Contra la miopía del poder
¿El acceso pleno a la información garantiza a los jóvenes una mayor preparación para el ejercicio de sus derechos? ¿Qué prejuicios inciden sobre la juventud en Latinoamérica? Conozca lo que respondió a Soy Cuba el investigador mexicano Rogelio Marcial Vázquez para quien la juventud no debe valorarse por lo que le falta por desarrollar ni por lo que no es aún capaz de hacer o decir

Fuente: Tomada de Loquepodemoshacer.com
La juventud, esa suerte de «estado de gracia» que a todos toca por algunos años, está plena de energía, aspiraciones y proyectos, pero también de dudas, cuestionamientos sobre su realidad y búsquedas identitarias.
Numerosos investigadores, psicólogos y sociólogos se han empeñado en analizar las relaciones establecidas entre ella y su entorno, para contribuir a garantizar el desarrollo de políticas sociales y públicas que tomen en cuenta sus características y necesidades.
Durante su intervención en el taller Identidad, Cultura y Juventud. Perspectivas analíticas y retos a la transformación social, evento auspiciado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello con la cooperación del Fondo de Población de las Naciones Unidas, el investigador mexicano Rogelio Marcial Vázquez, del Colegio de Jalisco, comentó que cada sociedad define qué es ser joven, pues la juventud es una construcción social.
Tras su intervención se generó un debate intenso sobre los procesos de formación y transformación de la identidad en la juventud y se expusieron interesantes consideraciones teóricas y generales sobre las cuales Soy Cuba profundizó con el investigador.

