Una frase que no dijo el Quijote

Foto: Fotograma de la Película

Una frase que no dijo el Quijote / Abel Prieto

En el Congreso de la Uneac se presentó un documento que afirma: «La batalla de nuestro tiempo es eminentemente cultural, entre la imposición hegemónica y los paradigmas emancipatorios, entre la estulticia y la libertad»

El texto «Ballenas y tiburones» provocó el repudio de nuestros enemigos o –más bien– de los empleados de nuestros enemigos. No encontré sin embargo, ninguna tentativa seria de refutarlo; sino insultos y descalificaciones soeces, es decir, lo habitual. La única impugnación de cierto peso, llamémosle así, pretendió ridiculizar el hecho mismo de hablar sobre «cine de tiburones» en un país con tantas dificultades económicas.

Los que sueñan con la restauración capitalista no quieren que se debata en torno a la guerra cultural. Aspiran a que nuestra gente haga suyos los patrones y lentejuelas de la Maquinaria, que se sumerja alegremente en el limbo de la frivolidad y vea estos procesos como algo «divertido». En suma, que se aparte del camino martiano y fidelista de alcanzar la libertad a través de la auténtica cultura.

En el Congreso de la Uneac se presentó un documento que afirma: «La batalla de nuestro tiempo es eminentemente cultural, entre la imposición hegemónica y los paradigmas emancipatorios, entre la estulticia y la libertad».

https://davidson.cubava.cu/files/2016/12/@-fidel-de-graciella-pogolloti.jpg

Graziella Pogolotti se refirió a su vez a la necesidad de contribuir desde la experiencia cubana a enriquecer «un pensamiento de izquierda descolonizador».

https://davidson.cubava.cu/files/2017/02/w-arte-intel-a-dulles-1-1.jpg

Los escritores Víctor Fowler y Alberto Marrero abordaron el intento de absorbernos espiritualmente. El primero explicó que la Maquinaria instala en la mayoría oprimida la idea de que son seres inferiores. El segundo recordó los planes contra la URSS de Allen Dulles, director de la CIA. «Antes que los portaviones y los misiles», dijo Dulles, enviaremos nuestros símbolos, «universales, glamurosos, modernos», para lograr que «las víctimas lleguen a compartir la lógica de sus verdugos». 

https://davidson.cubava.cu/files/2017/02/w-arte-intel-a-dulles-2-cia-2.jpg
https://www.presidencia.gob.cu/media/filer_thumbnails/filer_public_thumbnails/public/2019/07/01/ixconcgresouneac_5.jpg__830x600_q85_subject_location-1000%2C752_subsampling-2.jpg

En su discurso de clausura, Díaz-Canel citó el mensaje de Raúl a la Uneac en su aniversario 55: «Hoy estamos doblemente amenazados en el campo de la cultura: por los proyectos subversivos que pretenden dividirnos y por la oleada colonizadora global». Y añadió Díaz-Canel: «Esta plataforma colonizadora promueve los paradigmas más neoliberales… atentos a los que ponen por delante mercado y no cultura; egoísmo y vanidad personal y no compromiso social de la cultura».

https://davidson.cubava.cu/files/2019/07/uneac-1-diaz-canel-22.jpg

Resuenan ahora los ladridos de la empleomanía anexionista, inquieta ante los aportes al pensamiento cultural revolucionario que hizo en el evento la vanguardia intelectual. Les resulta intolerable que ganemos espacio en la gestación de una mirada penetrante, redimida, lúcida.

«Ladran, Sancho, señal que cabalgamos», es una frase que se atribuye por error al Quijote. Aparece, sin la referencia a Sancho, por supuesto, en un poema de Goethe; y hay quien ha sugerido que el autor de Fausto la tomó de un antiguo proverbio turco. Sea de Goethe o de algún turco remoto y anónimo, nos viene como anillo al dedo para entender las reacciones de la jauría.  

En los años 90 del siglo pasado, en la Uneac de entonces, evocábamos a los «antimperialistas diurnos», en horario laboral, que pronto se convertían en «proimperialistas nocturnos», cuando se atiborraban antes de dormir con las más infames películas yanquis. Sufrían un padecimiento similar quizás al estudiado por los siquiatras como «trastorno de identidad disociativo». Nótese que hablábamos de adultos. Y es que la convivencia «disociativa» de antimperialismo político y colonización cultural puede presentarse de un modo u otro en cualquier generación. 

