El Fidel líder, íntimo y menos conocido que captó un lente

Fidel le habla al pueblo de Santa Clara el 6 de enero de 1959. Foto: Lee Lockwood

Fidel le habla al pueblo de Santa Clara el 6 de enero de 1959. Foto: Lee Lockwood

Entre 1959 y 1969, el fotorreportero estadounidense Lee Lockwood retrató Cuba y al victorioso líder revolucionario Fidel Castro con una libertad sin precedentes. Aquel trabajo incluye una maratoniana entrevista con el propio líder cubano que se extendió durante siete días.

El periodista estadounidense mantuvo su extensa conversación con Fidel en Isla de Pinos en 1965 y ahí retrató al líder revolucionario hablando ante una multitud, sumergido hasta el cuello tras haber buceado, haciendo ejercicio, jugando con su perro Guardián o descansando sobre una hamaca.

“Cada día, durante varias horas, nos sentábamos Fidel, Vallejo (el comandante René Vallejo, que actuó como traductor) y yo alrededor de la mesita del porche a la entrada de la habitación de Castro (en una casa de campo de una sola planta, de madera), con el micrófono en medio de los tres, y hablábamos en voz baja, como en una sesión de espiritismo”, explica Lockwood en el prólogo del libro. “Una conversación con Castro es una experiencia extraordinaria y, hasta que te acostumbras, de lo más desconcertante (…) es uno de los conversadores más entusiastas de todos los tiempos”, asegura el autor.

La editorial Taschen publicó por primera vez en español en mayo de 2016 el libro del fotorreportero Lee Lockwood La Cuba de Fidel. Se trata de un libro de fotos de la primera década de la Revolución Cubana y la larga entrevista, de siete días, que Fidel Castro le concedió al periodista norteamericano.

Cubadebate recoge hoy algunas de esas imágenes del líder, el ser humano, que Lockwood logró retratar y nos regresan vivo, tremendo, vibrante al Fidel de todos

 

Fidel en 1959. Foto: Lee Lockwood

Fidel en 1959. Foto: Lee Lockwood

Fidel sonriente, junto a Almeida y el Dr. Vallejos, en Manzanillo. Foto: Lee Lockwood

Fidel sonriente, junto a Almeida y el Dr. Vallejos, en Manzanillo. Foto: Lee Lockwood

Fidel se prueba un guante en un terreno de béisbol. A su lado el fotógrafo estadounidense Lee Lockwood.

Fidel se prueba un guante en un terreno de béisbol. A su lado el fotógrafo estadounidense Lee Lockwood.

Fidel jugando béisbol.1964. Foto: Lee Lockwood

Fidel jugando béisbol.1964. Foto: Lee Lockwood

Con los trabajadores de una fábrica de cemento, 1964. Foto: Lee Lockwood

Con los trabajadores de una fábrica de cemento, 1964. Foto: Lee Lockwood

Jugando tenis de mesa en una escuela en Santiago de Cuba. 1964. Foto: Lee Lockwood

Jugando tenis de mesa en una escuela en Santiago de Cuba. 1964. Foto: Lee Lockwood

Fidel en la playa de Varadero. 1964. Foto: Lee Lockwood

Fidel en la playa de Varadero. 1964. Foto: Lee Lockwood

Fidel en el auto con un libro sobre Alimentación del ganado en América Latina. 1965 Foto: Lee Lockwood

Fidel en el auto con un libro sobre Alimentación del ganado en América Latina,del mexicano Jorge de Alba. 1964 Foto: Lee Lockwood

Fidel junto a su perro Guardián, en el auto. 1965. Foto: Lee Lockwood

Fidel junto a su perro Guardián, en el auto. 1965. Foto: Lee Lockwood

Fidel en una pizzeria de La Habana haciendo negociaciones con el embajador de Suiza en Cuba Emil Stadelhofer, 1965. Foto: Lee Lockwood

Fidel en una pizzeria de La Habana haciendo negociaciones con el embajador de Suiza en Cuba Emil Stadelhofer, 1965. Foto: Lee Lockwood

