Porque si está la bandera…

Porque si está la bandera…

 

En el actual contexto la bandera de los Estados Unidos es cada vez más visible, ya empieza a verse también en vehículos que pertenecen a instituciones públicas, a organismos, a la esfera de administración estatal.

 

Foto tomada en la víspera del 10 de octubre de 2015 en la vía habanera Avenida de la Independencia,

Por Luis Toledo Sande / Se han puesto en boga la “despolitización” y la “desideologización”. Pero estas, en el fondo, más allá de la voluntad personal, sustituyen unos criterios políticos por otros, una ideología por otra. Nadie está al margen de las políticas ni de las ideologías, digan lo que digan voceros de presuntas “modernidades”, según las cuales la historia no pasa de ser un simulacro fabricado por la política y por la ideología: es decir, por la política y la ideología que tales voceros rechazan y, por tanto, quisieran hundir en el olvido.

No se vive en el reino de las ilusiones. En lo que tiene de real y aún más en lo que tiene de falacias, la llamada globalización enmascara o intenta disimular grandes contradicciones que perduran. Hoy oleadas de migraciones ponen trágicamente sobre el tapete esa verdad y, en ella, la naturaleza de las potencias que tratan de venderse como paradigmas de civilidad y democracia. Los hechos están a la vista, para quienes quieran verlos.

No es una simpleza la proliferación —pudiera decirse que en muchas partes, pero aquí se habla de Cuba— de banderas usadas como si fueran o pudieran ser meros adornos en zapatos, ropa de todo tipo, carteras, pañuelos, vehículos… Parecería que se hubieran perdido todas las normas, pero el fondo es más complejo que las regulaciones. Estas, que deben existir civilizada y razonablemente, no son más poderosas que la vida, ni se pueden confiar a la espontaneidad, “a la buena de Dios”. La cultura tiene una función de primer orden que cumplir, y no podrá llevarla a cabo sin conocer y respetar la historia: no existe al margen de lo histórico, pero sus deformaciones pueden traicionarlo.

Banderas de Cuba y Estados Unidos

No, la invasión de banderas no es un hecho banal en ningún momento. No es algo que merezca pasar inadvertido, sin ser objeto de atención por la ciudadanía en general y —parece necesario advertirlo— por las instituciones que tienen responsabilidades políticas, ideológicas, culturales. A la larga, son todas las de un país, aunque los encargados de dirigirlas pudieran ignorarlo.

El espacio donde transcurren los hechos no es solamente físico, sino también histórico y cultural, político, ideológico. El despliegue, por todas partes, de banderas de los Estados Unidos no sucede hoy en abstracto, sino en medio de un proceso tendiente a la normalización de relaciones diplomáticas entre esa nación y Cuba. Ese proceso no significa —ni habrá de significar eso su potencial logro, aunque este fuera cercano, y no parece que vaya a serlo— que el imperio deje de ser imperio ni que Cuba renuncie a su voluntad de soberanía.

Si por algo pudiera considerarse honesto al actual presidente de la mayor potencia imperialista es por haber proclamado que, al plantearse un cambio en la actitud visible de su país —no hablamos aquí de aquel pueblo— hacia Cuba, su administración procura lograr por otros caminos, con otra táctica, lo que no consiguió con más de medio siglo de hostilidad desembozada. ¿Será necesario poner ejemplos de ella? Quienes prefieran ignorarlos como si no hubieran existido, los ignorarán aunque se les abrume citándoles hechos que han causado muertes y otras desgracias.

Dejando a un lado los hechos propios del protocolo en las relaciones internacionales —que algunos parecen dispuestos a acatar solamente para abogar por el “apoliticismo” y aceptar los designios imperiales—, si la bandera de los Estados Unidos representa a un pueblo, merece respeto. Pero si es también, y aún nada lo niega, la de un imperio agresivo que desde su fragua como nación aspiró a someter a Cuba —y lo hizo a la fuerza desde 1898 hasta 1958—, de un imperio que sigue generando masacres en el mundo, no hay por qué asumirla con entusiasmo, aunque en algunos el entusiasmo se desborde.

muchacha bandera

Para percatarse de tal grado de entusiasmo basta oír ciertos comentarios callejeros, y hasta leer algunos acogidos en publicaciones cubanas, digitales en particular. Si se les difunde, sirvan al menos para comprobar por dónde va parte del pensamiento, que no es nueva, no solo para que se vea que somos amplios y democráticos. ¿Lo es el imperio? ¿Lo son sus servidores? No es de ahí de donde deban venir nuestras normas, ni vienen nuestros ideales.

