La obsesión yanqui por matar a Fidel

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La obsesión yanqui por matar a Fidel. Por Fabián Escalante

En estos días, uno de los temas noticiosos más connotados – a propósito de su desaparición física – ha sido la personalidad, impronta y legado de Fidel Castro, la huella dejada en sus contemporáneos, el ejemplo de tenacidad, disciplina, valentía, solidaridad, optimismo, su visión de futuro; a la par que muchos han recordado los numerosos planes, complots y conspiraciones que Estados Unidos urdió durante más de medio siglo para asesinarlo.
Las investigaciones realizadas al respecto demostraron que en 41 años los organismos de seguridad cubanos conocieron y desmantelaron 634 complots homicidas contra su persona, en diferentes estadios de elaboración, de ellos 60 dirigidos ejecutivamente por la CIA, en 10 de los cuales participó la Mafia de ese país, un triste record que ningún otro líder mundial alcanzó en la historia de la Humanidad y ello sin contar los no descubiertos.
La información antes expuesta -rigurosamente verídica- fue obtenida en los archivos de la Seguridad del Estado, los procesos penales incoados a los autores y juzgados por los Tribunales, y documentos desclasificados en Estados Unidos.
Venenos sofisticados, dardos mortales, fusiles para cazar elefantes, armas modernísimas, y otros artilugios fueron diseñados, preparados, o utilizados para concretar tales macabros planes.
Pero, no sólo trataron de asesinar físicamente al hombre sino también moral e intelectualmente, afectar su imagen y desacreditar sus ideas: polvos con drogas que afectaran sus sentidos, campañas mediáticas para denigrar su pensamiento y ejecutoria, en fin toda la creatividad y el poderío tecnológico y científico de la mayor superpotencia mundial puesto a disposición de ese objetivo.
Películas, documentales, comic, conferencias en Universidades de todas las latitudes, campañas radiales y televisivas, en fin, lo posible e imposible fue realizado, con abultados presupuestos, pero una y otra vez, fracasaron; la imagen y el pensamiento del líder cubano se fortalecía y proyectaba su luz hacia nuestros pueblos hermanos.
En el mundo, muchas personas se han preguntado el porqué de esta obsesión criminal de un poderoso gobierno – la superpotencia mundial- por eliminar, asesinar y sepultar las ideas de un hombre, que al frente de un pequeño país, nunca los agredió y luchó por la independencia y la soberanía de su pueblo, por alcanzar niveles de vida superiores para sus compatriotas, por practicar el internacionalismo de manera militante y desinteresada y dar un ejemplo de conducta revolucionaria.
Pienso que las razones de este odio visceral habría que buscarlas en la ejecutoria misma de la Revolución cubana, realizada a solo 90 millas de Estados Unidos.
El “establisment” norteamericano no estaba preparado para un desafío de tal naturaleza, pues América Latina era su patio trasero. La Habana era casi una ciudad más del Imperio, donde sus nacionales venían de vacaciones, a jugar y a consumir drogas, con gobiernos lacayunos que satisfacían aquí sus deseos y necesidades.
Más de 1,000 millones de dólares alcanzaban las inversiones norteamericanas en Cuba antes de la Revolución, los mejores centrales azucareros, las empresas de servicios públicos, las principales inmobiliarias, las grandes industrias, clubes, campos de golf, hoteles, las refinadoras de petróleo, en fin todo lo que valía, era propiedad norteamericana, incluidos los inversionistas de la Mafia que ya se habían asentado en el país, para hacer del mismo un burdel internacional.
Gobiernos corruptos como los de Ramón Grau, Carlos Prio y Fulgencio Batista les aseguraban aquel paraíso para sus inversiones y ocio, que según los planes de entonces, devendría en “las Vegas del Caribe”.
El primer día de enero de 1959 se encontraron que en aquella apacible y hasta entonces bucólica Isla del Caribe, se había desencadenado, tras más de 25 meses de lucha armada en las sierras y llanos, una verdadera Revolución, que muy pronto transformaría el “status quo” existente, llevando a cabo un programa de transformaciones sociales, políticas y económicas sin precedentes en el continente americano, que afectó directamente los cimientos mismos del Imperio norteamericano.
Las reformas agraria y urbana, la rebaja de las tarifas de electricidad y telefónicas, la construcción de escuelas, el destierro del juego y la corrupción, la derrota de los mercenarios por ellos apadrinados en Girón, el éxito de la gran campaña de Alfabetización que eliminó el analfabetismo, y la nacionalización de las principales propiedades norteamericanas en Cuba, por su saboteo y oposición a las medidas sociales implementadas, fue el aldabonazo que estremeció al poderoso “vecino del norte”, colocándolo en evidencia ante la opinión pública mundial.