Formar una conciencia antimperialista irreversible supone crear un hondo anticolonialismo. Para llevar adelante esta compleja misión, hay que desechar toda tentación vertical o paternalista o el establecimiento de un supuesto tribunal como dueño absoluto de la verdad. Tenemos que seguir promoviendo debates, talleres, de donde vaya surgiendo, entre todos, una capacidad crítica que detecte bajo un espectáculo o una historia en apariencia ligera el racismo, el desprecio al inmigrante, la visión clasista y patriarcal de la sociedad, las intenciones manipuladoras y propagandísticas, la Misión de EE.UU. como arrogante Policía del Universo.

Se trata de una construcción colectiva, basada en el respeto y el diálogo, ajena a consignas y prohibiciones, que rescate el placer del ejercicio de la inteligencia y combine la evaluación perspicaz de las trampas de la Maquinaria con el disfrute de obras de arte genuinas y entretenidas, sí, apasionantes, decididamente entretenidas.

Maestros, estudiantes, instructores, realizadores de los medios, promotores culturales, creadores, son todos protagonistas de este frente emancipador que Cuba debe seguir levantando sin descanso.   

Abel Prieto / Una frase que no dijo el Quijote

https://davidson.cubava.cu/files/2015/01/CubaestrellaQueIlumina.jpg
Publicado por: David Díaz Ríos / CubaEstrellaQueIlumina
Posted in Sin categoría | Leave a comment

La tecnología y los efectos de la adicción

https://www.cubaperiodistas.cu/wp-content/uploads/2019/06/gobernanza-1-1200x642.jpg
La adicción a la tecnología y sus efectos / Por  Aday del Sol / CubaSí

La tecnología ha sido clave en la evolución de la sociedad desde la revolución industrial desatada en la segunda mitad del siglo XVII.

Como ejemplos irrefutables tenemos la máquina de vapor de James Watt, el primer foco de Thomas Édison, el automóvil construido por Karl Benz hasta la actualidad con la invención de las nuevas tecnologías de la información que ha revolucionado el mundo de la comunicación.

Sin embargo, en los últimos años y a pesar del salto que ha significado la invención de las nuevas tecnologías en el desarrollo de la humanidad, hay quienes consideran que existe un retroceso al pasar de manera acelerada de una revolución tecnológica a vivir bajo los efectos de una adicción tecnológica.

Para entender este complejo fenómeno podemos hacernos una pregunta: ¿Todos los dispositivos tecnológicos que irrumpen en el mercado equivalen a un verdadero progreso en la calidad de vida de las personas?

La respuesta es bien sencilla, el progreso que repercute en una mejoría en la calidad de vida debería incidir favorablemente en el desarrollo económico y social de un país.

Es desacertado llamar progreso al consumismo y a la invención de necesidades que engordan las cuentas de unos pocos y aumentan el sufrimiento de muchos.

El verdadero progreso es el que se enfoca en el hombre y no en las grandes transnacionales que imponen las nuevas formas de pensamiento.

“… Nos Habían prometido que trabajarían para nosotros (refiriéndose a las máquinas, a la tecnología). Ahora nosotros trabajamos para ellas”, decía brillantemente, Galeano.

Y es tan real que espanta. La cultura contemporánea exacerba el consumo y muchísimas personas en este mundo están convencidos que alcanzan respeto y admiración si compran el último modelo de iphone.

Expertos en el tema, afirman que el único control para frenar el impulso de comprar tecnología y convertirse en adictos está en la cabeza de cada uno de nosotros. Por desgracia la mayoría acepta pasivamente las presiones subliminales del marketing y de la gran industria publicitaria.

 

La adicción en los niños y jóvenes

 

Muchos niños y jóvenes están dedicando demasiadas horas a su laptop, teléfono o tablet, con internet o sin internet. Y esto ha preocupado incluso a magnates de la tecnología (Steve Jobs y Bill Gates), quienes se convirtieron en multimillonarios por robotizar a la gente, pero fueron estrictos en casa ante el uso de la tecnología en sus hijos.