Aunque hoy se hable de corrientes neoanexionistas, lo de neo sale sobrando: son continuadoras del anexionismo contra el cual lucharon en el siglo XIX revolucionarios como José Martí. Era una línea de pensamiento peligrosa por antinacional, por el espíritu lacayuno que abonaba, aunque ya entonces estaba condenada al fracaso, como sigue estándolo hoy. No solo porque en el siglo XX y en lo que va del XXI la mayoría del pueblo cubano, con sus vanguardias, ha seguido defendiendo la independencia, sino porque a los imperialistas no les interesa que países “inferiores” sean parte de su “constelación de estrellas”. Como dominios humillados sí los admitirían.

Ningún cubano o cubana que abrace la dignidad y defienda a su patria debería desconocer ni olvidar la “Vindicación de Cuba” escrita y publicada por Martí en 1889 para refutar maniobras propagandísticas, ideológicas, de la prensa estadounidense. Nadie crea que eso es cosa muerta, y que recordarlo con vocación patriótica es anclarse en el pasado, como sostienen los interesados en borrar la memoria histórica para confundir a los confundibles y desautorizar a los revolucionarios. La tragedia de Puerto Rico, ¿es cosa del pasado? La martiana “Vindicación de Cuba” también defendía, de hecho, a esa tierra hermana.

En el actual contexto la bandera de los Estados Unidos es cada vez más visible, dentro o fuera de borda, en autos que circulan por calles cubanas. Tal “moda” empezó, al parecer, por vehículos de propiedad privada —autos de paseo, motos, camiones, bicitaxis…— a cuyos dueños supuestamente les asiste el derecho a exhibir en ellos lo que les venga en gana, al margen de toda ley jurídica o moral. Pero ya empieza a verse también en vehículos que pertenecen a instituciones públicas, a organismos, a la esfera de administración estatal. Es el caso de la foto que ilustra este artículo, tomada en la víspera del 10 de octubre de este año en la vía habanera que se conoce como de Rancho Boyeros, para la que sería honroso hacer valer su nombre oficial: Avenida de la Independencia.

Todas las instituciones cubanas, sobre todo las públicas —pero sin excluir a las privadas, que aumentan y también intervienen de distintos modos en el uso del patrimonio histórico y cultural—, tienen una alta responsabilidad, mucho más aún que en las prohibiciones que puedan existir, o falten, en las imágenes que difunden, y en la formación, en la persuasión de sus trabajadores y trabajadoras, aunque no operen en el sector gremialmente llamado cultural. Pero es obvio que la tienen de manera todavía más señalada si son de ese sector, como la institución a la cual pertenece el vehículo fotografiado.

Ello muestra un ejemplo concreto de una realidad ante la cual las instituciones del país tienen mucho por hacer, y con ese sentido se trae a los presentes apuntes. Aunque el asunto no es como para cruzarse de brazos y anular el pensamiento, y sí para hacer los necesarios reclamos de sesgo cultural, no se trata aquí a manera de acusación enfilada a promover ninguna represalia ni, menos aún, cacerías de brujas. Esto último va dicho como declaración de finalidad, y, si hiciera falta, hasta para complacer a quienes con mayor o menor razón se pronuncian contra tales cacerías. Pero tampoco ignoremos que entre esas personas puede haber no solo incautos y bien intencionados, sino igualmente interesados en que las brujas propaguen en la nación el espíritu que conviene al imperio, no a la patria.

El autor de estas líneas no repetirá en ellas lo que ha escrito sobre el tema en otros textos, especialmente en¿Banderas nada más? y en Más sobre banderas (inicialmente publicados en la página digital de Bohemia, pueden leerse en las correspondientes ediciones impresas de esa revista, y en otros órganos digitales localizables en la red). El asunto es profundamente cultural, y no puede tratarse al margen de la historia ni de los designios o desafíos de la política. Pero no faltan quienes pretenden ignorarlos. A los artículos citados alude aquí el autor en pos de la aconsejable brevedad, y con la ilusión de que no se le atribuya ignorancia de hechos y conceptos que él conoce; pero también con la certidumbre de que no hay páginas que agoten la realidad: ella siempre las desborda, por muy minuciosas que fueran.

El segundo de aquellos artículos comienza enalteciendo un acierto: el de familiares y colegas de la profesora Angelina Romeu Escobar que le exigieron al conductor de la carroza fúnebre donde iba a ser transportado el cadáver de la educadora, retirar la bandera estadounidense puesta o admitida por él en la cabina del vehículo. La retiró, pero ¿en virtud de qué fines y al amparo de qué norma se había colocado esa insignia en un vehículo del sector estatal, y, por añadidura, llamado a la mayor seriedad, a solemnidad incluso? Tino y dignidad mostraron quienes reclamaron respeto para la memoria de alguien que había abrazado el legado martiano en su vida cotidiana y en el aula.