Y todo realizado a plena luz, transmitido en vivo y en directo por las emisoras de radio y la recién estrenada televisión, diseñada para el dominio de la conciencia de las grandes masas poblacionales. Nunca antes, ésta se había utilizado de manera tan ingeniosa y el pueblo cubano, al igual que otros pueblos del Mundo, conocía, día a día, hasta los más mínimos detalles de aquel extraordinario proceso que se realizaba en Cuba y que revolucionaba la forma de hacer una Revolución.
El 6 de agosto de 1960 en el estadio de pelota del Cerro capitalino, abarrotado por el pueblo y transmitido por la TV, Fidel y los líderes revolucionarios proclamaron al Mundo, la nacionalización de todas las empresas norteamericanas y la finalización de sus operaciones en Cuba. Algo inaudito para el Imperio y que colmaría su copa.
Pocas semanas más tarde, en septiembre de ese año, aprovechando una visita de Fidel a la ONU en la ciudad de Nueva York, la CIA contrató a la Mafia para asesinarlo. Algo totalmente probado por sus desclasificados documentos. A partir de entonces, comenzó la cacería que se prolongaría por más de cincuenta años, de manera infructuosa. La Revolución continuaría su proceso de profundización y meses después proclamaría su carácter Socialista.
En estos años de luchas y victorias, Fidel con su talento y ética forjó un nuevo concepto de “hacer política”, que años después, al inicio del presente siglo definiría como el concepto de Revolución.
La política hasta entonces, desprestigiada y prostituida, enlodada por siglos de corrupción, conspiraciones, luchas intestinas por el poder, etc, emergió de su pensamiento como algo novedoso, diferente, que se relacionaba con la mejor manera de servir a los intereses de la Patria y de la humanidad, y en nuestro caso, de construir una sociedad “con todos y para el bien de todos”, algo que conmovió el concepto de la denominada “democracia representativa” auspiciada y promovida por el Imperio como el nivel más elevado de la democracia.
Desde entonces hay dos tipos de democracia, la de ellos, denominada “representativa”,todavía no sé por qué, prostituida y corrupta como las recientes elecciones en aquel país han demostrado, y la socialista cubana consagrada en la existencia de nuestros poderes populares, en la concepción misma de la estructuración y formación de la sociedad civil y la defensa de los derechos humanos fundamentales, aunque aún sea necesario perfeccionar nuestro sistema democrático.
Es la política que Cuba ha desarrollado consecuentemente en este último medio siglo y no solo para beneficio de los intereses de un país, sino de la Humanidad toda, ya sea apoyando a todos aquellos que luchaban por su independencia y liberación; enfrentando y venciendo a los ejércitos del Apartheid, liberando en una campaña militar sin precedentes históricos, a pueblos en África; llevando la enseñanza y la medicina a los “más oscuros rincones del Mundo”; o alertando sobre la hecatombe ambiental que se nos avecina.
Nunca se conoció en nuestro Planeta un líder interesado y ocupado en la resolución de tan disímiles problemas, una epopeya de tal naturaleza, que precisamente dirigió y comandó Fidel Castro y…. por esos “pecados” Estados Unidos lo condenó a muerte.
Sin embargo, fracasaron, una y otra vez, sus complots criminales contra su vida y para derrocar la Revolución, como fracasarán nuevamente las amenazas imperiales que se avizoran en el horizonte, después de las elecciones norteamericanas. Cuba es un bastión de las ideas de Fidel, de la solidaridad, de los derechos humanos, del socialismo.
No pudieron eliminarlo físicamente, murió cuando y como él quiso, después de una larga y provechosa vida al servicio de su pueblo y de la Humanidad. Fidel estará por siempre en nuestro corazón y más, en nuestro pensamiento y actuar.
Fuentes:
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TICs, Internet, derechos humanos y ETNs

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Por Richard Hill y Parminder Jeet Singh / ALAI, Agencia Latino Americana de Información

 

Hoy que las sociedades humanas se encuentran cada vez más sometidas al dominio corporativo, es quizás en el área digital donde encontramos la expresión más clara y contundente de esta tendencia preocupante.  No sólo que las empresas transnacionales (ETN) del sector digital están presentes en prácticamente todos los sistemas sociales, incluyendo los que ocupan los escalones más altos del poder, y en la organización de la vida personal de los individuos, sino que su forma es a menudo más monopólica y más global que en el caso de otros sectores.
Esto genera una situación peligrosa donde, a medida que las ETN digitales comienzan a controlar aspectos importantes de nuestras vidas sociales y económicas, se vuelven cada vez más difíciles de controlar a través de regímenes políticos basados en Estados nacionales.  Tienen la capacidad de llevar a cabo sus operaciones de forma remota y desplazar fluidamente sus sedes y sus bases de operaciones, como lo evidencia el nivel inédito de evasión fiscal por parte de estas empresas.