Jugando dominó en un campamento improvisado cerca de El Uvero, con Guillermo García, Isidoro Malmierca y otros compañeros. 1965. Foto: Lee Lockwood

Jugando dominó en un campamento improvisado cerca de El Uvero, con Guillermo García, Isidoro Malmierca y otros compañeros. 1965. Foto: Lee Lockwood

Una campesina del Uvero saluda a Fidel y le toca su barba, 1965. Foto: Lee Lockwood

Una campesina del Uvero saluda a Fidel y le toca su barba, 1965. Foto: Lee Lockwood

Fidel descansando en el portal de una casa en la Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud). En el otro extremo de la foto, Celia Sánchez hace apuntes. 1965. Foto: Lee Lockwood

Fidel descansando en el portal de una casa en la Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud). En el otro extremo de la foto, Celia Sánchez hace apuntes. 1965. Foto: Lee Lockwood

Haciendo ejercicios durante su estancia en Isla de Pinos. 1965. Foto: Lee Lockwood

Haciendo ejercicios durante su estancia en Isla de Pinos. 1965. Foto: Lee Lockwood

Haciendo ejercicios durante su estancia en Isla de Pinos. 1965. Foto: Lee Lockwood

Haciendo ejercicios durante su estancia en Isla de Pinos. 1965. Foto: Lee Lockwood

Fusil en mano en Isla de Pinos. 1965. Foto: Lee Lockwood

Fusil en mano en Isla de Pinos. 1965. Foto: Lee Lockwood

Fidel hablando a trabajadores, 1965. Foto: Lee Lockwood

Fidel hablando a trabajadores, 1965. Foto: Lee Lockwood

Revisando el manuscrito de la entrevista que le hiciera Locwood meses atrás. Mayo de 1966. Foto: Lee Lockwood

Revisando el manuscrito de la entrevista que le hiciera Lockwood meses atrás. Sierra Maestra, Mayo de 1966. Foto: Lee Lockwood

Revisando el manuscrito de la entrevista que le hiciera Lockwood meses atrás. Sierra Maestra, Mayo de 1966. Foto: Lee Lockwood

Revisando el manuscrito de la entrevista que le hiciera Lockwood meses atrás. Sierra Maestra, Mayo de 1966. Foto: Lee Lockwood

Hablando al pueblo santiaguero el 26 de julio de 1967. Foto: Lee Lockwood

Hablando al pueblo santiaguero el 26 de julio de 1967. Foto: Lee Lockwood

Fidel hablando en la Plaza de la REvolución en el acto por el 9no Aniversario del Triunfo de la Revolución, 1 de enero de 1968 "Año del Guerrillero Heroico". Foto: Lee Lockwood

Fidel hablando en la Plaza de la Revolución en el acto por el 9no Aniversario del Triunfo de la Revolución, 1 de enero de 1968 “Año del Guerrillero Heroico”. Foto: Lee Lockwood

Cubierta del Libro "La Cuba de Fidel" de Lee Lockwood

Cubierta del Libro “La Cuba de Fidel” de Lee Lockwood

http://www.cubadebate.cu/fotorreportajes/2017/11/23/el-fidel-lider-intimo-y-menos-conocido-que-capto-un-lente/

http://www.trabajadores.cu/20171123/el-fidel-lider-intimo-y-menos-conocido-que-capto-un-lente/

Publicado por: David Díaz Ríos / CubaSigueLaMarcha.blogspot.com

https://cubasiguelamarcha.blogspot.com/

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“El Fidel que conocí”, por Ignacio Ramonet

Fidel ha muerto, pero es inmortal. Pocos hombres  conocieron la gloria de entrar vivos en la leyenda y en la historia. Fidel es uno de ellos. Perteneció a esa generación de insurgentes míticos – Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Che Guevara, Camilo Torres, Turcios Lima, Ahmed Ben Barka – que, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron, en los años 1950, a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.

