El coronavirus y la probable mano oculta de EE.UU.


El coronavirus y la probable mano oculta de Estados Unidos  /  Escrito por  Arthur González

 

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¿Hay o no razones para sospechar que la mano de Estados Unidos está detrás de la epidemia, con todos los antecedentes que tiene la CIA en guerra biológica?

 

Para quien conoce la historia terrorífica de la CIA, preñada de planes de Acciones Encubiertas para asesinar a personalidades, espiar a partidos políticos y sus dirigentes, ejecutar golpes de Estado, desarrollar experimentos para manipular la mente de seres humanos y trabajar con agentes biológicos con el fin de trasmitir virus contra personas, animales y plantas, no es descabellado versionar que también pueden estar detrás del peligroso Coronavirus, o Neumonía de Wuhan, detectado en China.

Es notoria la guerra sucia que Estados Unidos ejecuta contra China, por considerarla un peligro para la economía yanqui, de ahí que el presidente Donald Trump, aplique medidas nunca vistas para ahogar a China y evitar que salga adelante como la mayor potencia económica mundial.

Los yanquis desesperados buscan modificar la correlación de fuerzas a escala mundial, por eso empujaron al Reino Unido a salir de la Unión Europea y para debilitarla, además de convertir a China en su nuevo enemigo estratégico en el escenario mundial.

Por eso no es de extrañar que pudieran estar detrás de la aparición en Wuhan del Coronavirus, obligando a los chinos a paralizar una de sus regiones con más desarrollo económico y una población de más de 11 millones, siendo su séptima ciudad más poblada y una de las nueve ciudades nacionales centrales de China con conexiones hacia todo el territorio nacional, apodada como “La calle de China”.

A Wuhan se le califica como el centro político, económico, financiero, comercial, cultural y educativo de China central, además de ser un centro principal de transporte, con docenas de ferrocarriles, carreteras y autopistas que cruza esa ciudad, conectándola con otras ciudades importantes.

Esa ubicación permite la rápida diseminación de la epidemia en todo el país, algo que obliga a preguntarse ¿será casual que haya surgido allí el virus, o por esas razones fue seleccionada para introducirlo entre sus habitantes?

Se plantea que el virus es una mutación, algo que los científicos yanquis trabajan históricamente en sus laboratorios militares de guerra biológica.

El pánico creado a nivel mundial obliga a no visitar China, afectándose su industria turística, las inversiones extranjeras, y los intercambios comerciales, ante la posibilidad del contagio.

Cuba ha sufrido múltiples ataques biológicos desde hace 60 años, el primero contemplado en la conocida Operación Mangosta, aprobada en enero 18 de 1962, por el presidente J.F. Kennedy, que en su tarea número 21 dice textualmente:

“La CIA propondrá un plan el 15 de febrero, para provocar el fracaso de las cosechas de alimentos en Cuba…” Las líneas siguientes no fueron desclasificadas.

Junio de 1971, se comprobó la presencia en la Isla del virus causante de la Fiebre Porcina Africana, el que jamás se había reportado en Cuba. Hubo que sacrificar cientos de miles de puercos para evitar su diseminación por todo el territorio nacional, con una pérdida económica y alimenticia de gran envergadura.

En abril de 1981 fueron detectados en la Habana varios casos de fiebre hemorrágica, causándole la muerte a 4 niños. Se pudo comprobar que se trataba de una cepa nueva del virus “Nueva Guinea 1924”, serotipo 02, única en el mundo en ese entonces, siendo una cepa elaborada en laboratorio.

Agosto de 1981, se detectó en Sancti Spíritus, provincia central de Cuba, el herpes virus BHV2, endémico de África y aislado en el laboratorio de enfermedades exóticas en Plum Island, Estados Unidos. Ese agente viral es el causante de la Seudodermatosis Nodular Bovina y afectó la producción de leche.

En 1983 Eduardo Arocena, declaró en el tribunal de New York que lo juzgaba por asesinar a un diplomático cubano acreditado en la ONU, que, como agente de la CIA, cumplió la misión de introducir gérmenes patógenos en Cuba, cuando se enfrentaba en la Isla la epidemia del Dengue Hemorrágico.

