Sancti Spíritus: Imágenes de mi ciudad

 

La villa del Espíritu Santo, hoy Sancti Spíritus, cumplió el pasado 4 de junio del 2018 el aniversario 504 de su institución por Diego Velázquez.

 

http://www.cubahora.cu/sociedad/requiem-en-acorde-milenario

http://www.escambray.cu/2018/cuarta-villa-cubana-ciudad-detras-de-las-historias/

http://www.escambray.cu/2018/sancti-spiritus-con-la-huella-de-los-siglos/

http://www.escambray.cu/2018/sancti-spiritus-celebra-sus-504-anos/

http://www.escambray.cu/2018/la-cultura-se-va-de-coloquio/

http://www.radiorebelde.cu/noticia/sancti-spiritus-cuarta-villa-cuba-20170612/

Publicado por: David Díaz Ríos /  CubaSigueLaMarcha.blogspot.com / CubaEstrellaQueIlumina /

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Carta Magna cubana: La letra donde se funden nuestras conquistas

La letra donde se funden nuestras conquistas

 

 

No son solo palabras, ideas, principios esbozados en unos pliegos de papel, ni siquiera la definición como Ley Fundamental de nuestra República llega a resumir lo que significan los 137 artículos que recoge la Carta Magna cubana, porque hablar de la Constitución es hablar del Estado, de igualdad, de derechos, de democracia, de justicia social, de respeto a la dignidad plena del hombre…

 

 

 

No son solo palabras, ideas, principios esbozados en unos pliegos de papel, ni siquiera la definición como Ley Fundamental de nuestra República llega a resumir lo que significan los 137 artículos que recoge la Carta Magna cubana, porque hablar de la Constitución es hablar del Estado, de igualdad, de derechos, de democracia, de justicia social, de respeto a la dignidad plena del hombre…

La historia parlamentaria de Cuba nació con el clamor de las guerras independentistas, cuando en la manigua se integraron todas las fuerzas insurgentes de la Isla en un gobierno único, cuya primera decisión fue decretar precisamente la igualdad de todos los hombres.

De la Asamblea de Guáimaro, en abril de 1869, salió redactada la primera Constitución cubana puesta en vigor en el territorio, la cual reconocía que todos los habitantes eran enteramente libres; un precepto que no se abandonaría jamás y que se plasmó con igual ahínco en las otras tres constituciones que se proclamaron durante la gesta libertaria del siglo XIX: la Constitución de Baraguá (1878); la de Jimaguayú (1895); y la de La Yaya (1897).

Y así como difícil fue el camino transitado para lograr la definitiva soberanía del país, también lo fue forjar una Constitución que representara al pueblo, que se debiera a él y no a intereses particulares de una clase social o del gobierno…, todo confluía al unísono, porque la lucha revolucionaria era la única vía para lograr la absoluta independencia e instaurar esa República «con todos y para el bien de todos».

CUANDO LA LIBERTAD PLENA FUE TRUNCADA

 

Sería nuevamente necesario retomar las armas y que hombres de pueblo enfrentaran el oprobio del yugo –ya no español, pero sí a las órdenes de otra nación injerencista– para que aquella máxima de José Martí pudiera ser realmente una realidad. La intervención norteamericana en 1898 truncó nuestra soberanía, cuando teníamos casi la guerra ganada.

Ante las presiones del interventor, de sus amenazas, incluso de no abandonar el país, y de sus maniobras políticas, transcurrieron en 1901 los debates de los delegados a la Asamblea Constituyente de Cuba, quienes debían redactar y adoptar una Constitución para el país en el nuevo contexto, pero que reflejara muy puntualmente el carácter de las relaciones entre la Isla y Estados Unidos.