Por lo tanto, necesitamos, primero, un nuevo conjunto de principios mundiales de políticas que guíen el trabajo de las ETN digitales, dentro de los cuales los regímenes nacionales puedan armonizarse y trabajar eficazmente en cooperación.  Y segundo, de forma complementaria, necesitamos un nuevo instrumento global capaz de restringir los abusos de los DD.HH., tal como se describe en los principios globales ya planteados, pero aplicado al contexto de las ETN digitales.
A continuación, describimos brevemente el contexto digital de los DD.HH. en relación con las ETN digitales, refiriéndonos a algunos de los puntos[1] ofrecidos para su consideración por la Campaña Global para reivindicar la Soberanía de los Pueblos, Desmantelar el Poder de las Transnacionales y Poner Fin a la Impunidad.
1. Enfoque y alcance del Tratado sobre las ETN y otras empresas en relación a los DD.HH.
No está en cuestión que las leyes se apliquen tanto fuera de línea como online.  Por lo tanto, no debe haber ninguna duda de que todas las empresas deben respetar los DD.HH., tanto en línea como fuera de línea.  Y esto se aplica también a las empresas transnacionales activas en las tecnologías de información y comunicación –TICs– en general, y en Internet en particular.
Sin embargo, muchas empresas transnacionales de Internet parecen actuar como si estuviesen sujetas únicamente a las leyes del país en el que se han incorporado o, peor aún, como si las leyes nacionales vigentes no se aplicaran a ellas.  Consideremos, por ejemplo, Uber y AirBnB, cuyos modelos de negocio se basan en la premisa de que, respectivamente, las leyes laborales y de taxi y las leyes hoteleras, no se aplican a ellas.  Al negar la aplicación de las leyes nacionales, estas empresas intentan evitar el cumplimiento de ciertos DD.HH., en particular los derechos laborales.
Un futuro tratado sobre las ETN debe ser claro y plenamente aplicable a las empresas que operan en el mundo en línea y debe preservar el derecho democrático de los pueblos a tomar las decisiones de política pública.  Dado que las ETN digitales pueden operar desde cualquier Estado y trasladarse con facilidad de un Estado a otro, un tratado de este tipo debe reconocer que son entidades globales, que deben estar sujetas a normas globales, lo que exige contar con un mecanismo para hacer cumplir estas normas globales.
2. Obligaciones extraterritoriales de los Gobiernos en relación a las ETN y a los DD.HH.
Muchos de los productos y servicios TIC más populares son proporcionados por las ETN, particularmente en el caso de Internet, que está dominado por unas pocas empresas.  Los gobiernos deberían tener la obligación de asegurar que las ETN con sede u operaciones en su territorio respeten los DD.HH. a nivel mundial.
Dichos derechos incluyen el derecho a la privacidad.  Sin embargo, ese derecho particular se viola regularmente, al obligar a los usuarios a renunciar a sus derechos mediante la aceptación, con un simple clic, de contratos de adhesión, si desean utilizar los llamados servicios ‘gratuitos’ ofrecidos por las empresas dominantes de Internet.
Los servicios en cuestión no son para nada gratuitos: son pagados con los datos que los usuarios proporcionan.  Esos datos son valiosos y son monetizados por las empresas de Internet, principalmente en forma de publicidad dirigida.[2]
Si bien los Estados tienen el deber de proteger los DD.HH., lo que vemos en la práctica con respecto a las transnacionales digitales es que son capaces de cooptar al Estado donde tienen su sede (en particular Estados Unidos), a tal punto que el Estado ya no cumple con su deber.  Las negociaciones de TPP, TPIP y TISA son un ejemplo: Estados Unidos (y otros Estados) impulsan acuerdos comerciales que reducirían la capacidad de otros Estados para proteger la privacidad y otros derechos ciudadanos.
3. Un instrumento de cumplimiento en relación con la aplicación del Tratado
Se ha propuesto la creación de un Tribunal Internacional sobre Empresas Transnacionales y Derechos Humanos, que funcionaría como complemento a los mecanismos nacionales, regionales y universales y garantizaría el acceso a un foro judicial independiente para que las personas y comunidades afectadas obtengan justicia por las violaciones a sus derechos civiles, políticos, sociales, económicos, culturales y ambientales.
Un tal Tribunal es particularmente necesario en el campo de las TIC, incluyendo Internet, debido a la naturaleza global del campo y a las dificultades para obligar a las ETN dominantes a cumplir las leyes nacionales.