La lista de acciones similares es amplia, por eso no es de extrañar que China sea ahora blanco de ese trabajo sucio, que acostumbran a ejecutar los yanquis, debido a la potencia económica de ese gigante asiático y en particular Wuhan, territorio de amplias transformaciones industriales que posee a su vez tres zonas de desarrollo nacional, cuatro parques de desarrollo científico y tecnológico, más de 350 institutos de investigación, 1,656 empresas de alta tecnología, numerosas empresas e inversiones de 230 empresas Fortune Global 500.

Allí radica la mega empresa Dongfeng Motor Corporation, complejo industrial fabricante de automóviles, unido a decenas de institutos de educación superior, incluida la Universidad de Wuhan, la que ocupó en 2017 el tercer lugar a nivel nacional, más la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong.

En ese año la UNESCO declaró a Wuhan “Ciudad Creativa” en el campo del diseño y hoy está clasificada por la Globalization and World Cities Research Network, como una ciudad beta mundial.

Ya Estados Unidos emitió un aviso de viaje de nivel 4, posterior a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el brote como una emergencia de salud pública de preocupación internacional, donde exhorta a sus ciudadanos y residentes a no viajar a China.

El Departamento de Seguridad Nacional informó que hay 11 aeropuertos designados, incluidos el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles y el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta, por donde los viajeros procedentes de China pueden ingresar a Estados Unidos.

Por su parte, el Departamento de Salud declaró que “si los pasajeros son examinados y no muestran síntomas, serán reubicados en su destino final y se les pedirá que se pongan en cuarentena dentro de su hogar”.

Para sembrar más terror han diseminado la noticia de que “el coronavirus puede contagiarse aún sin síntomas”, según criterios del principal médico de infecciones estadounidense, y en Hong Kong los trabajadores de la salud se declararon en huelga para exigir al gobierno que cierre la frontera con China.

¿Hay o no razones para sospechar que la mano de Estados Unidos está detrás de la epidemia, con todos los antecedentes que tiene la CIA en guerra biológica?

China hace lo posible para enfrentar la epidemia y construye dos hospitales en tiempo record, demostrándole al mundo la voluntad de resolver el problema, a la vez que exhibe su potencialidad económica, algo que enfurece a los yanquis que no serían capaces de hacer algo semejante.

Algún día se sabrá la verdad, pero mientras China seguirá su paso firme para salir victoriosa de este mal, pues como dijo José Martí:

“No puede ser que pasen inútiles por el mundo la piedad incansable del corazón y la limpieza absoluta de la voluntad”.

Tomado del Blog del Autor  Arthur González /  El Heraldo Cubano

El coronavirus y la probable mano oculta de Estados Unidos / Escrito por  Arthur González / Portal Cuba Sí

 

 

Crecen sospechas de que el coronavirus es parte de una guerra bacteriológica iniciada por EE.UU. contra China

 

 

En la medida en que el “coronavirus” afecta a más habitantes de China y se extiende por otros países, crecen las sospechas de que ese germen fue creado en laboratorios de EE.UU. como arma bacteriológica de la guerra comercial que Washington desata contra el gigante asiático.

 

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Varias declaraciones recientes de altos cargos de la Casa Blanca y una cada vez más intensa campaña mediática internacional anti-china alimentan la hipótesis de que la administración del mandatario Donald Trump es la responsable de esa epidemia.

Fíjense en lo que manifestó este 31 de enero el secretario de Comercio Wilbur Ross: “el brote de coronavirus que ha contagiado a miles de personas podría impulsar la economía estadounidense”.

Pero dijo más: “ayudará a acelerar el regreso de empleos a Norteamérica”.

Tales afirmaciones de Ross siguieron a otras del secretario de Estado de Washington, “Mike” Pompeo, quien en medio de la emergencia que vive el mundo por la referida enfermedad “identificó a China como una amenaza a los principios democráticos internacionales”.

A la vez importantes empresas transnacionales y líneas aéreas de EE.UU. y otros países han suspendido sus operaciones con y en el gigante asiático, mientras embajadas han disminuido su personal diplomático.

Los grandes emporios de la información no paran un segundo de crear el pánico en todo el planeta Tierra, dando cifras de muertes y contagiados por el “coronavirus”, sin mencionar para nada los intensos esfuerzos realiza Beijing por detener esa dolencia.

Las autoridades chinas, junto su pueblo y el ejército, construyen hospitales en poco más de 10 días para brindar asistencia a los enfermos, y son optimistas en que encontrarán pronto el medicamento curativo.

