Fidel, abogado del mundo

Fidel, abogado del mundo / Jorge Oller Oller

 

En la historia de la Organizacion de Naciones Unidas,  12 de octubre de 1979 quedó como un día muy significativo. En su condición de Presidente  del Movimiento de Países No Alineados, Fidel Castro Ruz defendió en este foro internacional la existencia y el futuro de toda la humanidad.

Como presidente del Movimiento de Países No Alineados, Fidel hablando en la ONU el 12 de octubre de 1979

Fidel manifestó: «No he venido aquí como profeta de la revolución; no he venido a pedir o desear que el mundo se convulsione violentamente. Hemos venido a hablar de paz y colaboración entre los pueblos, y hemos venido a advertir que si no resolvemos pacífica y sabiamente las injusticias y desigualdades actuales el futuro será apocalíptico.

“El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se puedan resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos y en el holocausto morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo.

“Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era. Esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además, la premisa indispensable de la supervivencia humana”

Las fotografías y notas que acompañan esta Fotocrónica nos transportan inmediatamente a la ONU y recuerdan algunos de los momentos más trascendentales de aquel  viaje y de la comparecencia de Fidel en la tribuna más universal de la humanidad defendiendo con pasión y raciocinio a la amenazada Madre Tierra.

El compañero Julio García Luis, editorialista del diario Granma  y uno de los periodistas que acompañó a Fidel en aquel viaje, apuntó en su cuaderno de notas: 

Apenas despegamos de La Habana rumbo a Nueva York, a las 10:10 p.m., el 10 de octubre, Carlos Rafael Rodríguez  se apareció por el pasillo del IL-62M y me dijo: -Dice Fidel que después de lo del Moncada y del Granma , lo más arriesgado que va a hacer en su vida es meterse ahora en Nueva York.”

“Ningún viaje como este – escribió Julito – había levantado en la gente tanta zozobra. Y eso que el pueblo no estaba al tanto de las declaraciones y los movimientos de los contrarrevolucionarios que habían anunciado públicamente  que Nueva York sería “la tumba de Fidel”, y de que “de aquí no saldría vivo”.

Invitados por Fidel viajaban en el avión dos periodistas norteamericanos: Karen Ranucci y Jon Alpert.  Mientras volábamos sobre territorio norteamericano  éste último le preguntó al Comandante: Cuando usted  viaja a una ciudad como esta, en la que cientos de personas han anunciado que van a matarlo, ¿tiene miedo? ¿lleva algo especial?» Fidel se rió y le contestó: – “¿Que si llevo algo especial? ¿El qué? ¿Una bomba atómica? Les puedo asegurar que no”, “No tengo miedo a morir, no llevo chaleco antibalas”  y desabrochándose la camisa ante la cámara del reportero y documentalista, mostró su pecho desnudo   “Voy a desembarcar así en Nueva York. –le respondió- Lo que llevo es un chaleco moral”.

Aterrizamos en una de las pistas del grandioso aeropuerto John F. Kennedy en medio de un gran despliegue de helicópteros, patrulleros de la policía de Nueva York y del servicio secreto norteamericano. Al colocar la escalerilla bajamos un grupo de periodistas para tomar las fotografías y anotar las incidencias de la llegada,  pero unos inspectores de inmigración nos obligaron a subir de nuevo para llenar las declaraciones de aduanas. Fidel respondió con palabras mayúsculas ante la insolencia a un Jefe de Estado y del NOAL y bajó del avión. Fue recibido por el jefe de protocolo de la ONU,  quien lo llevó en un Lincoln negro hasta la Misión Cubana, los demás miembros de la delegación y los acompañantes le seguimos en otros automóviles, nadie le hizo caso a aquellos papeluchos provocadores que pretendían hacernos llenar.

Portada de uno de los diarios neoyorquinos anunciando la llegada del legendario Comandante en Jefe de la Revolución Cubana

La Misión Cubana, situada en la Avenida Lexington y calle 38, estaba totalmente bloqueada por la policía,  que había puesto barreras e impedía el paso a las personas y los automóviles que no estuvieran una credencial oficial que era verificada escrupulosamente cada vez que se entraba al edificio. Los uniformados custodiaban la calle a pie, a caballo o en patrulleros, las azoteas de los edificios colindantes estaban tomadas por francotiradores que constantemente oteaban con sus binoculares las ventanas de los inmuebles vecinos.  Cuando llegó Fidel a la Misión, uno de sus escoltas fue rodeado e insultado por provocadores los cuales recibieron la primera lección práctica de cortesía, distancia y respeto. Ante la actitud agresiva, el escolta “aterrizó” su walkie-talkie en la cabeza del  más osado que cayó al suelo y provocó la estampida del resto de los compinches bravucones. Ninguno de ellos se animó a recibir otra clase práctica de estos aguerridos muchachos que acompañaban a Fidel.

