El alto precio del símbolo

El alto precio del símbolo

 

¿Dónde podemos encontrar, a precios razonables, una bandera cubana para colgar en nuestro cuarto o que suba con nosotros el Pico Real del Turquino?
¿Por qué se venden en divisas, y tan caros, los pulóveres del Che que muchos jóvenes quisieran tener? 
 Publicado por David Díaz Ríos CubaSigueLaMarcha.blogspot.com / CubaSigueLaMarcha.bligoo.es / CubaSigueLaMarcha.blogoosfero.cc 
Foto: Kaloian/Archivo JR 
Una demanda recurrente emanada de los debates previos al X Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) es el acceso a artículos que promuevan, en diferentes soportes, la identidad nacional y la cubanía.
El tema ha sido durante años un reclamo de las nuevas generaciones y ha alcanzado los medios de comunicación (periódicos, revistas, emisoras, blogs…), lo cual evidencia el interés de quienes denuncian que esto ha traído como una de sus consecuencia más notables el empleo cada vez mayor de simbologías extranjeras.
En el texto Plantando bandera, publicado por Soy Cuba,  la periodista Yurislenia Pardo señalaba que «Los espacios que no se llenan con lo autóctono, con lo tradicional, con lo nuestro, entonces nos los ocupan con lo foráneo. Muestra de esto es la oleada de prendas de vestir y otros accesorios que revelan la bandera británica, la brasileña, la norteamericana, entre otras que andan y desandan este suelo  a diario».
En ese sentido, en la web Cubahora, con su reportaje de análisis Entre azules y rojos, y no precisamente cubanos el periodista Alejandro Ulloa García cuestionaba: «¿Cómo ha sido tan fácil introducir y comercializar entre cubanos un símbolo foráneo, en detrimento de los nacionales?». Y esa cuestión lleva a una interrogante más preocupante: ¿Será todo eso muestra de que cada vez nos interesamos menos por lo nuestro?
No debe ser así cuando son tantos los que ansían tener prendas que los identifiquen como cubanos, pero nunca han podido acceder a ellas. Es posible, para un estudiante o un trabajador con el salario promedio del país, pagar lo que cuestan sin afectar notablemente los ingresos en su hogar.
En el blog La Joven Cuba, Osmany Sánchez se preguntaba «¿Dónde podemos encontrar una bandera cubana para ponerla en la oficina o en nuestro cuarto? ¿Dónde encontrar un busto de Martí, Mella, Guiteras, José Antonio, Che o cualquier otro patriota nuestro? ¿Por qué se venden sólo en divisas (y bien caros por cierto) los pulóver con la imagen del Che?»

 En las tiendas recaudadoras de divisas de ARTEX pueden encontrarse algunas prendas con logos e imágenes identitarias de nuestro país. Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba

HABLEMOS DE PRECIOS
En la Tienda de ARTEX La Internacional, situada en Obispo, en La Habana, los pulóveres con imágenes del Che, la bandera cubana o un sencillo texto con la palabra CUBA tenían precios que oscilaban entre los 12.95 y los 14.55 CUC.
A media cuadra de distancia, tres locales contiguos dan cabida a vendedores por cuenta propia que ofertan un mayor surtido de artículos. Allí, los pulóveres cuestan de 10 a 18 CUC «de acuerdo a la calidad del tejido y los materiales de su confección», según explicó una de las vendedoras.
Gorras, boinas, bolsas, todas con imágenes atractivas para que los visitantes foráneos se lleven unsouvenir que les recuerde la Isla. Y, para los más enamorados de esta tierra, entre las propuestas se incluyen también banderas cubanas con precios que comienzan en los 10 CUC y pueden llegar a los 30, teniendo en cuenta las dimensiones de la pieza.