En Estados Unidos, el país del consumismo, desde el 2017 se debate El libro titulado ‘Screen Schooled: dos profesores veteranos exponen cómo el uso excesivo de la tecnología hace que nuestros niños sean más tontos’ (‘Screen Schooled: Two Veteran Teachers Expose How Technology Overuse Is Making Our Kids Dumber’), que recoge a partir de investigaciones y pruebas psicológicas cómo ha evolucionado este tema con el paso de los años y las repercusiones en la sociedad norteamericana.

Según los autores, Joe Clement y Matt Miles, la adicción a la tecnología mata la creatividad y limita las relaciones sociales, algo que afecta sobre todo a niños y jóvenes que no tienen la suficiente madurez para enfrentar estas situaciones.

Los investigadores no piden que se elimine por completo el uso de la tecnología en la educación, pero sí que haya una regulación. No se trata de apartarlos, sino de evitar sus efectos nocivos.

En ambos casos aceptan que se trata de herramientas extremadamente útiles para el desarrollo de los estudiantes, pero que no debe ser usada como entretenimiento.

Lo cierto es que no son pocos los estudios realizados y el denominador común es siempre el mismo: Casi el 30 por ciento de los jóvenes entre los 12 y los 17 años sienten algún grado de ansiedad si no saben lo que ocurre en internet o si se encuentran desconectados, además de presentar trastorno del sueño y de la conducta interpersonal, agresividad y depresión.

En este sentido Francia ha sido radical al prohibir el uso de dispositivos móviles en la enseñanza pre escolar, primaria y secundaria, respaldada por ley desde 2010 y ratificada en 2018.

¿Todos deberían adoptar las medidas de Francia?

Quizás la clave no esté en prohibir sino en mediar su uso, para que la tecnología nos ayude en el propósito formativo del desarrollo integral y no se convierta en un obstáculo del mismo.

La tecnología y los efectos de la adicción / La adicción a la tecnología y sus efectos

https://davidson.cubava.cu/files/2015/01/CubaestrellaQueIlumina.jpg
Publicado por: David Díaz Ríos / CubaEstrellaQueIlumina
Posted in Sin categoría | Leave a comment

El periodismo empotrado

https://www.cubaperiodistas.cu/wp-content/uploads/2019/07/el-periodismo-empotrado-1200x642.jpg

El periodismo empotrado / Ben Norton*

 

Ya lo habían dicho los corresponsales veteranos del New York Times, como James Risen: el periódico estadounidense de registro colabora regularmente con el Gobierno de Estados Unidos, suprimiendo los informes que los altos funcionarios no quieren que se hagan públicos.

El 15 de junio, el Times informó que el Gobierno de Estados Unidos está intensificando sus ataques cibernéticos a la red eléctrica de Rusia. De acuerdo con el artículo, “la administración de Trump está utilizando a las nuevas autoridades para desplegar las ciberherramientas de forma más agresiva”, como parte de una “Guerra Fría digital entre Washington y Moscú”.

En respuesta al informe, el presidente Donald Trump atacó al Times en Twitter y calificó el artículo como “un virtual acto de traición”.

La oficina de relaciones públicas del New York Times respondió a Trump desde su cuenta oficial de Twitter, defendiendo la historia y notando que había sido aprobada por el Gobierno de Estados Unidos antes de ser impresa.

“Acusar a la prensa de traición es peligroso”, dijo el equipo de comunicaciones del Times. “Le describimos el artículo al Gobierno antes de su publicación”.

“Como se nota en nuestra historia, los propios funcionarios de seguridad nacional del presidente Trump dijeron que no había preocupaciones”, agregó el Times.

De hecho, el informe del Times sobre la escalada de ataques cibernéticos estadounidenses contra Rusia se atribuye a los “actuales y antiguos funcionarios del Gobierno [de Estados Unidos]”. De hecho, la primicia provino de estos apparatchiks, no de una filtración o de la perseverante investigación de un intrépido periodista.

La autodeclarada “Resistencia” neoliberal saltó sobre la imprudente acusación de traición de Trump llamando a Trump “títere de Putin”. El resto de los medios corporativos se volvieron locos.

Pero lo que se pasó por alto fue lo más revelador en la declaración del New York Times: el diario de registro esencialmente admitió que tiene una relación simbiótica con el Gobierno.

De hecho, algunos expertos estadounidenses prominentes han llegado tan lejos como para insistir en que esta relación simbiótica es precisamente lo que hace que alguien sea periodista.