En aquella época, en más de la mitad del planeta, en Vietnam, en Argelia, en Guinea-Bissau, los pueblos oprimidos se sublevaban. La humanidad aún estaba entonces, en gran parte, sometida a la infamia de la colonización. Casi toda África y buena porción de Asia se encontraban todavía dominadas, avasalladas por los viejos imperios occidentales. Mientras las naciones de América latina, independientes en teoría desde hacía siglo y medio, seguían explotadas por privilegiadas minorías, sometidas a la discriminación social y étnica, y a menudo marcadas por dictaduras cruentas, amparadas por Washington.
Fidel soportó la embestida de nada menos que diez presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo). Tuvo relaciones con los principales líderes que marcaron el mundo después de la Segunda Guerra mundial (Nehru, Nasser, Tito, Jrushov, Olaf Palme, Ben Bella, Boumedienne, Arafat, Indira Gandhi, Salvador Allende, Brezhnev, Gorbachov, François Mitterrand, Juan Pablo II, el rey Juan Carlos, etc.). Y conoció a algunos de los principales intelectuales y artistas de su tiempo (Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Arthur Miller, Pablo Neruda, Jorge Amado, Rafael Alberti, Guayas amín, Cartier-Bresson, José Saramago, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, etc.).
Bajo su dirección, su pequeño país (100 000 km2, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala mundial, echando hasta un pulso con Estados Unidos cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo, ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución cubana. Y finalmente, en diciembre de 2014, tuvieron que admitir el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática e iniciar un proceso de normalización que implicaba el respeto del sistema político cubano.
En octubre de 1962, la Tercera Guerra Mundial estuvo a punto de estallar a causa de la actitud del gobierno de Estados Unidos que protestaba contra la instalación de misiles nucleares soviéticos en Cuba. Cuya función era, sobre todo, impedir otro desembarco militar como el de Playa Girón (bahía de Cochinos) u otro directamente realizado por las fuerzas armadas estadounidenses para derrocar a la revolución cubana.
Desde hace más de 50 años, Washington (a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas) le impone a Cuba un devastador embargo comercial -reforzado en los años 1990 por las leyes Helms-Burton y Torricelli- que obstaculiza su desarrollo económico normal. Con consecuencias trágicas para sus habitantes. Washington sigue conduciendo además una guerra ideológica y mediática permanente contra La Habana a través de las potentes Radio “Martí” y TV “Martí”, instaladas en La Florida para inundar a Cuba de propaganda como en los peores tiempos de la guerra fría.
Por otra parte, varias organizaciones terroristas – Alpha 66 y Omega 7 – hostiles al régimen cubano, tienen su sede en La Florida donde poseen campos de entrenamiento, y desde donde enviaron regularmente, con la complicidad pasiva de las autoridades estadounidenses, comandos armados para cometer atentados. Cuba es uno de los países que más víctimas ha tenido (unos 3 500 muertos) y que más ha sufrido del terrorismo en los últimos 60 años.
Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza. Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola: “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición.” Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto de la personalidad. Ni retrato oficial, ni estatua, ni sello, ni moneda, ni calle, ni edificio, ni monumento con el nombre o la figura de Fidel, ni de ninguno de los líderes vivos de la Revolución.
Cuba, pequeño país apegado a su soberanía, obtuvo bajo la dirección de Fidel Castro, a pesar del hostigamiento exterior permanente, resultados excepcionales en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general… En cuestión de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha obtenido niveles que la sitúan en el grupo de naciones más eficientes.
Su diplomacia sigue siendo una de las más activas del mundo. La Habana, en los años 1960 y 1970, apoyó el combate de las guerrillas en muchos países de América Central (El Salvador, Guatemala, Nicaragua) y del Sur (Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina). Las fuerzas armadas cubanas han participado en campañas militares de gran envergadura, en particular en las guerras de Etiopía y de Angola. Su intervención en este último país se tradujo por la derrota de las divisiones de élite de la Republica de África del Sur, lo cual aceleró de manera indiscutible la caída del régimen racista del apartheid.
La Revolución cubana, de la cual Fidel Castro era el inspirador, el teórico y el líder, sigue siendo hoy, gracias a sus éxitos y a pesar de sus carencias, una referencia importante para millones de desheredados del planeta. Aquí o allá, en América latina  y en otras partes del mundo, mujeres y hombres protestan, luchan y a veces mueren para intentar establecer regímenes inspirados por el modelo cubano.
