La honda de David

La honda de David. Por Graziella Pogolotti

 

david y goliat

Con motivo del aniversario del ICAP, la Mesa Redonda dedicó una tarde al tema de la solidaridad. Los participantes coincidieron en señalar que el asunto merece un recuento más detenido.

Habría que volver la mirada hacia los 50 del pasado siglo, en plena Guerra Fría. Pocos recuerdan, sin embargo, que para la América Latina esa guerra había comenzado mucho antes. Cuando asomaba alguna señal de rebeldía, siempre había un dictador a mano para poner orden en la casa, aunque costara la sangre de muchos. Famosa por sus tiranos esperpénticos, Guatemala había conocido algún alivio con el Gobierno de Arévalo. Jacobo Árbenz, su sucesor, quiso implementar una cautelosa reforma agraria. Los intereses de la United Fruit percibieron el peligro. Se desató entonces una extensa campaña anticomunista. A pesar de la denodada defensa del canciller Toriello, los representantes de nuestros países inclinaron la cabeza ante el secretario de Estado, John Forster Dulles. Vencido por las armas, el Gobierno progresista cayó. Guatemala padeció el puño de acero durante décadas. La moraleja era simple. Cualquier intentona emancipadora recibiría la respuesta adecuada.

La expedición del Granma parecía una aventura utópica. Desafiaba dos verdades establecidas. No se puede comprender una lucha revolucionaria contra un ejército profesional bien armado y no se puede alcanzar el poder con un programa político antiimperialista. El aparente revés inicial no tuvo mayor resonancia. A medida que el Ejército Rebelde se fue consolidando, la atención comenzó a fijarse en Cuba. El triunfo sorprendió al mundo. Para los movimientos progresistas volvió la esperanza. Se derrumbaba un mito. Arraigada en esenciales demandas populares, la honda de David podía vencer a los poderosos.

A lo largo del proceso fue creciendo la solidaridad. En un primer viaje a Caracas, Fidel agradeció el apoyo de los venezolanos. Después del triunfo, la ejecución del Programa del Moncada exigía la elaboración de un pensamiento económico. En La Habana, la Universidad carecía de una carrera para la formación de especialistas en esa rama. Solo la Universidad de Oriente había iniciado sus estudios. Casos excepcionales, como el de Regino Boti, los habían cursado en Harvard. Inspirados en nuestro proyecto de liberación, fueron llegando de América Latina numerosos profesionales que abandonaron carreras prometedoras en países y organismos internacionales para compartir la suerte de nuestra Revolución amenazada. Venidos de nuestra América, de Estados Unidos y de Europa, graduados de otras ramas del saber colaboraron con nuestra educación superior tras la implantación de la Reforma Universitaria.

La solidaridad es un camino de ida y vuelta. Las instituciones culturales abrieron espacios impensables hasta entonces. La Casa de las Américas impulsó un intercambio que favorecía la colaboración de intelectuales de primer nivel y acogía a refugiados políticos. La lista resultaría interminable. Vale la pena recordar tan solo a don Ezequiel Martínez Estrada, martiano fervoroso, a Roque Dalton, a Mario Benedetti y a Manuel Galich, quien, ministro y embajador de Jacobo Árbenz, nunca pudo regresar a su país. Entre nosotros, fundó el departamento de Teatro de la Casa, la Revista Conjunto de la propia institución y fue profesor universitario. De estirpe maya como Miguel Ángel Asturias, reivindicó desde aquí la visión de los vencidos.

Por su naturaleza y proyección, la agencia Prensa Latina no podía prescindir de periodistas procedentes del continente. Su fundador, Jorge Ricardo Masetti, quedó en la historia como Comandante Segundo. Por ahí pasó un joven narrador todavía desconocido, llamado Gabriel García Márquez. Y, también inolvidable por su talento de escritor, por su entrega a la causa y por su sacrificio final, Rodolfo Walsh merece la admiración de todos. Maestro del periodismo de investigación, de la estructura narrativa de un reportaje, sus textos ofrecen un modelo para quienes aspiran a abordar de manera creativa el ejercicio del periodismo.