 Una mayor variedad de artículos pueden encontrarse entre las ofertas de los trabajadores por cuenta propia. Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba

Los cuentapropistas han segmentado con inteligencia sus mercados: venden ropa y accesorios de estilo importado (aunque se trate de confección local) a los cubanos,  mientras que buena parte de la producción nacional artesanal tiene como destinatario primordial a los extranjeros. De este modo, ponen al alcance del bolsillo de los primeros los productos con símbolos foráneos, mientras que para los segundos (y a precios superiores) colocan artículos con la bandera cubana, imágenes del Che, etc.
Esa situación niega la posibilidad de portar la simbología nacional a los más identificados con ella: los propios cubanos.
¿Economía vs identidad?
Pero ¿cómo se convirtió en lujo de pocos el uso de prendas que resaltan la cubanía? ¿Cómo vino a ser más barato desfilar el Primero de Mayo con un pulóver made in China que con la imagen del Che en el pecho y la bandera de la estrella solitaria en las manos? ¿Por qué casi no se encuentran nuestras insignias colgando en los balcones del barrio los Primero de Enero, 26 de Julio o 27 de Septiembre?
«Cierto que hay consideraciones de tipo económico, pero la producción simbólica es vital en la lucha ideológica contemporánea y no siempre lo económico es lo decisivo. (…) desde una pequeña bandera, hasta pegatinas de entidades que prestan servicio público, o con motivos literarios, son imposibles de conseguir en Cuba.
«¿No los prefieren nuestros jóvenes? Hace pocos años, la acogida de pulóveres y abanicos con versos y pinturas cubanas en un Festival del Libro demostró que sí. ¿O es la ausencia de una estrategia que estimule la presencia de nuestra identidad en esos productos, regule sus precios y lidere su uso inteligente, lo que nos falta?», expresaba al respecto Iroel Sánchez en Sin símbolos pero sin amos.

 Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba

En tanto Ulloa, en su texto, argumentaba: «En Cuba existe una extrema carencia de producciones nacionales enfocadas en la identidad cubana. La falta de una simbología comerciable —o al menos asequible al bolsillo de todos los cubanos —, o de estrategias de marketing con base en la nacionalidad y la identidad cubanas que potencien un mercado para estos productos nacionales, hacen que una vulnerable juventud asuma cualquier tipo de “moda”, sea cual sea, sin la guía estética o la intencional influencia del mercado simbólico o estético nacional».

El joven Harold Cárdenas Lema, en un escrito titulado El símbolo perdido, publicado en el blog La Chiringa de Cuba, destacó a su vez: «Cuba necesita una dosis muy grande de patriotismo, nacionalismo e identificación con su cultura e historia. En la solución a estos problemas, los símbolos del país juegan un papel importante, daremos los primeros pasos el día que comencemos a utilizar mejor no solo la bandera o el escudo, sino toda la simbología revolucionaria».

 Las bolsas, teniendo en cuenta el material con que están confeccionadas, pueden variar sus precios desde los 10, 12,15 hasta 18 CUC. Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba

Políticamente correcto pero ¿legal?
¿Es permisible o correcto el uso de la imagen de próceres y símbolos nacionales en gorras, pulóveres, jarras, llaveros o mochilas?
El debate al respecto pareciera tornarse en ocasiones confuso pues estos productos se comercializan en divisas en las tiendas estatales, aun cuando el Reglamento de la ley de los símbolos nacionales establezca que está prohibido usar la bandera como distintivo o anuncio; parte del vestuario; pintada, grabada o dibujada en los vehículos (excepto aeronaves); reproducidas en artículos de uso no oficial o como réplica en cualquier material con propósitos ornamentales o comerciales.
El tema no hubiera alcanzado mayores dimensiones si el año pasado en un Congreso organizado por LABIOFAM, esta empresa no hubiera incluido la  presentación de dos perfumes que  llevarían como marcas los nombres de «Ernesto» y «Hugo», en homenaje al Che y al Comandante eterno de la Revolución Bolivariana. La publicación de la noticia atrajo la atención de cientos de usuarios que, a través de las redes sociales, denunciaron fuertemente el hecho.
El Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros emitió, entonces, una respuesta ante la queja popular donde condenaba la iniciativa.

