de la ley, asediada por la bancada ruralista y el lobby de las grandes empresas.

Cerca de cumplir ocho meses en el poder, Bolsonaro parece decidido a defender el rol de Brasil como potencia agrícola exportadora, sin detenerse en sus consecuencias. “Brasil tiene un pasado donde la relación incestuosa entre clase política y corporaciones siempre estuvo presente”, señala Furtado desde Río de Janeiro. No es casual el perfil de dos de los ministros más importantes de su gabinete: Tereza Cristina es una antigua lobbista del agronegocio; Ricardo Salles, por su parte, está siendo investigado por la justicia en un caso de alteración ilegal de un área protegida.

La narrativa anti-indigenista de Bolsonaro

 

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La “legalización” de la minería (lo cual implica autorizar el ingreso de privados a territorios ancestrales), o la construcción de hidroeléctricas, constituyen algunas de las más graves amenazas que hoy sufren las comunidades indígenas. “No podemos olvidarnos de las 400 tribus indígenas que habitan la Amazonia, la gran mayoría en la parte brasileña. La deforestación está acabando con su hogar, y los está condenando a la inseguridad alimentaria y física”, señala Romero. La investigadora habla de una “narrativa anti-indigenista del gobierno, que genera una percepción de impunidad” sobre aquellos que realizan actividades de tala, minería y ganadería ilegal.

Al igual que la tala de árboles, los asesinatos de pobladores en la Amazonia no cesan. El último caso resonante es el del cacique Emyra Waiapi, cuyo cuerpo fue hallado sin vida el pasado 23 de julio a las afueras del poblado de Mariry, en el estado brasileño de Amapá. Fuerzas policiales y judiciales intentaron cerrar la causa, entendiendo que no había elementos suficientes para establecer que se trató de un asesinato. “Pese a los resultados oficiales de la autopsia, todo apunta a que fue asesinado. Por desgracia, esta noticia no es una novedad en el país donde más defensores de la naturaleza son asesinados cada año. Precisamente un par de días después de la muerte del cacique, la reserva fue invadida por mineros ilegales y armados. Solo hay que atar cabos”, advierte Romero.

(Tomado de Página 12 / Por Guido Vassallo)

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Evo Morales, un líder frente a la adversidad

 

El Presidente boliviano, Evo Morales Ayma, ha encabezado personalmente las acciones para combatir las llamas en la Amazonía brasileña en el área de la Chiquitanía, región ubicada al extremo sudeste del país

Mientras otros gobernantes de Sudamérica permanecieron de brazos cruzados y retrasaron los operativos para combatir las llamas tras varios días de incendios en la Amazonía brasileña, el Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma, ha encabezado personalmente las acciones para enfrentar esta tragedia en el área de la Chiquitanía, región ubicada al extremo sudeste del país entre el Gran Chaco y la Amazonía.

En un mensaje publicado recientemente a través de su cuenta en la red social Twitter, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, destacó la gestión del mandatario boliviano frente al desastre ambiental: «Reconocemos el liderazgo del Presidente Evo y los hermanos de Bolivia, quienes enfrentan el fuego en sus áreas amazónicas. Cuentan con nuestra solidaridad y apoyo (…)».

El Presidente indígena ha tomado importantes medidas para proteger a la Madre Tierra frente a los incendios forestales que han afectado más de 700 000 hectáreas en esa nación. En primer orden, sobresale la creación del Gabinete de Emergencia Ambiental, instalado en Roboré, departamento de Santa Cruz, con la misión de evaluar, agilizar la ayuda y atender las necesidades más urgentes de la población y de la naturaleza afectada por los incendios, según refiere el Ministerio de Comunicación boliviano.

De acuerdo con datos oficiales de la nación andina, trabajan en la zona 1 800 soldados, 450 policías, 21 ambulancias y 42 cisternas, además de un número significativo de médicos y voluntarios, hasta llegar a más de 4 000 personas que laboran en el lugar. Tales acciones han contribuido a que hasta el momento no se reporten daños humanos.

Se han efectuado hasta la fecha cerca de 2 000 atenciones médicas a pobladores y a brigadistas, sin ningún caso grave, según declaraciones de la ministra de Salud de este país sudamericano, Gabriela Montaño.