Arquitectos y teatristas también dejaron su huella con sus obras y en el intercambio de ideas. Cuba fue un imán que proyectó también una perspectiva latinoamericanista. Los concursos literarios de Casa de las Américas, los festivales de teatro, el movimiento de la Nueva Canción, la convocatoria a los realizadores del Nuevo Cine Latinoamericano aparecieron bajo el signo del cambio. En realidad, potenciaron profundas aspiraciones latentes nutridas de la rebeldía histórica y de las lecciones aprendidas en derrotas y frustraciones. La rosa y la espina representó simbólicamente la conjunción de voces que se proponían un nuevo modo de dialogar con el público. La voz y la guitarra, la palabra y la música, despojados de artificios, recuperada su plena autoridad propiciaban, en plazas y en grandes espacios deportivos, el encuentro participativo del pensar y el sentir.

Mientras tanto, la contrarreforma preparaba un arsenal. La matriz del neoliberalismo económico tomaba cuerpo. Configuraba su ideología y elaboraba sofisticados medios de manipulación de masas. El consumismo irracional responde a una necesidad del capitalismo contemporáneo. Ofrece una vitrina deslumbrante para la progresiva enajenación del ser humano, reducirse a anónima fuerza de trabajo tan descartable como los objetos que la hipnotizan. El mundo amenaza con volverse cada vez más asimétrico. En esa desproporción creciente reside su punto débil. Reproduce a escala planetaria el enfrentamiento entre David y Goliat. La fuerza de la honda no está en la piedra que lanza, sino en la puntería del disparo, efectivo cuando los luchadores por la emancipación abandonemos sectarismos lastrantes y concedamos al pensamiento el lugar que le corresponde.

FUENTES:

http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2016-01-02/la-honda-de-david/

http://cinereverso.org/?p=15013

http://cubaendefensadelahumanidad.blogspot.com/2016/01/la-honda-de-david-por-graziella.html

 

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Nuevos tiempos, nuevas realidades

Nuevos tiempos, nuevas realidades

 

ALFABETO 2

Por Sergio Plasencia Montero /  El alfabeto que aprendimos desde pequeños, y asumo los ya no tan pequeños, como nos, los de la Generación X (1971-1981), se compone de letras desde la A hasta la Z. Grafías que desde su génesis se le asocian palabras y figuras.

Al retomar el conservado libro de Primer Grado, donde con gracia las letras tomaban formas de objetos y palabras curiosas e incluso importantes para la edad las acompañaban, vino a mí una idea para compartir.

Por ejemplo. Se asocia a la A, avión. B, barco. F, flor. G, gato. P, payaso y así sucesivamente hasta llegar a los zapatos de la Z.

Aprendimos con ellas a formar palabras, a componer oraciones y los más insospechados textos salieron de la imaginación de cada niño que con el distinguido alfabeto aprendían a leer y escribir.

Con el paso del tiempo las generaciones se hicieron más prontas y sus dinámicas de desarrollo sociocultural organizaron nuevas formas para adquirir el conocimiento esencial.

Con la llegada de la tecnología y sus potencialidades, computadoras, celulares, tables y disímiles plataformas para interactuar con el conocimiento, condicionó sin dudas, la aparición de los Nativos Digitales, referido entonces a los nacidos desde 1993 y reconocida como la Generación Google o Z. Poniendo a punto un viraje radical a las formas de ilustrar el desarrollo cognitivo individual y colectivo.

El surgimiento de soportes digitales de corte instructivo y educativo que incluyen la búsqueda colaborativa del saber, conceptos prácticos sobre espacios de aprendizaje y servicios telemáticos con accesibilidad ilimitada han propiciado que el usuario que interviene con las Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones amplíe su entorno cognoscitivo. Pero no abandona su alfabeto.

Reincorporándonos al tema, aprender con el alfabeto no se ha derogado pero vuelven la hoja a ritmo acelerado sus contextos y las agraciadas figuras y palabras que lo acompañan han cambiado su forma y sentido.

Ahora la inicial A, se asocia a Apple. B, Bluetooth. F, Facebook. G, Google. U, USB. Y, Youtube. Y así hasta completar el nuevo escenario y sus realidades.

Todo el entorno social se desarrolla y transforma a velocidad increíble y pronto estas asociaciones pueden estar nuevamente tomando otras conveniencias.

Lo cierto es que el alfabeto no ha trastocado su misión y desde cada letra aprendida se le incorpora al ser humano en formación la objetividad y claridad de sus contenidos por aprender.

Nos queda, alcanzar intencionado desde el alfabeto, aunque nuevos tiempos impongan ritmos precipitados; que enseñar en ambientes colmados de digitalizaciones y soportes interactivos, sigue siendo imprescindible formar con palabras, importantes laudos; amar, disculpe, por favor, permiso, lo siento y entre tantas otras que harán más completos a nuestros niños y niñas, adolescentes y jóvenes que con el paso del tiempo, sabiendo que aún les falta por aprender, continuará intentándolo.