La caída del muro de Berlín en 1989, la desaparición de la Unión soviética en 1991 y el fracaso histórico del socialismo de Estado no modificaron el sueño de Fidel Castro de instaurar en Cuba una sociedad de nuevo tipo, más justa, más sana, mejor educada, sin privatizaciones ni discriminaciones de ningún tipo, y con una cultura global total.
Hasta la víspera de su fallecimiento a los 90  años, seguía movilizado en defensa de la ecología y del medio ambiente, y contra la globalización neoliberal, seguía en la trinchera, en primera línea, conduciendo la batalla por las ideas en las que creía y a las cuales nada ni nadie le hizo renunciar.
En el panteón mundial consagrado a aquellos que con más empeño lucharon por la justicia social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la Tierra, Fidel Castro– le guste o no a sus detractores –  tiene un lugar reservado.
Lo conocí en 1975 y conversé con él en múltiples ocasiones, pero, durante mucho tiempo, en circunstancias siempre muy profesionales y muy precisas, con ocasión de reportajes en la isla o la participación en algún congreso o algún evento. Cuando decidimos hacer el libro “Fidel Castro. Biografía a dos voces” (o “Cien horas con Fidel”), me invitó a acompañarlo durante días en diversos recorridos. Tanto por Cuba (Santiago, Holguín, La Habana) como por el extranjero (Ecuador). En coche, en avión, caminando, almorzando o cenando, conversamos largos. Sin grabadora. De todos los temas posibles, de las noticias del día, de sus experiencias pasadas y de sus preocupaciones presentes. Que yo reconstruía luego, de memoria, en mis cuadernos. Luego, durante tres años, nos vimos muy frecuentemente, al menos varios días, una vez por trimestre.
Descubrí así un Fidel íntimo. Casi tímido. Muy educado. Escuchando con atención a cada interlocutor. Siempre atento a los demás, y en particular a sus colaboradores. Nunca le oí una palabra más alta que la otra. Nunca una orden. Con modales y gestos de una cortesía de antaño. Todo un caballero. Con un alto sentido del pundonor. Que vive, por lo que pude apreciar, de manera espartana. Mobiliario austero, comida sana y frugal. Modo de vida de monje-soldado.
Su jornada de trabajo se solía terminar a las seis o las siete de la madrugada, cuando despuntaba el día. Más de una vez interrumpió nuestra conversación a las dos o las tres de la madrugada porque aún debía participar en unas “reuniones importantes”… Dormía sólo cuatro horas, más, de vez en cuando, una o dos horas en cualquier momento del día.
Pero era también un gran madrugador. E incansable. Viajes, desplazamientos, reuniones se encadenaban sin tregua. A un ritmo insólito. Sus asistentes – todos jóvenes y brillantes de unos 30 años – estaban, al final del día, exhaustos. Se dormían de pie. Agotados. Incapaces de seguir el ritmo de ese infatigable gigante.
Fidel reclamaba notas, informes, cables, noticias, estadísticas, resúmenes de emisiones de televisión o de radio, llamadas telefónicas… No paraba de pensar, de cavilar. Siempre alerta, siempre en acción, siempre a la cabeza de un pequeño Estado mayor – el que constituían sus asistentes y ayudantes – librando una batalla nueva. Siempre con ideas. Pensando lo impensable. Imaginando lo inimaginable. Con un atrevimiento mental espectacular.
Una vez definido un proyecto. Ningún obstáculo lo detenía. Su realización iba de sí. “La intendencia seguirá” decía Napoleón. Fidel igual. Su entusiasmo arrastraba la adhesión. Levantaba las voluntades. Como un fenómeno casi de magia, se veían las ideas materializarse, hacerse hechos palpables, cosas, acontecimientos.
Su capacidad retórica, tantas veces descrita, era prodigiosa. Fenomenal. No hablo de sus discursos públicos, bien conocidos. Sino de una simple conversación de sobremesa. Fidel era un torrente de palabras. Una avalancha. Que acompañaba la prodigiosa gestualidad de sus finas manos.
La gustaba la precisión, la exactitud, la puntualidad. Con él, nada de aproximaciones. Una memoria portentosa, de una precisión insólita. Apabullante. Tan rica que hasta parecía a veces impedirle pensar de manera sintética. Su pensamiento era arborescente. Todo se encadenaba. Todo tenía que ver con todo. Digresiones constantes. Paréntesis permanentes. El desarrollo de un tema le conducía, por asociación, por recuerdo de tal detalle, de tal situación o de tal personaje, a evocar un tema paralelo, y otro, y otro, y otro. Alejándose así del tema central. A tal punto que el interlocutor temía, un instante, que hubiese perdido el hilo. Pero desandaba luego lo andado, y volvía a retomar, con sorprendente soltura, la idea principal.
En ningún momento, a lo largo de más de cien horas de conversaciones, Fidel puso un límite cualquiera a las cuestiones a abordar. Como intelectual que era, y de un calibre considerable, no le temía al debate. Al contrario, lo requería, lo estimulaba. Siempre dispuesto a litigar con quien sea. Con mucho respeto hacia el otro. Con mucho cuidado. Y era un discutidor y un polemista temible. Con argumentos a espuertas. A quien solo repugnaban la mala fe y el odio.
* Ignacio Ramonet.  Director de Le Monde diplomatique España.
Fuentes:

