¿Conoces qué significa tu nombre? [2 artículos]

Nombres que van y vienen

 

¿Has pensado alguna vez qué significa tu nombre? ¿Te has puesto analizar la cantidad de sustantivos y apodos con los cuales nuestros conocidos tienden a sustituirlo a lo largo de nuestra vida?

Sobre ese tema va nuestro comentario de hoy… Disfrútalo 

El nombre es la designación que se le da a una persona, animal, cosa, o concepto tangible o intangible, concreto o abstracto, para distinguirlo de otros.
Foto: Tomada de Tecnologia100.net 

¿Te has puesto a pensar alguna vez en la cantidad de nombres que recibimos a lo largo de nuestra vida? Sí, no abras los ojos ni arrugues la frente. Sé que preguntarnos eso puede ser algo inusual, pero no extraño, a fin de cuentas somos mucho más que Luis, Rosa, Marta o Jorge. ¿O no?

El tema surgió de repente, hace unos días, durante una conversación. Un amigo comentaba que muchas personas lo llamaban de modos diferentes. Para algunos es «Mayito», para otros «el profe» o «el de los proyectos» y había quien le decía hasta «Paíto», por organizar los populares guateques municipales llamados así. El diálogo motivó las reflexiones que ahora comparto con ustedes.

Cuando aún estamos en el vientre de nuestra madre, el vocabulario médico y científico nos designa con  vocablos como «huevo», «cigoto», «feto»… y eso somos, hasta que nacemos. Entonces nos convertimos en «el recién nacido», «el lactante», «el bebé», «la criatura», «el nené» o «el chichí».

Un niño aprende antes su propio nombre, que es como le designan los demás, que el concepto de yo. Por eso es frecuente que se designe a sí mismo con su nombre propio, pues es así como se siente designado o llamado.

Foto:  Roberto Ruiz/ Archivo JR 

[Recomendamos nuestro reportaje: Más allá del nombre]

Luego nos inscriben con uno o dos nombres junto a dos apellidos que nos identificarán hasta que perezcamos, a no ser que cuando seamos mayores de edad los cambiemos por otros.

Y así, a medida que crecemos, sugen los alias o apodos. Yo, por ejemplo, era «la Pelá» para una de mis tías, en la primaria fui «la Hormiguita» y «Chivichana» por mi pequeña estatura —característica que aún me acompaña—, después pasé a ser solo «Lili» y descubrí, a propósito, que en otro idioma me llamaba «Lirio».

El Baby Center publicó los 100 nombres más populares de bebé de 2014, a partir de datos de los  usuarios de 22 países hispanohablantes que visitaron su web. Santiago, Mateo, Sebastián, Matías y Diego, están en la cima de la lista.

Foto: Tomada de Babybasics.es

Para nuestros familiares somos hijos, hermanos, primos, nietos, sobrinos, mami o papi, abuela o abuelo. Para muchas personas podemos ser compañeros, colegas, amigos, o tal vez la pareja. Mientras para otros, solo seremos Fulanito de Tal o Menganito de Tal.

Con los años la gente también nos llamará el pionero, alumno, estudiante, universitario… y después, quizás, nos nuestros títulos de Técnico, Licenciado, Máster o Doctor, suplan nuestros nombres reales.

Aunque lo más usual es que, en el barrio, los vecinos acaben llamándonos según nuestras profesiones. «Ahí va el  psicólogo», dirán, o el médico, abogado, periodista, zapatero, contador, cuentapropista….

La lista se extiende si recibimos algún servicio de salud y nos conocen como el paciente, o al asistir a un establecimiento comercial, donde nos convertimos en el cliente o el consumidor. En los centros laborales somos el trabajador y si asumimos un cargo entonces nos transformamos en el director, el secretario, el administrador, el gerente o el presidente.

Abundan en Internet los libros y aplicaciones para descubrir los significados de los nombres. Este es el resultado arrojado por un juego de Facebook.

Foto: Tomada del juego Descubre el significado de tu nombre

Un consejo: trata de no ser nunca reconocido como el incumplidor, el rezagado, el indisciplinado, el impuntual, el delincuente, el burócrata, el tacaño, el apático, o el antisocial… Eso solo trae malas consecuencias.

Para terminar, te regalo un consejo. Haz tu propio expediente de nombres y sabrás de cuántas maneras se te ha conocido desde que viniste al mundo. ¿Te animas?

Otro ejemplo de los juegos que tienen como tema los nombres.

