Geopolítica de todo lo que no hicimos

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Geopolítica de todo lo que no hicimos / Fernando Buen Abad Domínguez

 

Estamos bajo el fuego de (al menos) tres guerras simultáneas: una Guerra Económica desatada para dar otra “vuelta de tuerca” contra la clase trabajadora; una Guerra Territorial para asegurarse el control, metro a metro, contra las movilizaciones y protestas sociales que se multiplican en todo el planeta; y una Guerra Mediática para anestesiarnos y criminalizar las luchas sociales y a sus líderes. Tres fuegos que operan de manera combinada desde las mafias financieras globales, la industria bélica y el re-editado “plan cóndor comunicacional” empecinado en silenciar a los pueblos. Todo con la complicidad de gobiernos serviles especialistas en gerenciar los peores designios contra la humanidad. Hay que decirlo con claridad y sin atenuantes.

En particular, pero no aislada, se ha desatado contra el pueblo trabajador, de todo el planeta, una guerra mediática sin clemencia (aunque algunos todavía se nieguen a verla). Tal guerra mediática es extensión de la guerra económica del capitalismo y es inexplicable sin explicarse (histórica y científicamente) cómo opera el capitalismo en sus fases diversas incluyendo su actual fase imperial. La guerra contra los pueblos no se contenta con poner su bota explotadora en el cuello de los trabajadores, quiere, además; que se lo agradezcamos; que reconozcamos que eso está “bien”, que nos hace “bien”; que le aplaudamos y que heredemos a nuestra prole los valores de la explotación y la humillación como si se tratara de un triunfo moral de toda la humanidad. La guerra oligarca contra los pueblos nunca ha sido sólo material y concreta… ha sido ideológica y subjetiva. Nada de esto es nuevo, no se anota aquí como descubrimiento ni como verdad revelada, es la condena de clase sobre la que se verifica nuestra existencia. Mayormente en silencio.

Al lado de las consecuencias concretas de la “Triple Guerra”, que en cada país deja huellas específicas, está el problema de entender sus efectos supra, trans e intra-nacionales. Una parte del poder económico-político de las empresas trasnacionales tiene su identidad vernácula desembozada o maquillada por prestanombres de todo tipo. Se trata de una doble articulación alienante que supera a los poderes nacionales (no tributa, no respeta leyes y no respeta identidades) mientras ofrece respaldo a operaciones locales en las que se inclina la balanza del capital contra el trabajo. Así empresas como Shell (energética) aliada con bancos locales o internacionales, financia frentes mediáticos (televisoras, radios, periodistas, prensa) y promueve “estrategias” de defensa para los Estados aliados. Sus aliados. El discurso financiado es un sistema de defensa estratégica transnacional operada desde las centrales imperiales con ayudas vernáculas. Mismo modelo imperial con décadas de añejamiento pero tecnología actualizada. Es decir, nada de esto es nuevo, lo supimos y los sabemos.

En su fase “neoliberal”, o neo-colonial, el capitalismo imperializándose dispuso a descargar contra la clase trabajadora el peso de la crisis financiera provocada por ellos en el año 2008. Han instrumentado modelos bancario-financieros de endeudamiento y dependencia monetaria inspirados en la retracción del papel del Estado para reducir y suspender derechos históricos adquiridos. Y, al mismo tiempo, se multiplican las bases militares con objetivos represores enmascarados bajo todo tipo de disfraces. Y ahí, las alianzas de los “medios de comunicación” que conforman un plan de discurso único directamente entregado a camuflar las Guerras Judiciales, las Guerras Económicas y los muchos episodios de represión, táctica y tecnológicamente, actualizados.

Nuestro presente está teñido por una red de emboscadas “políticas” en las que lo menos importante es fortalecer las democracias, devolverle el habla a los pueblos y garantizar la soberanía económica. Todo lo contrario, reinan por su estulticia los peores ejemplos con las peores prácticas desde Brasil hasta Honduras, desde la deformación grotesca de instituciones como la OEA hasta desfondar iniciativas nacientes como UNASUR. Quedaron desnudas mil y una tropelías de jueces y tribunales que a contra pelo de toda justicia desatan persecuciones, encarcelamientos y condenas basadas en la nada misma, o dicho de otro modo, basada en cuidar los interese del gran capital vernáculo y trasnacional que funge como su verdadero jefe. Hoy contamos con un repertorio muy completo y complejo de tipologías y secuencias diseñadas para la ofensiva triple que aquí se describe.