Empero, silenciar todo ello es parte de la campaña “chinofóbica” “made in USA”que protagoniza la administración Trump, entre otros propósitos con el de desviar la atención del juicio político a que está siendo sometido el inquilino de la Casa Blanca.

No pocas interrogantes saltan a la luz, entre ellas:

¿Por qué el “coronavirus” coincidió con el denominado impeachment a Trump, y en medio de su campaña electoral hacia su reelección en los comicios de 2020?

-*¿Por qué en plena guerra comercial contra Beijing que evidentemente Washington sabe tiene perdida?

El mundo conoce bien, aunque se trate de esconder, que sucesivos regímenes de EE.UU. han acudido a la guerra biológica para derrocar gobiernos considerados “adversos”,desatar conflictos entre naciones, y exterminar poblaciones.

Cuba, por ejemplo, demostró que a principios de la década de los años 80 de la centuria pasada fue víctima de ataques bacteriológicos con la introducción del “dengue hemorrágico”,el cual provocó la muerte de 150 personas, en su mayoría niños.

La conflagración biológica de EE.UU. contra la mayor de las Antillas incluyó en la década de los años 70 la llamada “fiebre porcina africana”,que acabó con la población de cerdos de casi todo el país, el principal alimento cárnico de los cubanos.

El objetivo de todas esas acciones encubiertas pues claro que tenían la intención, como continúa siendo hoy con el bloqueo y continuas agresiones, de destruir la Revolución en la Isla caribeña.

Entonces finalizo con una última interrogante:

-¿No es muy sospechoso que haya aparecido el “coronavirus” en China y que Washington lo haya introducido para debilitar a la que muchos consideran ya la primera potencia económica mundial, por encima del hasta ahora imperio que mal lidera Trump?

(Tomado de EL BLOG DE PATRICIO. Antiimperialista y Luchador por la Patria Grande)

La “chinofobia” / Patricio Montesino

 

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Coronavirus, ¿otra acción de terrorismo biológico?

 

«¿No es muy sospechoso que haya aparecido el coronavirus en China y que Washington lo haya introducido para debilitar a lo que muchos ya consideran la primera potencia económica mundial, por encima del hasta ahora imperio del mal liderado por Trump?»

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Un artículo publicado en su blog personal por el periodista español Patricio Montesinos maneja la teoría de que el coronavirus pueda ser  un germen creado en laboratorios de Estados Unidos, como arma bacteriológica de la guerra comercial desatada por Washington contra China.

Según reseña el texto reproducido en Rebelión, varias declaraciones recientes de altos cargos de la Casa Blanca y una cada vez más intensa campaña mediática internacional antichina, alimentan la hipótesis de que la administración del presidente Donald Trump pudiera ser la responsable de la epidemia aparecida a finales de diciembre de 2019, en la ciudad de Wuhan.

Montesinos hace alusión a lo manifestado el 31 de enero por el Secretario de Comercio Wilbur Ross, quien afirmó: «el brote de coronavirus que ha contagiado a miles de personas podría impulsar la economía estadounidense». Pero el alto funcionario fue más allá al aseverar que «ayudará  a acelerar el regreso de empleos a Norteamérica».

Tales afirmaciones de Ross siguieron a otras del secretario de Estado Mike Pompeo, quien en medio de la emergencia que vive el mundo por la referida enfermedad identificó a China como una amenaza a los principios democráticos internacionales.

A lo anterior se suma el silencio cómplice de los grandes medios de información que omiten mencionar los ingentes esfuerzos desplegados por las autoridades del país asiático para controlar la expansión de la epidemia, entre los cuales resalta la construcción en tiempo récord de dos grandes hospitales destinados a brindar asistencia médica de máxima calidad a los enfermos y la búsqueda de efectivos fármacos que puedan curar la dolencia.

Plantea el periodista en su escrito que aunque se haya tratado de esconder, el mundo conoce bien cómo sucesivas administraciones de Estados Unidos acudieron a la guerra biológica para derrocar gobiernos considerados adversos, desatar conflictos entre naciones y exterminar poblaciones.

Fidel, uno de los primeros objetivos

Una mirada a lo sucedido en el orbe durante los últimos 60 años permite afirmar que pocas naciones han sufrido tan variadas formas de ataques biológicos como Cuba.

