TIAR contra Venezuela

 

  • Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

  • Llamado también Tratado de Río. Es un pacto de defensa mutuo interamericano suscrito en la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente en Río de Janeiro del 15 de agosto al 2 de septiembre de 1947. No todos los es-tados miembros de la Organización de Estados Ameri-canos lo han firmado y algunos se han retirado del mismo.

 

  • Los Estado firmantes del Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR) se comprometían solidariamente a realizar las acciones necesarias para cumplir con ese objetivo enunciado y la asistencia debía traducirse en apoyo político, militar, y económico en caso que uno de los países firmantes fuese atacada por una potencia extracontinental.

 

TIAR, la espada de Damocles sobre Venezuela / PL / Por Yadira Cruz Valera

 

La firma de un acuerdo para la instalación de la Mesa Nacional de Diálogo por la Paz adoptado hace unas horas en Venezuela muestra la vocación pacifista de un Estado que ve hoy su soberanía amenazada.
 
Falsos positivos, intentos de atentado, amenazas y la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) para justificar una intervención militar extranjera son algunas de las acciones más visibles de una política agresiva liderada por Estados Unidos que como espada de Damocles cuelga sobre esta nación.

Luego de que el 11 de septiembre el representante ante la Organización de Estados Americanos(OEA) del autoproclamado presidente interino Juan Guaidó, Gustavo Tarre, propuso la activación del TIAR contra Venezuela, quedó al descubierto los verdaderos intereses de la administración estadounidense de Donald Trump contra el país.

Sólo la dignidad y los principios de un grupo de naciones, echó por tierra las intenciones de la Casa Blanca de encontrar en la comunidad internacional el apoyo para iniciar su cruzada y justificar sus planes guerreristas, con numerosas voces que se alzan por estos días desde los más recónditos lugares del planeta para manifestar su rechazo contra ese instrumento.

La Cancillería venezolana inmediatamente denunció la ‘despreciable decisión de un pequeño grupo de gobiernos de la región que, alineados con los intereses del Gobierno supremacista de Estados Unidos, invocó la activación de un instrumento tan desastroso de la historia de nuestro continente’.

Recordó la historia del TIAR en América Latina y el Caribe, impuesto por Washington en la época de la llamada Guerra Fría, cuyo propósito era legitimar las intervenciones militares por razones ideológicas, como ocurrió en Guatemala en 1954, en Cuba en 1961, en República Dominicana en 1965, en Granada en 1983 y en Panamá en 1989.

Este lunes, en un comunicado oficial, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana rechazó categóricamente ‘la espuria e írrita activación del Tratado, provocación irracional mediante la cual se pretende legalizar una intervención militar, cuyo propósito es derrocar al Gobierno legítimo del ciudadano Nicolás Maduro, presidente constitucional de Venezuela’.

‘El TIAR es un instrumento anacrónico y falaz, un subterfugio diseñado por el imperio norteamericano para garantizar sus propios intereses hegemónicos. Sin embargo, durante la Guerra de las Malvinas en 1982, los Estados Unidos no vacilaron en traicionar a Argentina y alinearse con el Reino Unido, evidenciando de este modo la pérdida de legitimidad y vigencia de este pacto’ refiere el texto.

En el comunicado, se recuerda además que fueron esas las razones que llevaron al Comandante Hugo Chávez, a retirar al país de ese ente, junto con los Estados miembros de la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (alba).

Rogelio Polanco, embajador de Cuba en Venezuela en declaraciones a Prensa Latina calificó el instrumento de ‘obsoleto, intervencionista y agresivo que ha pasado al basurero de la historia como método de intervención contra los pueblos’.

Naciones como México, Bolivia, Rusia y otras; movimientos sociales, partidos políticos y personalidades mundiales denunciaron el verdadero interés de la OEA y Estados Unidos con la activación de ese tratado.

Cuba emitió una declaración rechazando la calificación de Venezuela como ‘una amenaza para la paz y la seguridad en el hemisferio’, y destacó que es la Doctrina intervencionista Monroe utilizada por la Casa Blanca y la hostilidad hacia Caracas lo que realmente ponen en riesgo la paz y la seguridad regional.

Nuevamente, la desprestigiada OEA es el vehículo para esta ignominia donde un grupo digno de gobiernos se opuso a esta decisión, refiere el comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En tanto, el presidente del Parlamento del Mercado Común del Sur, Parlasur, Daniel Caggiani, consideró que era una acción violatoria del derecho internacional.