No obstante, contra todas las dificultades y no pocos pronósticos pesimistas, los pueblos luchan desde frentes muy diversos y en condiciones asimétricas. Con experiencias victoriosas en más de un sentido es necesaria una revisión autocrítica de urgencia mayor. Intoxicados, hasta en lo que ni imaginamos, vamos con nuestras “prácticas comunicacionales” repitiendo manías y vicios burgueses a granel. La andanada descomunal de ilusionismo, fetichismo y mercantilismo con que nos zarandea diariamente la ideología de la clase dominante, nos ha vuelto, a muchos, loros empiristas inconscientes capaces de repetir modelos hegemónicos pensando, incluso convencidos, que somos muy “revolucionarios”. Salvemos de inmediato a las muy contadas excepciones.

Tan delicado como imitar contenidos es imitar formas. Las formas no son entidades a-sexuadas o inmaculadas, quien lea información seria (pero con el estilo de los noticieros mercantiles) deberá someter su esquizofrenia al veredicto de algún tratante especializado. Al menos, claro, que lo hiciere con ironía intencional y entendible. Quien redacte, hable o actúe, incluso sin darse cuenta, como redactan, hablan o actúan los referentes mercantiles de los “mass media”, con el pretexto de que “eso si llega”, de que “así la gente entiende”, de que “esto vende”… repite una trampa lógica en la que se corren riesgos de todo tipo, comenzando por legitimar el modo dominante para la producción de formas expresivas. No quiere decir esto que no se pueda expropiar (consciente y críticamente) el terreno de las formas para ponerlas al servicio de una transformación cultural y comunicacional pero debe tenerse muy en cuenta, qué realmente es útil y por qué no somos capaces de idear formas mejores. Hay que estudiar cada caso minuciosamente y eso es algo que muy poco se hace.

Todavía somos víctimas del individualismo y no logramos construir la Unidad de clase que nos permita aliar nuestras fuerzas comunicacionales en torno a un programa emancipador. Muchos se sienten “genio único” y “gurú” revelador de verdades mesiánicas. Uno de los cercos mediáticos más duros de romper está en la certeza soberbia -e individualista- del que se piensa “genio comunicacional” poderoso. Por eso nos derrotan con toda facilidad mientras las oligarquías se organizan y se reordenan para atacarnos. No es que seamos incapaces de lograr metas magníficas, el problema es que estamos desorganizados y no logramos concretar la dirección que nos haga entender el lugar que tenemos en la batalla comunicacional, unidos.

Todavía somos víctimas de la improvisación empirista. No pocos padecen alergia al estudio y no pocos sufren mareos sólo de pensar en planificar racionalmente las tareas que nos tocan. Por eso muchos repiten y repiten errores que no se cometerían con sólo abrir las páginas de algún libro medianamente especializado -y serio- o con trabajar en colectivo con las bases. Por eso, no pocos salen a filmar documentales, a grabar programas radiofónicos, salen a escribir reportajes o entrevistas… sin saber, siquiera, el nombre de sus interlocutores. Por eso muchos se sienten frustrados por los magros resultados, cuando el problema está en el método y en su praxis.

Todavía perdemos horas y días y semanas y meses buscando desesperadamente a quien echarle la culpa de nuestras “desgracias”. Hay camaradas que se resisten a entender que sólo la fuerza organizada de la clase trabajadora podrá generar las transformaciones que necesitamos y que de nada sirven las rogativas a las puertas de las burocracias ni de las sectas iluminadas.

Nos equivocamos si creemos que “nos las sabemos todas”. Nos equivocamos si pensamos que nuestros diagnósticos inventados en noches diletantes son la “verdad revelada”. Nos equivocamos si no trabajamos en un frente de base al lado de los trabajadores que luchan por emanciparse. Nos equivocamos si creemos que todo se logra saliendo en la tele o siendo famosos. Nos equivocamos si abandonamos la militancia directa en las organizaciones de base. Nos equivocamos si creemos que los medios de comunicación lo “arreglarán” todo. Nos equivocamos si creemos que con “mensajes” ultra-revolucionarios se logra mágicamente el avance de la conciencia. Nos equivocamos, en fin, si nos contentamos con repetir fórmulas y especialmente las fórmulas que la burguesía ha ideado para someternos y no nos damos cuenta. Es verdad que ellos generan efectos poderosos en nuestra contra pero nada serían si no dominaran, primero, la base económica y política desde donde financian sus máquinas de guerra ideológica.

Ninguno de nuestros errores podrá borrar los aciertos magníficos que siguen siendo orientadores e inspiradores. Pero no olvidemos que la primera de las manías, primera en importancia por su carácter dañino, es la carencia casi total de auto-crítica y que somos víctimas de una especie de soberbia voluntarista plagada con empirismos de todo tipo. “Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase.” Lenin.