Quizá una de las pretendidas primeras víctimas de esa tenebrosa manera de agresión lo fue el Comandante en Jefe Fidel Castro a comienzos de la Revolución, cuando la Agencia Central de Inteligencia (cia por su sigla en inglés) diseñó un plan para contaminar un traje de buceo que supuestamente sería utilizado por el líder cubano.

Cuidadosamente infectado con bacilos de la tuberculosis, la cia quiso utilizar  la hospitalidad de Fidel con James Donovan, un abogado que negociaba con el Gobierno cubano la liberación de los mercenarios capturados en la invasión de Playa Girón, para hacerle llegar a través de él al Jefe de la Revolución el referido traje.

El macabro regalo no fue entregado por b a su anfitrión y las versiones llegadas hasta nuestros días sugieren que este rehusó o buscó un pretexto para evitar involucrarse en el infame acto.

Tampoco faltaron los intentos por inocular microorganismos en tabacos que fumaría Fidel, a fin de propiciar la caída de su emblemática barba.

Luego del fracaso de la invasión por Playa Girón, en 1962 la cia, con el beneplácito del Gobierno estadounidense, puso en ejecución la llamada Operación Mangosta, que incluía entre sus acciones el uso de agentes biológicos y químicos capaces de destruir las cosechas cubanas e incapacitar a los trabajadores agrícolas.

No fue casual entonces que poco tiempo después apareciera en los campos de la mayor de las Antillas el virus patógeno New castle y provocara severos estragos en la masa avícola nacional al tener que sacrificar decenas de miles de ejemplares.

De acuerdo con lo planteado por William Turner, ex agente del fbi, y el periodista Warren Hinckle, en el libro Secretos letales: la guerra de la cia y la mafia estadounidense contra Fidel Castro y el asesinato de John Fitzgerald Kennedy, Estados Unidos utilizó la guerra bacteriológica en Cuba durante la administración de Richard Nixon (1969-1974) y la cia comprometió al gobierno norteño en una guerra secreta no declarada e ilegal contra Cuba. Muestra de ello fue el súbito surgimiento y rápida propagación en 1971 de la primera epidemia de fiebre porcina africana, cuyo control y erradicación conllevó a la eliminación de más de medio millón de cerdos.

El 7 de enero de 1977 un cable de la agencia norteamericana UPI, fechado en Washington, informó que una fuente no identificada de la cia reveló haber recibido a principios de 1971 un recipiente que contenía virus, en Fuerte Guglick, base del ejército estadounidense en la zona del Canal de Panamá. El mismo sería trasladado en un pesquero a agentes encargados de operar clandestinamente en Cuba.

A lo largo de las investigaciones hechas por un grupo de científicos del Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (Censa), dirigidos por la doctora Rosa Elena Simeón Negrín, se llegó a la conclusión de que ese germen específico de los cerdos había sido adaptado artificialmente para vehiculizarlo por medio de aves. Los especialistas alertaron que eso solo podía lograrse de forma intencional y con técnicas depuradas de ingeniería genética y biotecnología.

Era la primera vez que la agresiva enfermedad se propagaba en el hemisferio occidental.

La fiebre porcina africana reapareció nuevamente en Cuba en el año 1979. En esa ocasión pudo conocerse que la reinfección tuvo su origen en los alrededores del poblado de Caimanera, muy cerca de la Base Naval, que ocupa ilegalmente territorio en Guantánamo.

Otras acciones de guerra bacteriológica sufridas por el pueblo cubano entre la década de los 70 y los años 90 del pasado siglo fueron la introducción deliberada del Moho Azul del tabaco (1971), que afectó severamente la producción de tan importante renglón exportable, la Roya de la Caña (1978), cuyo devastador efecto obligó a desmantelar la casi totalidad de los campos sembrados con la variedad de caña Barbados 4326, de elevados rendimientos agrícolas e industriales; la dolorosa epidemia de dengue hemorrágico (1981), causante de 158 fallecidos, de ellos 101 niños, y la plaga de insectos Thrips palmer que asoló diversos cultivos.

Durante el juicio realizado en la ciudad de Nueva York en 1984 al  agente de la cia de origen cubano Eduardo Arocena, este declaró sin tapujos que la misión del grupo bajo su mando tenía la encomienda de obtener ciertos gérmenes patógenos e introducirlos en Cuba.

