José Martí, ¿blanco de agravios o apóstol de la inspiración cubana?

José Martí, ¿blanco de agravios o apóstol de la inspiración cubana? / 

 

La imagen volvió a viralizarse por estos días en las redes sociales.

Tras el demoledor huracán Irma un niño avileño rescata del lodo un busto de Martí, lo carga y abraza amorosamente para ampararlo en toda su pureza.

 

https://www.cubaperiodistas.cu/wp-content/uploads/2020/01/jose-marti.jpg

La foto circula con toda su enorme fuerza simbólica en contraste con otras que aparecieron en el cruce tremendo de un año a otro este 2019 en Cuba, cuando algunos embadurnaron de rojo bustos del Héroe de Dos Ríos, intentando mostrarse como valientes y desafiantes luchadores clandestinos por la libertad nacional.

Detrás de lo que pareciera otra de las cada vez más frecuentes campañas políticas en internet o de los más comunes ciberchancleteos, ebullen otros magmas, que vienen del fondo complejo, ardiente, volcánico de nuestra historia, y parecen hacer erupciones constantes, explotar y dispersarse en los tiempos.

Después de los trágicos sucesos del 19 de mayo de 1895 en los cruces del Cauto el devenir nuestro pareció siempre definirse entre quienes intentaron sacar a José Martí de la podredumbre y el lodo y los que, en su nombre, no hicieron más que hundirlo en los fanguisales del olvido o la manipulación.

Las imágenes que incitan estas ideas describen muy bien los contrastes de esa dicotomía, que desde la propia visión martiana encuentran una muy clara definición: dos bandos, «los que aman y construyen y los que odian y destruyen».

Desde los mortales acontecimientos de Boca de Dos Ríos, al decir de Máximo Gómez, Martí se eleva a su gran altura para no descender jamás, porque su memoria está santificada por la historia y por el amor, no solo de sus conciudadanos, sino de la América toda.

Al encarnar en su figura todo el pasado histórico con las ansias venideras o futuras inicia a la vez un apostolado que no ha estado exento de mezquindades y regateos, cuyos contornos son muy fáciles de definir si se sigue esa tan pequeña, pero cortante definición de los dos bandos. ¿Qué ha hecho cada uno?

Desde el inicio de su postrero y fecundo renacer en las Glosas de Julio Antonio Mella a su pensamiento, en los años 20 del siglo XX, no resultó difícil discernir qué era lo revolucionario y qué lo contrarrevolucionario en este país, una delimitación que encontraría su más alta significación y elocuencia en el triunfo de la Generación del Centenario del Apóstol liderada por Fidel Castro frente a la brutalidad, el crimen, el rompimiento del maltrecho Estado de derecho y toda la justicia en revés que representaba y resumía la dictadura de Fulgencio Batista.

Desde entonces, aunque no faltaron intentos de escamotear la pertenencia de su legado, la contrarrevolución en Cuba no supo entender nunca la esencia amorosa, regenerativa y constructiva del bando verdadero de José Martí.

Esa debe ser la extraña razón por la que puedan confundirse vulgares actos delincuenciales de profanación con un movimiento o proyecto de cambios, que intenta imitar o emular en su concepto, nada menos que con las fuerzas clandestinas del Movimiento Revolucionario 26 de Julio.

Vulgares desviaciones como esas son las que provocaron que un día, mientras cientos de jóvenes enamorados de las ansias de justicia y libertad de la Revolución llenaban los campos de Cuba del sueño alfabetizador, otros intentaron dejarlo criminalmente colgado para siempre con alambres de púa en los cuerpos del maestro voluntario Conrado Benítez y del campesino Pedro Lantigua.

Tal vez no se percatan de que mientras la Revolución se poblaba de héroes y heroínas, desde los más encumbrados hasta los más humildes y anónimos de la resistencia, su bando se llenaba de asesinos y terroristas que traicionaban el nombre de Martí, hasta con sus apañadores y sostenes del norte revuelto y brutal cuyas apetencias estamos convocados a impedir.