Autor: Liliana Sierra Sánchez          

Colaboradora de Soy Cuba. Periodista en la emisora Sonido SM, de Santiago de Cuba. Editora del blog Gitana tropical. Email: liliana@radiosm.icrt.cu

Más allá del nombre

 

¿Sabías que el uso de nombretes puede ocasionar daños graves a la autoestima?
De los apodos ofensivos y sus consecuencias conversamos en esta ocasión…
Foto: Tomada de gazetadita.al

En mi preuniversitario casi todos respondíamos a dos nombres: el que eligieron nuestros padres y el que luego nos impusimos mutuamente. Así, teníamos que Vaca, la gordita del grupo, era la mejor amiga de Pollito, la más delgada. La siempre risueña era Quinqui o Quincalla, debido a su pasión por pulsos y collares, mientras que Guasasa destacaba como la más inteligente, a pesar de su baja estatura. A la cabezona de piernas delgadas la bautizamos como Chupi, por los caramelos con palito conocidos como chupa-chupa. Y al Gordo lo seguíamos llamando así por pura costumbreaunque hacía más de cinco años que había dejado de serlo.

No faltaban los clásicos: Cuatro Ojos, la China, el Bestia… Pero estaban también el CucarachónMufasa, la PalmaShazán, el Rojo, entre muchos más, en un despliegue de creatividad que a nuestra edad parecía no conocer límites. Tampoco escaparon a tal suerte algunos profesores, entre ellos la Jicotea y el Loviru, quienes nos impartían Biología, aunque nunca supimos si alguna vez se enteraron de semejantes apelativos.

Mis amigos del pre no hacían nada de extraordinario o fuera de lo común. Desde tiempos inmemoriales las personas se han estado llamando mediante apodos, ya sea para describir una cualidad física o del carácter, como diminutivo de un nombre común e, incluso, por tradición familiar.

En el mes de marzo Soy Cuba realizó una encuesta para conocer qué pensaban los jóvenes sobre este tema. De los 201 participantes, el 41 por ciento señaló que, entre los cubanos, son muestra de cariño o broma, mientras que el 14 por ciento  reconoció su uso entre familiares y amigos.

Encuesta realizada por Soy Cuba

Un 3 por ciento los marcó como insultantes, el 15 por ciento los detesta y el 18 por ciento afirmó que los soportaba siempre y cuando no fueran racistas o sexuales. Si bien estos resultados representan solo el criterio de una muestra—las personas que votaron y consultaron nuestro sitio—, sí resultan evidencia de la opinión de varios jóvenes sobre el tema.

¿Sin daños a terceros?

Válido es destacar que existen dos tipos de apodos: los que ofenden y molestan, y los que no. Con estos últimos puede una persona convivir. Sin embargo, los primeros devienen pesada carga para sus destinatarios. En aras de profundizar más sobre el fenómeno de los apodos ofensivos en Cuba y sus posibles consecuencias, dialogamos con la máster en Psicología Educativa Annia Almeyda Vázquez, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana.

«Se trata de un fenómeno que suele ocurrir a cualquier edad. Podemos encontrar a quienes se les adjudica un apodo en la niñez y lo llevan a lo largo de su vida, y otros que lo reciben en un momento determinado. Pero la infancia, adolescencia y juventud, esta última en menor medida, son las etapas o periodos en los que resulta más común debido a las características propias de estos grupos etáreos, en los que la relación entre individuos posee un carácter más informal».

Debemos tener en cuenta que, aunque estamos hablando sobre los también llamados nombretes, «estos generalmente van asociados a otras conductas, actitudes y comportamientos que pueden trascender el mero hecho de llamarte de una manera particular, sino que también implican rechazo, burla y chistes que pasan luego al plano físico a través de las travesuras o maldades».

En estas edades tempranas, especialmente en la adolescencia, el grupo de amigos constituye una fuente primaria que nutre el desarrollo del individuo cuando su personalidad está en pleno proceso de formación, «en tanto actúa como una suerte de espejo que nos devuelve la imagen que tienen los demás sobre nosotros mismos. Y esto al joven le preocupa más que lo que piensen o digan sus padres o familiares», explica.

«En las dinámicas de un grupo se desarrollan muchos roles, que son asignados y asumidos». De tal modo,  una persona que posea características físicas socialmente asociadas a lo feo, o que no cumpla con el canon de belleza más aceptado, se le etiqueta de manera negativa y resulta, por ello, muy maltratada psicológicamente.

«Una vez asignado este rol, le resulta al individuo muy difícil escapar de él, pues se convierte en blanco de todas las burlas y pretexto de diversión para un grupo que no es totalmente consciente de cuán dañina puede ser esta violencia psicológica para el desarrollo y  la salud psicológica del abusado.

«La mayor parte de las veces, no existe conciencia sobre cuán dañina puede ser esta violencia psicológica para el desarrollo y salud psicológica del abusado», explica la máster en Psicología Annia Almeyda Vázquez .