 

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El Fidel de siempre. A un año sin ti, pero contigo

El Fidel de siempre. A un año sin ti, pero contigo. Por Orlando Cruz / La Pupila Insomne

 

Donde se confunde el pasado y el presente, hasta el futuro, cuando se escribe sobre el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Ahora, entre tantos recuerdos, urge evocar la frase del escritor brasileño Jorge Amado, de que nadie logró permanecer indiferente a la Revolución de los barbudos; o se estaba a favor o se estaba en contra, y siempre ferozmente. Era imposible la neutralidad, la imparcialidad, los términos medios. La Revolución Cubana era y continúa siendo Fidel Castro Ruz, es imposible separarlos. Para los enemigos y adversarios, los odios y ataques tampoco fueron y son diferenciables, aunque la mayoría lo respeta.
El carisma del líder de la Revolución Cubana fue, es y será resaltado por muchos estudiosos del proceso revolucionario como decisivo para la imagen e irradiación del ejemplo cubano. Ello es cierto si se parte de que él es una de las singularidades de la misma. El carácter honesto, ético y valiente del compañero Fidel es un tema a considerar al examinar la influencia colosal, en tiempo y espacio, del papel de la personalidad en la historia y de la repercusión que tuvo en el triunfo revolucionario y en su posterior transcurrir histórico. Dotado de un atractivo nato -imán personal dirían algunos-, de una oratoria vibrante y pedagógica, capaz de llegar a los más variados niveles de educación y cultura de la población cubana y del mundo, Fidel es el exponente más claro y profundo de la obra de la Revolución Cubana. Su genialidad política, su visión estratégica y su método lógico, razonable y, por sobre todo, dialéctico e historicista, capaz de comprender la realidad nacional, regional e internacional en sus diversos giros y cambios, coyunturas y disyuntivas, lo convirtieron en el líder revolucionario popular y antimperialista más genuino de la contemporaneidad.
Otros rasgos de su personalidad, como la de concebir toda idea justa, por pequeña que sea, como un proyecto gigantesco; de creer en las virtudes humanas por encima de todas las miserias y mediocridades, (Gabriel García Márquez, su amigo colombiano, afirmó que, esa es su mayor virtud y defecto); de ser tenaz y audaz en la lucha contra lo imposible, para alcanzar lo máximo posible, lo convierten en un soñador o un utopista irremediable, virtudes de un comunista con razón y sentimientos.
El es el artífice natural, junto a una vanguardia política forjada en el Moncada, el Granma, la Sierra y el Llano, de la primera revolución social y política en América Latina y el Caribe (también en el hemisferio occidental), y de la unidad, dentro de la diversidad, del pueblo cubano, fundador-dirigente del Partido Comunista de Cuba en un inolvidable 3 de octubre de 1965, y un estadista e intelectual orgánico, martiano, marxista y leninista, (1) que ‘se suicida como clase’, de acuerdo a sus orígenes socioclasistas, tal como expresara el político revolucionario africano, Almicar Cabral.
Por ello, en el encuentro que sostuvo con los Cincos Héroes de la República de Cuba, luego de alrededor de dos meses y medio del regreso de los tres últimos de las prisiones en los EE.UU., algunos se asombraron con su respuesta. Nos referimos a la interrogante de Ramón Labañino, en el último instante de la intensa e íntima reunión: “¿qué podemos hacer los Cinco ahora?”. El genio político, quedó pensativo pero, raudo le(s) respondió de la manera menos esperada: “…sean científicos”. Esta afirmación posee su base en el concepto de porvenir para Cuba, Revolución que proclama socialista el 16 de abril de 1961, y que él enunció un 15 de enero de 1960: “El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento, porque precisamente es lo que estamos sembrando; lo que estamos sembrando son oportunidades a la inteligencia, ya que una parte considerabilísima de nuestro pueblo no tenía acceso a la cultura, ni a la ciencia”. A lo que sumó en 1961, la gran campaña de la alfabetización que constituyó una revolución intelectual y moral, espiritual y cultural, brindando a todos los cubanos la oportunidad de aprender a escribir y leer, permitiendo un punto de partida esencial para dignificar al ser humano y continuar los grandes planes educacionales que se desarrollaron posteriormente.