El TIAR, firmado en Brasil en 1947, establece que un ataque armado a un Estado americano será considerado como una agresión contra todos los países de la región, en consecuencia, cada una de las Partes Contratantes se compromete a hacer frente en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva reconocido en el Artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas.

Una vez más, se sataniza a una nación y se le califica de ‘amenaza’, en un burdo intento por justificar una agresión armada, como otrora se hizo contra Iraq, Libia y otros países, declaró a esta agencia el periodista venezolano Iván Padilla, al analizar el hecho.
 
 
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Obsesión imperial contra Venezuela / Escrito por  Arnaldo Musa / Especial para CubaSí

 

Uno tras otro se suceden los vuelos espías norteamericanos contra Venezuela como preludio de una invasión.


Uno tras otro se suceden los vuelos espías norteamericanos contra Venezuela como preludio de una invasión que quiere ser, pero que no las tiene todas consigo, en dependencia de los daños a los invasores que causen los defensores de la soberanía nacional, mientras la menguada contrarrevolución política interna pide a gritos una invasión abierta de los marines, esta vez escudada en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que no tiene razón legal ni moral alguna para ser invocado.

EL TIAR  fue creado en 1947 en el contexto de la Guerra Fría de EE.UU. contra la Unión Soviética, y el Imperio lo utilizó para tratar de acabar con la Revolución Cubana, pero no lo logró, al fracasar la invasión por Playa Girón, en 1961.

De todas maneras, quedó como instrumento del imperialismo norteamericano para ser esgrimido contra naciones díscolas del continente, bajo el pretexto de ayudarlas ante cualquier tipo de agresión; pero cuando Argentina lo invocó en 1982 para  defenderse  de los colonialistas británicos que ocupaban las Malvinas, Estados Unidos, apoyado por el Chile pinochetista, no sólo no acudió a apoyar a Buenos Aires, sino que colaboró con su aliado europeo.

Así, Perú, Bolivia, Cuba, Ecuador, México y Venezuela abandonaron el TIAR uno tras otro. ‎

En la colusión contra Venezuela, la Organización de Estados Americanos fue la sede para que el TIAR fuera resucitado por 12  países miembros,  que se hicieron eco de la afirmación de Estados Unidos y Colombia sobre el supuesto éxodo de cuatro millones de venezolanos, tratando de ocultar que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ‎‎ (ACNUR) acaba de confirmar que en el 2018 sólo se registró en todo el mundo 341 800 refugiados más, incluyendo a los venezolanos. ‎

A ello se agrega la posible construcción de un incidente, y en este sentido, fueron detenidos dos miembros del grupo paramilitar colombiano Los Rastrojos, que incluso han entrado en contacto con el presidente ficticio avalado por Trump, Juan Guaidó.

Pero además de la construcción del incidente que justifique la agresión militar, se avanza desde distintos puntos del espectro amenazador. Por un lado, se atenta contra las condiciones de vida de la población venezolana, a través del bloqueo y las sanciones. Se boicotean y desarticulan todas las posibilidades de lograr salidas pacíficas, y se ataca mediáticamente las acciones de diálogo entre el gobierno y la oposición política.

Además, arrecia la campaña mediática de propaganda contra el Gobierno Bolivariano, fielmente repetida en todos los países ‎aliados de Estados Unidos, para preparar la operación de desestabilización contra el ‎Estado venezolano, operación iniciada en diciembre del 2018, que recuerda la complicidad de la denominada prensa objetiva a las agresiones a Afganistán e Iraq, por citar sólo dos ejemplos.

El objetivo de esa ‎campaña era convencer a los venezolanos de que no había futuro para ellos en su propio país y, a la vez, a la opinión pública internacional de la “ilegitimidad” del presidente Nicolás ‎Maduro. ‎

En un artículo del que se hace el medio de comunicación ruso Sputnik, nombrado El momento ha llegado: el plan Unitas Lis sería el golpe final contra Venezuela, se explican las condiciones políticas y militares que Estados Unidos tiene previsto como “hoja de ruta para derrocar al chavismo”. Todas permanecen activadas. El TIAR es parte de lo que llaman “el frente político”.

Los estrategas políticos y militares estadounidenses saben que, cuando llegue enero del 2020 y se agote el periodo de Juan Guaidó en la Asamblea Nacional, otros opositores buscarán sucederle.

Por ello, se espera que el Imperio intensifique la presión contra el país suramericano hasta un punto de desenlace violento, por lo cual el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello., auguró la entrada de “marines”  a Venezuela, “aunque el problema para ellos, dijo,  será cómo van a salir”.

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Activan el TIAR contra Venezuela: ¿bluff u objetivo estratégico?