  El valor de los pulóveres depende de la calidad del tejido, según los cuentapropistas. Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba

Aleida Guevara, hija del Guerrillero Heroico, afirmó en una ocasión: «Nosotros estamos en contra de la explotación indiscriminada de la imagen de mi papá. Y no aceptamos que la foto del Che esté en ninguna botella de vino o en ropa interior. Nos parece una falta de respeto todo eso. Pero que haya camisetas de jóvenes o banderas que se usan para el combate cotidiano, no podemos estar molestos por eso. Lo que sí quisiéramos es que siempre los beneficios económicos de todo esto fueran a parar a la gente que realmente lo necesita. En todo caso, todo depende del contexto en el uso de su imagen».
En relación con otras latitudes, en Cuba existe mayor conocimiento del legado y la trascendencia de la obra de Ernesto Guevara, por lo que su rostro en un pulóver tiene una connotación diferente.
En el blog La esquina de Lilith, su joven autora expresaba «Para mí portar al Che (en una prenda) es manifestarme, es alzar mi voz y decir que me siento comprometida con lo que representa: la utopía de un mundo mejor, el proyecto de equidad y justicia social, la plena realización de los hombres y mujeres».

 Las banderas cubanas, según su tamaño, pueden costar «en la calle» entre 10 y 30 CUC. Foto: Rouslyn Navia/ Soy Cuba

Todos vibramos de emoción cuando Alexander Abreu, trompeta en mano, preludia las notas de nuestro Himno Nacional. La canción y el video de Me dicen Cuba emocionaron nuestras esencias patrióticas, a ello se debió parte de su éxito y popularidad, muestra de que estamos ansiosos de encontrar esas otras maneras de expresar la alegría de formar parte de esta Isla más allá de consignas o del cumplimiento cabal de nuestro pedacito en la gran tarea de construir día a día una nación.
Sentirse cubano es mucho más que mostrar una bandera en el pulóver, es algo que se lleva en la sangre, un orgullo que nace del alma. Pero nadie podría tildarnos de locos por querer expresar también ese amor infinito a la tierra que nos vio nacer coreando El Necio en una plaza, con la imagen del Che en el pecho o agitando nuestra bandera en alto, todo lo cual, más que un capricho de juventud, es una necesidad de símbolos.
http://www.soycuba.cu/noticia/el-alto-precio-del-simbolo
Rouslyn Navia Jordán / rouslyn@juventudrebelde.cu
Perfil del Autor
Rouslyn Navia Jordán              
Periodista en Soy Cuba. Editora de Rouslyn´s blog .
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La urgencia de pensar la comunicación política

La urgencia de pensar la comunicación política

 