Esto no es un réquiem. Insistamos. Aunque hoy perece una “perogrullada” que, a fuerza de repetirse, puede perder “sentido”, conviene recordar (aunque moleste) que una de nuestras grandes debilidades y fallas, se expresa en la incapacidad para transmitir nuestras ideas y acciones. Especialmente las ideas y las acciones de los frentes sociales y sus luchas emancipadoras. Queden salvadas las excepciones honrosas.

Transferimos al aparato empresarial bélico, bancario y mediático -sin frenos y sin auditorias-, sumas ingentes. Hicimos leyes que no cumplimos; adquirimos tecnología sin soberanía; no consolidamos nuestras escuelas de cuadros; no creamos una corriente internacionalista para una comunicación emancipadora organizada y apoyada con lo indispensable; no creamos las usinas semióticas para la emancipación y el ascenso de las conciencias hacia la praxis transformadora; no creamos un bastión ético y moral para el control político del discurso mediático y el desarrollos del pensamiento crítico… y no es que falten talentos o expertos, nos es que falte dinero ni que falten las necesidades con sus escenarios. Hizo estragos, nuevamente, la crisis de dirección política transformadora. Hablamos mucho, hicimos poco. Ni el “Informe MacBride” (1980) supimos escuchar y usar, como se debe.

Se ha convertido en una “tara” echar la culpa de todos nuestros “males” a los “medios de comunicación” de la clase dominante. Un recurso “fácil” que por su obviedad parece incontestable y parece reducto inapelable para refugiar a ciertos discursos plañideros. Cuando la culpa (toda la culpa) es de los “malos”, y nada se explica por los errores que cometemos, tributamos pleitesía a una emboscada que nos tendemos nosotros mismos para quedar encerrados en justificaciones a granel y con pocas esperanzas de superación concreta.

Nuestra dependencia tecnológica en materia de comunicación es pasmosa; gastamos sumas enormes en producir comunicación generalmente efímera y poco eficiente; nuestras bases teóricas están mayormente infiltradas por las corrientes ideológicas burguesas que se han adueñado de las academias y escuelas de comunicación; no tenemos escuelas de cuadros especializadas y no logramos desarrollar usinas semánticas capaces de producir contenidos y formas pertinentes y seductoras en la tarea de sumar conciencia y acción transformadora. Con excepción de las excepciones.

Para colmo, la clase dominante desarrolla permanentemente, medios y modos para anestesiarnos sin clemencia. Inventa falsedades alevosas que transitan con impunidad, y sin respuesta, a lo largo y ancho del planeta, siempre con un poder de ubicuidad y de velocidad que nosotros no podemos siquiera medir ni tipificar en tiempo real. Y la inmensa mayoría de las veces lo miramos desde nuestras casas (dormitorios incluso) en forma de “noticieros”, “entretenimiento” o “reality show”. Consumismos sus productos, engordamos sus “rating” y rumiamos nuestra impotencia, hacemos catarsis indignados y enredados en frases hechas mayormente inútiles e intrascendentes. Eso es parte de la guerra.

No es que falten iniciativas o buenas voluntades que asumen su papel y emprenden tareas en la lucha comunicacional bien cargadas con intereses muy diversos y (a veces) contradictorios. Algunas son iniciativas que anhelan dar pasos transformadores jalonando a destajo voluntades de todas partes. Otras veces, las menos, surgen tareas comunicacionales desde el corazón de las luchas sociales para especializarse, casi exclusivamente, en sí mismas. El panorama es de un archipiélago inmenso cargado con buenas ideas pero inconexo. Una muchedumbre de iniciativas sin programa de acción común. Fuerza debilitada. No nos detendremos en analizar ciertos sectarismos, individualismos, egolatrías ni oportunismos que hacen de las suyas de manera desigual y combinada. Con sus debidas excepciones.

Visto así, en lo general, vale decir que ya a nadie le sorprende -ni le ofende- semejante panorama. Nos acostumbramos. Hemos sido más audaces en el diagnóstico que en la acción. Ha sido más grande la petulancia que la eficacia. Somos campeones del empirismo ciego y le rendimos culto a la palabrería “progre” antes que a la acción organizada de la clase trabajadora en pie de lucha. Vamos a palos de ciego “dando respuestas artesanales” a la segunda mega industria de la guerra ideológica que más recursos económicos y tecnológicas mueve en todo el planeta. Nos derrota más el auto-engaño que la fuerza. Pontificamos soluciones sin un programa de lucha, de unidad y consensuando porque, entre otras cosas, creemos que tenemos la razón y no tenemos por qué entablar acuerdos de lucha unificados. Por cierto “unidad” no es uniformidad.