¿Acaso habrán llegado a la conclusión de que la heroicidad se mide en estallidos de horror o violencia absurda y desenfrenada? ¿En ese campo habrá algún émulo capaz de superar a Luis Posada Carrilles? Repasemos algo de su historial: intentos diversos de asesinato a Fidel Castro Ruz, colocación de artefactos explosivos en las embajadas cubanas en Argentina, Perú y México, envío de cartas y libros con bombas a varios consulados de Cuba en América Latina, bomba en equipajes de vuelo de Cubana de Aviación en Jamaica; bomba en la Oficina de la línea aérea Cubana de Aviación, en Barbados; bomba en las oficinas de Air Panamá, en Colombia; bombas en el Instituto de Estudios Brasileños y en la Embajada de Bolivia en Ecuador; bomba contra la Embajada de Cuba en Portugal; bomba en el centro cultural Costa Rica-Cuba; bomba contra un canal de televisión en San Juan, Puerto Rico; bomba contra un avión cubano en pleno vuelo, frente a las costas de Barbados…

¿Acaso se habrá ido con algún cargo de conciencia de este mundo este peculiar protegido de la lucha contra la Revolución Cubana en Estados Unidos? Lo más martilleante para su mente atrofiada serían otras preguntas: ¿Es que tantas bombas no van a conseguir mis propósitos? ¿Tantos cuerpos despedazados y mutilados tampoco los merecen? ¿Tantas madres y familias desgarradas no lo valen? ¿Acaso mi vida estuvo siempre en el momento y lugar equivocados?

Esa última interrogante es tal vez la mejor para quienes comulgaron con el odio y la saña contra el anhelo libertario y justiciero cubano, aunque lo lamentable es que no faltaron y, parece que no faltarán hacia el futuro, quienes se decidan por el bando del odio y la destrucción.

La impotencia para derrotar el proyecto de la Revolución Cubana ha llevado incluso a un sector de sus enemigos a abandonar la apuesta de regatearle el apostolado martiano para intentar borrarlo todo. Hacer con el legado y la herencia política, ética, moral y patriótica del país lo que con Sodoma y Gomorra, como abordé en su momento.

Lo preocupante es que persisten en su intento pese a la evidencia descabellada y hasta vejaminosa del intento. Los Mesías de una salvación desde la «nada», desde el vacío total, o desde un enorme agujero negro en nuestra historia, quieren lanzarla quién sabe a qué abismos paralelos.

Hace un tiempo el diario miamense El Nuevo Herald y sus extraños predicadores volvieron a la carga sobre este tema con un nuevo artículo: Pacatería en la historia de Cuba. En esa oportunidad buscaba «demostrar» que esta última ha sido víctima del oscurantismo y de escrúpulos excesivos, que en muchos casos obedecen a la conveniencia y el temor, y que alejarse de estos enfoques resulta «muy saludable».

Para hacerlo —según sus postulados— solo tendríamos que «bajar del altar a los patriotas, enterrarlos para que la nación cubana avance sin soportar la carga de la mitología independentista».
Exponían que aunque ello no sería la solución de todos los problemas, sí constituiría un paso necesario. «Es indispensable limpiar de pacatería y determinismo la historia del país», arguyen, y continúan: «Esa limpieza siempre enfrenta un escollo difícil de superar en la figura de José Martí… Por rechazo a los postulados revolucionarios, que se mostraron vacíos, hemos aprendido a desconfiar de los patriotas», sigue.«El mesianismo martiano y su romanticismo político pueden resultar funestos», y así por el estilo…

Ya en el lance anterior este «curandero de nuestra historia», en cuya entraña gravita la añeja encrucijada de nuestra Patria entre la independencia y el anexionismo, entre la dignidad nacional y el desprecio de determinados sectores del norte, planteaba nada menos que lo siguiente: «Dicho con vulgar claridad: los americanos no tienen la culpa de nuestros problemas. José Martí fue intelectualmente deshonesto y políticamente demagógico cuando le postuló a Cuba la misión de impedir la expansión de la influencia gringa sobre el resto de nuestros países».