Entonces, recordarán su alfabeto y podrán boga a las nuevas generaciones.

(Tomado de Caminos)

FUENTE:

http://visiondesdecuba.com/2016/01/05/nuevos-tiempos-nuevas-realidades/#more-22188

 

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Siete (7) datos del cerebro que muestran las principales diferencias entre hombres y mujeres

7 datos del cerebro que muestran las principales diferencias entre hombres y mujeres

 

7 dif H y M

Pese a que globalmente no hay ninguna diferencia entre el cerebro femenino y el masculino, sí es cierto que existen rasgos especiales que influyen en la forma de pensar, sentir y actuar de los hombres y las mujeres.

El portal español Qué! ha elaborado una lista de las diferencias más relevantes entre el cerebro femenino y el masculino.

1.-La forma y el tamaño.

El cerebro de los hombres a menudo es un poco más grande que el de las mujeres. También suelen ser diferentes el volumen del núcleo del lecho de la estría terminal o la morfología del cuerpo calloso.

2.-La segmentación. 

Mientras que en el cerebro de los hombres la información se encuentra en segmentos diferentes individuales no vinculados entre sí, en el de las mujeres todo está interconectado. Eso podría explicar por qué los hombres suelen diferenciar sus relaciones personales de las cuestiones de trabajo, mientras que las mujeres recuerdan mejor las cosas por su conexión con una emoción particular.

3.-La concentración. 

Generalmente los hombres prestan toda su atención al asunto en el que están ocupados, mientras que las mujeres raras veces están plenamente enfrascadas en una sola actividad y son capaces de hacer varias cosas a la vez.

4.-La especialización.

El cerebro de los hombres tiende más a la especialización. Las diferentes partes de cada hemisferio están destinadas a cumplir con tareas distintas. Las mujeres, a su vez, utilizan ambos hemisferios de manera más completa, lo que les permite realizar varias tareas al mismo tiempo. 

5.-El cerebro y los sentidos. 

El sistema nervioso y el cerebro masculinos reciben la mayor parte de la información a través de la vista, que para ellos tiene una función dominante y está más desarrollada que en las mujeres, mientras que para ellas todos los sistemas funcionan en conjunto. 

6.-Las habilidades.

En el cerebro femenino hay más conexiones entre los dos hemisferios, en cambio en el de los hombres existe una mayor conectividad entre las zonas anterior y posterior. Esto significa que el pensamiento intuitivo de las mujeres está más desarrollado que el de los hombres. Y, como la zona anterior y la posterior controlan los músculos y la vista, los hombres gozan de mayor coordinación entre vista y movimientos. 

7.-Diferencias hormonales. 

La cantidad de hormonas sexuales que llegan al cerebro también es diferente para los hombres y las mujeres. Desde la octava semana de la concepción, los testículos de los niños empiezan a producir la testosterona para bañar sus neuronas y comenzar a dar forma a la estructura del cerebro. En el caso de las niñas, los estrógenos se destinan para potenciar las regiones del cerebro que controlan la expresión de las emociones.

Fuentes:

https://actualidad.rt.com/ciencias/196099-principales-diferencias-cerebro-femenino-masculino

http://www.puranoticia.cl/noticias/deportes/7-datos-del-cerebro-que-muestran-las-principales-diferencias-entre/2016-01-06/110053.html

http://noticias.uho.edu.cu/?p=117401

 

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Revolución Cubana 1959-2016

Revolución Cubana 1959-2016. Sin echar el laurel en la olla. Por Luis Toledo Sande

 

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Sin restar importancia a las dos guerras llamadas mundiales, ni a la liberación de naciones como China y Vietnam —esta, además, con la ejemplar victoria sobre la invasión estadounidense en su haber—, del siglo XX cabe destacar cuatro procesos revolucionarios diversos: en orden cronológico, la Revolución Mexicana, la Revolución de Octubre, la Segunda República Española y la Revolución Cubana. Tres de ellos se ubican en ámbitos de la lengua española, hecho contrastante con el escaso prestigio que suele concederse a las ciencias sociales expresadas en ese idioma.