La confesión consta en el acta asentada en la página 2189, expediente 2-fbi-ny 185-1009, pero el fiscal del proceso jamás ordenó investigarla.

No existen evidencias en este momento de que el coronavirus forme parte de una acción terrorista biológica de Estados Unidos, pero la práctica de ese país y las declaraciones de algunos de sus más altos funcionarios lleva al periodista Patricio Montesinos en su enjundioso artículo a preguntarse: «¿No es muy sospechoso que haya aparecido el coronavirus en China y que Washington lo haya introducido para debilitar a lo que muchos ya consideran la primera potencia económica mundial, por encima del hasta ahora imperio del mal liderado por Trump?».

En contexto

  • Más de 31 400 casos de infectados con el coronavirus existen en el mundo, de acuerdo con un reporte ayer de la Organización Mundial de la Salud (oms), y de ellos más de 31 200 en China.
  • El brote se encuentra ya en 25 países y han fallecido 638 personas, de las cuales solo una se registró fuera del gigante asiático.
  • Ningún país de América Latina figura aún en el mapa de distribución del coronavirus elaborado por la oms, aunque se comprobó el contagio de un ciudadano argentino que viajaba en un crucero retenido en Japón.
  • Hasta el momento los médicos chinos han salvado 1 540 personas, de acuerdo con un reporte del Diario del Pueblo.
  • El Diario del Pueblo divulgó que el presidente de China, Xi Jinping, dialogó telefónicamente este viernes con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, pidiendo cordura en la atmósfera internacional mediática, donde deliberadamente se exponen cifras y datos sin contrastar, que transmiten una imagen de que la nación asiática no hace lo suficiente para contrarrestar la epidemia.
  • Durante la 146 sesión del Consejo Ejecutivo de la oms, celebrada el 4 de febrero, el director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, elogió a China por las fuertes medidas y la celeridad en el enfrentamiento.

 / Granma

 

 

 

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A quienes se declaren incrédulos ante las evidencias de que Estados Unidos puede ser responsable de la epidemia de la neumonía de Wuhan o coronavirus, con la malsana intención de afectar la economía e imagen de China, es necesario exponerles algunos antecedentes sobre ese tema.


Según lo publicado por la revista estadounidense Whiteout Press, y otras, en 1931 el Rockefeller Institute for Medical Investigations usó como «conejillos de laboratorio» a ciudadanos norteamericanos, al ser infectados con células cancerosas, sin ellos saberlo.

En la misma fecha, el Pentágono abrió un Centro de Guerra Biológica en Panamá para realizar trabajos de laboratorio con gérmenes patógenos.

La doble moral de los yanquis es tal, que después de la Segunda Guerra Mundial otorgaron total inmunidad a alemanes y japoneses especialistas en guerra biológica, y los incorporaron al centro ubicado en Fort Detrick, para estudiar y desarrollar armas biológicas.

A inicios de los años 50 del siglo XX, el Departamento de Defensa realizó pruebas al aire libre en las que utilizó bacterias y virus generadores de enfermedades.

En esa fecha, un buque de guerra yanqui empleó una enorme manguera para rociar el aire con la bacteria Serratia Marcescens, causante de neumonía entre los habitantes de la zona costera de San Francisco, California, según alegó el estudioso Leonard Cole en su libro Clouds of Secrecy: The Army’s Germ Warfare Tests Over Population Areas.

En dicho material se describe que, entre 1949 y 1969, se ejecutaron más de 239 pruebas de armas biológicas al aire libre en Washington, Nueva York, Key West y otras ciudades densamente pobladas.

No fue hasta 1970 que los ciudadanos se enteraron de que fueron utilizados como animales de laboratorio en los experimentos realizados por varias agencias y departamentos gubernamentales, principalmente el Pentágono.

Al divulgarse la Operation Whitecoat, ejecutada entre 1954 y 1973, la población conoció los detalles de aquel estudio del Departamento de Defensa, donde utilizaron creyentes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y a más de 2 mil 300 soldados, quienes ignoraban que fueron infestados con la fiebre Q, la fiebre amarilla, peste bubónica, tularemia y encefalitis equina venezolana, todo documentado en el libroAnthrax: The Investigation of a Deadly Outbreak (1999), del escritor Jeanne Guillemin.