También se desplegó personal de la rama veterinaria para la atención de animales domésticos y silvestres, y se habilitan centros de refugio de la fauna.  

Un reporte de la cadena rt señala que operan en el territorio de los incendios siete aeronaves, entre las  cuales se destaca el Boeing 747 Super Tanker, contratado por el gobierno de Evo Morales.

Por supuesto que en este tema no han faltado las críticas de la oposición, pero se han estrellado contra los resultados preliminares de las medidas tomadas por el Ejecutivo boliviano. «Agradezco a la prensa por visitar la Chiquitanía y acompañarnos en esta jornada a verificar la lucha contra los incendios. Juntos comprobamos la disminución, en los últimos días, de 8 000 a 162 focos de incendio», publicó el presidente Evo en su cuenta en Twitter.

Morales Ayma ha dado muestras con su ejemplo personal de la actitud requerida para sobreponerse a la catástrofe natural: cooperando junto a brigadas en la extinción del incendio, coordinando las tareas del Gabinete de Emergencia Ambiental, sobrevolando zonas afectadas, sosteniendo reuniones con los pobladores y suspendiendo temporalmente la campaña del Movimiento Al Socialismo (mas) para las elecciones generales de octubre próximo, debido a la compleja situación en la Chiquitanía. Además, se ha declarado una «pausa ecológica» en áreas afectadas, que implica la prohibición de vender terrenos, y se ha aceptado la ayuda internacional, la cual aún es insuficiente.

No menos importante resulta la convocatoria por el propio presidente Evo Morales a una reunión de cancilleres de los países que integran la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (otca): Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela; con el propósito de abordar la emergencia de los incendios.  

El Gobierno boliviano, especialmente su presidente Evo, ha promovido en estos días de incendios forestales la etiqueta en redes sociales #UnidadEnLaAdversidad. Ciertamente, este pueblo hermano se enfrenta a un gran desafío, a una tarea difícil que exige lo mejor de los seres humanos, y especialmente, de la unidad para combatir las llamas e iniciar la recuperación.

Valores de la Amazonía para el mundo

  • La Amazonía con 7,4 millones de km representa el 5 % del área continental mundial, y cubre extensiones de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela.
  • La cuenca del río Amazonas es la más grande del mundo con un promedio de 230 000 m3 de agua por segundo, que corresponde aproximadamente al 20 % del agua dulce del planeta.
  • El 17 % de la población amazónica corresponde a grupos indígenas que ofrecen una variedad cultural y lingüística de enorme riqueza. Estos pobladores milenarios han aprovechado en forma sostenible los recursos de la región, gracias a un profundo conocimiento de su biodiversidad y su funcionamiento ecosistémico.
  • La Amazonía es, además, una región con una gran relevancia geopolítica nacional e internacional, debido a la escasez internacional de recursos estratégicos, su importancia ambiental y ecológica, y su Patrimonio cultural.

Fuente: Cepal

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Fidel y el incendio en la Amazonía / Por Angel Guerra Cabrera

 

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El discurso de Fidel Castro en la Cumbre de la Tierra (Río de Janeiro, 1992) cuando enumeró las causas y vaticinó los desastres que produciría la grave alteración del clima, ha surcado los últimos días las redes digitales.

Consternados ante la Amazonía, pasto de las llamas, en grave riesgo de desaparecer, y del neofascista presidente Bolsonaro, negado a mover un dedo para contrarrestarlo, muchos en busca del origen de la catástrofe han descubierto ahora con asombro la certeza con que Fidel predijo el colapso climático y las acciones que debían emprenderse con el fin de evitarlo.

Para miles el descubrimiento es doble pues no tienen idea del Fidel de vasta cultura, filósofo, líder y teórico de una de las más grandes revoluciones de la historia. Mientras, la imagen que han recibido del Fidel ser humano, es igual de perversa que la del líder revolucionario: injuriosa, mendaz y cargada de odio que, durante décadas, ha difundido y difunde con insistencia el aparato de guerra cultural de Estados Unidos.