Claro que hay grandes iniciativas y grandes avances. Claro que contamos con victorias de lo particular a lo general y viceversa. Claro que en nuestras filas hay grandes genios y genialidades individuales y colectivas. Y claro que con eso no nos alcanza en una lucha que además de su amplitud, duración y profundidad, crece exponencialmente porque, además de su carácter alienante, es un gran negocio muy rentable. El negocio de embrutecernos.

No vamos a salir del atolladero haciendo promesas para dejarlas truncas. No tendremos fuerza comunicacional improvisando siempre mientras aguardamos que las “musas” nos iluminen. No conseguiremos transmitir nuestras ideas, ni construiremos un plan de lucha conjunto, aislados por nuestros egos ni resignados a la marginalidad. La clave no es imitar las fórmulas del éxito burgués ni copiar a sus operadores ideológicos creyendo que, siguiendo las biblias del márquetin, vamos a ser exitosos progres. Necesitamos organizar una lucha comunicacional y cultural que no repita los errores ni las taras más comunes y necesitamos romper todo cerco entre nosotros mismos comenzando por poner en agenda, y acompañar sistemáticamente, las luchas del pueblo trabajador. Necesitamos que nuestra agenda prioritaria en comunicación no seamos nosotros mismos sino las luchas transformadoras de la clase trabajadora y de su mano. Hombro con hombro. No adelante, no encima. Estamos a tiempo.

– Dr. Fernando Buen Abad Domínguez es Director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride

Fuente: Universidad Nacional de Lanús

https://www.alainet.org/es/articulo/199697
http://rebelion.org/noticia.php?id=255662

https://islamiacu.blogspot.com/2019/05/geopolitica-de-todo-lo-que-no-hicimos.html

https://www.telesurtv.net/bloggers/Geopolitica-de-todo-lo-que-no-hicimos-20190506-0001.html

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Cuba, el viejo sueño yanqui

Cuba, el viejo sueño yanqui / Por Arthur González / Blog El Heraldo Cubano

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Sin resignarse a ver a Cuba soberana e independiente, el gobierno de Estados Unidos insiste en diseñar planes y operaciones para derrocar a la Revolución socialista, pues no permiten el libre pensamiento y autodeterminación de todo un pueblo.

La Historia comenzó antes del triunfo de Fidel Castro, lo que trataron de impedir apoyando al dictador Fulgencio Batista, a pesar de llegar al poder mediante un golpe militar que pisoteó la constitución de 1940.

En diciembre de 1958 en reunión del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA Allen Dulles, afirmaron: “Hay que impedir la victoria de Castro”.

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Al no poderlo ejecutar, Estados Unidos y la CIA iniciaron su trabajo sucio en el mismo 1959, para retrotraer el proceso revolucionario popular e incluso durante la visita no oficial de Fidel a Estados Unidos en el mes de abril, un alto funcionario de la CIA se entrevistó con Castro, en el Hotel Statler Hilton de New York.

En dicha reunión, el oficial Gerry Droller, alias Frank Bender, quien participó en 1961 en la invasión por Bahía de Cochinos, insistió en convencer a Fidel sobre los riesgos del comunismo internacional, proponiéndole establecer un canal secreto de comunicación para intercambiar información sobre movimientos comunistas. Un mes después la Estación Local de la CIA en la Habana intentó activar el canal, pero nunca recibieron respuesta.

En la década de los años 60, la CIA pone en marcha el primer plan de acciones encubiertas para destruir a la Revolución, creó organizaciones contrarrevolucionarias, actos de violencia, acciones terroristas con el empleo de explosivos, armas de alto calibre y la organización de un ejército ilegal con casi 5 mil personas en las montañas de la zona central de Cuba, quienes asesinaron a cientos de campesinos y sus familiares, maestros y alfabetizadores civiles.

Operaciones psicológicas para sembrar el terror al comunismo se ejecutaron masivamente para sacar del país a profesionales, técnicos y especialistas, incluso a niños mediante la tenebrosa Operación Peter Pan.

Los integrantes de la invasión mercenaria en abril de 1961, se rindieron al ejército cubano y sus milicias revolucionarias, apenas 70 horas después del desembarco, lo que demostró hasta donde eran capaces de llegar los yanquis en su sueño de apoderarse nuevamente de la Isla.