Estuvo Fidel consciente que, saber leer y escribir encarna un derecho vital y digno de cualquier ser humano, es tener la posibilidad de estudiar, conocer, comprender y pensar con un nivel crítico racional y lógico, lo que aumenta la imaginación, y en el acto de imaginar subsiste una aureola soñadora, utópica y hasta un supuesto ‘dislate’ de cuerdo que permite el arribo de la constante curiosidad, la necesidad de no pecar de ignorancia, que son las grandes puertas de acceso a los saberes y conocimientos, para alcanzar, finalmente, la libertad, el portón que significa viajar más lejos que las cadenas de las costumbres, los formalismos y la rutina en la comprensión de uno mismo y del mundo. Es re-crear, innovar, inventar, ser original, audaz, y esas cualidades son necesarias en el socialismo.
Lo que, paradójicamente, se simplificó al propiciarse una lectura sesgada, incluso en cuadros, funcionarios políticos y científicos -incluso intelectuales- de diferentes niveles, también en los medios de información y comunicación, cuando sólo se refieren a los ‘hombres de ciencia’ y se omite, por desconocimiento o intención consciente, lo referido a los ‘hombres de pensamiento’, que no es un añadido sino un complemento necesario para la consolidación socioeconómica, ideológica, política y cultural del socialismo en la nación. El socialismo, para Fidel, como lo fue para el Che Guevara, es un acto o proceso civilizatorio y cultural de emancipación humana, en el que la mujer y el hombre son el centro esencial que construirán el tránsito socialista de manera voluntaria, libre, pero consciente ideológica y políticamente.
Al descuidarse este aspecto del concepto de Fidel, se obvia, sin desearlo, la idea de origen martiano, reiterada por Julio Antonio Mella, el primer marxista orgánico de la Isla, que “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, por lo que se renuncia a la contundencia y veracidad histórica, filosófica, política-histórica e ideológica del dialéctico apotegma.
Lo infortunado sobreviene cuando algunos se refieren a las ciencias naturales, las ‘exactas’ y aplicadas como las ciencias ‘duras’ -conociéndose hoy de la relatividad e incertidumbre que las rodea-, partiendo que estas aportan soluciones ‘irrefutables’ desde la ciencia y la técnica vinculadas a la producción material y con dividendos económicos tangibles, y con gran subestimación de las mal denominadas ciencias ‘blandas’ que son para estos desorientados las que indagan en la esfera de los estudios socioculturales, la historia, la antropología, la sociología, la historia del arte, la literatura, la arquitectura, la música, la pintura, la escultura, entre otros, tan ineludibles y nada dúctiles, pero ‘improductivas’, en las que incluyen, además, a la filosofía, la economía, la economía política, la que debe ser concebida no matemáticamente sino como una ciencia humana, las demás ciencias sociales y las humanísticas. Sus producciones no suelen medirse como habitualmente se hace en una fábrica y un campo agrícola, sino que su inversión es ideológica y política, sin ellas el socialismo es una insostenible quimera. Ellas son las que inquieren, definitivamente, en ‘la substancia de la nación cubana’, tan misteriosa / mística, como la definiera Lezama Lima, sin obviar su relación con los demás saberes mencionados, es decir, a través de la transdisciplinaridad.