 

Juventud Rebelde reproduce algunos fragmentos del extenso y revelador trabajo del joven politólogo y periodista venezolano William Serafino.

Como ya estamos acostumbrados, el recinto del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) fue nuevamente epicentro de violaciones al Derecho Internacional y de la soberanía venezolana. En esta oportunidad, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), o Tratado de Río, fue el punto principal en agenda.

El joven politólogo y periodista venezolano William Serafino publicó un artículo en Misión Verdad (13 Sep 2019), y Juventud Rebelde reproduce algunos fragmentos del extenso y revelador trabajo.

Breve historia y declive del TIAR

Este mecanismo multilateral, impuesto por Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría, fue diseñado para el aseguramiento estratégico del «patio trasero» latinoamericano en aras de contrarrestar la influencia de la Unión Soviética. Plantea, en esencia, que un ataque armado contra un país latinoamericano será interpretado como una agresión contra todos los países de la región, lo cual habilita acciones de defensa colectiva (militar y diplomática) contra el país agresor.

Aunque su eje central yace en esa cláusula de defensa colectiva, el TIAR comprende una amplia gama de represalias económicas y diplomáticas para fortalecer la posición del país agredido.

Desde sus inicios, Washington utilizó el TIAR para dotar de «legalidad interamericana» a sus intervenciones en República Dominicana, Granada, Nicaragua y Panamá, pero entró en declive cuando en el marco de la Guerra de Malvinas (1982), el Gobierno militar de Argentina invocó dicho mecanismo para armar una coalición interamericana frente a Reino Unido.

El Gobierno de los Estados Unidos, manejado en aquel entonces por el presidente Ronald Reagan, optó por apoyar a Reino Unido.

El declive del TIAR tuvo su momento cumbre cuando, en 2012, Bolivia, Venezuela, Ecuador y Nicaragua abandonaron este tratado en el contexto de la 42 Asamblea General de la OEA.

Días antes de que la República Bolivariana de Venezuela hiciera efectiva su salida de la OEA a finales de abril pasado, el Consejo Permanente, en un movimiento catastrófico y violatorio de las leyes internacionales que rige la convivencia entre los Estados, reconoció al emisario de Guaidó, Gustavo Tarre Briceño, como «embajador» ante el organismo regional.

Agotada su capacidad de movilización en la calle y acosado por las críticas en redes sociales debido a los diálogos en Noruega, en julio Juan Guaidó se vio obligado a optar por una maniobra simbólica: reincorporar ilegalmente a Venezuela en el TIAR mediante la Asamblea Nacional en desacato.

El estancamiento del autoproclamado y la sólida resistencia del chavismo precipitaron la escalada de los halcones de la Casa Blanca. Empezó con el despliegue de aviones espía del Comando Sur surcando el espacio aéreo venezolano de forma ilegal, y concluyó el 5 de agosto con la promulgación de una Orden Ejecutiva (N° 13844) que oficializa el embargo integral a la economía venezolana.

La caída de Bolton

Obsesionado con su enfoque de «máxima presión», John Bolton acumuló en él solo todas las frustraciones de Trump y de la Casa Blanca por el fallido plan Guaidó.

El aparatoso despido del asesor de Seguridad Nacional incluyó un berrinche público y varios comentarios posteriores del jefe de la Casa Blanca. Trump indicó, al ser interrogado por la prensa en el Despacho Oval, que Bolton se había extralimitado con Venezuela. Luego de eso, afirmó que Bolton era un obstáculo para la virilidad del presidente, quien tenía una política mucho más dura que la del famoso halcón, según dijo.

Lo cierto es que el TIAR ya venía en camino. El enviado especial del Departamento de Estado, Elliott Abrams, preanunciaba hace algunos días que la activación de dicho mecanismo no implicaba una intervención militar. El recrudecimiento del conflicto colombiano en semanas recientes ofreció la ventana de oportunidad que se requería, y el expediente que relaciona falsamente al Gobierno con las FARC y el ELN, podía ser fácilmente movilizado.

La OEA hace nuevamente los deberes ¿a Marco Rubio?

Para pisar el acelerador, fue clave el senador de Florida Marco Rubio. No solo grabó un video para promocionar por redes sociales la urgencia de activar el TIAR, sino que delegó en su operador más cercano, Carlos Trujillo (embajador gringo ante la OEA), para empujar la sesión del Consejo Permanente en una dirección hostil. Este personalismo tiene olor a candidatura para remplazar a Bolton.