En mayo, el columnista neoconservador del Washington Post, Marc Thiessen, exredactor de discursos del presidente George W. Bush, declaró que el editor de WikiLeaks y preso político Julian Assange no es “un periodista”, sino que es un “espía” que “merece prisión”. (Thiessen también llamó a Assange “el diablo”.)

¿Cuál fue la justificación del columnista del Post para revocar las credenciales periodísticas de Assange?

A diferencia de “organizaciones noticiosas de renombre, Assange no le dio al Gobierno de Estados Unidos la oportunidad de revisar la información clasificada que Wikileaks planeaba divulgar para que pudieran presentar objeciones por seguridad nacional”, escribió Thiessen. “Los periodistas responsables no tienen nada que temer”.

En otras palabras, insiste en que colaborar con el Gobierno y censurar sus informes para proteger la “seguridad nacional”, es lo que lo hace un periodista.

Esta es la ideología expresa del comentarista estadounidense.

La relación simbiótica entre los medios corporativos estadounidenses y el Gobierno se conoce desde hace tiempo. Las agencias de inteligencia estadounidenses tocan la prensa como un instrumento musical, usándola para filtrar información de manera selectiva en momentos oportunos para impulsar el poder blando de Estados Unidos y promover los intereses de Washington.

Pero rara vez esta relación simbiótica es tan casual y públicamente reconocida.

En el 2018, el exreportero del New York Times, James Risen, publicó un artículo de 15 mil palabras en The Intercept, que ofrece una visión más detallada de cómo funciona esta alianza tácita.

Risen detalló cómo sus editores habían estado “bastante dispuestos a cooperar con el Gobierno”. De hecho, un alto funcionario de la CIA incluso le dijo a Risen que su regla de oro para aprobar una operación encubierta era preguntarse “¿Cómo se verá esto en la portada del New York Times?”.

Hay un “acuerdo informal” entre el Estado y la prensa, explicó Risen, donde los funcionarios del Gobierno de Estados Unidos “participan regularmente en negociaciones silenciosas con la prensa para intentar detener la publicación de historias confidenciales de seguridad nacional”.

“En ese momento, solía aceptar estas negociaciones”, dijo el exreportero del Times. Recordó un ejemplo de una historia que estaba escribiendo sobre Afganistán justo antes de los ataques del 11 de septiembre del 2001. El entonces director de la CIA, George Tenet, llamó personalmente a Risen y le pidió que matara la historia.

“Me dijo que la divulgación amenazaría la seguridad de los oficiales de la CIA en Afganistán”, dijo Risen. “Estuve de acuerdo”.

Risen dijo que luego cuestionó si esta era o no la decisión correcta. “Si hubiera informado la historia antes del 11 de septiembre, la CIA se habría enfadado pero podría haber llevado a un debate público sobre si Estados Unidos estaba haciendo lo suficiente para capturar o matar a Bin Laden”, escribió. “Ese debate público podría haber forzado a la CIA a esforzarse con mayor seriedad para atrapar a Bin Laden”.

Este dilema llevó a Risen a reconsiderar la respuesta a las solicitudes del Gobierno de Estados Unidos para censurar historias. “Y eso, en última instancia, me puso en un curso de colisión con los editores del New York Times”, dijo.

“Después de los ataques del 11 de septiembre, el Gobierno de Bush comenzó a pedirle a la prensa que matara historias con más frecuencia”, continuó Risen. “Lo hicieron tan a menudo que me convencí de que el Gobierno estaba invocando la seguridad nacional para sofocar las historias que eran vergonzosas políticamente”.

En el período previo a la guerra de Irak, Risen frecuentemente se “enfrentó” con los editores del Times porque planteó preguntas sobre las mentiras del Gobierno de Estados Unidos. Sus historias “que plantean preguntas sobre la inteligencia, en particular las afirmaciones de la administración de un vínculo entre Irak y Al Qaeda, se están cortando, enterrando o excluyendo del papel por completo”.

“En el periódico muchos creían que el editor ejecutivo del Times, Howell Raines, prefería las historias que apoyaban la guerra”, dijo Risen.

El experiodista del Times también recordó que había descubierto un complot fallido de la CIA. El Gobierno de Bush se enteró y lo convocó a la Casa Blanca, donde la entonces asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, ordenó al Times que enterrara la historia.