Un puñado de contrarrevolucionarios que armaron piquetes de provocación tuvieron que quedarse a cuadra y media de la sede de la Misión cubana en Nueva York

Cuando Fidel conoció el elevado precio  que su visita a Nueva York causaba a las autoridades norteamericanas para protegerlo, comento humorísticamente: “Se gastaron millones primero para matarme y ahora se los tienen que gastar para cuidarme”.   A una cuadra de allí, en el medio de la calle y detrás de una barreara policiaca que les impedía acercarse a la Misión,  un puñado de contrarrevolucionarios rodeaban un camión con altavoces que emitían mucha bulla y pocas nueces y que molestaba a los vecinos de aquellos alrededores pero no alcanzaba a oírse en el edificio donde se alojaba Fidel.

El día que Fidel habló ante la ONU la policía hizo un alarde de organización y fuerza. Policías a caballo, patrulleros e infantería fue apostada a lo largo del recorrido desde la sede de la Misión hasta el edificio de la ONU. En el aire dos helicópteros y por el río Hudson surcaban lanchas rápidas, en fin toda la policía neoyorquina cuidando a nuestro Comandante en Jefe  en esos días, lo cual él agradeció cortésmente  al despedirse de Nueva York.

El discurso Fidel en la ONU fue escuchado a salón repleto  y con sumo interés por los delegados de todas las naciones y varias veces aplaudido. Tuvo un final impresionante y aprobatorio todos los delegados puestos de pie lo ovacionaron repetidamente. Bueno, no todos, un puñadito liderado por la delegación norteamericana, quedó acurrucado en sus asientos demostrando su pequeñez y el desinterés por la salud del planeta. Fidel había obtenido una gran victoria en las narices de la nación más poderosa del mundo. Al regresar a la Misión  Fidel estaba feliz y conversó con los periodistas cubanos  que le acompañamos: Julito, Elio Constantin, Santiago Álvarez, Pedro Martínez Pírez, Danylo Sirio, Lino Betancourt, Iván Nápoles, Omar de la Cruz, Quino Viñas, y otros meritorios compañeros más que escapan a mi memoria al escribir estas líneas. A Fidel le llovieron las felicitaciones de representantes de distintos paises, intelectuales, políticos y personas humildes que le admiraban por su profunda oratoria.

Fidel habló cuatro veces en la ONU. En todos sus discursos denunció los graves problemas que afectan a la Humanidad y al Mundo. La primera vez, el 26 de septiembre de 1960, donde pronunció el discurso más largo que se había escuchado en ese plenario, por cuatro horas y diez minutos.  La segunda, el 12 de octubre de 1979, ya referida al principio de esta Fotocrónica. La tercera vez fue en el quincuagésimo aniversario de la ONU, el 21 de octubre de 1995, donde Fidel pronunció en ese foro su discurso más breve – unos cinco minutos de duración de acuerdo a lo establecido.  La cuarta y última vez  que el Comandante habló en la ONU fue durante la Cumbre del Milenio el 6 de septiembre de 2000 donde  razonó: “El objetivo fundamental de las Naciones Unidas, en el siglo apremiante que comienza, es el de salvar al mundo no sólo de la guerra sino también del subdesarrollo, el hambre, las enfermedades, la pobreza y la destrucción de los medios naturales indispensables para la existencia humana.

Tras fallecer en La Habana el 25 de noviembre de 2016,  la Asamblea General de Naciones Unidas rindió un respetuoso homenaje y un minuto de silencio a este hombre de estatura global que al defender las causas más justas de la humanidad, se convirtió también en abogado del mundo.

Fidel conversa con periodistas cubanos

Fuentes:

  • Diario Granma de los días 13 y 15 de octubre de 1979
  • Julio García Luis: ¿Qué periodismo queremos? pp 273-281
  • Vivencias del autor

 

Una de las credenciales de prensa expedidas por la ONU para la cobertura de la visita de Fidel a la organización.



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Publicado por: David Díaz Ríos / CubaEstrellaQueIlumina
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