Ser o no ser, el yugo o la estrella

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Ser o no ser, el yugo o la estrella / Autor Raúl Antonio Capote

Según el diccionario Larousse Ilustrado, simulador es aquel que finge ser lo que no es, y la simulación se define como ficción, fingimiento, disimulo, doblez, apariencia, paripé, impostura, deslealtad, engaño.

En Cuba existen simuladores, esa es una verdad de Perogrullo. Los hay de diferentes categorías, niveles y profesionalidad. Algunos vivieron durante años fingiendo, haciendo el paripé. Estos reyes del disimulo son diestros en el arte de la metamorfosis, esperan la oportunidad, calculan cada paso para estar siempre en el lugar y en el momento correcto, para cosechar beneficios que satisfagan su ambición sin freno.

Ahora hacen cátedra y grupo con los enemigos abiertos y declarados y coinciden en la «brillante falsedad» de que el pueblo, el soberano que trabaja y construye, los revolucionarios, nos inventamos la entrega y el compromiso, aparentamos defender los principios en los que creemos. Para ellos toda nuestra vida es una farsa.

Pero la Revolución no se hace con fingidores, las revoluciones no se sostienen con impostores, no se construyen sobre la base de la mentira, el engaño, el disimulo. Una Revolución solo se sostiene sobre la verdad, sobre el compromiso de la inmensa mayoría.

¿Eran simuladores los millones de milicianos que fundaron las Milicias Nacionales Revolucionarias?

¿Aparentaban los que pelearon en Girón?

¿Fingían los que lucharon contra las bandas armadas en el Escambray?

¿Mentían los miles de niños alfabetizadores que en 1961 llevaron la luz de la enseñanza a miles de campesinos que nunca antes habían tenido un maestro?

¿Actuaban con falsedad los miles, los millones de hombres y mujeres que, a lo largo de todos estos años, han trabajado duramente por desarrollar la economía nacional, los constructores de miles de escuelas y hospitales, los cortadores de caña, los mineros?

¿Simulaban los miles de soldados internacionalistas que marcharon de forma voluntaria a pelear en África contra el colonialismo y el apartheid? ¿Puede vencer un ejército de falsos soldados?

Nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias no forman parte de élites familiares o económicas, salen del pueblo, son hijos de campesinos, obreros, profesionales, etc.

¿Podría ser impostado su juramento de fidelidad a la Revolución?

¿Son simuladores nuestros médicos y maestros que prestan servicios en regiones remotas, esos que curan o educan en los cerros o en las favelas, en lugares adonde no va ni de broma un médico formado por el capitalismo?

Miles de intelectuales, periodistas, escritores, artistas, hombres y mujeres de la cultura defienden la obra de la Revolución; son rebeldes, críticos, inconformes, se involucran en la lucha diaria por un país mejor, cada vez más cercano a nuestro ideal de nación.

¿Cómo podrían fingir su amor por Cuba?

Un antiguo oficial de la Agencia Central de Inteligencia, que se caracterizaba por la objetividad de sus análisis sobre Cuba, en una oportunidad escribió que la Isla vivía una paradoja ideológica que él no entendía, no se explicaba cómo, en el periodo especial, en aquellos años duros, la base que sostenía la Revolución la integraban las personas que menos se habían beneficiado de ella. Se refería a los empleados públicos, estatales, los médicos, maestros, militares, funcionarios, no favorecidos directamente con las reformas aplicadas en esos años, con el trabajo por cuenta propia, etc. Él no podía entender las razones de esa mayoría dispuesta a darlo todo por Cuba, como no puede entenderlo un verdadero y auténtico simulador, alguien que no entendió jamás por qué un pueblo lo da todo, hasta la vida, por las ideas en las que cree.

La Revolución la hacen millones de hombres y mujeres de alma limpia que salen y combaten, no simulan. Los que creen que todo se acabó, los que tiemblan ante el fracaso, los que ambicionan y se rinden por codicia, los que sirven de bufones a los criminales, el malhechor que cree que todos son malhechores, esconden su culpa, su vergüenza tras la mentira de que todos mienten.

Quienes hacen Cuba saben que el camino, como tantas veces en la historia, no es el del yugo, sino el de la estrella.

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Yugo y estrella. José Martí

Ser o no ser, el yugo o la estrella / Raúl Antonio Capote

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Publicado por: David Díaz Ríos / CubaEstrellaQueIlumina

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