Es tiempo de reconocer socialmente que la juventud hoy tiene condiciones para hacer y ser aquello de lo que años atrás la considerábamos incapaz, afirma el investigador mexicano Rogelio Marcial Vázquez. Foto: Rouslyn Navia Jordán/ Soy Cuba
— Usted proponía el término de «inclusión desigual» en lugar de emplear el de «exclusión» o «marginación». ¿Por qué?
— En México se sigue mucho la corriente teórica de la CEPAL, con sede en Chile, cuyos teóricos enfocados en el tema de la marginación han descrito con efectividad este fenómeno social según el cual no se otorgan iguales derechos y oportunidades a ciertos segmentos poblacionales, sobre todo mujeres, jóvenes, pobres o indígenas. Y resulta muy cómodo construir estas ideas de exclusión y marginación en la cual pensamos a una sociedad como una entidad en la cual algunos quedan al margen o fuera de ella intentando justificar de cierto modo la negación de esos derechos ya sea porque piensan diferente, porque son pobres, etc.
«Pero yo prefiero la teoría crítica promulgada por Adorno, Horkheimer y otros pensadores, que considera a la sociedad íntegramente, donde nadie está al margen sino que existe desigualdad en los modos de inclusión, lo cual ocasiona que a ciertos ciudadanos no se les garanticen sus derechos».
— Durante la exposición también mencionaba la dicotomía en las formaciones discursivas sobre la juventud. ¿Podría profundizar en esto?
— En la cultura occidental la sociedad valora al joven de dos formas muy distintas. Por un lado se refuerza el concepto de juventud como una etapa llena de vida, de curiosidad, presta a hacer muchas cosas, etc.; pero por otro se fomenta la idea de que es un periodo donde es típica la inexperiencia y, por ende, se considera peligrosa. Se trata de una relación muy complicada donde se idolatra a la juventud pero a la vez se le teme.
— ¿Qué importancia le otorga al acceso pleno a la información por parte de los jóvenes?
— Es muy importante el acceso pleno a la información, no solo en el caso de los jóvenes, sino también de los adultos. Pero sucede que dicho acceso está muy mediatizado y controlado. Internet es el típico ejemplo: los gobiernos, las grandes industrias y empresas pretenden que la Internet no les imponga impedimentos para llegar a conocer plenamente al ciudadano, al consumidor potencial. Pero, cuando el flujo es al revés, cuando el ciudadano quiere saber de las decisiones del gobierno o las ganancias de una empresa, entonces aparecen las barreras. Controlan la información para que el ciudadano no pueda empoderarse
«Actualmente existe una discusión internacional sobre cómo democratizar la información, y garantizar pleno acceso a ella, sobre todo ahora en el actual mundo globalizado. Se han logrado avances, con la ayuda de las nuevas tecnologías muchos jóvenes pueden acceder a la información, pero este es solo un primer paso que nos lleva a cuestionarnos la utilidad de dicha información: si sirve para la construcción de una mejor sociedad o para reproducir relaciones jerárquicas y de intolerancia».
— ¿Considera que, a pesar de todo eso, actualmente la juventud tiene mayor acceso a la información que años atrás? ¿Les garantiza esto más preparación para el ejercicio de sus derechos?
— Ciertamente ahora los jóvenes tienen mayor acceso a la información, especialmente debido a las nuevas tecnologías. El problema es que no les está sirviendo para conocer y defender sus derechos, puesto que aunque cuenten con la información como sociedad seguimos controlándolos mucho y decidiendo por ellos. Y pareciera positivo el hecho de este mayor acceso, pero se traduce en algo negativo porque provoca grandes incertidumbres y se preguntan ¿de qué me sirve conocer todo esto si no lo puedo poner en práctica?…
— ¿Cuáles son, a su modo de ver, los prejuicios fundamentales que inciden sobre la juventud en esta época?
— El principal es el pensamiento adultocrático, donde el adulto cree que sabe todo y el joven no, o lo que este sabe está mal y por ende necesita de la aprobación y tutela constante de los mayores.
«Es cierto que requieren de ayuda y como adultos estamos en la obligación de velar por su correcto desarrollo y socialización. Pero opino que es también momento de entender que, debido a los cambios culturales que vivimos las nuevas generaciones están en capacidad de tomar decisiones y que, para hacerlo correctamente, deben recibir el apoyo y la información necesaria por parte del gobierno, las instituciones y la familia.
«Si errado resulta asumir que la falta de experiencia implica ignorancia o incapacidad, también lo es afirmar que “como fui joven, entiendo y conozco lo que estás pasando”. Esa es una miopía enorme por parte de los adultos porque los procesos que se están viviendo hoy no tienen nada que ver con las experiencias de ellos.
«Estamos en un periodo histórico de la Humanidad en el que los cambios tecnológicos, sociales y culturales experimentados generan condiciones muy especiales a las que no nos habíamos enfrentado antes y que, de una forma u otra, parecen inciertos e inasequibles. Nuestros temores ante ellos, fundados en el desconocimiento sobre los mundos juveniles contemporáneos han sido erróneamente el sustento de una mirada hacia la juventud desde la desconfianza y la incertidumbre. Por ello no es casual que muchas de nuestras respuestas hacia las expresiones juveniles tiendan a afianzar nuestro férreo control sobre ellos, pretendiendo así tener al alcance asideros que nos den certeza sobre un futuro que nos parece ambivalente.
«Somos nosotros, los adultos los que le tememos a estos cambios contemporáneos y pretendemos que así reaccionen también nuestros jóvenes. Debemos actuar de una manera muy diferente, atribuyéndole a eso que llamamos “la condición juvenil” un carácter de potencialidad, de posibilidad y no de limitación e incomplementariedad. Esto es, considerar a cada joven según lo que puede ser y aportar a la sociedad en lugar de por lo que le falta por desarrollar, por lo que no es aún capaz de hacer, decir o decidir.
«Estamos, me parece, en un momento histórico de cambio cultural muy significativo en el que cada vez resulta más evidente que la juventud es capaz de ser y hacer lo que hace algunos años considerábamos incapaz; y es tiempo de reconocerlo socialmente».
http://www.soycuba.cu/noticia/contra-la-miopia-del-poder




















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