Pero ese ángulo, de interés y merecedor de atención frente a expresiones de colonialismo fomentadas desde otras áreas culturales, requeriría un análisis particular. El presente artículo apenas bordea el significado de la Revolución Cubana desde su fragua y su llegada al poder, y en su existencia hasta hoy. Haberla ubicado en el conjunto de procesos aludidos mueve a rozar por lo menos algunos rasgos de los tres que la acompañan en el esbozo.
La Revolución Mexicana, cuyo carácter pionero en aquel siglo no parece tenerse tan en cuenta como sería justo, fue un paso de avance en la transformación de un país de nuestra América frente a la herencia feudal que le llegó de su formación como colonia. La importancia de esa Revolución no debe ocultarla ningún estancamiento sufrido con el tiempo y al influjo de los forcejeos clasistas y presiones externas, lo que se dice sin afán de agotar el tema.
La de Octubre no se limitó a “diez días que estremecieron el mundo”: sumó décadas de una siembra emancipadora que incluyó tanto liberar a Rusia y sus colonias del zarismo como propiciar el nacimiento de varias naciones marcadas por aspiraciones socialistas. Generó, en fin, valiosas transformaciones internas y un baluarte para la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial.
A pesar de grandezas tales, deficiencias y males internos contrarios al socialismo le impidieron llegar viva a los finales de la centuria en que tantos logros cosechó y nutrió tantas esperanzas, aunque haya interesados en negar unos y otras. Las causas del desmontaje antisocialista de los frutos de esa Revolución, incluida la propia Unión Soviética, deben seguir estudiándose. Ninguna precaución será ociosa para que errores y aberraciones como los allí entronizados no se reproduzcan y den al traste con otros proyectos justicieros.
Burocráticamente declarada irreversible por decretos que pretendían blindar el socialismo desde oficinas, la realidad que se logró construir en el camino abierto por aquel extraordinario Octubre fue demolida. Además de ser una tragedia en sí, ello ha dado asideros para negar legitimidad y valor a todo empeño revolucionario.
Esa tendencia dolosa se aprecia en análisis distorsionadores del pasado y el presente de la humanidad, aunque se trate de un afán democrático tradicional como la Segunda República Española, derrotada por una implacable alianza internacional de la reacción fascista, sin descontar los que puedan haber sido errores en su sostenimiento y su defensa.
Contra la dignidad de ese ensayo fundador —en cuyas filas se vertió sangre cubana— se lanzan hoy perros de la propaganda capitalista, en complicidad con la herencia del fascismo que nutrió en España el denominado Bando Nacional. Este, artífice del levantamiento anticonstitucional y terrorista contra la República, enlutó el país durante décadas y finalmente preparó la sucesión monárquica, sobre la cual se fabricó una transacción “democrática” enfilada a silenciar el pensamiento de izquierda y sepultar las aspiraciones republicanas. El sometimiento a la OTAN no es casual.

Secuelas de un desmontaje

Volviendo a los afanes socialistas, se debe recordar que alguien tan objetivo, de pensamiento científico y de honradez militante al servicio del socialismo como Vladimir Ilich Lenin, sostuvo la inviabilidad de la plena construcción de un proyecto de esa índole en un país aislado. Sobran razones para entender las vicisitudes con que ha tenido que vérselas el experimento cubano.
Pero ese experimento lo puso en práctica una Revolución que triunfó el 1 de enero de 1959 y viene, por largo camino, de sus propias raíces, desde antes de 1868, con su propio Octubre vivido en ese año. Eso le ha permitido relacionarse con el mundo sin dejar de ser ella, y no solo llegar viva al siglo XXI: continúa su marcha, su pujanza, con el deber de fortalecerse, y enfrentando desafíos colosales, ya abiertos o enmascarados.
Entre los obstáculos que la rodean está la propaganda lanzada mundialmente contra todo lo que huela a revolución. En el caso de Cuba, tal campaña tiene sus recursos predilectos. Uno es sostener que la etapa más próspera del país fueron los años durante los cuales se entronizó la tiranía encabezada, al servicio del imperialismo estadounidense, por Fulgencio Batista, exponente mayor de los crímenes y el latrocinio sufridos por la nación.
El triunfo de la Revolución Cubana, y el apoyo con que desde la lucha insurreccional la abrazó la mayoría del pueblo, se debieron a su carácter popular: esa mayoría vio y encontró el camino para lograr, junto con la justicia social, la soberanía que la intervención estadounidense le arrebató en 1898.
Esa realidad explica que en 1961, tercer año tras la toma del poder, cosechara dos victorias íntimamente vinculadas, e impensables sin el apoyo mayoritario y entusiasta del pueblo: el aplastamiento de la invasión mercenaria en Playa Girón y sus inmediaciones, y la declaración del país como territorio libre de analfabetismo, gracias a la masiva Campaña Nacional de Alfabetización que hoy sigue dando frutos dentro y fuera de Cuba.