Por Darío Machado Rodríguez* 

CubaSigueLaMarcha.blogspot.com / CubaSigueLaMarcha.bligoo.es

 RCBaez_Unamismaidea
La comunicación política, prefiero llamarla de contenido político, tiene hoy el mayor de los desafíos: preservar y enriquecer los valores cultivados por la revolución socialista en condiciones de un cuádruple conjunto de factores que conspiran en contra.
Naturalmente, la comunicación política no puede echar sobre sus hombros toda la responsabilidad. Sin el predominio de la propiedad social, sin un Estado, sin voluntad política y leyes que respalden la orientación socialista de la sociedad cubana poco o nada significarán las acciones en el terreno de la comunicación social. Pero de igual manera, sin la acción consciente desde la ideología y la política revolucionarias, estos factores pueden debilitar y hacer desaparecer el rumbo socialista y con ello la independencia, la soberanía nacional y la identidad cultural.
Pero el tema que nos ocupa concretamente es el de la comunicación de contenido político y, por tanto, lo primero es explicar la naturaleza de ese cuádruple desafío y hacerlo pensando en la posible acción que pueden tener en lo inmediato y en el mediano plazo.
El enfocar los desafíos ideológicos de la comunicación política hay que ir a la raíz de la realidad social, tener en cuenta los datos que esta aporta.
El primer desafío es el que presentan las transformaciones económicas en curso hoy y en los años siguientes en la sociedad cubana, impulsadas por el Estado revolucionario y por la voluntad política de la nación expresada en los Lineamientos y que amplían la acción del mercado y de la propiedad privada.   Ambos elementos contienen el germen del individualismo y junto con su ampliación recrean y amplían la base económica alrededor de la cual puede y de hecho ya ha comenzado a recomponerse subrepticiamente la ideología liberal derrotada por la revolución socialista.
Todos los cubanos, sin importar el lugar que ocupamos en la estructura socioclasista, recibimos iguales beneficios de las políticas sociales del Estado, pero las relaciones económicas que se van abriendo paso, estimuladas por la acción del mercado y la propiedad privada, van tejiendo también relaciones personales de entendimiento mutuo de quienes se encuentran ligados a una cotidianidad específica, diferente de quienes participan en la parte de la economía vinculada a la propiedad social, relaciones que pueden conducir a una autoidentificación como grupo social, con intereses diferentes a los de la sociedad en su conjunto, aun compartiendo los beneficios de las políticas sociales consideradas por muchos “naturales”. Una cadena de favores mutuos, tiende a apartarlos de la proyección colectiva, de la visión de futuro compartido. La ausencia o debilidad en el examen de las consecuencias para todos de ese alejamiento solo servirá a la rearticulación del liberalismo.
No significa lo anterior que estos cambios traigan automáticamente cambios en la mentalidad de las personas, pero tampoco significa negar que a la larga, la cotidianidad de su espacio económico traerá inevitablemente una influencia en la conciencia de los protagonistas, que puede terminar dándose la mano con la ideología liberal si no hay acciones conscientes para evitarlo.
El repunte de la ideología liberal arriba aludido se observa, por ejemplo, en una relectura exageradamente entusiasta de la vieja república que esconde una negación de las transformaciones materiales y culturales desarrolladas por la revolución socialista, o en las propuestas de fórmulas jurídicas y políticas que miran más al pasado que al presente y al futuro, o en la negación a ultranza de fórmulas de orientación socialista para el desarrollo social y económico del país.
Tenemos además presentes los hechos de corrupción que ya han provocado importantes acciones legales en contra de funcionarios que han privatizado los cargos para operar en ellos en función de intereses personales espurios, a lo que se suma el oportunismo que tanto daño espiritual y material hace a la sociedad.
Corruptos y oportunistas no tendrán escrúpulo alguno en servir a la ideología liberal y a una ampliación ilimitada del papel del mercado y de la propiedad privada, puesto que sus intereses individuales hace rato que ya no están en clave social, si es que en algún momento lo estuvieron. A los corruptos y a los oportunistas les viene bien el capitalismo.
Un tercer factor en contra se presenta con el proceso de normalización de las relaciones con los Estados Unidos, ya que junto con la ampliación de los contactos, las inversiones y el comercio, vendrá la propaganda sociológica implícita en la sociedad norteamericana y en su modo de vida. Una sociedad solo exporta lo que porta. La política y las leyes deberán hacer lo suyo en materia de poner límites claros a estas relaciones, pero el efecto simbólico de su presencia -en lo adelante creciente en la sociedad cubana- no se podrá conjurar si no hay un correlato ideológico y político pensando sistémicamente y expresado en la comunicación de contenido político.
Y un cuarto elemento ya lo tenemos también presente en nuestra realidad: me refiero a los medios principalmente digitales y de otra índole a través de los cuales fluye producción informativa y cultural, no siempre veraz y no siempre de buen gusto, conformándose un panorama simbólico diferente en el cual se mira hoy cada vez más la sociedad cubana.