Se trata de una acción de todos los medios de comunicación hegemónicos del planeta, sistemas escolares, grandes editoriales, universidades y púlpitos espurios de “Occidente”, para arrebatar a los pueblos sus mejores y más nobles símbolos: grandes hombres y mujeres sensibles y solidarios con sus semejantes, entregados al estudio y búsqueda de soluciones a los más complejos problemas sociales, económicos y políticos y a liderar la lucha por la liberación del género humano.

Volviendo a los fuegos en la Amazonía brasileña, hay dos cuestiones evidentes. Primera, la deforestación y los incendios asociados forman parte de la extracción de recursos naturales y destrucción de la naturaleza típicos del capitalismo, incrementados en la actual etapa neoliberal de capitalismo por desposesión, muy extendidas y acentuadas en las áreas del mundo ricas en recursos naturales y hogar de pueblos originarios.

Brasil, con más de 3 millones de kilómetros cuadrados de selva tropical, alberga 60 por ciento de la Amazonía, que se extiende a otros siete estados suramericanos y aporta 20 por ciento del oxígeno de la Tierra.

La deforestación y los incendios disminuyeron considerablemente en los gobiernos de Lula y Dilma, cuando se reforzaron las políticas e instituciones científicas de prevención y conservación y las leyes y regulaciones sobre la selva, incluyendo un gran avance en la titulación de tierras al millón de personas pertenecientes a los innumerables pueblos originarios, campesinos y afrodescendientes que viven y hacen posible en gran medida, con sus prácticas ancestrales, la conservación de la selva.

Segunda cuestión, Bolsonaro es el máximo responsable del incremento de los incendios. Ya desde su campaña electoral,  inició una campaña de descalificación de las instituciones, leyes, regulaciones y multas dedicadas a la protección de la selva amazónica. Llamaba, y lo ha seguido haciendo después de llegar a la presidencia, a invadir y depredar las tierras que ocupan los mencionados pueblos, desforestándolas y quemándolas para extender la frontera agrícola, dedicada sobre todo a la ganadería.

Otro de sus escándalos, nombró ministro de medioambiente a una persona ajena a la comunidad ecologista brasileña, el que ha secundado sus criminales llamados a dedicar la selva a los negocios. Disminuyó a la mitad los presupuestos para prevención y extinción de incendios, despidió al director del Instituto de Investigaciones Espaciales por realizar un informe que mostraba la rápida difusión de los incendios y cuando estos se hicieron inocultables culpó de ellos a las organizaciones ambientalistas, que en la mayoría de los casos realizan un encomiable esfuerzo para proteger la selva y los pueblos que en ella residen.

Los incendios de esta temporada y desde que comenzó el año, superan ya los de todos los años desde que en 2013 comenzaron a llevarse registros y en 83 por ciento los de igual período del año pasado; 72 mil 800 focos de incendio de enero a la fecha. En julio de este año hubo un aumento de la deforestación de 278 por ciento comparado con el mismo mes del año anterior.

Presionado por protestas populares en muchas ciudades de Brasil y de otros países, amenazado de que la Unión Europea suspendiera cautelarmente el tratado de libre comercio con el MERCOSUR y regañado en el G7, fue 21 días después de desatarse la crisis que el neofascista movilizó miles de soldados y a dos grandes aviones cisterna, que habían permanecido en tierra desde que se desataron los incendios.

En contraste, Evo Morales ha respondido con efectividad y celeridad a los incendios en la Chiquitanía, el bosque seco mejor conservado de Suramérica, poniéndose al frente del combate y trabajando con sus propias manos junto a una brigada, que forma parte de los cuatro mil voluntarios y más de tres mil militares movilizados por el presidente. Los focos de incendio se han reducido de 11 mil 468 a mil 362 y continúan disminuyendo. El 7 por ciento del fuego se encuentra fuera de áreas protegidas y no existe amenaza contra ellas. Hay cinco aeronaves luchando contra las llamas, entre ellas el Supertanker contratado, que ha sido decisivo en las zonas más críticas.

En 1992 dijo Fidel: No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Desparezca el hambre y no el hombre.

 

 

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De los medios de comunicación del consenso a los del conflicto

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De los medios de comunicación del consenso a los del conflicto / Frei Betto

Declina el interés por las noticias impresas o televisivas. Las encuestas revelan que el público prefiere las noticias online.

