Reunionismo: Que levanten la mano los que están de acuerdo

Si con cada reunión que se hace en esta Isla engordara nuestro Producto Interno Bruto, ya estuviéramos entre las diez naciones más desarrolladas del planeta.
Pero, aunque no lo estamos, sí es una verdad más grande que un templo que esta tierra caribeña es prolífica y altamente destacada en eso de convocar reuniones.

Quien desee comprender de un modo gráfico la teoría de los fractales, no tiene más que ponerse a observar el modo que aquí se multiplican esas citaciones.

Es usual que los directivos convocados a una reunión, la repitan luego con sus subordinados inmediatos, y estos, a su vez, la reeditan con aquellos bajo su responsabilidad. Así, estos encuentros se van multiplicando de manera exponencial y, como el marabú, a lo largo y ancho de esta geografía insular.

Es de lamentar que no pocas de esas reuniones son absolutamente innecesarias. Las más de las veces tienen por fin tratar de evidenciar cuánto trabaja el jefe. Conozco al menos uno a quien estuve llamando para fines periodísticos durante dos meses, casi diariamente, y su secretaria —esa casta de la que tanto habría que escribir— ni una vez dejó de informarme —qué falta de creatividad— que el jefe estaba reunido.

Como nos hicimos amiguitas, ella me explicaba, de modo muy amable y servicial, que, o estaba reunido preparando la visita de la Contraloría, o con los contralores, o analizando con sus subalternos los resultados de ese control, o controlando el cumplimiento de lo recomendado por el control, o…

Se hacen reuniones para preparar reuniones, y luego para chequear cómo quedaron las reuniones previamente y con mucho esmero preparadas. Es una locura.

Y mientras esos sinsentido discurren, ¿cuántos no trabajan? Una vez escuché a alguien replicar a la queja por las tantas reuniones que convocaba: «Yo lo siento si interfiere tu trabajo, pero ese es el mío: reunirme y controlar. Por eso me pagan, mi hermano».

No creo que exista un solo calificador de cargo en este país donde se recoja el hacer reuniones como contenido de trabajo de un puesto laboral.

Esas son tergiversaciones, torceduras que, con buena o mala intención, igual se han ido abriendo paso por el panorama laboral cubano. Claro, es más cómodo reunirse en el aire acondicionado de la oficina, café y merienda incluidos, con los jefes de brigada del taller, que ir al taller a comprobar in situ cómo van las cosas.

Pero allí hay calor, la guayabera podría mancharse de grasa o de algún tizne, hay tremendo ruido, y no la musiquita almibarada de Radio Enciclopedia y, para colmo, va y a Fulano se le ocurre volver a caerle con lo del techo de la casa que se le está cayendo, o a Mengano irle arriba con la tiñosa de la pieza importada que no acaba de llegar. Mejor citar a una reunión para explicar a todos los compañeros cómo va la cosa con la importación de la dichosa pieza.

Es probable que el convocante no se haya interesado por hacer una simple llamada telefónica para enterarse en verdad de qué está pasando con el asunto, pero en su reunión no faltará una larga y encendida parrafada sobre los obstáculos que impone el bloqueo.

Ese, sin duda, es una innegable barrera, pero a veces son más altos y nocivos los bloqueos impuestos desde dentro por la incapacidad o por no querer esforzarse ni un tantico así.

Desde hace mucho, el correo electrónico es una valiosa vía de comunicación, valiosa y ahorrativa. Cuántas reuniones podrían haberse evitado si se echara mano al correo para trasladar indicaciones, informaciones y otros «ones».

Pero como una buena parte de los convocantes a reuniones no son nativos digitales o no se han alfabetizado digitalmente con la eficacia que hace falta, desconfían de la efectividad de esa alternativa.

Son los mismos que nunca han echado mano a la calculadora para enterarse de cuánto tiempo y dinero pierde el país y pierde cada persona con esas citaciones. Y si se trata de reuniones en que sus asistentes deben trasladarse desde otras provincias, albergarse, ser transportados y alimentados durante los dos o tres días que duren esos encuentros, entonces, apaga y vamos.

Más de una vez se ha insistido aquí en que lo decisivo son los resultados, no los esfuerzos, ¡y mucho menos las reuniones! Pero pareciera que en esta y otras cuestiones la hipoacusia o la total sordera siguen haciendo de las suyas.

Leo, pregunto, y confirmo que desde hace décadas el reunionismo se nos ha vuelto endémico junto a males adjuntos como: el que da la reunión para solo escucharse a sí mismo, sin importarle lo que otros piensen o digan; órdenes del día abundantes en regaños, advertencias, alertas, muy pocas para felicitar o estimular.

¿Cuántas reuniones se están haciendo hoy, ahora mismo? Ojalá pudieran contabilizarse, y no serían pocos los espantados. De todos modos, aunque ha echado profundas y malignas raíces, no creo que se trate de un mal asentado en la silla turca para siempre y sin remedio.

Cuando la economía se ajuste realmente el cinturón buscando eficiencia, tanta reunión inútil será chapeada como el marabú.