La Operación Mangosta aprobada en 1962, inició el camino de la guerra económica, comercial y financiera para ahogar el proceso revolucionario, cortándole a Cuba sus relaciones diplomáticas, comerciales y financieras con América Latina y Europa Occidental, pero la unidad del pueblo y su resistencia frustraron las ambiciones yanquis.

Los años 70 dieron nuevas esperanzas a Estados Unidos respecto a su obsesión de ver a Cuba en sus brazos, si minaban desde adentro a los países socialistas, lo que cortaría el apoyo comercial y financiero de la Revolución.

Estados Unidos y la CIA trabajaron en desmontar el socialismo en Europa y salieron a flote las políticas de “tendido de puentes” y el cambio a través de la “aproximación”, doctrina desplegada por Zbigniew Brzezinski, durante la administración de James Carter, quien aseguraba:

La distensión es necesaria para ir transformando paulatinamente el status de los países de Europa del Este”.

Los sectores seleccionados inicialmente fueron el intelectual y el de la juventud.

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Cuba también recibió parte de esa doctrina, pero no les dio resultado, a pesar de los múltiples intentos de captar adeptos en importantes ramas de la sociedad. Un hecho significativo para desplegar esa política fue la apertura de la Sección de Estados Unidos en La Habana.

En ese período la CIA creó organizaciones de corte terrorista, que actuaron contra embajadas cubanas, oficinas comerciales e incluso volaron buques mercantes y un avión civil en pleno vuelo.

Los años 80 se inician con mayores acciones contra el socialismo con el diseño del Programa Democracia, de Ronald Reagan.

En Cuba, inician sus trasmisiones la Radio y la Tv Martí con programaciones subversivas y nace la Fundación Nacional Cubano Americana, como intento por desvirtuar que los yanquis son los padres del conflicto con la Revolución. Se estimularon las salidas ilegales y la entrada violenta en sedes diplomáticas.

Ante el aumento de esa táctica enemiga, Cuba decide abrir el puerto del Mariel para aquellos que desearan emigrar hacia Estados Unidos.

La CIA fabricó grupúsculos para acusar a La Habana de “violar” los derechos humanos, comienzan acciones subversivas de mayor complejidad, e incluso el reclutamiento masivo de cubanos en las principales instituciones gubernamentales, obligando al gobierno cubano a denunciar 27 agentes de la CIA, pero que realmente trabajaban para la Seguridad del Estado.

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Los 90 nacen con el envalentonamiento de los yanquis al ver caer el socialismo en Europa y mantienen su vieja aspiración de que Cuba siguiera el mismo camino.

Muchos diplomáticos occidentales solicitaron prorroga en la Habana, con la ilusión de disfrutar la vuelta de Cuba al capitalismo, regresaron frustrados ante la resistencia estoica de los cubanos a su socialismo.

Desde su Sección de Intereses, la CIA y el Departamento de Estado organizaron clases de desobediencia civil para sus asalariados, en centros ilegales creados para tales fines. Incitaron falsas huelgas de hambre, ayunos, provocaciones en la vía pública y constantes denuncias de inexistentes violaciones de derechos humanos.

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La guerra económica se recrudeció con las leyes Torricelli y Helms-Burton, esta última aprobada por un presidente timorato atrapado por la mafia terrorista y asesina de Miami.

El tema migratorio volvió a ensombrecer la política yanqui, viéndose obligados a firmar un nuevo acuerdo con Cuba.

Acciones terroristas contra hoteles de la capital, marcaron la actuación de la mafia de Miami y la CIA en esos años.

Con su falta de realismo, la CIA aseguraba en junio 2001:

Existe una oportunidad mejor que nunca, para que Fidel Castro caiga en los próximos años […] Cuando las condiciones se deterioren más, es posible que los incidentes violentos se extiendan por la creciente frustración popular, ante los cortes de electricidad, dificultades del transporte y escasez de alimentos…”

Volvieron a quedarse con las ganas. No obstante, persisten en apretarle el cuello a los cubanos, pues no conciben el nivel de resistencia y su unidad.

La enfermedad de Fidel Castro y la total estabilidad del país desboronaron los pronósticos de la CIA. Decenas de periodistas y otros de sus colaboradores fueron enviados a la Isla para comprobar que pasaba, y las razones de la total tranquilidad ciudadana. Su muerte tampoco removió el apoyo al proceso revolucionario y menos aún el cambio generacional de los gobernantes.