Y esto era bastante lógico: en el Sur de la Florida, los operadores del golpe se juegan su capital político en el devenir de los acontecimientos en Venezuela. Han prometido la cabeza de Maduro como principal oferta electoral de cara a la reelección de Trump.

Con estos movimientos previos, entraría en sesión el Consejo Permanente de la OEA con el punto del TIAR como principal en la agenda.

La propuesta para activar el instrumento fue introducida por el usurpador Gustavo Tarre.

El canciller de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, acompañó esta apertura de telón acusando al Gobierno de Venezuela de apoyar a grupos armados colombianos.

Países como Bolivia, México, Uruguay, mostraron su rechazo a la propuesta y las violaciones del Derecho Internacional que implicaba no solo su aprobación, sino la presencia del usurpador Tarre.

Antes de votar la resolución entre los países firmantes del instrumento, Perú, Chile y Costa Rica intentaron incluir una enmienda que prohibiera el uso de la fuerza militar. Sin embargo, la enmienda fue rechazada por nueve países, y esto no cambió el voto de Chile, que lo hizo favorablemente.

Finalmente la resolución fue aprobada (dejando un conveniente vacío que no impugna el uso de la fuerza) por 11 países (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, EE. UU., Guatemala, Haití, Honduras, Paraguay y República Dominicana). Otras cinco naciones se abstuvieron (Trinidad y Tobago, Uruguay, Costa Rica, Panamá, Perú). El Departamento de Estado de EE. UU. aplaudió de pie el fin del evento, y el Gobierno venezolano calificó como una agresión la activación de este instrumento y afirmó que no reconoce ninguna decisión que derive del organismo.

La resolución aprobada establece que el órgano de consulta del tratado convocará una reunión de cancilleres para la segunda quincena de este mes, donde serán valoradas las opciones a tomar.

Sin embargo, el tono amenazante no logra encubrir un importante dato político que emanó de la jornada: los países que apuestan por una resolución violenta de la cuestión venezolana representan una minoría en la región.

Obviamente no faltó surrealismo durante la sesión. No solo porque se activó un instrumento obsoleto bajo el reconocimiento ilegal de un gobierno paralelo en Venezuela, sino por una razón más obvia: Venezuela no ha atacado militarmente a ningún país de la región, lo que convierte al TIAR en un instrumento caprichoso y eventualmente impráctico para Estados Unidos.

Pero a falta de solidez en los señalamientos, los medios de comunicación alineados a la estrategia de asedio contra Venezuela, han intensificado su rol como brazo político de la agresión. La alteración de un radiograma de la CEOFANB y el forjamiento de un documento del Sebin publicados recientemente por la revista Semana, constituyeron el falso positivo que otorgó verosimilitud a las denuncias de Carlos Holmes Trujillo y Gustavo Tarre.

Finalmente, ¿Hacia dónde va el TIAR?

La salida de Bolton, las recientes fotos que vinculan a Guaidó con grupos narcoparamilitares colombianos como Los Rastrojos, el estancamiento político del autoproclamado y la resistencia del chavismo, constituyen una mezcla explosiva que puede favorecer la ejecución de ideas dementes.

Las condiciones internacionales marcadas por la impugnación internacional al manejo de política exterior de Trump, hacen poco probable que la minoría regional de los leales a EEUU acompañen una expedición militar para ocupar a Venezuela. Parece, en cambio, tener mucho más que ver con Colombia que con el resto de los socios.

Hace pocos días, Mauricio Claver-Carone, director senior para el hemisferio occidental del Consejo Nacional de Seguridad, afirmó que la administración Trump apoyaría a Colombia en un eventual conflicto militar con Venezuela.

En consecuencia, parece que la mesa está servida para un falso positivo que le dé cuerpo físico al fake news lanzado desde Semana. La Asamblea General de Naciones Unidas en los días por venir podría ser la caja de resonancia para acompañar un nuevo ciclo de tensiones, amenazas y agresiones, utilizando los relatos que se acoplan al espacio: la «intervención humanitaria», la ocupación para «derrotar el terrorismo» y la «estabilización» de Estados fallidos. No faltará el complemento de que Maduro tiene un plan macabro con Rusia y China que «amenaza» la región.

Como es lógico, los halcones tienen el ego herido y piensan bajo presión. Como el TIAR deja la puerta libre a una acción militar, eso representa una inyección de testosterona política. Así volverán a hablar alto y duro, con las pistolas en la mano.

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TIAR contra Venezuela: cualquier semejanza con la historia no es pura coincidencia /

 

La amenaza de una invasión contra la República Bolivariana no se descarta en la escalada imperialista, entre otras cosas porque el tratado invocado, hay que recordarlo para los desmemoriados, tiene una bochornosa y criminal historia de muerte en el continente.