 

Publicado por:  David Díaz Ríos CubaSigueLaMarcha.blogspot.com 

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Fidel, la revista “Time” y la historia

Fidel times history

Por Iroel Sánchez / La Pupila Insomne

A algunos pudiera sorprender que Fidel Castro fuera el único latinoamericano, y además el único político vivo, incluido por el historiador Joel Stein Essay en un listado publicado en la revista Time de las que él considera las cien personalidades más influyentes de toda la historia. Resulta aún más llamativo que el ilustrador del texto de Joel Stein, Tomazs Walenta, haya situado a Fidel al centro y al frente, escoltado por dos figuras absolutamente positivas como Martin Luther King Jr y Albert Eisntein.Aún cuando hay, visto desde América Latina, omisiones notables en ese listado como Simón BolívarJosé Martí yErnesto Guevara o se resiente la ausencia de un africano como Nelson Mandela, la presencia de Fidel es expresión de la admiración que sectores intelectuales, celebridades y políticos norteamericanos de todas las filiaciones sienten por el líder cubano que de manera exitosa ha desafiado nueve administraciones estadounidenses.

 

Sólo el libro Absuelto por la historia del periodista Luis Báez recoge la opinión de numerosas personalidades estadounidenses sobre Fidel, que van de los escritoresArthur Miller y Alice Walker, el banquero David Rockefeller, el músico Harry Belafonte, los actores Jack Nicholson, Kevin Costner, Robert Redford a los cineastasOliver StoneMichael Moore y Sidney Pollack, entre otros. Incluso, en sus memorias, el primer presidente norteamericano que se enfrentó al líder cubano, Dwight D. Eisenhower, recoge la opinión de otro mandatario estadounidense, John F. Kennedy en el sentido de que “Fidel forma parte del legado de Bolívar”.

Es interesante que Kennedy, quien fuera una de las némesis de Fidel, autor del bloqueo a Cuba y de la invasión de Playa Girón -que heredara de Eisenhower- supiera ver en la conducta de Fidel la continuación de los esfuerzos del Libertador. Pero es la definición del cineasta Sidney Pollack –director de filmes memorables para los norteamericanos como Nuestros años felices– el que a mi juicio ha logrado sintetizar mejor la trascendencia del líder cubano quien, a diferencia de aquellos que han dirigido los esfuerzos del país más poderoso del mundo por demonizarlo o asesinarlo, es considerado por muchos un personaje ineludible de la historia universal.
Pollack declaró en una entrevista a la cineasta Estela Bravo –cito de memoria-: “Fidel ha empujado el mundo hacia donde él cree que debe ir”, y de eso se trata, de transformar la realidad, y cambiar la correlación de fuerzas internacional a favor de los olvidados de la historia. La historia de América Latina y de África fuera diferente sin los aportes que la Revolución cubana –encabezada por Fidel- ha hecho, primero por la liberación nacional, y luego por la consolidación social de gobiernos populares en esas regiones. Es ese en sentido que Fidel aparece en cualquier listado junto a figuras como Cristóbal Colón, Einstein, JesucristoMahoma y Galileo: el mundo ya no será igual después de él.
No son loas cantadas desde el culto a la persona –que Fidel rechaza-, porque como apunta el intelectual norteamericano Arthur Schlesinger Jr.: “Fidel Castro no fomenta el culto a la personalidad. Es difícil encontrar un cartel o incluso una postal de Castro en ningún lugar de La Habana. El icono de la Revolución de Fidel, visible en todas partes, es el Che Guevara”; es la gratitud humilde de los pueblos y sus representantes. Alguien tan reconocido en Estados Unidos como el líder sudafricano Nelson Mandela tuvo el valor de expresarlo en una conferencia de prensa conjunta con el entonces presidente norteamericano, Bill Clinton: “jamás olvidaré que en los momentos más sombríos de nuestra patria, en la lucha contra el apartheid, Fidel Castro estuvo a nuestro lado”.
Antes, al visitar Cuba, Mandela había expresado:
“Hemos venido aquí con gran humildad. Hemos venido aquí con gran emoción. Hemos venido aquí conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo de Cuba. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?
“¿Cuántos países del mundo se benefician de la obra de los trabajadores de la salud y los educadores cubanos?
 “¿Cuántos de ellos se encuentran en África? “¿Dónde está el país que haya solicitado la ayuda de Cuba y que le haya sido negada?
“¿Cuántos países amenazados por el imperialismo o que luchan por su liberación nacional han podido contar con el apoyo de Cuba?”
Y detrás de las respuestas obvias que tanto duelen al imperialismo y sus lacayos, detrás de la naciente Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, detrás de los millones de analfabetos que han aprendido a leer con el método cubano “Yo sí puedo”, o de los otros tantos que son atendidos en los lugares más remotos del planeta por médicos de la Isla, detrás del cerco ético que no pudo romper Barack Obama en la Cumbre de Cartagena de Indias, detrás de las decenas de miles de hijos de gente pobre que jamás hubieran pisado una Universidad a no ser en Cuba, como diría el Indio Naborí en la “Marcha triunfal del ejército rebelde”, hay un nombre: Fidel Castro Ruz. Para muchos que lo admiramos, sencillamente Fidel, que ha hecho todo lo que ha hecho sin ser un Dios, sino apenas un mortal, como se decía de los héroes en la Ilíada, ese poema eterno cantado por Homero, quien, por cierto, encabeza la lista de Time.
(Publicado en CubAhora)
http://www.cubahora.cu/politica/fidel-time-y-la-historia
https://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/04/25/fidel-time-y-la-historia/
http://jmanuelr.cubava.cu/2016/06/15/fidel-la-revista-time-y-la-historia
http://www.contrainfo.com/2616/fidel-la-revista-time-y-la-historia/
http://www.cubainformacion.tv/index.php/objetivo-falsimedia/42966-fidel-castro-otra-vez-en-la-revista-time-inuevo-terremoto-en-miami
http://cubasiguelamarcha.blogspot.com/2016/06/fidel-la-revista-time-y-la-historia.html
Publicado por:  David Díaz Ríos CubaSigueLaMarcha.blogspot.com 
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