A pesar de la gallardía y la honradez de verdaderos independentistas que alzaron su voz radical como Juan Gualberto Gómez, Manuel Sanguily y Bartolomé Masó, por solo mencionar algunos, el 12 de junio de ese año se aprobó incorporar un apéndice a la Carta Magna:

la Enmienda Platt, un triste documento que no solo plasmó la condición dependiente y semicolonial que asumía el territorio, sino que amarraba de pies y manos a Cuba y la ponía a total disposición de su vecino del norte, para que este entrara e interviniera cada vez que lo considerase necesario.

El irrespeto a lo legalmente constituido, la posición de servidumbre y de represión a las masas fue una característica que marcó a los gobiernos de la Isla en las décadas posteriores. El dictador Gerardo Machado no dejó duda de ello cuando, a pesar de la fuerte oposición popular, promovió una reforma de la Constitución de 1901 con el objetivo de extender su mandato, que se aprobó en 1928.

No obstante, fue bajo la orden del presidente Mendieta, en 1934, cuando sucedieron las más rápidas y volubles reformas constitucionales, pero ninguna llegó a tener una trascendencia esencial, pues en su mayoría estaban encaminadas a brindar soluciones operacionales o a facilitar rejuegos políticos y electorales.

La Constitución de 1940, por otra parte, sí tenía un espíritu progresista, legado de las luchas revolucionarias de la década del 30. Su texto es el resultado histórico del proceso forjado desde los tiempos de Mella y el Directorio Estudiantil y la acción revolucionaria de Antonio Guiteras.

Es por ello que en sus artículos se reconoce el derecho de los obreros a la huelga y el trabajo como un derecho inalienable del hombre; en tanto, proscribió la discriminación racial, por motivo de sexo o color. Asimismo, esta nueva Carta Magna se pronunció por la educación general y gratuita, por la salud pública al alcance de todos y, además, declaró el sufragio universal, igualitario y secreto. Sin embargo, muchas de sus preceptivas quedaron para posteriores leyes que nunca llegaron a promulgarse, lo que hizo de ella una Constitución frustrada, llena de expectativas y esperanzas incumplidas.

El golpe de Estado de 1952 fue ejemplo de esa inoperatividad constitucional, pues aun cuando las elecciones estaban convocadas para el 1ro. de junio de ese año, el exgeneral Fulgencio Batista, contando con el apoyo de un grupo de oficiales de las fuerzas armadas y con el beneplácito del imperialismo, se introdujo en Columbia y rompió la frágil e indefensa estructura constitucional entonces existente.

PORQUE LA SOBERANÍA RESIDE EN EL PUEBLO

 

Si bien la Constitución de 1940 significó en su letra un paso de avance, los textos nunca lograron pasar del papel y trascender en hechos. Para hacerlos cumplir era necesario otra carga al machete. Y esa Revolución llegó en 1959.

Cuba escribiría entonces otro capítulo de su historia, colmado de transformaciones profundas y radicales que sacudieron los antiguos esquemas y dieron vitalidad a la nueva sociedad que iba conformándose. Para desenvolverse en esta coyuntura se requería de un aparato estatal ágil, operativo y eficaz, que ejerciera la representación del pueblo y que pudiese tomar decisiones sin muchas dilaciones.

Tal y como expresara Fidel Castro en el Primer Congreso del Partido: «La Revolución no se apresuró en dotar al país de formas estatales definitivas. No se trataba simplemente de cubrir un expediente sino de crear instituciones sólidas, bien meditadas y duraderas que respondieran a las realidades del país».

No obstante, se hacía impostergable sustituir la Ley Fundamental que había regido hasta entonces, fruto de numerosas adecuaciones al texto constitucional de 1940, y crear una nueva Carta Magna en correspondencia con los cambios ocurridos en la nación.

El anteproyecto de esa Constitución se puso en manos de la ciudadanía. En miles de centros de estudio y trabajo, unidades militares, misiones internacionalistas en el exterior…, fue analizado el texto. Después de concluir la consulta popular, el documento fue considerado finalmente en el Primer Congreso del Partido, y como resultado de las múltiples propuestas se modificaron el preámbulo y 60 de los 141 artículos del documento.