“…Por eso, Revolución -dejó claramente definido en una intervención televisiva en 1960- y educación son una sola cosa.” (2) O cuando manifestó, en 1993, en medio de la gran crisis económica que vivía el país: “…la cultura es lo primero que hay que salvar”, (3) ratificándolo en su intervención en Caracas, Venezuela, el 3 de febrero de 1999, “(…) Una revolución sólo puede ser hija de la cultura y las ideas.” (4)
Porque Fidel es, además, el hombre de una voluntad de acero, probada en las más disímiles coyunturas, lo muestran en una faceta humana de querer ganar siempre a toda costa y en cualquier terreno, demostrando una fuerza energética inquebrantable para convertir los reveses en victorias, y de no rendirse ante las adversidades. La anécdota de que en el reencuentro con el actual Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el General de Ejército Raúl Castro -su hermano menor y su más fiel continuador en las ideas y en la acción revolucionaria- en Cinco Palmas, pocos días después del ‘naufragio del desembarco del Granma, donde exclamó optimistamente que, con 7 hombres y cinco fusiles podía ganar la guerra contra un ejército de 80 mil hombres, lo reafirman con esa esperanza ilimitada de quien puede ‘ser destruido, pero no derrotado’, máxima que siempre resaltó de la obra hemingwyana, “El Viejo y el Mar”, y que recuerda, además, aquel apotegma de Romain Rolland, que tanto le gustaba repetir al insigne comunista italiano Antonio Gramsci, de que ‘frente al pesimismo de la inteligencia el optimismo de la voluntad’. Aunque en su caso no hubo nunca ausencia de talento y de certidumbre revolucionaria.
No solo se sintió el líder de la Revolución, sino que se consideró como un hombre de las filas del pueblo. El día 8 de enero de 1959, a su entrada a la capital de la República expresó, en un discurso memorable en el Campamento de Columbia, hoy Ciudad Libertad, que ninguna organización, ni ninguna tropa en específico había ganado la guerra, sino que había sido el pueblo, y desentrañó y estimuló una idea que siempre estuvo presente en su estrategia: desde el principio se debió estar unido en una sola organización; ello demostró que la responsabilidad era de todos, dirigentes y dirigidos, para llevar adelante el proceso revolucionario de forma colectiva y con gran sentido histórico. Su método pues, fue y es el método de masas, de ligarse a ellas en los momentos más impensables y necesarios. Nada lo realizó de espaldas al pueblo. Esta idea la expresó diáfanamente en 1982: “(…) Yo creo que una buena lección para todos, cuando creamos que hemos encontrado buenas soluciones, que meditemos y volvamos a meditar y tomar muy en cuenta el sentimiento y la sabiduría de las masas. Esa es la verdadera democracia. Ese debe ser siempre el estilo de nuestro Partido y de nuestro Estado, no imponer, sino persuadir o ser persuadido, porque su papel no es de estar persuadiendo siempre, su papel es también dejarse persuadir por el pueblo cuantas veces sea necesario, porque la máxima sabiduría ha estado, está y estará siempre, en el pueblo”. (5)
El Comandante en Jefe Fidel Castro siempre estuvo y ha estado entre el pueblo, nunca ha perdido el termómetro de cuáles son los estados de ánimo y de la más mínima opinión popular, de las inconformidades y las carencias, demandas y necesidades del ciudadano de la calle. Ello le permite representar las solicitudes más sentidas y sensibles y ser, a la vez, un catalizador innato de las iniciativas colectivas e individuales para resolver las necesidades de la gente común, de ser un portavoz crítico de las deficiencias e insuficiencias del proyecto revolucionario socialista, como el más genuino representante de la idiosincrasia del cubano.