¿Acaso es con semejantes ideas, con tan mezquinos actos y programas que puede pretenderse derrotar a la Revolución Socialista en Cuba? Una Revolución verdadera, como enseñó y ofrendó con su vida el Che Guevara, solo puede ser un sublime acto de amor. No será el odio quien la destruya.
Ya Fidel nos alertó, un 17 de noviembre, que ella solo puede ser derrotada por nosotros mismos, el día en que, por la desmemoria, la soberbia o el egoísmo olvidemos que lo que está y estará por completarse en esta tierra es el programa humanista y revolucionario de José Martí.

Fuentes: José Martí, ¿blanco de agravios o apóstol de la inspiración cubana? / 

(Publicado en la edición dominical del 11 de enero de 2020 del diario Juventud Rebelde)

 

https://www.presidencia.gob.cu/media/filer_thumbnails/filer_public_thumbnails/public/2020/01/03/jose_marti_monumento_3.jpg__830x600_q85_subject_location-372%2C323_subsampling-2.jpg

José Martí, nuestra idea del bien /

 

https://www.cubaperiodistas.cu/wp-content/uploads/2018/03/marti.jpg

 

Que Martí es para los cubanos la idea del bien es algo de lo que da absoluta fe el doctor Eduardo Torres-Cuevas, director de la Oficina del Programa Martiano, quien a propósito de los hechos vandálicos acaecidos el 1ro. de enero en La Habana en algunos bustos del Apóstol de la Independencia Cubana, explica sus puntos de vista en torno al abominable suceso

Que Martí es para los cubanos la idea del bien es algo de lo que da absoluta fe el doctor Eduardo Torres-Cuevas, director de la Oficina del Programa Martiano, quien a propósito de los hechos vandálicos acaecidos el 1ro. de enero en La Habana en algunos bustos del Apóstol de la Independencia Cubana, explica sus puntos de vista en torno al abominable suceso.

«No se ha atacado un busto, se ha atacado una imagen, se ha atacado el alma de Cuba, que es lo que es Martí», refiere, y explica que no por azar Fidel Castro lo nombró en 1953 autor intelectual del Moncada.  

Las palabras hilvanan razones esenciales. Durante 60 años –explica–, Martí ha estado «viviendo» cotidianamente con nuestros niños, con nuestros jóvenes, con nuestros investigadores, con nuestros trabajadores. ¿Qué dirían los norteamericanos si les atacan a Washington? ¿Qué dirían los mexicanos si les atacan a Juárez?, pregunta, para ejemplificar cuánto puede doler a otros similar ultraje.

Cuando actos de este tipo suceden no es a una Revolución a la que se agrede, sino «a un pueblo. Están atacando las esencias mismas que le dan a ese pueblo su naturaleza y su grandeza. Precisamente aquello que lo representa en lo más puro de los ideales con los que se forja una nación», asegura, y su discurso sigue marcando la talla de la infamia.

Todos los cubanos, desde que nacemos, tenemos la imagen de Martí, la cual vamos asumiendo como un padre espiritual, como un padre moral, comenta, y certifica que no hubo que convocar a nadie para que la indignación fuese interna, que se percibe y va por dentro de todo el que se sienta un cubano, porque se ha ofendido «a la razón misma de un pueblo».

DEL ERROR DI EL ANTRO, DI LAS VEREDAS OSCURAS

En opinión del notable intelectual, los enemigos de Cuba que incentivan estos hechos han cometido un grandísimo error. «Es que nos han ayudado a tomar más conciencia de qué es lo que nos une, de qué es lo que somos, de cuáles son los valores que tenemos como pueblo, los que nos identifican».

Incluso para aquellos que no lo tenían tan claro –insiste–, en estos momentos se han dado cuenta de qué es Cuba y de cuántas cosas pueden suceder cuando no se ama y cuando se quiere destruir, y de lo que nos puede pasar si no somos capaces de defender lo que nos une.