Fundamento

Esos logros, y otros, se buscaron y se percibieron asociados a la herencia martiana. Presente en la nación desde el siglo XIX, devino —como expresó Fidel Castro, guía de la obra desatada con los hechos aurorales del 26 de julio de 1953— fundamento moral de la acción armada iniciada entonces y, en consecuencia, de los logros cosechados en ese camino. En él, 1961 aportó otro nutriente explícito, asumido en la médula nacional de la obra revolucionaria: en Girón se combatió también en defensa del socialismo.
El carácter socialista de la Revolución se proclamó precisamente en la despedida de duelo de los mártires del bombardeo que, como ablandamiento artillero, el imperialismo lanzó contra Cuba en vísperas de la invasión mercenaria. Esta, así y todo, fue derrotada en poco más de 60 horas. Fue una victoria de pueblos, porque a partir de entonces, como también dijo el guía histórico de la Revolución, todos los de nuestra América, no solo el cubano, “fueron un poco más libres”. Tal realidad abonó la simpatía que la Revolución cosechó en la región desde el mismo 1959.
El carácter popular que le permitió alcanzar el poder se consumó en logros masivos, como las leyes de Reforma Agraria y de Reforma Urbana, y la disminución de las grandes diferencias acumuladas entre el campo y la ciudad, sobre todo en lo tocante a la capital. En medio de las dificultades económicas de un país bloqueado, ese afán de equidad, sin el cual la Revolución habría estado sumamente incompleta, generó construcciones —carreteras, industrias, embalses de agua, edificios para diversos usos sociales: escuelas, centros de atención médica, viviendas— que transformaron hasta la imagen física del país.
Ello, asumido con sed de equidad para toda la nación, pudiera explicar el detenimiento constructivo y las dosis de pérdida de esplendor material padecido por la capital. Ese hecho, tendenciosamente desgajado del contexto, lo esgrimen los enemigos de la Revolución para denigrarla, y aunque no existieran contra ella tales campañas de descrédito, constituye uno de los frentes en que mayor esfuerzo por la recuperación necesita seguir acometiendo.
La búsqueda de equidad entre los territorios de la nación es también inseparable de logros que esta ha venido disfrutando desde 1959 en terrenos tan vitales como la educación y la salud, la ciencia y el deporte. En el quehacer literario —incluida la vertiente editorial— y en otras expresiones artísticas —cine, música, danza, plástica— se ha vivido, encaminado por instituciones que le han dado gloria al país, un apogeo sin precedentes.

Datos, esencia

El auge lo ha caracterizado la búsqueda de masividad, con un amplio movimiento de aficionados en los distintos sectores poblacionales, y favoreciendo el desarrollo de individualidades sobresalientes, que han merecido admiración y lauros en distintas partes del planeta. Espectáculos artísticos de alto nivel están al alcance de la población, con entrada a precios módicos, o libre, al igual que los deportivos. Mantener ese camino es una de las señales con que en medio de severas dificultades la Revolución ratifica su lealtad, también en esas esferas, al José Martí que entendió que “ser culto es el único modo de ser libre”.
Enumerar las conquistas alcanzadas en los diversos frentes antes mencionados pudiera ser necesario ante quienes opten por desconocerlas, pero en esos casos resultaría estéril. Las personas honradas pueden disponer de la información que emana de la propia realidad. Alúdase solo a los altos grados de instrucción generalizada y a los índices de mortalidad infantil y esperanza de vida que hacen de Cuba un país ejemplar en esas esferas, como reconocen instituciones y organismos internacionales de la mayor relevancia.
Los logros están presentes asimismo en la amplia colaboración de Cuba con numerosos pueblos, y se aprecian hasta en una emigración que, a diferencia de la de otros países —y no solo entre los que clasifican como no desarrollados—, sobresale por su preparación técnica y profesional. Quien conozca la realidad de los inmigrantes en otras naciones, podrá dar fe de esas diferencias.
Anécdotas y experiencias de tal realidad abundan. El autor de este artículo no pasará de recordar la gratitud con que el embajador de un pueblo hermano acogió la iniciativa de una universidad, europea, de ofrecer a emigrantes de su pueblo cursos para adiestrarlos en tareas concretas.
Eran las peor pagadas, y más despreciadas —por lo menos antes del reconocimiento de la etapa de crisis que allí se gestaba— entre los naturales de la nación a la que habían ido a parar: en ese caso, empalmar cables, vestir camas, limpiar ancianos…; en otros correspondería hablar de la agricultura y la construcción. Al final de la ceremonia en que su embajador había expresado gratitud a la universidad, un colega diplomático, amigo del articulista, le dijo a este: “Los emigrantes de tu país no necesitan esa ayuda”.
Pero Cuba ha tenido que desempeñarse en condiciones anormales, porque muy pronto contra la Revolución se lanzó la hostilidad de la mayor potencia mundial, los Estados Unidos. La poderosa nación imperialista, acostumbrada desde su gestación, y en su desarrollo —en él se ubica el robo de más de la mitad del territorio de México—, a dominar y saquear a otros países, no le perdonó a Cuba su dignidad nacional y su servicio al pueblo. Con esa orientación el gobierno cubano acometió nacionalizaciones indispensables, y en ello también tuvo un rotundo respaldo popular.