El 17 de febrero de 1976, en sesión extraordinaria del Consejo de Ministros, se conoció el resultado: la nueva Carta Magna había sido respaldada por más de cinco millones de cubanos, un 97,7 % de quienes acudieron a las urnas.

Posteriormente, con la constitución de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) el 2 de diciembre de 1976, la elección del Consejo de Estado, su presidente y vicepresidentes, y la designación del Consejo de Ministros, se fortaleció la esencia democrática de la Revolución al ponerse en marcha formas más efectivas de participación de los ciudadanos en los asuntos del país.

REFORMAS POSTERIORES

 

Con la experiencia acumulada en los primeros 15 años de funcionamiento del sistema del Poder Popular, y buscando perfeccionar y fortalecer nuestra democracia, los postulados de la Constitución fueron enriquecidos, en 1992, mediante una Ley de Reforma Constitucional que permitió hacer aquellos ajustes necesarios a nuestra economía para enfrentar el periodo especial.

Luego de un amplio debate con el pueblo promovido por el análisis del Llamamiento al IV Congreso del Partido, apareció, por ejemplo, la elección directa y secreta por parte de los ciudadanos de los diputados a la Asamblea Nacional y de los delegados a las asambleas provinciales del Poder Popular, y se flexibilizó el carácter de la propiedad sobre los medios de producción, y la dirección y control del comercio exterior.

Por otra parte, en el año 2002, ante los discursos hegemonistas y provocadores del entonces presidente estadounidense George W. Bush –reflejo del injerencismo en asuntos que solo a los cubanos compete decidir–, se sucedieron multitudinarias marchas populares a lo largo y ancho del país en respaldo al sistema y la forma de gobierno instaurados en Cuba.

A la par, también empezó una nueva reforma constitucional, un proceso plebiscitario popular sin precedentes, en el cual más de ocho millones de cubanos escribieron su nombre y apellidos y estamparon su firma, en clara expresión de unidad y de la inquebrantable decisión de defender su independencia y soberanía plenas.

Así se dejaba expresamente consignado, en nuestra Carta Magna, el carácter irrevocable del socialismo y del sistema político y social revolucionario por ella diseñado, y que las relaciones con cualquier otro Estado jamás serían negociadas bajo agresión o amenaza de una potencia extranjera.

Esa había sido la última reforma a nuestra Constitución. Hasta ahora. Las discusiones que sobrevengan luego de la actual sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional marcarán otro punto en la historia, acorde con las necesidades de la sociedad cubana en los nuevos tiempos, pero sin olvidar aquellos principios que definen la esencia del sistema en el cual creemos.

 

Fuentes:

http://www.granma.cu/cuba/2018-06-01/la-letra-donde-se-funden-nuestras-conquistas-01-06-2018-21-06-13

https://www.ecured.cu/Constituci%C3%B3n_de_la_Rep%C3%BAblica_de_Cuba

http://www.cuba.cu/gobierno/cuba.htm

https://www.gacetaoficial.gob.cu/html/constitucion_de_la_republica.html

http://www.cubadebate.cu/cuba/constitucion-republica-cuba/

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Brasil: El país Titanic

Brasil, el país más poblado y de la mayor economía de América Latina: el gobierno moribundo se hunde a cada hora.

 

El país Titanic / Por Eric Nepomuceno

 