José Martí, quien luchó ejemplarmente por la independencia de Cuba, sostuvo que esta debía ser libre de España y de los Estados Unidos, y lo ratificó, en su célebre carta inconclusa a Manuel Mercado, el día antes de morir en combate en la guerra que él concibió y organizó para alcanzar el fin que sabía ineludible. Ese es el mismo héroe que amaba al pueblo español, del cual vinieron sus padres; que supo que en ese pueblo había amantes de la libertad de Cuba capaces de combatir y morir por ella, como no pocos hicieron, y fue también el mismo que, aludiendo al pendón de la metrópoli colonialista, escribió en Versos sencillos al rememorar un espectáculo artístico, español, al cual asistió: “Han hecho bien en quitar / El banderón de la acera; / Porque si está la bandera, / No sé, yo no puedo entrar”.

http://www.cubarte.cult.cu/es/letraconfilo/porque-si-est-la-bandera/31723

https://lapupilainsomne.wordpress.com/2015/10/16/porque-si-esta-la-bandera-por-luis-toledo-sande/

http://www.cubano1erplano.com/2015/10/porque-si-esta-la-bandera.html

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¿Qué hace falta para ser un cubanólogo en Miami?

¿Qué hace falta para ser un cubanólogo en Miami?

 

¿Qué hace falta para ser un cubanólogo en Miami?

Escrito por  Edmundo García / www.latardesemueve.com / El cubanólogo de Miami debe estar siempre desinformado y desinformando; ocupado primero en impedir, después en entorpecer y en estos momentos en difamar el proceso de normalización de relaciones…

 Para ser un cubanólogo en Miami en primer lugar usted necesita ser un gran desconocedor de Cuba. Mientras más tiempo lleve sin tener contacto directo con la isla y su pueblo mejor; no importa que saber de Cuba sea el objetivo declarado de la cubanología, porque solo es un truco que se basa en mentiras y alucinaciones. 

Para ser un cubanólogo en Miami usted debe decir lo que le gusta a la extrema derecha cubanoamericana, que es la que controla los medios de la ciudad.

El cubanólogo de Miami debe estar siempre desinformado y desinformando; ocupado primero en impedir, después en entorpecer y en estos momentos en difamar el proceso de normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Como puede apreciarse, las metas de los cubanólogos miamenses se han contraído. De tratar de impedir las relaciones, pasaron a conformarse con entorpecerlas y ahora solo les queda el consuelo de calumniarlas. No sé si algún día llegarán a resignarse, porque lo único que han conservado es el fanatismo y el pataleo en la irrealidad, quedándose solos y rechazados en el lado opuesto de la historia.

Una de las campañas con que los cubanólogos de Miami trataron de torpedear la imagen de Cuba para que se malograran las negociaciones que después del 17 de diciembre de 2014 la opinión pública internacional ha conocido en toda su magnitud, se relacionó con el barco norcoreano Chong Chon Gang, detenido en Panamá en julio del 2013, el cual llevaba azúcar y un lote de armas procedentes de Cuba. Equipo obsoleto para ser sometido a reparación, y que el MINREX cubano describió en detalles en declaración oficial del 16 de julio de 2013. Decía la nota de la cancillería cubana: “en la citada nave, se transportaban 240 toneladas métricas de armamento defensivo obsoleto -dos complejos coheteriles antiaéreos Volga y Pechora, nueve cohetes en partes y piezas, dos aviones Mig-21 Bis y 15 motores de este tipo de avión, todo ello fabricado a mediados del siglo pasado-, para ser reparado y devuelto a nuestro país”.

Muchos en Miami ya no saben por quién brindar. En la foto el restaurante Versailles, cueva de los terroristas en esa ciudad

Los cubanólogos no tomaron nota de lo dicho y desataron una campaña que duró meses. En los medios de Miami se decía que los Migs podían ajustarse para portar bombas atómicas y que los Volga y Pechora podían llevar ojivas nucleares.

En función de cubanólogo Eli César, miembro de la brigada mercenaria 2506, dijo que fuentes oficiales panameñas le habían asegurado que en el Chong Chon Gang iban más armas que las declaradas por Cuba; mientras el abogado Larry Palomares, enyuntado con el ex embajador Willie Cochez, declaraba a la prensa que esto tenía que ver con el pacto Kennedy-Kruschov. Pero el cubanólogo que más deliró por esas fechas fue Juan Tamayo, periodista de El Nuevo Herald hoy retirado, que llegó a citar pruebas de una supuesta alianza militar ofensiva entre Cuba y Corea del Norte, sacada de un llamado informe secreto que en realidad estaba en la web “38norh.org”, de acceso general.

Como se sabe esa campaña anticubana no fructificó; todo lo contrario, Cuba conservó y acrecentó su prestigio internacional.