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El tendido de puente de la edulcorada estratégica de Barack Obama para desmontar el socialismo, no alcanzó los resultados planificados y de ahí el brusco giro de la actual política anticubana de la Casa Blanca, al regresar a la guerra fría, el recrudecimiento de la guerra económica y financiera, más la amenaza de una agresión militar, errores que ya cometieron 10 administraciones anteriores sin alcázar sus objetivos.

Los yanquis tienen que aprender que con el pueblo cubano la tarea es bien distinta y ya deberían saber que su victoria contra sus políticas imperiales está en lo que aseguró José Martí:

El secreto del éxito es dedicarse por entero a un fin”.

Fuentes:

http://www.cubainformacion.tv/index.php/la-columna/255-arthur-gonzalez-heraldo-cubano/81492-cuba-el-viejo-suenonyanqui


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¿La guerra total de Estados Unidos contra Cuba?

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Fidel y su concepto de pueblo

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Fidel y su concepto de pueblo. Por Fabián Escalante

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En éste año, en el cual se conmemora el sesenta aniversario del triunfo de la Revolución, he considerado oportuno escribir unas líneas acerca del concepto de Fidel sobre el Pueblo. En su ideario estuvo siempre presente  la participación del pueblo en la gesta revolucionaria. El discurso de autodefensa del 16 de octubre de 1953, conocido como “La historia me absolverá” definía con absoluta claridad  su concepto de pueblo, y la necesaria participación del mismo en el proceso de cambios que avizoraba:“…Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, la que anhela una patria mejor, más digna y más justa; la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes, y está dispuesta a dar cuando crea suficientemente de sí misma, hasta la última gota de sangre”….”A ese pueblo, … no le íbamos a decir: “te vamos a dar”, sino “!Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad”.

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Aquel pueblo encabezado por Fidel y su destacamento de vanguardia luchó y venció no solo a la dictadura, sino también al oscurantismo y la ignorancia. El 1ero de enero el Ejército rebelde derrotaba al ejercito batistiano y ponía en fuga a sus más destacados personeros. Fidel en caravana de la libertad salió de Santiago y ciudad por ciudad fue recorriendo el país hasta llegar a la Habana el 8 de enero y marchar al campamento de Columbia, sede del cuartel general batistiano, donde en su primer discurso a los habaneros expresó la siguiente idea:

“Yo sé que al hablar esta noche aquí se me presenta una de las obligaciones más difíciles, quizás, en este largo proceso de lucha que se inició en Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956. El pueblo escucha, escuchan los combatientes revolucionarios, y escuchan los soldados del Ejército, cuyo destino está en nuestras manos. Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada.  La alegría es inmensa.  Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía.  No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil. Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario.  Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo. ¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde?  Diciendo la verdad.  ¿Cómo perdió la guerra la tiranía?  Engañando a los soldados….”

De inmediato la Revolución comenzó a ejecutar  un programa socioeconómico y político. La Reforma Urbana, la rebaja de las tarifas eléctricas y telefónicas, de medicamentos y libros de textos, la lucha contra la corrupción y el juego organizado, la confiscación de los bienes malversado, la construcción de aulas y hospitales y finalmente la Reforma Agraria, todo ello en solo 5 meses. Cuba había cambiado, el programa del Moncada comenzaba a ver sus frutos.

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Los burgueses, latifundistas, casatenientes y desplazados del poder incluidos los ex militares, policías y demás parásitos del anterior régimen, rápidamente se organizaron para intentar primero desviar y disolver la Revolución, luego, derrocarla por la fuerza y la agresión. Bombas, sabotajes, asesinatos sería el escenario que se tuvo que enfrentar el poder revolucionario aquellos años,  con el pueblo a la vanguardia.

El 26 de octubre de 1959 Fidel en magna concentración popular en el Palacio Presidencial y ante los continuos ataques contrarrevolucionarios procedentes de Estados Unidos y la intentona golpista realizada en Camagüey, hizo un llamado al pueblo para prepararse militarmente en la defensa de la Revolución, y crear las Milicias Nacionales Revolucionarias para la defensa de las conquistas revolucionarias.

Por entonces, Fidel estaba en la búsqueda de una forma adecuada de organización, para que las masas, que se habían organizado en las Milicias Nacionales Revolucionarias, para enfrentar con las armas al enemigo, lo hicieran  también en la retaguardia, y pudieran combatir a los que en secreto conspiraban;  un mecanismo que permitiera canalizar todas las informaciones, sin tener que acudir a las denigrantes formas de delación, anónimas, pagadas o no, utilizadas por la dictadura batistiana. La Revolución no requería confidentes. Y se buscaba que esta actividad se desarrollara con seguridad, rapidez, organización, discreción y transparencia. El apoyo de las masas revolucionarias sería el punto clave.