Además, se necesitan tratados especiales para cuestiones específicas de las TIC e Internet, por ejemplo en lo que concierne a nombres de dominio y direcciones de Internet, privacidad, vigilancia, cifrado, uso de datos personales, uso de algoritmos, etc., porque las leyes nacionales no los tratan adecuadamente.  En particular, hay grandes divergencias entre las jurisdicciones, pero las TIC en general, e Internet en particular, son fenómenos globales que deben ser gobernados globalmente.  La situación con relación a los nombres de dominio y las direcciones de Internet es particularmente clara, dado que una entidad estadounidense, la ICANN, sujeta a la ley estadounidense, ahora tiene un control total sobre ellos, al menos nominalmente.
En ausencia de tratados específicos y de un Tribunal Internacional, en la práctica son las empresas privadas dominantes que crean y hacen cumplir sus propias leyes, mediante contratos de adhesión impuestos a sus usuarios.
4. Gobernanza democrática
Como ya se ha señalado, gran parte del campo de las TIC está dominado por unas pocas ETN.  Es importante reclamar el derecho soberano de los Estados a regular esas empresas, en particular para proteger los DD.HH. y colocar la democracia por encima del poder corporativo.
Se ha puesto de moda, en particular en el ámbito de Internet, el elogio a lo que se llama un modelo de gobernanza “multi-stakeholder” (multisectorial, o de las múltiples partes interesadas).  Si bien hay consenso que es importante consultar a todas las partes interesadas para tomar decisiones, algunos de los proponentes de ese modelo afirman que todos los interesados deben tener iguales derechos de toma de decisiones.  Esto implica dar poder de veto a las empresas privadas, impidiendo que los gobiernos puedan implementar políticas públicas que sean de interés para toda la ciudadanía.
No se discute que la democracia sea un derecho humano fundamental.  Por lo tanto, el Tratado sobre las ETN debe garantizar que se utilicen mecanismos[3] democráticos para tomar decisiones de política pública en relación con las TIC en general, e Internet en particular.  Todas las personas deben ser capaces de influir en las decisiones que afectan su uso de las TIC e Internet, y tienen derecho a un acceso asequible y no discriminatorio, libre de censura y vigilancia.
En particular, el tratado debe abordar una cuestión que surge en la práctica: cuando un ciudadano de un país cuestiona algún aspecto de su relación con una ETN digital, la empresa responde a menudo que la relación no está sujeta a la ley o jurisdicción del país del ciudadano, sino más bien a la ley y jurisdicción del país de origen de la ETN, a menudo EE.UU.  Esto hace muy difícil que los ciudadanos puedan proteger sus derechos.
Por ejemplo, ¿qué recurso efectivo tiene un ciudadano cuando su proveedor de servicios en la nube, basado en EE.UU, cambia unilateralmente sus términos y condiciones, o cierra su negocio perdiendo todos los datos del ciudadano?
5. Derechos de las personas afectadas
Como ha afirmado la Coalición Just Net[4]:
“Internet se ha convertido en una infraestructura social de vital importancia que tiene un profundo impacto en nuestras sociedades.  Somos todos ciudadanos y ciudadanas de un mundo mediado por Internet, ya seamos la minoría que lo utiliza o la mayoría que no lo hace.  En nuestro mundo, Internet debe contribuir al avance de los DD.HH. y la justicia social. La gobernanza de Internet debe ser verdaderamente democrática.  (…)
“Las oportunidades para que las mayorías puedan participar en los beneficios reales de Internet y materializar plenamente su enorme potencial, se frustran debido al creciente control de Internet por quienes tienen poder: las grandes corporaciones y algunos gobiernos nacionales. Ellos usan sus posiciones centrales de influencia para consolidar el poder y establecer un nuevo régimen global de control y explotación; y bajo el pretexto de favorecer la liberalización, en realidad refuerzan el dominio y la rentabilidad de las grandes empresas en detrimento del interés público, e imponen la posición predominante de ciertos intereses nacionales en detrimento de los intereses y bienestar globales.
“El orden existente de gobernanza global de Internet es inadecuado.  Carece de democracia; se caracteriza por la ausencia de legitimidad, de rendición de cuentas y transparencia; por una excesiva influencia de las corporaciones que se traduce en subordinar las instancias regulatorias; y da muy pocas oportunidades para la participación efectiva de las personas, especialmente de los países en desarrollo.  Esta situación sólo puede remediarse a través de cambios fundamentales en los mecanismos actuales de gobernanza”.
Un tratado sobre las ETN con respecto a los DD.HH. será un paso importante hacia los cambios fundamentales que requerimos.
(Traducción ALAI).
Richard Hill es Presidente de la Association for Proper Internet Governance.
Parminder Jeet Singh es integrante de IT for Change, India.
Ambos son miembros de la Coalición Just Net.
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