Pero las campañas de los cubanólogos no se detuvieron. En marzo de este año 2015, ya anunciado el inicio del proceso de normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, pero aún sin abrir las correspondientes embajadas en Washington DC y La Habana, se produjo en Cartagena de Indias, Colombia, el registro del buque chino con bandera de Hong Kong Da Dan Xia, que como parte de su carga transportaba material militar cuya documentación indicaba que iba destinado a Cuba.

La propaganda anticubana a partir de este suceso fue de menor intensidad que la alharaca montada con el Chong Chon Gang, quizás por la frustración de la derecha ante las declaraciones hechas por los presidentes de Estados Unidos y Cuba pocos meses antes. No obstante, los cubanólogos exigían que en virtud de lo que llamaron alianza militar, ahora entre Cuba y China, los Estados Unidos debieran dejar a la isla en la injuriosa lista de patrocinadores del terrorismo y retractarse de la apertura de embajadas. A pesar de la perreta, en mayo Cuba fue sacada de esa lista donde nunca debió estar; y en julio y agosto los dos países inauguraron sus embajadas.

Y ahora viene la más reciente pataleta de los cubanólogos de Miami.

Ayer miércoles 14 de octubre el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS), que se promueve como parte de la Universidad de Miami pero que es en la vida real un grupito de conversadores anticubanos hospedados en la Casa Bacardí de Brescia Ave, circuló un correo electrónico en el que aseguraba haber recibido la información de que el Ministro de las FAR Leopoldo Cintra Frías había visitado Siria recientemente (no dan fecha), nada más y nada menos que para apoyar por tierra con tropas y tanques las incursiones aéreas de Rusia.

¿Y a dónde lleva todo esto? Pues a la afirmación gratuita de que eso sería prueba de que Cuba prefiere llevarse con los enemigos de Estados Unidos, y que debido a esa supuesta ingratitud el Presidente Obama debe revisar su política hacia la isla.

Esta noticia del ICCAS no sobrevive unas horas. En primer lugar porque a pesar de algunos desentendimientos iniciales, Rusia está combatiendo al mismo enemigo que enfrenta Estados Unidos, los terroristas de ISIS, razón por la que el influyente periódico The New York Times le ha pedido al presidente Obama que vea a Rusia como aliada en ese objetivo.

En segundo lugar, porque nadie puede creer seriamente que un país va a preparar una operación comando a miles de kilómetros de su territorio, y enviar al frente de esa acción al Ministro de sus Fuerzas Armadas.

A pesar de toda esa irracionalidad, o quizás precisamente por eso, la derecha ha dado crédito a las especulaciones del ICCAS. Ayer mismo el director del tristemente célebre instituto, Jaime Suchlicki, fue entrevistado por la cadena Fox sobre todo para sacarle declaraciones contra el presidente Obama. Lo que no esperaba Fox es que Suchlicki dijera: “Si se confirma esta información sobre la presencia de tropas cubanas en Siria ahora, indicaría que el general Raúl Castro está más interesado en el apoyo de sus aliados, Rusia y Siria, que en la continuación de normalizar las relaciones con los EE.UU.” El presentador y seguramente buena parte del público se quedaron atónitos, como pensando: “Bueno señor Suchlicki, si se le ha invitado a la televisión nacional es justamente porque creímos que su información estaba confirmada”.

Lo que no sabe Fox, ni el público norteamericano, es que Jaime Suchlicki es un cubanólogo, pero de Miami, donde lo menos que hace falta para comparecer en los medios es la credibilidad. Por eso es que mientras la atención sobre la “información” decaía, el presentador Juan Manuel Cao del canal 41 de Miami la seguía comentando anoche como la “gran noticia” del año.

Esta, como tantas otras, es una noticia sin desarrollo ni confirmación; incluso para manejar un tema tan delicado, la mal llamada Radio Martí no pasó de una búsqueda en Wikipedia. La misma emisora, después de decir que el Pentágono confirmó a Fox la presencia de militares cubanos en Siria, no precisó qué funcionario del Pentágono hizo tal confirmación, ni qué tipo de “tropas” Cuba tendría allí. Eso sí, el medio anticubano tuvo que admitir, y cito, que el “Departamento de Estado afirmó a la prensa que ellos no poseen informes que corroboren la historia.” Quizás lo que aseguró el inidentificado funcionario es que es verdad que el ICCAS hizo el cuento. Ese, y muchos otros.

http://www.cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/44181-%C2%BFque-hace-falta-para-ser-un-cubanologo-en-miami

http://latardesemueve.com/archives/2384

http://www.cubainformacion.tv/index.php/la-columna/210-edmundo-garcia/65136-ique-hace-falta-para-ser-un-cubanologo-en-miami?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

http://martianos.ning.com/profiles/blogs/qu-hace-falta-para-ser-un-cuban-logo-en-miami-por-edmundo-garc-a

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