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La idea inicial se basó en la creación de lugares donde el pueblo, de forma abierta y sincera, pudiera depositar sus informaciones sobre actividades sospechosas, así como el estado de opinión sobre las medidas revolucionarias que se iban implementando. Se buscaba una fórmula que permitiera garantizar la colaboración espontánea, con objetividad y probidad, para lo cual lo principal sería  que se identificara a la fuente que informara; pero el principio básico, el principio esencial, que no debía perderse de vista, era apoyarse en las masas revolucionarias.  

Al regreso de su viaje a Estados Unidos a donde había concurrido para participar en la Asamblea General de la ONU, el miércoles 28 de septiembre, Fidel   que venía cargado con todas aquellas vivencias, y como él mismo reconocería después  tenía “un estado de ánimo especial” para reencontrarse con su pueblo, que lo esperaba en la explanada que se extendía tras la terraza norte del Palacio presidencial, entregaría, confiado, una nueva responsabilidad a su pueblo. 

Ya era noche oscura, cuando se sintió la primera explosión, proveniente de la calle Dragones, a escasos metros de la concentración. Fidel observó los dos relojes que desde su lucha en la Sierra acostumbraba a usar, considerando que podría ser el cañonazo que desde la cercana fortaleza de la Cabaña es disparado cada noche a las nueve, y al cerciorarse que era otra la causa del estallido esbozó lo que sería la respuesta del pueblo cubano: “…por cada petardito que pongan, nosotros convertimos un cuartel en escuela…por cada petardito que pongan…nosotros hacemos una ley revolucionaria…por cada petardito que pongan nosotros armamos, por lo menos, mil milicianos…”. Unos minutos después, una segunda explosión en Cárcel y Morro y la tercera en una alcantarilla en Prado y Refugio. el pueblo responde con gritos de “paredón”, “Venceremos”, mientras el Comandante en Jefe continúa su discurso: “Déjenlas, déjenlas que suenen, que con eso están entrenando al pueblo en toda clase de ruidos…”

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 La vida, y el reconocido genio de Fidel, dieron así un vuelco sorpresivo y extraordinario a cualquier otro  plan. Esas explosiones, y la reacción bravía de nuestro pueblo, provocaron en el líder cubano, una reacción directa, inmediata, y en el propio acto, en la plaza pública, en medio de las explosiones de petardos y de las bombas contrarrevolucionarias, en ese diálogo abierto que entabla Fidel con las masas que apoyan cada una de sus palabras, con su agudeza y visión, con su capacidad de estratega, fue tanteando la fuerza del pueblo que lo escuchaba enardecido, fue midiendo el temple, el valor de nuestro pueblo, fue madurando las ideas, tejiéndolas, horneándolas hasta alcanzar el crisol de la creación.

Primero señaló “…vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva….…Vamos a implantar un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria, y que todo el mundo sepa quién es y qué hace el que vive en la manzana, qué relaciones tuvo con la tiranía; y a qué se dedica, con quién se junta;…porque si creen que van a poder enfrentarse con el pueblo ¡Tremendo chasco se van a llevar! Porque le implantamos un comité de vigilancia revolucionaria en cada manzana, para que el pueblo vigile, para que el pueblo observe…”

La genialidad de Fidel, su sabiduría para interpretar las aspiraciones del pueblo, propiciaba con esta iniciativa el surgimiento de una nueva y muy efectiva forma de organización de la sociedad civil. Acababa de encontrar la fórmula  más apropiada para dar respuesta de manera contundente a lo que ya era una imperiosa necesidad, crear en cada manzana, en cada barrio, los Comités de Vigilancia revolucionaria, los Comités de Defensa de la Revolución.

La propia noche del 28 de septiembre, tanto en la capital como en otras cabeceras provinciales, el pueblo, tras escuchar el llamamiento de Fidel se había lanzado de forma espontánea a crear los primeros “Comités de Vigilancia”.   