Torres-Cuevas repara en lo tan importante que es ser cubano, «es la conciencia y la voluntad de serlo. Y la conciencia de serlo es saber por qué nos distinguimos», incluyendo virtudes y defectos, combatiendo estos y cultivando aquellas. Y es en su opinión ese el secreto de la respuesta popular, es decir, «una mayor identificación con lo que se es y, sobre todo, la voluntad de defender lo que somos».

En un aparte recordó una vieja discusión entre revolucionarios y contrarrevolucionarios, la de a quién «pertenecía» Martí. Hasta a los contrarrevolucionarios de hoy estos hechos los dañan, pues «les quitan la cubanidad que ellos quieren exhibir».

«No puede haber ninguno que piense, no en la Cuba nuestra, sino en la Cuba que quieran construir –o destruir– si no es a partir de un lenguaje cubano», dice, y cuando se atacan símbolos de este tipo se está destruyendo no solo el sentimiento revolucionario, sino también el sentimiento patriótico.  Y tiene una agravante: si esta es la expresión de lo que nos espera según sus deseos, entonces realmente es la destrucción de todo lo que se construyó desde el siglo xviii hasta nuestros días. Y cita a Varela, José de la Luz, Mendive…

«Para nosotros la Revolución Cubana es la culminación de ese proceso y Martí es el lenguaje que da base a esa culminación. Y eso es lo que hemos defendido. Pero esto es una negación de todo, del espíritu y de la cultura», declara el Historiador, y asevera que esos actos vandálicos nos exigen el carácter decente de lo que estamos construyendo.

  MARTÍ ES EL AMOR, ES EL VERSO

De lo que debe hacerse por el Apóstol habla el Director de la Oficina del Programa Martiano y refiere trabajar en el día a día. Solicita emplear para referirnos a él un lenguaje que llegue a todos, incluso a los menos ilustrados, algunos de los cuales han olvidado la Historia. Para ello deben trabajar intensamente los clubes martianos, las escuelas, y hacerlo creativamente, además propone una campaña nacional para embellecer cada busto martiano. «La cultura tiene mil formas de expresarse», y hay que trabajar el sentimiento. Porque los niños empiezan por lo que emocionalmente les llega».

En otro intervalo, asegura que es en la escuela primaria, con los propios versos suyos, que todos empezamos a amar a Martí. «Y empezamos a sentir ese amor y a hacerlo racional. Ese sentir y pensar a Martí nace en la primaria como sentimiento y se expresa en la madurez como pensamiento. Y eso es lo que, creo, nos da mayor fuerza como nación».

Hay que estudiarlo, pero de manera inteligente. Vamos a buscar las obras suyas en función de aquellas cosas que nos fortalecen. ¿Qué es para Martí nuestra América, qué es Patria, qué es Humanidad, independencia? Si trabajamos en esas direcciones, estamos sembrando y fortaleciendo el pensamiento de la nación cubana. 

Esa analogía entre Martí y el bien, defendida por el pueblo cubano, considera, es la que forja algo que nos hace mucha falta en esta época: la ética, la decencia, el modo de comportarnos. Y Martí es fundamental para inculcar estas ideas.

EN CONTEXTO

Los autores de la profanación de algunos bustos del Apóstol José Martí, el 1ro. de enero en La Habana, fueron detenidos en esta capital por las autoridades cubanas.

El denigrante hecho consistió en cubrir los bustos del Héroe Nacional con sangre de cerdo.

Reconocidos seguidores de la derecha de Miami aprobaron estos actos, mientras una gran ola de repulsa a estos hechos se generó en las redes sociales.

El pueblo cubano realiza actos de desagravio al Apóstol.

Fuente: José Martí, nuestra idea del bien /

 

https://www.cubaperiodistas.cu/wp-content/uploads/2018/01/marti-patria-1.jpg

 

This entry was posted in Sin categoría. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post. Post a comment or leave a trackback.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Your email address will never be published.