En los años 90 se probaron nuevos virus biológicos con prisioneros del Departamento Correccional de Texas, que posteriormente se usaron durante la invasión a Irak, acción relatada por el bioquímico estadounidense Garth L. Nicolson, en testimonio por escrito para el Congreso, donde afirmó: «Miles de veteranos norteamericanos de la Guerra del Golfo sufren de las consecuencias de haber estado expuestos a las armas radiológicas, químicas y biológicas» (Written Testimony of Dr. Garth L. Nicolson, Committee on Veterans Affairs, United States House of Representatives, enero 2002).

Francis Boyle, profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Illinois, afirma que el actual virus zika es un arma biológica patentada en 1947 por la Fundación Rockefeller.

Terroristas cubanos fueron entrenados por la CIA y el Pentágono en la base militar de Fort Gulick, en Panamá, para introducir en Cuba, en 1971, el virus de la fiebre porcina africana.

El investigador William H. Schaap, asegura que el Dengue y otros arbovirus, son armas biológicas ideales. El Dengue Hemorrágico es altamente incapacitante y lo trasmite el mosquito Aedes Aegyiptis, virus introducido en Cuba en 1981, publicado en The 1981 Cuba Dengue Epidemic, Covert Action, Summer 1982.

Se sabe que en 1981 biólogos militares norteamericanos realizaron pruebas con el Aedes Aegyiptis, en el laboratorio de Fort Detrick, Maryland, para introducir el dengue hemorrágico.

Ese laboratorio, denominado oficialmente Instituto de Investigaciones Médicas en Enfermedades Infecciosas del Ejército de los Estados Unidos, produce agentes biológicos como parte de las investigaciones de «armas de defensa».

Estados Unidos tiene un programa ofensivo de armas biológicas, aprobado en octubre de 1941 por el presidente Franklin Roosevelt y el Secretario de Guerra.

Para eso construyeron inicialmente una planta de producción en Terre Haute, Indiana, pero al no tener las condiciones de seguridad, fue trasladada en 1954 a Pine Bluff, Arkansas, que comenzó a producir agentes biológicos.

Hoy Fort Detrick es el centro de investigación y producción de armas biológicas antipersonales y contra los cultivos, para infestar objetivos seleccionados, mediante tanques de aspersión aérea, latas de aerosol, granadas, cohetes y bombas de racimo.

Posterior a la construcción de cuatro laboratorios biológicos del Pentágono en Georgia, exrepública de la URRS, se detectó un brote de neumonía atípica en el país.

A respecto, la revista estadounidense Veterans Today (06-10-2013), publicó que el Pentágono invirtió 300 millones de dólares en un programa secreto de guerra biológica, en el Central Reference Laboratory, de Tiflis, Georgia, donde los militares yanquis controlan las vacunas para animales, reemplazando a los veterinarios.

En Georgia también opera el Walter Reed US Army Medical Research Institute, y en Kazajstán, otra exrepública soviética, funcionan dos laboratorios biológicos del Pentágono.

Gerald Colby y Charlotte Dennet describieron en su libro They Will Be Done. The Conquest of the Amazon: Nelson Rockefeller and Evangelism in the Age of Oil(1996), de los experimentos yanquis de armas biológicas en Latinoamérica, empleando científicos y religiosos estadounidenses al servicio del Instituto Lingüístico de Verano (ISL), creado por la Fundación Rockefeller.

En los años 1960-1970, la CIA asesinó a miembros de tribus nativas de la Amazonía, mediante la propagación de diferentes virus para apoderarse de sus tierras ricas en yacimientos de petróleo.

Las técnicas aplicadas en Brasil y Perú fueron el envenenamiento del agua, la comida, y regalarles a los nativos ropas, sábanas y frazadas, infectadas con el virus de la viruela.

Con ese crimen, las corporaciones de Rockefeller obtuvieron el acceso al oro, petróleo, diamantes y metales raros, porque los indígenas se negaban a abandonar sus ricas tierras; el método empleado fue el «uso de la fuerza», según escribió uno de los misioneros estadounidenses, conocido como «el padre Smith».

Sobran elementos para señalar a los verdaderos responsables del coronavirus y sus muertos, y como aseguró José Martí:

«Callar un crimen es cometer otro».

Tomado de El Heraldo Cubano

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