Patente imperial

Pronto la hostilidad del vecino del Norte se expresó en un bloqueo económico, financiero y comercial que aún perdura, y en agresiones armadas. En estas se inscriben la invasión mercenaria de 1961 y las bandas de alzados —también mercenarias— que fomentó en distintos sitios del país, y que en sus monstruosos actos terroristas cometieron asesinatos, entre otros, de alfabetizadores.

En aquellos actos figuran la explosión del vapor francés La Coubre en el puerto de La Habana, y la voladura de un avión cubano en pleno vuelo sobre Barbados. Esta última acción, así como otras, la orquestaron agentes del imperio que gozan de libertad en la nación que se autopromueve como el modelo de la democracia.
Cuando hoy, en su licencia imperial, el presidente estadounidense propone cambiar la política que su gobierno ha mantenido contra Cuba durante más de medio siglo, y dice que tal política no ha conseguido su propósito, solo queda una opción para interpretar sus palabras. Si a pesar del enorme daño económico, material y en vidas que esa política le ha causado a Cuba, el cabecilla del imperio la estima fallida, es porque ha sido planeada con un superobjetivo: destruir a la Revolución y restablecer en la mayor de las Antillas la dominación con que desde 1898 los Estados Unidos ensayaron aquí el neocolonialismo, “su sistema de colonización”, como lo denunció Martí pensando en los planes imperiales contra nuestra América en general.
Pese a todo, Cuba —y por eso ha obligado al imperio a buscar un cambio de imagen— perdura como ejemplo de resistencia. Ha dado apoyo ideológico y moral a otros pueblos, y protagonizado un aporte internacionalista que —aunque se propongan silenciarlo ingratos y enemigos— contribuyó a las mejores transformaciones emancipadoras en África. Lo han reconocido pueblos y guías políticos como Nelson Mandela en Sudáfrica, y varios en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y otros de nuestra América.
Allí, plantando cara al vecino poderoso, se han desafiado las maquinaciones de la Organización de Estados Americanos y del Área de Libre Comercio para las Américas. De ese enfrentamiento han surgido alternativas de dignificación soberana como la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Resurgen las banderas del socialismo, en busca de actualización creativa, aunque no sea más, ni menos, que por entre las estructuras del sistema capitalista.
Pero el imperio no cesa en sus planes, y dispone de enormes recursos. En general, con el individualismo y el pragmatismo consustanciales al sistema capitalista, propala el neoliberalismo. Estimula las llamadas desideologización y despolitización, máscaras del afán de erradicar el pensamiento revolucionario. Promueve y apoya cuanto pueda conducir a la reversión de planes nacionales molestos para su manía de dominarlo todo. Ahora, con respecto a Cuba en particular, intenta dar la imagen de un cambio de actitud, y propone otros métodos para lograr lo que la resistencia y la creatividad cubanas le han impedido conseguir.