En los siglos XIX y XX, el modo de pensar de la sociedad tendía a ser moldeado por los grandes medios de comunicación: los medios impresos, la radio y la televisión.

Todo indica que esa era terminó. Trump fue electo atacando a los grandes medios de Estados Unidos. Solo la Fox lo apoyó. Los principales vehículos mediáticos de Gran Bretaña se opusieron al Brexit. Aun así, la mayoría de los electores votó a su favor. Bolsonaro hizo su campaña presidencial con una ausencia casi total de los grandes medios. Criticó sus principales vehículos y aun así fue electo. ¿Qué es lo nuevo?

Lo nuevo son las redes digitales, las nuevas tecnologías al alcance de la mano. Esas redes desplazan la noticia de los grandes medios hacia las computadoras y los teléfonos inteligentes. Tienen el mérito de democratizar la información al romper la barrera ideológica que evitaba las opiniones contrarias a la línea editorial del vehículo. Sin embargo, pulverizan la noticia.

Lo que la televisión considera una información importante no merece destaque en la comunicación interpersonalizada de internet. El receptor corre el riesgo de perder o no adquirir criterios de valoración de las noticias. Puede ser que le resulte más importante saber que su colega tiene una nueva enamorada que enterarse del golpe de Estado en el país vecino o de la nueva ley que regula el tránsito en su barrio.

Esa información individualizada, aunque es más cómoda, prêt-à-porter, tiende a evitar lo contradictorio. Cada interesado se aísla en el seno de su tribu de Whatsapp, Twitter, Facebook, Instagram, YouTube, Telegram, los servicios de mensajería de Google y de Periscope. No existe interacción dialógica. No interesa lo que dicen las tribus vecinas, potenciales enemigos. Lo que transmiten no merece crédito. La única verdad es la que circula en la tribu con la que el internauta se identifica. Aunque esa «verdad» sea fake news, mentira desvergonzada, farsa. Para el internauta, solo un dialecto tiene sentido. Desprovisto de visión coyuntural, se aferra a lo que propalan sus socios como quien recibe un oráculo divino.

Querer cambiarle el foco es como haber intentado convencer a los aztecas contemporáneos de Cortés de que el Sol saldría por el horizonte, aunque ellos no despertaran de madrugada para celebrar los ritos capaces de encenderlo. Sin duda no se habrían atrevido a correr el riesgo de ver el día sumergido en la oscuridad.

Se trata de la privatización de la noticia. Esa selectividad individualizada hace que el internauta se encierre con su tribu en una fortaleza virtual dotada de agresivas armas de defensa y ataque. Si le llega la versión emitida por la tribu enemiga, será inmediatamente repelida, eliminada o respondida con una batería de improperios y ofensas. Es deber de su tribu diseminar a gran escala la única verdad admisible, aunque carezca de fundamento, como la teoría del terraplanismo.

Los efectos de esa atomización de las comunicaciones virtuales son deletéreos: pérdida de la visión de conjunto, descrédito de los métodos científicos, indiferencia ante el conocimiento históricamente acumulado y, sobre todo, total desprecio por los principios éticos. Cualquiera que se exprese en un lenguaje que no coincida con el de la tribu merece ser atacado, injuriado, difamado y ridiculizado.

¿Qué hacer ante esta nueva situación? ¿Desconectarse? Eso equivaldría a imitar a la tortuga que mete la cabeza dentro del carapacho y se cree invisible. La salida debe ser ética. Lo que implica tolerancia y no contestar en el mismo tono. Como indica Jesús, «no echar perlas delante de los cerdos» (Mateo 7,6). Dejar que se revuelquen en el fango, pero sin ofenderlos.

La vida es demasiado corta para gastar el tiempo en guerras virtuales. En cuanto a mí, prefiero ignorar los ataques y actuar propositivamente. Sobre todo, no cambiar la sociabilidad real por la conflictividad virtual. Y mucho menos los libros por memes y zapps, que nada le aportan ni a mi cultura ni a mi espiritualidad.

Fuente:

De los medios de comunicación del consenso a los del conflicto / Frei Betto

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Publicado por: David Díaz Ríos / CubaEstrellaQueIlumina

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