La imagen es harto conocida: en medio a una borrasca asustadora, el pleno océano, un navío oscila peligrosamente. El capitán ordena que la orquesta siga con su labor, mientras el navío avanza rumbo a un iceberg. Cuando ocurre el encontronazo previsible, faltan botes de socorro.
Nada puede ser más explicativo con relación a lo que ocurre con Brasil, el país más poblado y de la mayor economía de América Latina: el gobierno moribundo se hunde a cada hora, y Michel Temer, alzado a la presidencia a raíz de un golpe institucional, se limita a un desfile de frases huecas mezcladas con ademanes de salón.
Una huelga de camioneros que, en realidad, nació de un paro patronal ( lockout) anunciada varias veces desde octubre pasado, paralizó el país durante 10 infinitos días. La población se vio duramente afectada: además de combustibles, faltó de todo. Supermercados vacíos, calles desiertas, hospitales sin condiciones de atender a la gente, todo desapareció, hasta el dinero en los cajeros electrónicos. Y, sin embargo, el paro fue respaldado por nada menos que 87 por ciento de los consultados en encuestas y sondeos.
La razón de semejante contradicción es clara: se trató de manifestar con todas las letras la profunda, inmensa, infinita insatisfacción en que vive el país. Desde la destitución de la presidenta electa Dilma Rousseff, hace poco más de dos años, nada de lo prometido ocurrió. Al contrario: la economía siguió en receso, salvo brotes momentáneos de recuperación, el paro de mantuvo en las nubes –existen 13 millones 400 mil desempleados, más 14 millones de subempleados– y no hay luz en el horizonte.
La falta absoluta de liderazgo y de legitimidad del gobierno de Temer se hizo más evidente que nunca en medio a la crisis que estalló en los últimos días de mayo. Al pactar con la patronal de los transportistas, Temer y sus secuaces revelaron a qué punto llega su incompetencia: cedieron todo a cambio de nada.
Si el origen del movimiento estaba en los aumentos cotidianos del combustible, a la hora de sentarse y negociar concedieron todo lo que les fue exigido por los grandes transportistas, sin ninguna garantía de que el paro –que literalmente bloqueó carreteras y autopistas por todo Brasil– sería levantado. Resultado: más desgaste y desmoralización para un gobierno moribundo. El movimiento desapareció por cuenta propia, sin que el gobierno haya tenido ninguna iniciativa.
El viernes pasado, otra bomba: el ingeniero Pedro Parente, presidente de la estatal Petrobras, renunció. Y lo hizo de manera irresponsable, cuando la Bolsa de Valores de Brasil estaba en el apogeo. Lo normal sería presentar su renuncia luego del cierre de la jornada en el mercado. ¿Cuántos se habrán beneficiado con la noticia?
En el fondo, lo que se discutió a lo largo de la crisis ha sido la política económica impuesta por el gobierno de Temer. En lo que se refiere a Petrobras y a los combustibles, el asunto es sencillo: Temer, obedeciendo al ex presidente Fernando Henrique Cardoso, puso al frente de la Petrobras a Pedro Parente. Sus primeras medidas fueron dirigidas claramente a destrozar la política de energía llevada a cabo primero por Lula da Silva y luego por Dilma Rousseff: disminuir en por lo menos 28 por ciento la producción nacional de gasolina, y aumentar las importaciones. Principal beneficiario: Estados Unidos, que duplicó las exportaciones del combustible a Brasil.
La ecuación es sencilla: con el precio del petróleo y derivados en ascenso, y con la producción interna siendo duramente rebajada, aumentan los gastos y, como consecuencia obvia, el precio se ajusta todos los días –sí: diariamente– el precio de los combustibles se hizo insoportable para los usuarios, mientras aumentaba astronómicamente el lucro de los accionistas de Petrobras, una empresa de capital mixto controlada por el Estado. Las cotizaciones de sus acciones en la bolsa de valores de Nueva York dieron paso a la alegría de los accionistas extranjeros.
En silencio, esa vertiente del golpe que primero destituyó a la presidenta legítima y luego encarceló –sin que existiese una mísera prueba– al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, estaba triunfante. O sea, la vertiente de la entrega, a las multinacionales, del petróleo brasileño.
La acción entre camioneros y empresas transportistas (vale reiterar que 67 por ciento del transporte en Brasil se da por camiones) puso en relieve lo que era ocultado o ignorado por los medios hegemónicos de comunicación.
La crisis de mayo puso en relieve la inexistencia, la insignificancia del gobierno de Temer.
Resta por saber qué harán ahora con un gobierno moribundo. Faltan cuatro meses para las elecciones y siete para que asuma el nuevo presidente. La primera pregunta, y más urgente, es: ¿habrá elecciones en octubre?, la segunda: ¿lograrán mantener a Temer y su grupo hasta enero del año que viene?, y la tercera: ¿hasta cuándo el país logrará sobrevivir a semejante caos?
https://lasantamambisa.wordpress.com/2018/06/05/el-pais-titanic/#more-24543
http://www.cubadebate.cu/opinion/2018/06/05/el-pais-titanic/#.WxbdJrgUVho
http://www.jornada.com.mx/2018/06/03/opinion/016a1pol
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https://cubasiguelamarcha.blogspot.com/2018/06/brasil-el-pais-titanic.html
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Nicaragua y la mafia de Miami