Golpistas de etiqueta

Todo eso, de lo cual las campañas contra Cuba son inseparables, explica distintas formas de golpes de Estado que en Honduras y en Paraguay han venido a sustituir el gorilismo armado, que no debe considerarse definitivamente cancelado; los intentos golpistas en Venezuela, Bolivia y Ecuador; las campañas y amenazas contra la misma Venezuela bolivariana; la creación de nuevas bases militares en Colombia; la propaganda y las maniobras para alimentar la oposición contra los gobiernos de Brasil y Argentina.
En esta última la derecha consiguió electoralmente el éxito contra las fuerzas progresistas que habían sacado al país del hundimiento en que lo atascó el desafuero neoliberal. El saludable optimismo no basta para ignorar que, con la guerra mediática y económica, el imperio y sus cómplices intentan aplastar cuanto proyecto justiciero le salga al paso. Sería torpe considerar a Venezuela un caso aislado.
Los zarpazos de la derecha neoliberal —que va por más— se dan cuando en varios países las urnas han devenido camino de triunfo para proyectos emancipadores, y los medios imperiales de propaganda fabrican la imagen de que todo acto armado por parte de los pueblos es terrorismo repudiable. Los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, sin embargo, desencadenan guerras genocidas y consiguen edulcorarlas con falacias lingüísticas tan perversas como calificarlas de humanitarias: deformación de sentido que ha pasado incluso al periodismo revolucionario, o de izquierda al menos, para hablar de crímenes y desastres de lesa humanidad.
Es difícil —heroico, digamos sin rodeos— conseguir un triunfo revolucionario valiéndose de los mecanismos y procedimientos que el capitalismo ha perfeccionado para defender sus intereses. Pero la persistencia de la Revolución Cubana la explica su toma del poder por la lucha armada con decisiva participación popular. Y se ha mantenido gracias al decisivo apoyo de la mayoría del pueblo.
No es casual que todo lo relativo a Cuba sea tergiversado o satanizado, con saña, por la propaganda imperialista. Para actuar, el país debe guiarse únicamente por la norma de la justicia y lo correcto: ni hacer para complacer al enemigo, ni dejar de hacer por no parecer que presta atención a sus campañas.
Cuanto haga será sometido a lentes distorsionadores, para desconocer sus aciertos y atribuirle errores o magnificar los que cometa. El esperado afinamiento en su política migratoria, por ejemplo, deja sin argumentos a no pocos infundios lanzados contra ella, y en igual medida los mismos que los propalaban intentan revertir el efecto de sus aciertos.
El contexto internacional está signado por la preponderancia de las fuerzas del imperio, y las circunstancias nacionales de Cuba se ven severamente dañadas por el bloqueo que este le ha impuesto durante más de medio siglo. Contra semejante engendro se proyecta el clamor de pueblos, avalado en votaciones de la Asamblea General de la ONU, pero groseramente las burla el mismo gobierno que anuncia la voluntad de cambiar su política hacia Cuba.

Desplazamientos y persistencias

El mayor reto que se le presenta al país radica en mantener el afán de asegurar la justicia social en un contexto internacional con frecuencia sórdido. En él —ha escrito Fernando Martínez Heredia en su libro El corrimiento hacia el rojo, título alusivo a los ciclos de expansión y contracción material del universo— se aprecia “un mundo extraño, en el cual reinan el lucro y el hambre, y no parece haber futuro para la decencia”.
Ante ello lo pertinente y digno no será cruzarse de brazos y renunciar a construir un mundo mejor, que es posible, además de necesario para que la humanidad llegue a merecer en plenitud ese nombre. Como añade el mismo autor citado, “la indecencia carece totalmente de legitimidad”.
La búsqueda de la decencia en las relaciones humanas a todos los niveles define lo que un país como Cuba, que ha llegado hasta donde está gracias a la construcción revolucionaria, debe tener en la brújula de sus replanteamientos en pos de una eficiencia económica indispensable para mantener el proyecto justiciero que tanto esfuerzo y tanta sangre ha costado. La seducción economicista y pragmática no será garantía para ningún empeño revolucionario erigido sobre la convicción de que la historia lo avalará, aunque tampoco deba ignorar los requerimientos de la economía.
La Cuba que halló en Martí el fundamento moral para su transformación, debe recordar el reclamo del Maestro, quien en “Crece” (abril de 1894) se planteaba si la revolución que él fraguaba tendría posibilidad de triunfar. Ante la duda, razonable, sostuvo que el gran deber patrio y humano sería hacer posible la revolución, o, por lo menos, acometerla del modo más eficaz. Lo innoble sería traicionar la grandeza del sacrificio.
Se avanzaba hacia la guerra que estallaría el 24 de febrero de 1895, y afirmó: “Era ambiente la revolución, y hoy es plan. Era un sentimiento inútil y cómodo: como corona de adelfas era, y de laurel, que no hay derecho a arrancarse de la frente para sazonar, con sus hojas ensangrentadas, la olla de la comodidad”. Comprendía que, aunque imperfecto, lo hecho antes del 10 de octubre de 1868 —la “preparación gloriosa y cruenta” asumida en el Manifiesto de Montecristi (marzo de 1895), ya en pie la nueva guerra—, se inscribía en la gloria de la cual sería deshonroso huir: “¡infeliz, en la memoria de los hombres, quien eche el laurel en la olla!”. Ratificó así la base ética de su pensamiento y de su conducta.
Como otros suyos, aquel texto de Martí de 1894 sigue trazándole a Cuba el gran deber de hoy, cuando acomete una nueva etapa en una permanente sucesión de institucionalizaciones. Ese empeño, que empezó con el desmontaje, desde 1959, de las estructuras capitalistas, vivió un momento señero cuando en 1976 se aprobó, en proceso hondamente democrático, popular, la Constitución que ratificó a Cuba como república y como Estado socialista, llamado, por tanto, a tener la guía de trabajadores y trabajadoras, nada parecido al capitalismo de Estado.
Con esas luces entra la Revolución en su año 58, cuando se prepara el VII Congreso del Partido que tiene la misión de guiarla, y el cual en su anterior Congreso aprobó los Lineamientos para acometer lo que se ha denominado actualización del modelo económico cubano.