En la noche del 29, Fidel participa de forma inesperada en el programa televisivo “Ante la Prensa”, y entre otras cuestiones se refiere a las ideas esbozadas la noche anterior: la necesidad de organizar al pueblo para la vigilancia revolucionaria, la que califica como “una nueva forma de lucha”, aprovechando nuestro principal y más valioso recurso “el pueblo, el apoyo del pueblo, la organización del pueblo barrio por barrio, manzana por manzana…., lanzamos la idea para que la gente fuera pensando en eso…nosotros ya lanzamos la consigna, al objeto de que todas las ideas alrededor de este problema empiecen a desarrollarse, ir creando esos comités de vigilancia barrio por barrio, manzana por manzana y edificio por edificio…” “..Organizar al pueblo igual que hemos organizado la milicia. Hemos organizado la milicia para la lucha frontal, hay que organizar al pueblo para la lucha subterránea…”

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Al llamado de Fidel respondió todo el pueblo de Cuba. La vida misma de la revolución exigía ya la formación de esa poderosa, amplia y masiva red de vigilancia revolucionaria. Al amanecer del 29 de septiembre comenzaron a surgir los comités. La vigilancia revolucionaria fue su tarea fundamental, vital, de ella dependía la existencia misma de la Revolución, más tarde se agregaría la Instrucción Revolucionaria, para que aquellos hombres y mujeres agrupados para la lucha contra el enemigo subterráneo, tuvieran una conciencia política sólida ante la trascendente tarea que el jefe de la Revolución les había señalado.

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Fuentes:

http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=66027


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Publicado por: David Díaz Ríos /  CubaEstrellaQueIlumina

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¿EEUU participó de un plan para realojar nazis en América?

El historiador argentino Abel Basti asegura que miles de funcionarios y dirigentes del nazismo (entre ellos el mismísimo Adolf Hitler) lograron reubicarse en América Latina y otras zonas del mundo luego de la Segunda Guerra Mundial gracias a un ‘plan’ de EEUU para ‘absorber’ el conocimiento alemán y utilizarlo contra la Unión Soviética.
Basti, autor de más de media docena de libros acerca del derrotero de Hitler tras la caída del nazismo, dijo a Sputnik que en 1945 existió un “pacto” entre el régimen nazi y el Gobierno de EEUU para habilitar “el traspaso hacia Occidente de hombres, tecnología, desarrollos industriales y divisa” que pertenecían al nazismo.
A cambio, los jerarcas del Tercer Reich solicitaron que EEUU garantizara la “impunidad” de varias de sus figuras, comenzando con el propio Hitler.
Basti indicó que el objetivo de EEUU detrás del acuerdo fue aprovechar el conocimiento bélico desarrollado por los nazis, en el marco de la carrera armamentista que se iniciaba y que tenía en la Unión Soviética su principal competidor.
Así, aseguró el historiador, “expertos en guerra química, bacteriológica y misilística”, así como “toda la red de espionaje alemana”, quedaron al servicio de Washington en los años siguientes a la guerra.
El proceso de “traspaso” de las capacidades alemanas se extendió más allá de la década del 50 e incluyó a todo el continente americano, dijo el argentino. Según dijo, el plan contó con la anuencia de los Gobiernos de los países latinoamericanos, en su mayoría dictaduras militares de derecha interesadas en el combate al comunismo.
El acuerdo también abarcaba a varias empresas alemanas que, ante una Europa destruida por la guerra, se encontraban en plena migración hacia América y podrían dar empleo a los ‘exnazis’.
Basti sostuvo que el plan para la reubicación de nazis contemplaba dos tipos de casos: los nazis ‘activos’, que se reincorporaban a ejércitos o fuerzas especiales de los países que los recibían, y los que iniciaban una nueva vida en la clandestinidad.
En esa última categoría se encontraba, por obvias razones, el propio Adolf Hitler, quien de acuerdo a los trabajos de Basti no murió en su búnker Berlín sino que logró escapar hacia Argentina.
 Con la impunidad asegurada, Hitler pudo moverse libremente dentro de un territorio de más de 1 millón de hectáreas en la Patagonia, desde Bariloche hasta Junín de los Andes.
En un próximo libro titulado ‘La segunda vida de Hitler’, Basti promete divulgar el testimonio de “la mucama que atendió a Hitler” y revelar la historia de “el comandante alemán que fue su secretario en Argentina”.
La presencia de varios altos cargos de las ‘SS’ en Brasil, Bolivia, Paraguay y Chile, por ejemplo, también respondieron a esta “migración” planificada de los nazis en el continente americano, bajo el conocimiento de la inteligencia de EEUU.

Fuentes:

https://carlosagaton.blogspot.com/2019/05/eeuu-participo-de-un-plan-para-realojar.html

https://mundo.sputniknews.com/america-latina/201905081087140178-eeuu-participo-plan-realojar-nazis-america-historiador-argentino/

https://davidson.cubava.cu/files/2015/01/CubaestrellaQueIlumina.jpg

Publicado por: David Díaz Ríos /  CubaEstrellaQueIlumina


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