Nicaragua y la mafia de Miami / Por Francisco Arias Fernández

 

En 2016, desde Miami volvieron a escucharse amenazas de guerra cuando las calles de Nicaragua eran ejemplo regional de seguridad, paz y prosperidad; donde  un pueblo muy laborioso y pacífico mostraba orgulloso los avances socioeconómicos de los últimos años de gobierno sandinista, el cual había logrado la concordia nacional después de los peores experimentos bélicos de EE.UU. en Centroamérica, que incluyó operaciones encubiertas con la participación de mafiosos, oficiales de inteligencia y militares estadounidenses, una asociación tristemente célebre en los crímenes contra Nuestra América.

Sin justificación alguna y cuando la noticia de Nicaragua en el mundo era el megaproyecto de un gran canal interoceánico, fundamental para la economía de ese país y de la navegación a nivel global, entre Miami y Washington los congresistas que viven de la guerra contra Cuba y Venezuela, se empeñaron en crear todo tipo de obstáculo para revertir la prosperidad y la calma de la patria de Augusto César Sandino. En ese maquiavélico programa inventaron en julio de 2016 -con el auspicio de otros ultraconservadores- engendros legislativos para intentar asfixiar y entorpecer aquellos avances.

Congresistas de origen cubano en la Cámara de Representantes, primero, y luego en el Senado, introdujeron un proyecto de ley para impedir la entrada de préstamos financieros internacionales a Nicaragua, frenar las inversiones foráneas y detener el importante desarrollo socioeconómico que experimentaba ese país. El castigo imperial nacido en lo peor de la gusanera anticubana, echó mano al manido pretexto de la supuesta falta de democracia, el cual se presentaba como “remedio” para “garantizar la transparencia electoral y combatir la corrupción”. El resultado de la sucia maniobra fue la “Ley de condicionamiento a la inversión nicaragüense de 2017” (“Nicaraguan investment conditionality Act of 2017”, Nica Act).

Ileana-Ross-Marco-Rubio-Mario-Díaz-Balart-580x368Ileana Ros, Albio Sires, Marco Rubio y Ted Cruz, entre otros, lo más retrógrado y cavernícola del Congreso, de Miami, Texas y New Jersey apostaron nuevamente por reinventar la contra y echar abajo el gobierno sandinista que una y otra vez demostró, contundentemente en las urnas, contar con el respaldo de la inmensa mayoría del pueblo nicaragüense, principal beneficiario del desarrollo en esa nación.

Como proyecto subversivo, sus hilos van más allá del Capitolio, por lo que legisladores y mafiosos tocaron en las puertas de la maquinaria golpista made in USA, trazando pautas para la campaña mediática de la gran prensa estadounidense y los fabricantes de mentiras en español dentro y fuera de EE.UU., e hicieron sus encargos a las agencias especializadas en guerra sucia y golpes blandos (USAID, NED y sus subcontratistas) que venían trabajando meticulosamente en reinventar el nuevo liderazgo, colándose o infiltrándose, selectivamente en sectores clave de la economía, la juventud, los estudiantes, medianos y pequeños empresarios, entre otras, para socavar las bases de apoyo al sandinismo.

