¿Surfear o sumergirse en las honduras?

Martí explicó que con La Edad de Oro quería ayudar «a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven…». Foto: Ilustrativa

¿Surfear o sumergirse en las honduras? / Autor Abel Prieto

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La crisis cultural está acompañada de una grave crisis ética. En series, películas y videojuegos prevalecen la violencia, la ley del más fuerte, la competitividad, el «todo vale»

El surf ofrece la excitante aventura de deslizarse sobre las olas en una especie de tabla. Baricco utilizó este deporte para describir la crisis cultural contemporánea.

Las experiencias intelectuales de esta época, dijo, se asemejan a un «surfeo», siempre en la superficie, evitando sumergirse, bucear, saber qué hay en el fondo. La metáfora sintetiza la adoración por lo superficial que propone a sus seguidores, en particular a los jóvenes, la industria hegemónica del entretenimiento, ajena a cualquier afán de profundidad. Modas, marcas, frivolidad, «surfeo», en este ámbito pretenden formar a las nuevas generaciones.  

En términos de información, el «surfeo» equivale a contentarse con los titulares de las noticias, con chispazos entrevistos en las redes sociales, con estereotipos, con cápsulas abreviadas sobre hechos y personajes.

Las producciones de esta industria rinden culto al instante, al esparcimiento vacío. No favorecen el ejercicio intelectual ni el esfuerzo por comprender fenómenos con un mínimo de complejidad, con matices y contradicciones. Presentan un mundo simple, dividido entre «buenos» y «malos», entre «ganadores» y «perdedores».

Hay un mensaje reiterado: no mires atrás; no te compliques con dudas y preguntas; ocúpate de ti mismo y no pienses en los demás. No tiene sentido que te compadezcas de «perdedores», como esos migrantes que se ahogan por miles en el Mediterráneo o sufren maltratos y humillaciones y a veces mueren en la frontera de EE. UU. Lo aconsejable, ante injusticias y crímenes, es mirar hacia otra parte. Disfruta del momento en tu burbuja, «pásala bien».

La crisis cultural está acompañada de una grave crisis ética. En series, películas y videojuegos prevalecen la violencia, la ley del más fuerte, la competitividad, el «todo vale». Las producciones supuestamente culturales son pura mercancía. Están concebidas únicamente para enriquecer a las corporaciones.

Los valores estéticos son prescindibles; pero no las fórmulas para hipnotizar y convertir en adictos a los consumidores, mientras se les convence de que sus inclinaciones parten de un ejercicio «libre» de selección a partir de gustos y preferencias personales. La industria es la que instala esos gustos a través de la maquinaria mediática y publicitaria y lleva adelante, al propio tiempo, una arrasadora colonización cultural.

Difunde con eficacia modelos de vida y patrones de belleza, éxito, felicidad, tomados del Norte. No de los bolsones de miseria que hay en las más deslumbrantes ciudades de EE. UU.; sino de las minorías privilegiadas.

Según Frei Betto, el proyecto es que «el joven sueñe que un día podrá ser rico, un Pelé, una Lady Gaga, un Michael Jackson, y que se proponga cuatro metas en la vida: dinero, fama, poder y belleza, y, cuando no alcance ninguno de esos parámetros, irá a los ansiolíticos, a las drogas».

El proyecto supone también que los niños y jóvenes del Sur se avergüencen de sus raíces, de sus orígenes y tradiciones, del entorno familiar, comunitario y nacional donde nacieron. Martí explicó que con La Edad de Oro quería ayudar «a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella, ni vivir infecundamente en ella, como ciudadanos retóricos o extranjeros desdeñosos nacidos por castigo en esta otra parte del mundo». Tenemos que criarlos, añadió, para que sean hombres de su tiempo y de Nuestra América.

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Hoy el arma más efectiva del Imperio es su hegemonía cultural. Cuba tiene a su favor medios de comunicación e instituciones educativas y culturales que llegan a todos los rincones del país. Contamos además con miles de intelectuales, artistas, maestros, instructores de arte, promotores. Las fuerzas de la cultura martiana, fidelista, emancipadora, cumplen con respecto a niños y jóvenes dos misiones principales: ofrecerles los instrumentos básicos para establecer una distancia crítica y descolonizadora frente a los modelos hegemónicos y los imitadores locales y desmontar sus trampas por sí mismos; y motivarlos a participar creativamente en los auténticos procesos culturales, a descifrar sus misterios, a bucear en sus abismos, a disfrutar de los placeres y la plenitud que brinda el arte genuino.

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Nos topamos, sin embargo, con incongruencias en estos empeños. Si trabajáramos de manera más coherente y articulada, se alcanzarían resultados superiores en la formación de los hombres y mujeres originales, de su tiempo, de Nuestra América.  

Fuentes:

Abel Prieto / ¿Surfear o sumergirse en las honduras?

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Publicado por: David Díaz Ríos / CubaEstrellaQueIlumina
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