En 2009, bajo el título «La vergonzosa historia de la OEA», publicamos una serie de tres artículos sobre esa organización que fue sabia y exactamente bautizada por Raúl Roa, Canciller de la Dignidad, como el ministerio de colonias yanqui. Ahora que se invoca contra la Venezuela bolivariana el tristemente célebre Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, les invitamos a pasar revista a la funesta sigla TIAR, cuatro letras bañadas con la sangre de América Latina y el Caribe.

Desde su despegue como nación, Estados Unidos de América contrapuso al ideario de unidad e integración latinoamericana su pretensión de dominación continental, plasmada el 2 de diciembre de 1823 en la conocida Doctrina Monroe, sintetizada en la frase «América para los americanos».

A finales de 1889, el Gobierno estadounidense convocó la Primera Conferencia Panamericana, que fue el punto de partida del Panamericanismo, visto como el dominio económico y político de América bajo la supuesta unidad continental. Aquello implicaba una actualización de la Doctrina Monroe, en el momento en que el capitalismo de Estados Unidos arribaba a su fase imperialista. José Martí, quien fue testigo excepcional del surgimiento de ese monstruo, se preguntaba a propósito de aquella Conferencia: «¿A qué ir de aliados, en lo mejor de la juventud, en la batalla que los Estados Unidos se preparan a librar con el resto del mundo?». Y tenía razón. Entre 1899 y 1945, durante ocho conferencias similares, tres reuniones de consulta y varias conferencias sobre temas especiales, se fue estableciendo el avance de la penetración económica, política y militar de EE.UU. en América Latina.

La Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y la Paz, en Chapultepec, en marzo de 1945, tuvo un objetivo político definido: alinear a los países de la región para enfrentar el proceso que vendría con la creación de la onu. Como resultado, en la conferencia de San Francisco, en abril de 1945, en la cual se funda la onu, la diplomacia de EE.UU., apoyada por los países latinoamericanos, defendió la «autonomía» para el Sistema Interamericano, y logró que en el Artículo 51 de la Carta de la organización mundial se preservara la solución de controversias mediante métodos y sistemas «americanos». La interpretación que le dio entonces el Consejo Directivo de la Unión Panamericana es que dicha Carta nació compatible con el Sistema Interamericano y el Acta de Chapultepec.

En agosto de 1947, la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro aprobó una resolución que dio origen a la herramienta que daría vida a la cláusula de permisividad arrancada a la ONU: el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que reafirmaba el principio de «solidaridad» continental esgrimido por Washington, en función de enfrentar cualquier situación que pusiera en peligro «su paz» en América y adoptar las medidas necesarias, incluida el uso de la fuerza. Con el TIAR se impone la voluntad yanqui en el continente, constituyendo una amenaza permanente para la soberanía de los países latinoamericanos.

Entre el 30 de marzo y el 2 de mayo de 1948, la Conferencia Internacional Americana de Bogotá da vida a la Organización de Estados Americanos (OEA). En medio de esa reunión es asesinado el líder colombiano Jorge E. Gaitán, de gran arraigo popular, hecho que motivó una gran insurrección, conocida como el Bogotazo, y que fuera brutalmente reprimida. Aquel suceso sirvió para manipular el curso y los resultados de la Conferencia, al promover EE.UU. la amenaza que significaban para la democracia el «auge» de la Unión Soviética y el comunismo, al que culpaban por las muertes del Bogotazo.

De la discusión y adopción de la Carta de la OEA surgió un extenso documento de 112 artículos, firmado sin reservas por los 21 países participantes en Bogotá. La Carta hacía suyos algunos de los principios cardinales y justos del derecho internacional; sin embargo, a instancias de Washington, se le introdujeron disposiciones que trasladaron a la OEA los postulados principales del TIAR, por lo cual, desde su cuna, la oea es el instrumento jurídico ideal para la dominación estadounidense en el continente.

LA HISTORIA SE REPITE

Desde enero de 1959, Estados Unidos había diseñado un plan para utilizar a la oea en contra de la Revolución Cubana y de su pueblo. La denominada «cuestión cubana» ocupó un lugar prioritario en la agenda de la oea  y, de conformidad con los intereses de Estados Unidos, comenzó a sentar las bases para el aislamiento político-diplomático de Cuba y la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), para intentar «legitimar» una agresión militar directa contra Cuba.