Risen dijo que Rice le dijo “que se olvide de la historia, destruya mis notas y que nunca haga otra llamada telefónica para discutir el asunto con nadie”.

“El Gobierno de Bush estaba convenciendo exitosamente a la prensa de retener o matar historias de seguridad nacional”, escribió Risen. Y la administración de Barack Obama posteriormente aceleró la “guerra contra la prensa”.

Infiltración de la CIA y fabricación del consenso

 

En su renombrado estudio de los medios estadounidenses, Fabricación del Consenso: la economía política de los medios de comunicación, Edward S. Herman y Noam Chomsky articularon un “modelo de propaganda” que muestra cómo “los medios sirven y defienden a los poderosos intereses sociales que los controlan y financian”, a través de “la selección de personal sensato y la internalización de las prioridades de los editores y periodistas que trabajan y las definiciones de interés periodístico que se ajustan a la política de la institución”. Pero en algunos casos, la relación entre las agencias de inteligencia de Estados Unidos y los medios corporativos no es solo una mera política ideológica, presión indirecta o amistad, sino más bien una relación laboral.

En la década del 1950, la CIA lanzó una operación encubierta llamada Proyecto Mockingbird, en la cual vigilaba, influía y manipulaba a los periodistas estadounidenses y la cobertura de los medios, explícitamente para dirigir la opinión pública contra la Unión Soviética, China y el creciente movimiento comunista internacional.

El legendario periodista Carl Bernstein, un antiguo reportero de Washington que ayudó a descubrir el escándalo de Watergate, publicó un artículo de portada principal para Rolling Stone en el 1977 titulado “La CIA y los medios: cómo funcionaron los medios de comunicación más poderosos de Estados Unidos de la mano de la Agencia Central de Inteligencia y ¿por qué el comité de la Iglesia lo encubrió?”.

Bernstein obtuvo documentos de la CIA que revelaron que más de 400 periodistas estadounidenses en los últimos 25 años habían “realizado tareas en secreto para la Agencia Central de Inteligencia”.

Bernstein escribió: “Algunas de las relaciones de estos periodistas con la Agencia eran tácitas; otras fueron explícitas. Hubo cooperación, acomodación y superposición. Los periodistas proporcionaron una gama completa de servicios clandestinos, desde la simple recopilación de información hasta la intermediación con espías en los países comunistas. Los reporteros compartieron sus cuadernos con la CIA. Los editores compartieron su personal. Algunos de los periodistas fueron ganadores del Premio Pulitzer, distinguidos reporteros que fueron considerados embajadores sin cartera para su país. La mayoría fueron menos exaltados: los corresponsales extranjeros que encontraron que su asociación con la Agencia les ayudó en su trabajo; los stringers y los freelancers que estaban tan interesados en el desarrollo del espionaje como en la presentación de artículos; y, la categoría más pequeña, empleados de tiempo completo de la CIA disfrazados de periodistas en el extranjero. En muchos casos, según muestran los documentos de la CIA, los periodistas se comprometieron a realizar tareas para la CIA con el consentimiento de las administraciones de las principales organizaciones de noticias de Estados Unidos”.

Bernstein reveló que prácticamente todos los principales medios de comunicación de Estados Unidos cooperaron con la CIA, incluidos ABC, NBC, AP, UPI, Reuters, Newsweek, los periódicos Hearst, The Miami Herald, The Saturday Evening Post y The New York Herald Tribune.

Sin embargo, agregó: “Con mucho, la más valiosa de estas asociaciones, según los funcionarios de la CIA, ha sido con The New York Times, CBS y Time Inc”.

Estas capas de manipulación estatal, censura e incluso la elaboración directa de medios de comunicación muestran que, por más que se diga que son independientes, The New York Times y otros medios de comunicación, de hecho, sirven como portavoces de facto para el Gobierno, o al menos para el Estado de seguridad nacional de Estados Unidos.

*Periodista y escritor. Reportero de The Grayzone y productor del “Moderate Rebels podcast”, del que es co-presentador con Max Blumenthal. Su sitio web es BenNorton.com y tuitea en @BenjaminNorton

(Tomado de El cohete a la luna)

El periodismo empotrado / Ben Norton

 

https://davidson.cubava.cu/files/2015/01/CubaestrellaQueIlumina.jpg
Publicado por: David Díaz Ríos / CubaEstrellaQueIlumina
Posted in Sin categoría | Leave a comment