En la década de los años 80 del pasado siglo, la guerra abierta y encubierta de Estados Unidos (con todos los niveles de intensidad posibles) contra el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional, provocó la muerte de miles de nicaragüenses, dejó centenares de mutilados, desplazados, emigrados  y sembró odio y sufrimiento entre las familias de la nación centroamericana, lo que utilizó EE.UU. para posicionar la matriz de opinión dentro del país, de que esas autoridades “representaban la continuidad de la guerra y la pérdida de nuevos hijos, por lo que era necesario un cambio”.

El empleo de la opción militar fue la prioridad de la “nueva política interamericana” del gobierno ultraderechista de Ronald Reagan, que acudió a ideólogos ultrarreaccionarios o neoconservadores como John Bolton,  el actual asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, quien retomó también en aquel momento los argumentos de la Doctrina Monroe, para imponer como plataforma política el denominado “Documento de Santa Fe” que en su rimbombante título dejaba claro que buscaba erigirse en “escudo de la seguridad del nuevo mundo y espada de la proyección del poder global de EE.UU.”.

Con el retorno a la escena política de exempleados de Reagan como Bolton, se facilitan las cosas para los enemigos de Nicaragua. Pues los mismos argumentos de la política neoconservadora de los años 80, forman parte del lenguaje de la Casa Blanca, su Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado, quienes si en aquella década del siglo pasado utilizaban como pretexto que: “EE.UU. está siendo desplazado del Caribe y Centroamérica por un sofisticado pero brutal superpoder extracontinental (la Unión Soviética), que manipula a los clientes”; hoy señalan que es necesario “prestar atención a América Latina (…) antes de que broten las controversias en forma violenta”.

El mismísimo Bolton dijo en enero de 2018 al periódico norteamericano The Hill, que situaciones de inestabilidad política, el colapso de gobiernos, el terrorismo internacional y la competencia de grandes potencias por los recursos naturales y por ejercer influencia política, pudieran amenazar significativamente los intereses de seguridad nacional de EE.UU. y “la intromisión de Rusia en nuestra región pudiera inspirar a Trump a reafirmar la Doctrina Monroe”.

Nicaragua ha vuelto al epicentro de la maquinaria guerrerista de EE.UU. de la mano de los congresistas anticubanos, otros mafiosos y veteranos halcones. Washington trata de reeditar aquella estrategia a costa de más muertos y destrucción en las calles de Nicaragua.

Aquellos asesores llevaron a Reagan a desplazar en las fronteras de Nicaragua alrededor de 30 mil efectivos listos para invadir. Luego estalló el escándalo Irán-Contras (Irangate), en el que quedó al descubierto que la ayuda financiera y de todo tipo a la contrarrevolución nicaragüense, que había prolongado el baño de sangre pese a los esfuerzos de paz regionales, provenía de tres fuentes no autorizadas por el Congreso de EE.UU.: la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el tráfico de armas hacia Irán y el narcotráfico.

Además de estremecer al Pentágono, la DEA y la CIA, una vez más en investigaciones de grandes componendas mafiosas dentro y fuera de EE.UU. salía a la luz que en aquellas operaciones criminales colaboraban varios cubanos de Miami, entre ellos los connotados terroristas Luis Posada Carriles, Félix Rodríguez y José Basulto, viejos amigos y protegidos de los congresistas que -hoy como ayer- promueven la guerra contra Nicaragua.

http://razonesdecuba.cubadebate.cu/especiales/nicaragua-y-la-mafia-de-miami/

http://guajiritasoy.blogspot.com/2018/06/nicaragua-y-la-mafia-de-miami.html

Publicado por: David Díaz Ríos /  CubaSigueLaMarcha.blogspot.com / CubaEstrellaQueIlumina /

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