La Revolución había promulgado la Primera Ley de Reforma Agraria, eliminando los grandes latifundios, entre ellos los de la United Fruit, en la que tenían intereses económicos los hermanos Allan Dulles, secretario de Estado, y Foster Dulles, jefe de la CIA, y rápidamente la OEA estableció la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y la Comisión Interamericana de Paz recibió nuevas facultades, lo cual formaba parte de la estrategia de creación o perfeccionamiento de herramientas que serían claves en la aplicación de directrices yanquis contra Cuba en el seno de la OEA.

Derrotado en Girón en 1961, fracasados los planes de la Operación Mangosta que condujeron a la Crisis de Octubre de 1962, con el bloqueo económico, comercial y financiero ya proclamado y con bandas terroristas combatiendo en las montañas del Escambray, a Estados Unidos le quedaba solo internacionalizar su abyecta política, para lo cual se vale de la IX Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, en Washington en julio de 1964, mediante una resolución inspirada en el TIAR, que ya había desplazado a la Carta de la OEA, disponiendo que los gobiernos de los Estados Americanos rompieran sus relaciones diplomáticas o consulares con el Gobierno de Cuba. Solo México mantuvo una posición digna y no se plegó a los designios del imperio.

¿Por qué la desprestigiada OEA invoca hoy el mismo TIAR contra Venezuela? Sencillo, porque la Revolución Bolivariana es un hecho social que ha enseñado a leer y a escribir a su pueblo; entrega salud gratuita; pone los recursos naturales, antes robados, en función de su gente y en favor de la integración de los pueblos de América Latina y el Caribe; da oportunidad de vivienda y empleo a los suyos, y se consolida en su unión cívico-militar. Y porque la historia se le ha repetido al amo imperial, pues la Venezuela del legado de Chávez, la de Nicolás Maduro, también ha vencido y destruido todos los ataques, desde guerra económica, mediática, sicológica con base en fake news y de imposición de un presidente, entre otras. Por eso es que el brazo peludo del imperio vuelve a prestarse a los intereses del amo y saca a relucir su tiar con el mismo guion, buscando aislar a la Patria de Bolívar.

Y como cualquier semejanza con la realidad, con la historia, no es pura coincidencia, la amenaza de una invasión tampoco se descarta en la escalada imperialista, entre otras cosas, porque el tratado invocado, hay que recordarlo para los desmemoriados, tiene una bochornosa y criminal historia de muerte en el continente.

1954 Guatemala fue invadida por mercenarios organizados por la CIA, que derrocaron al Gobierno de Jacobo Arbenz. La OEA aprobó la variante de intervención colectiva regional.

1961 La OEA no hizo nada ante la agresión a Cuba por Playa Girón.

1965 Marines yanquis desembarcaron en Santo Domingo en la primera intervención en un país del área, bajo el sello de la OEA.

1973 La OEA calló ante la muerte de Salvador Allende y el asesinato de decenas de miles de sudamericanos durante la Operación Cóndor.

1980 En los años de esa década no promovió la paz en Centroamérica, en un conflicto que cobró cerca de 100 000 vidas.

1981 No respaldó las investigaciones para esclarecer la sospechosa muerte de Omar Torrijos.

1982 Intervención británica en las Malvinas, primera agresión de una potencia extracontinental a un país del Sistema Interamericano que, según el TIAR, debía convocar la solidaridad. EE.UU. apoyó a Gran Bretaña e impuso sanciones a Argentina.

1983 Un golpe militar derrocó al primer ministro granadino Maurice Bishop. EE.UU. envió una fuerza  de 1 900 infantes de marina.

1989 El TIAR y la OEA no se inmutaron ante la invasión a Panamá.

2002 Golpe de Estado en Venezuela contra el presidente Hugo Chávez Frías.

2004 Golpe militar en Haití que depuso al presidente Jean Bertrand Aristide.

2009 Golpe de Estado al Gobierno de Manuel Zelaya, en Honduras.

2010 Intento de golpe de Estado en Ecuador.

 

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TIAR: Tratado Injerencista, Agresivo y Reaccionario / Nestor Nuñez

 

Venezuela es solo otra de sus páginas sórdidas y oportunistas…

 

En una acción repudiada por numerosas naciones y fuerzas políticas progresistas, la Organización de Estados Americanos, OEA, bajo la sempiterna batuta gringa, aprobó días atrás la aplicación contra la Revolución Bolivariana del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, un retorcido vestigio de los inicios de la Guerra Fría concebido como instrumento militar interventor de Washington en nuestro Hemisferio.