Foto: Rouslyn Navia Jordán/ Soy Cuba

«La persona que de manera continuada está siendo ultrajada, dañada frente a otras, y su imagen está siendo desvalorizada recibe daños, fundamentalmente en su autoestima, que no es más que el proceso que le permite valorarse, quererse y sentirse a gusto consigo misma. Este amor propio no nace con uno, sino que se va formando en la relación con los otros. Y si estos, constantemente, están devolviéndole una imagen negativa, obviamente puede  incidir»., agrega la joven psicóloga.

¿Burla o acoso?

El uso de motes ofensivos se cataloga también como bullying o acoso escolar. De ahí la importancia de que los adultos identifiquen este tipo de comportamiento a tiempo y traten de evitarlos.

«En ocasiones el maestro no se percata —aunque es muy raro porque llega a resultar muy evidente— o no le da la importancia que reviste. Entonces los niños lo asumen como algo natural, como un juego, y piensan que existe una impunidad, en especial cuando se trata de una actitud grupal».

Las consecuencias para el afectado pueden ser múltiples, desde el rechazo escolar y bajo rendimiento académico, hasta dificultades en las relaciones interpersonales en su adultez.

Acota Almeyda Vázquez que «cuando la persona se siente menos atractiva que las demás, esto le genera una inseguridad a veces asociada a los celos. De modo que a pesar de tener un vínculo amoroso, no es capaz de disfrutarlo con tranquilidad sin sentirse amenazado por terceras personas. Incluso, se afectan los ámbitos laborales, porque la autoestima no solo se reduce a lo físico, sino que tiene que ver con su valía como ser humano en sentido general».

Durante la adultez somos capaces de valorar y medir mejor las consecuencias de nuestros actos. Por eso, lo pensamos dos veces antes de endilgarle un apodo a alguien, más aún si se trata de uno ofensivo pues la noción del respeto y de los límites de lo permisible entre dos personas es mucho mayor que el existente en la infancia y juventud.

De todos modos, el impacto de recibir sobrenombres ofensivos resulta diferente, pues poseemos «una personalidad ya consolidada que permite establecer diferencias entre la imagen que el otro me devuelve y la que tengo de mi mismo, a diferencia de lo que ocurre en la adolescencia cuando existe una especie de fusión entre ambas», concluyó la especialista.

Tomado de Desmotivaciones.es

Conversando con algunos jóvenes a través de la red social Facebook, les pedimos que nos comentaran acerca de los nombretes que han recibido a lo largo de su vida. Estas son algunas de sus respuestas:

Arianne Alfonso: «Me decían  “casquito de guayaba”, por el pelado que usaba cuando tenía unos 10 años».

Juan Luis Fonseca: «Me han dicho de todo lo que hay en lo referido a las orejas  “chevy con las puertas abiertas”, “orejón”, en fin».

Daymette Montenegro: «Bueno, en mi caso, los apodos de cariño son “mona” (mi hermana), “pitrín” (mi papá), “Day” (los amigos)…lo más ofensivo, por el contexto en que me lo dijeron, fue “enciclopedia ambulante” y “concientona”».

Yirmara Torres: «Mis padres me decían “gordi” en la primera infancia. También me llaman “Yirmy”, que acorta mi horrible nombre».

Mabel Duarte: «Cuando pequeña me decían “merenguito” porque siempre estaba en el piso, me caía mucho. En la actualidad personas queridas me dicen “negra” y otros “prieta”. Estos apodos no me molestan para nada, los veo de forma cariñosa y por eso no los considero ofensivos».

Arianni Rodríguez: «De niña, debido a mi delgadez extrema, tuve muchos apodos, el más reconocido fue “huesito”, que, ciertamente, lo detesté. Durante la adolescencia no fueron muchos, nada significativo. El problema llegó en la universidad: me llamaban “candela”. ¡Cuántas malas interpretaciones de los que escuchaban mi apodo por primera vez! Y la realidad es que fue solo por cierto parecido físico que alguien encontró entre un custodio de la entrada que se llamaba Candelario y yo».

A estas alturas quizás sientan curiosidad, pues que no les dije cuál solía ser mi apodo en el Pre. Pero si ya develé los de mis compañeros, no sería justo callar en lo personal. Acá les va mi confesión: me decían Tibu, un recorte cariñoso de “tiburona”. Supongo que pagué con creces mi pasión por la comida, así como el hecho de no guardar bien el secreto sobre aquellos aparatos de ortodoncia que usé durante la secundaria.

Ahora es tu turno. ¿Qué nombrete te impusieron tus amigos? ¿Te molestaba que te dijeran así?

Autor: Rouslyn Navia Jordán          

Periodista en Soy Cuba. Editora de Rouslyn´s blog . Síguela en Facebook, Google +, y en Twitter (@RouslynNavia).

 

http://www.soycuba.cu/noticia/mas-alla-del-nombre

This entry was posted in Sin categoría. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post. Both comments and trackbacks are currently closed.