Cookies: la letra pequeña de los sitios web

Cookies: la letra pequeña de los sitios web

¿Qué hace usted cuando, al abrir un sitio web determinado, se encuentra ante una notificación al estilo de la siguiente?

“Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestro servicio. Al continuar con la navegación consideramos que acepta su uso. Consulte nuestra política de cookies.”

Y, justo al lado, el botón de aceptar. La mayoría de las personas van directo al “meollo” de la cuestión, dando el click necesario para continuar con aquello por lo que se entró a la página en primer lugar. En ese momento, el usuario promedio no se percata del hecho de que está firmando un contrato con el sitio web, en el cual permite a este último obtener información sobre su navegación. Información que puede ser valiosa en muchos sentidos.

Siendo realistas, si no se lee la letra pequeña de este contrato, es porque esta suele ser asumida como un mal menor con respecto a las notables mejoras de la navegación derivadas del uso de las cookies. Y lo es. Como muchas letras pequeñas, constituye un mal menor. Pero, el hecho de que nos hagan “firmar” ese contrato, debería hacernos reflexionar sobre la razón de esta burocracia digital.

Si casi nadie le dedica más de dos segundos a dicha firma contractual, responde en gran medida a que muchas veces no se sabe qué son las cookies y cuál es su influencia en nuestro uso cotidiano de Internet. Según un informe de la Agencia Española de Protección de Datos, “los estudios llevados a cabo hasta la fecha ponen de manifiesto que el conocimiento de los usuarios sobre el funcionamiento de las cookies y las opciones disponibles para su gestión es limitada, especialmente entre aquellos que tienen un conocimiento técnico más bajo o utilizan Internet con menos regularidad”.

 

¿Cookies… un rastro de galletitas?

Ni siquiera usando la Red de redes con regularidad existe una garantía de que el usuario conozca exactamente la influencia de las cookies en su vida online. Esta pudiera ser la forma más simplificada de resumir el tema: las cookies son pequeños archivos con dosis de información enviadas por un sitio web y almacenadas en nuestros navegadores, de manera de que ese mismo sitio web pueda consultar más tarde la actividad previa del usuario.

En otras palabras, las cookies facilitan a sitios como Google –o cualquier otro servicio que implemente algún buscador- prever nuestras necesidades de información a través de nuestras solicitudes más frecuentes; permite a otros sitios “quedarse” con un conjunto de datos y configuraciones nuestras a fin de abreviar nuevos trámites en los cuales esos datos sean necesarios; y también le otorga a las empresas digitales valiosa información sobre nuestro comportamiento en su sitio, la cual posibilita la cuantificación del impacto de determinados servicios y, por consiguiente, contribuye a la mejora de la plataforma.

Pues sí, las cookies han hecho nuestra vida online mucho más fácil e intuitiva que antes.Sin embargo, el hecho de permitir a nuestro navegador la gestión de estos archivos representa otorgar un voto de confianza hacia los sitios web que utilizamos más regularmente.

La Guía para Cookies, de la Agencia Española de Protección de Datos, explica a ese respecto: “Obtener la confianza de los usuarios implica que sean conscientes de que sus  hábitos de navegación en ocasiones van a ser conocidos por prestadores de  servicios en Internet, que puedan valorar las ventajas asociadas a dicho conocimiento y que sepan cómo gestionar la aceptación o el rechazo de tales ventajas.”

¿Cuál resulta el problema con el hecho de que nuestros sitios favoritos sepan “reconocernos” a partir de nuestra actividad online? No lo llamemos problema, si no pura precaución. En primera instancia, si no leemos la política de cookies que algunos sitios nos ofrecen –en otros no es muy visible e, incluso, algunos carecen completamente de ella- no sabemos QUÉ tipo de información estos almacenan sobre nosotros. Y menos conoceremos qué se puede hacer con estos datos.

Grupos  defensores de la privicidad online protagonizan campañas que critican ciertos modos de empleo de nuestro “rastro digital”. Grandes sitios como Facebook y Google han afrontado varias demandas por violación de privacidad online, derivadas de políticas poco explícitas del uso de cookies. No siempre han salido ilesos de este tipo de reclamos jurídicos. Por esta razón, estas y otras empresas  toman la delantera en aplicar estrategias comunicativas para justificar y esclarecer su uso de la información recopliada en estos pequeños archivos.

Según la previamente citada Agencia Española de Protección de Datos, un factor clave para el respeto de los derechos de los usuarios sobre el uso de las cookies radica en  el consentimiento de estos últimos. “Los prestadores de servicios podrán utilizar dispositivos de almacenamiento y recuperación de datos en equipos terminales de los destinatarios, a condición de que los mismos hayan dado su consentimiento después de que se les haya facilitado información clara y completa sobre su utilización, en particular, sobre los fines del tratamiento de los datos”

 

 

“Bocaditos” de publicidad

 

En este punto, resulta obligado hablar de la publicidad online. Si bien en Cuba estamos menos expuestos al e-commerce, no deberían tomarnos por sorpresa los cambios que están ocurriendo en los sitios que consultamos en materia de publicidad, que, por demás, no son siempre cubanos.

Un aspecto interesante de las cookies con vistas a la publicidad resulta que aunque estas sólo se envían al servidor que las definió o a otro en el mismo dominio, una página web puede contener imágenes y otros componentes almacenados en servidores de otros dominios. Lascookies que se crean durante las peticiones de estos componentes se llaman cookies de terceros.

Este tipo de cookies suele ser utilizada por las compañías publicitarias para realizar seguimientos a los usuarios en su actividad por diferentes sitios, obteniendo datos que les serán sumamente útiles para la implementación personalizada de sus estrategias publicitarias.

No obstante, Facebook ha ido un paso más allá con un concepto de  “publicidad social”: ya las cookies serán parcialmente desplazadas en su función de recolectar información de los usuarios. A través del reciente lanzamiento su nueva plataforma Atlas, esta empresa de Silicon Valley niega que dichas galletitas sean la forma más óptima de hacer publicidad actualmente en redes sociales.

Según los portavoces de Mark Zuckerberg, “La tecnología que suele emplearse para mostrar anuncios y medir sus resultados es imperfecta cuando se usa por sí sola: las cookies no funcionan en los móviles, son cada vez menos precisas en cuanto a segmentación demográfica y no pueden medir con exactitud el embudo de compra a través de navegadores y dispositivos distintos, o en las tiendas.”

 

Este argumento plantea una nueva perspectiva de la publicidad online más alejadas de lascookies. Pero, más allá de motivos publicitarios, estos archivitos llegaron para quedarse y facilitar notablemente nuestro surfeo digital. Siempre que los usuarios, al más clásico estilo de Hansel y Gretel, sepan qué rastro de migajas dejan en sus navegadores y dispositivos sobre sus historial online, una política saludable del empleo de cookies será factible para hacer de Internet la experiencia interactiva e intuitiva que disfrutamos hoy.

Por Gabriela M. Fernández

gabriela.fernandez@ntv.icrt.cu

http://www.cubatv.cu/news/03b06ed84a6111e48933005056bc6fa4/cookies-la-letra-pequena-de-los-sitios-web/

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