Con oscuros antecedentes en la doctrina Monroe, que en el siglo diecinueve proclamó que América era para los (norte) americanos en el intento por colocar fuera de la órbita regional a las potencias europeas de la época, el TIAR, negociado en 1947 y puesto en vigor un año después, pretendía mantener libre de “injerencias foráneas de toda índole” a los vecinos sureños de los Estados Unidos, percibidos por su clase dirigente como “traspatio natural e intocable del “coloso del Norte”, ya por entonces la inequívoca “primera potencia capitalista” del planeta.

En pocas palabras, a apenas dos años del fin de la Segunda Guerra Mundial y de los bombardeos atómicos de “advertencia e intimidación universales” sobre las ciudades nipones de Hiroshima y Nagasaki, se apresuraba Washington a apretar clavijas en sus fronteras más inmediatas en la ya planeada desde antes “ofensiva general contra el comunismo y su cortina de hierro”, concretados en la existencia de la Unión Soviética y el apenas estrenado campo socialista europeo, y en sus ya palpables influencias internacionales.

De manera que bajo el mandato de Harry S. Truman, el hombre que desató los hasta ahora únicos ataques nucleares de la historia, se estableció en nuestra región el TIAR, el primer aparato imperial de pretendida “defensa colectiva” en el planeta, toda vez que la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN (con el involucramiento del occidente europeo bajo la égida gringa y el mismo objetivo de atacar al socialismo) no vería la luz hasta 1949.

En su letra, el tratado hemisférico indicaba textualmente que “un ataque armado por cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, y en consecuencia, cada una de las Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva…” En otras palabras, nada ajeno al orden hegemonista Made in USA tendría larga vida en estas tierras.

Así, a lo largo de los últimos setenta y dos años, el TIAR ha sido “fiel a su espíritu” al elegir a sus víctimas.

Analistas precisan que todo este tiempo ha sido invocado en unas veinte ocasiones, todas ligadas precisamente a la pretensión de coartar procesos populares en auge en América Latina y el Caribe, y a disfrazar de pretendida legalidad acciones militares punitivas contra nuestros pueblos

En 1962, el TIAR fue activado durante la titulada Crisis de los misiles en Cuba, y apoyó la entrada en vigor del bloqueo contra la Isla que se extiende hasta nuestros días.

Lea también:Pretenden reactivación de TIAR contra Venezuela

Se reconoce su actividad injerencista en la invasión a República Dominicana en 1965 contra el movimiento nacionalista local encabezado por el líder popular Francisco Caamaño, y su aprobación a la ocupación militar gringa de la Isla de Granada en 1983.

No obstante, un año antes, cuando tropas argentinas desembarcaron en el Archipiélago de las Malvinas bajo control colonialista británico desde 1833 y Londres decidió enviar sus fuerzas militares para reconquistar aquellas islas, Washington, aliado de Gran Bretaña en el seno de la OTAN, vetó la invocación del TIAR contra una evidente agresión militar extra hemisférica (tal como lo expresan las bases del acuerdo).

Así, dio la espalda a los reclamos de Buenos Aires y llegó incluso a brindar apoyo logístico a los buques, aviones y  fuerzas terrestres de la Corona en la retención de su pretendida soberanía sobre aquellos espacios australes arrebatados a  la nación  argentina hace ahora 186 años.

Y es con ese “brillante expediente” de manipulación, oportunismo y burla, que el TIAR pretende salir de nuevo a flote por estos días, ahora de manos del nuevo equipo de obsesos injerencistas aposentados en la Casa Blanca y de aquellos personajes que en el Sur gustan de engrosar la lista de los obsecuentes que reniegan de sus orígenes, desprecian su sangre y su raza, y no dudan en pedir armas y violencia en el Norte para sojuzgar a sus iguales. Toda una pléyade  de “democráticos presidentes” de nuestra región que otra vez, en estos días, aplaude imponer la guerra a sus hermanos.

 

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Trump resucita el TIAR  Por: Carlos Fazio

 

Desgastado el liderazgo por delegación del fantoche Juan Guaidó y agotada en la etapa la maquinaria del gol­pe de Estado contra el gobierno constitucional y legítimo de Nicolás Maduro, el pasado 11 de septiembre la administración Trump decidió iniciar una nueva fase de su política de cambio de régimen en Venezuela, y con apoyo de Brasil usó a Colombia para activar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en la Organización de Estados Americanos (OEA).