Utilidad y virtud

Se debe hacer lo necesario para que la Revolución mantenga ese espíritu productivo y —siempre Martí— orientado por la utilidad de la virtud, superior a la virtud de la utilidad, y para que dentro de muchas décadas se pueda seguir hablando de ella como de una realidad viva, no de un proceso estancado en resignaciones o sacado de rumbo por deformaciones que serían deplorables. Cuando se ha tenido como brújula echar la suerte con los pobres de la tierra, y se ha vivido más de un siglo de luchas revolucionarias, sería criminal abandonar el camino que esa brújula ha venido indicando.
Sabedor de que “ni hombres ni pueblos pueden rehuir la obra de desarrollarse por sí,—de costearse el paso por el mundo”—, Martí sostuvo: “No yerra quien intenta componer un pueblo en la hora en que aún se lo puede; sino el que no lo intenta. Si no se lograse la composición, se lograría al menos el conocimiento de las causas por que no podía lograrse; y eso limpiaría el camino para lograrla mañana”.
El error es humano, pero la rectificación, también humana, es además sabia, y lo que se haga debe regirse por la ética: “Si se intenta honradamente, y no se puede, bien está, aunque ruede por tierra el corazón desengañado: pero rodaría contento, porque así tendría esa raíz más la revolución inevitable de mañana”. Pero no valdrían autocomplacencias a estas alturas de un camino en que el “Patria y Libertad” de los mambises condujo al “Patria o Muerte” del Ejército Rebelde, lema coronado por un “Venceremos” que hoy resulta más fuente de responsabilidad y compromiso consciente que nunca antes.
La Revolución, que en las actuales circunstancias urge mantener, puede verse como la que en su tiempo —con el ejército español en Cuba y el estadounidense dispuesto a invadirla— Martí vaticinaba que podría ser inevitable luego. Más de un siglo después —con una Cuba que ha encarado y vencido desafíos tremendos—, la realidad es otra, y tampoco se debe olvidar un hecho: a lo largo del devenir humano, las revoluciones no han sido términos en la historia.
En sus mejores frutos —incluso a pesar de errores y hasta de traiciones— han representado actos de transición o fuentes de luz hacia logros de mayor alcance. Para Martí, como se lee en su texto de 1894 citado, la meta era la que puede seguir orientando a Cuba hoy y siempre: el “fin humano del bienestar en el decoro”. Nada menos.

 

(Publicado originalmente en Bohemia DigitalPor razones prácticas en la presente edición se ha prescindido de las dieciséis fotografías con que se acompañó enBohemia Digital y que puntean la trayectoria de la Revolución Cubana.)
Fuentes:
https://luistoledosande.wordpress.com/2016/01/04/revolucion-cubana-1959-2016-sin-echar-el-laurel-en-la-olla/
http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/01/06/revolucion-cubana-1959-2016-sin-echar-el-laurel-en-la-olla/#.Vo0Y6rZ6TIU
http://cinereverso.org/?p=15028
http://bohemia.cu/nacionales/2016/01/sin-echar-el-laurel-en-la-olla/
Publicado por:  David Díaz Ríos / @daviddr5129 
CubaSigueLaMarcha.blogspot.com  / CubaEstrellaQueIlumina  
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