Es imprescindible que nuestros medios nacionales, propiedad social y al servicio del pueblo trabajador, presenten un espejo analítico, crítico, comprometido, convincente de nuestra vida, en el que se vea y reflexione la sociedad cubana. Naturalmente no solo la radio y la televisión nacionales, y la prensa nacional, sino los medios digitales que crecen y se desarrollan en una batalla contra el tiempo.
La necesidad de un enfoque integral de la comunicación de contenido político que recupere todo el talento nacional imbuido de la necesidad de proteger el proyecto de nación que solo sobrevivirá si mantiene su esencia socialista, es hoy el principal objetivo político para echar a andar la ofensiva ideológica en toda la línea de la batalla por la preservación, afianzamiento y enriquecimiento de los logros culturales de la revolución socialista.
En este contexto, se observa en ocasiones una distonía entre el abordaje de los asuntos sensibles del país en la producción periodística que comunican los medios nacionales y en la producción habitualmente llamada cultural: novelas, programas humorísticos, etc.
Mientras en la producción informativa y periodística en general los temas que se aprueban por los medios solo pueden ser tratados parcial e insuficientemente para el nivel cultural del público y las realidades de la sociedad cubana, en la producción cultural se observan licencias que pasan en ocasiones de la crítica necesaria, profunda y constructiva a zaherir sensibilidades en la audiencia y, al exceder los límites, hacen reprobables esos mensajes. Hay que encontrar el justo medio, el equilibrio que de rienda suelta a la creatividad y la diversidad y a la vez evite la confusión y el desencanto.
El correlato ideológico de la aplicación de los cambios necesarios en la economía del país, imprescindibles para garantizar la orientación socialista y con ello preservar la independencia nacional y el proyecto de nación, tiene que tener expresión en los medios nacionales que sirven a la sociedad cubana con más confianza en nuestro público, en nuestros periodistas y en los colectivos de los medios de comunicación, quienes deberán enfocar su trabajo con la necesaria autonomía y no solo otorgarles el derecho a equivocarse como cualquier otra actividad humana, sino también reconocerles el derecho a tener la razón.
Solo ventajas en la actual batalla de ideas nos traerá el tratamiento de la comunicación de contenido político desde la autoestima de los periodistas, los medios y el público,  para un accionar responsable, comprometido y sin secretismos de la realidad nacional. Un público mejor informado y escuchado confiará más en los medios y en la institucionalidad revolucionaria, estará cada vez mejor preparado para ejercer su derecho a participar en los asuntos del país y para controlar su funcionamiento, en particular previniendo la corrupción y la ilegalidad, a la vez que contribuirá a alcanzar como nos pidió nuestro Presidente, toda la democracia posible.
La ofensiva en la comunicación política, como toda operación compleja, deberá tener una estrategia clara, que abarque integralmente todos los escenarios en los cuales tiene y tendrá lugar la batalla de ideas y deberá también mantener y acrecentar sus reservas, lo cual pone la mirada en los más jóvenes.
Estoy convencido que en esta pelea la población adulta cubana formada por la revolución socialista está más preparada para vérselas con la mentira sobre Cuba que los adultos de los países del norte para aceptar la verdad, pero es de importancia estratégica contribuir a la mejor preparación de los jóvenes.
Cabe preguntarnos por qué, si hoy por hoy, cuando el escenario más dinámico de la batalla de ideas está en la comunicación social, nuestros medios de comunicación no producen programas que expliquen la naturaleza de esta confrontación y en especial por qué en nuestro sistema educacional esta materia no tiene el tratamiento que corresponde al desafío que representa. Circula en todo el país información y programación de ninguna o cuando menos escasa o dudosa calidad en el orden ético y cultural (que tiene su principal símbolo en el famoso “paquete”), sin que haya una acción consciente de cara a este verdadero reto de nuestra época.
Creo que debe pensarse seriamente por parte de quienes integran el sistema nacional de educación en cómo instruir y educar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes acerca del funcionamiento de estos medios, en formar una conciencia contrahegemónica en ellos, enseñarles la importancia que tiene para nosotros la veracidad en la producción informativa y también las artimañas de los medios al servicio de los intereses imperialistas para ocultar la verdad. Desarrollar en ellos una conciencia crítica que les permita comprender las intenciones de la producción desinformativa y anticultural de estos medios. No solo pienso en el sistema nacional de educación si lo destaco es porque resulta por su solidez y sistematicidad el más importante, sino en general en todos los espacios formativos del país.
En resumen, junto con el imprescindible crecimiento y desarrollo económico, una organización a tono con los nuevos tiempos, un entramado jurídico normativo eficiente, deben marchar indisolublemente articuladas las políticas sociales que ha defendido el ideal socialista en Cuba, y un correlato ideológico y político que reproduzca y defienda creativa y audazmente los valores de la revolución cubana.
Enviado por su autor para Cubacoraje
*Licenciado en Ciencias Políticas. Diplomado en Teoría del proceso ideológico y Doctor en Ciencias Filosóficas. Preside la Cátedra de Periodismo de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
http://martianos.ning.com/profiles/blogs/la-urgencia-de-pensar-la-comunicaci-n-pol-tica

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