Viejo instrumento del panamericanismo de guerra de Washington, el objetivo inmediato del TIAR será multilateralizar las sanciones coercitivas contra Venezuela en los campos comercial y financiero −incluido un posible bloqueo naval que interrumpa las exportaciones petroleras responsables de 95 por ciento de los ingresos del país sudamericano−, y/o la ruptura de relaciones diplomáticas, consulares y económicas de varios gobiernos derechistas del área.

Junto con el TIAR (Río de Janeiro, 1947), la OEA, cuya carta fundacional surgió en el marco de la novena Conferencia Internacional Americana (Bogotá, 1948), fue uno de los mecanismos para la seguridad colectiva interhemisférica utilizados por la diplomacia estadunidense en su lucha contra el comunismo de Moscú durante la guerra fría, como se llamó la confrontación política, ideológica y militar entre el Este y Oeste en la inmediata posguerra, tras la derrota del nazifascismo.

Como aparato estratégico intercontinental, el TIAR −calificado como el primer pacto de la guerra fría−, fue instrumentado por Washington para que cumpliera un papel similar al de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Europa occidental. A partir de 1948, en particular luego de la llegada del general Dwight D. Eisenhower a la Casa Blanca en 1953, EU abandonó la idea de exportar su democracia mediante estrategias reformistas y optó por políticas conservadoras y punitivas hacia América Latina y los países periféricos del mundo libre.

El entonces secretario de Estado, John Foster Dulles, hizo de la seguridad militar y policial de corte contrainsurgente el primer punto de la agenda de Washington, y alentó el establecimiento de regímenes dictatoriales civiles y militares, procapitalistas y antizquierdistas en América Latina. En los hechos, el pacto de defensa mutua plasmado en el TIAR −la idea de uno para todos y todos para uno− significó la continentalización de un monroísmo de nuevo tipo que, según diferentes coyunturas y con sus respectivos puntos de continuidad y ruptura, ha sido sometido a constantes procesos de actualización y relaboración doctrinaria y estratégica por el Pentágono y el Departamento de Estado.

Ante la irrupción del socialismo en Cuba, la estrategia de John F. Kennedy consistió en alinear a los gobiernos autoritarios y dictatoriales de América Latina y el Caribe en su lucha contra el Castro-comunismo, combinando la zanahoria de la Alianza para el Progreso con el garrote de la fracasada aventura mercenaria de Bahía de Cochinos.

Luego, bajo las dictaduras militares de seguridad nacional, el neomonroísmo devino en lucha antisubversiva, y tras la autodisolución de la URSS en 1989, adaptó su ropaje a la guerra a las drogas (sustituto del fantasma comunista) y las guerras sucias y de baja intensidad (Granada, El Salvador, Nicaragua, Panamá), hasta la fase actual de guerra al terrorismo post-11 de septiembre de 2001.

Los 11 países que apoyaron ahora activar el TIAR −del total de 18 firmantes− fueron: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, Paraguay y República Dominicana. Cinco países se abstuvieron: Costa Rica, Panamá, Perú, Trinidad y Tobago y Uruguay; Bahamas se ausentó. Cuba fue excluida del TIAR en 1962 y México se retiró del TIAR en 2002. Venezuela, que con Bolivia, Ecuador y Nicaragua abandonaron el tratado en 2012, estuvo representada por un enviado de la oposición política.

La representante mexicana ante la OEA, Luz Elena Baños, dijo que es inaceptable usar un mecanismo que contempla la fuerza militar y subrayó que si bien México no es parte del TIAR, sí está obligado a pronunciarse en contra del uso político que se pretende dar a lo que considera un delicado y controversial instrumento.

Categórico, el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, rechazó la activación espuria e írrita del TIAR, y dijo que ese pacto es un instrumento de genuflexión por quienes quieren legalizar una intervención militar en la patria de Bolívar. El jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana calificó al TIAR de anacrónico y falaz, y aseveró que es un subterfugio diseñado por EU para garantizar sus propios intereses hegemónicos en la región.

Así, el 14 de septiembre llegó a Bogotá el nuevo embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, experimentado operador de golpes suaves y rupturas secesionistas. Los antecedentes de Goldberg en la ex Yugoslavia y Bolivia, aumentan el riesgo de una balcanización de la frontera colombo-venezolana. Su misión podría ser acelerar el papel de Colombia como cabeza de playa para una intervención militar y paramilitar en Venezuela −incluido el montaje de falsos positivos y/o una operación de bandera falsa en la frontera entre ambos países, que vincule a las FARC/ELN con el gobierno de Maduro−, ahora bajo la fachada legal del TIAR.

(Tomado de La Jornada)

 

 

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Publicado por: David Díaz Ríos / CubaEstrellaQueIlumina

 

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