Y ese comportamiento natural lo ha desarrollado con una timidez y cordialidad rayana al más común de los mortales – “Fidel, simplemente, Fidel” –, lo llamaba, aún lo hace, el pueblo cuando lo interpelaba, al cual respondía sin vanidades y con gran respeto de quienes conversaban con él, como uno más. El gran sentido del honor, el ejemplo y el deber que practica es lo que lo lleva a estar presente, directamente, en las arenas de Playa Girón (1961), en la Crisis de Octubre (1962), en el vórtice del huracán Flora (1963), en los múltiples actos oficiales y públicos, en Cuba y en el extranjero, a pesar de las advertencias de la Seguridad del Estado de que podía ser víctima de un asesinato, un magnicidio, organizados y dirigidos por las agencias especiales de inteligencia del establischemt estadounidense. No obstante, es el dirigente que visita Vietnam del Sur en plena guerra imperialista, a Salvador Allende cuando la Unidad Popular en Chile, que recorre la zona de Medio Oriente en apoyo del pueblo palestino, entre otros de sus múltiples compromisos internacionales, desafiando los más variados riesgos y peligros, conociendo que era el jefe de estado con un mayor número de atentados en su contra.
Es el compañero Fidel, un hombre caballeroso, culto y enciclopédico en el saber pero, a la vez, capaz de utilizar, en el plano privado y público -muy limitado-, las palabrotas de cualquier cubano común; de ser un hombre entusiasta, comunicativo y dialogador con todas las personas que se encuentra; de saber escuchar y, a la vez, preguntar con avidez incesantemente para que sean completadas las ideas de su interlocutor, aunque sean adversarios de su ideología y de sus principios políticos, eso dice mucho de su nivel de educación, muy caballeresco, similar a un Quijote de las ideas y las costumbres morales. Y todo ello sin hacer concesiones y con un discurso coherente y armónico con el quehacer revolucionario. Poseedor de una gran avidez de conocimientos, lector voraz que comprende las esencias de las lecturas; dueño de una memoria privilegiada y entrenada, capaz de manejar cifras y resolver ecuaciones difíciles con una rapidez y precisión matemáticas; un estadista y líder político antidogmático y antisectarista por naturaleza, que duda permanentemente de todas las propuestas y soluciones, incluidas las suyas; rebelde y conspirador nato -“en silencio ha tenido que ser (escribió Martí, en 1895) y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”- y, al unísono, sabedor del momento indicado para explicarle al pueblo las políticas aplicadas o por ejecutar, por muy difíciles y complicadas que estas fueran.
Solidario e internacionalista con todas las causas justas en cualquier lugar del mundo, lo ha expresado siempre de frente a sus adversarios. Estas y otras, son algunas de sus múltiples virtudes. Ejemplo inigualable de desprendimiento y de cualquier vanidad y egoísmo personal, “(…) toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, posiblemente la frase Martí que más le gusta repetir, es además, el primer crítico de la obra revolucionaria sometiéndose a sí mismo a una autocrítica constructiva, fuerte, reveladora de que no hay obra humana perfecta.
Todo ello lo hace el cubano que somos, que queremos y debemos Ser, solo comparable, salvando el tiempo en que vivieron, a nuestro, José Martí. Por eso, Fidel Castro, el eterno Comandante en Jefe, centellará y sobrepasará su vida biológica; su nombre se inscribe ya como el líder político revolucionario y comunista más genial de la contemporaneidad cubana, latinoamericana y caribeña, tercermundista y del orbe.
Hoy, se ha marchado sin marcharse, por lo que nos resta mostrar y ratificar el reconocimiento y agradecimiento justo a un hombre que ha sido el PADRE de esta colosal obra y que continúa ofreciendo lo mejor de su vida -‘hasta después de muertos somos útiles’- a la causa revolucionaria nacional, regional y mundial.
Hagámoslo, sin truncar y segmentar su pensamiento integral, sus concepciones, sin hacer abuso de sus citas, ideario que posee valor porque está contextualizado y cada palabra es inseparable de la otra, aun cuando analiza coyunturas específicas, ya que su pensamiento teórico-político y práctica constituyen una unidad indisoluble dentro de la gran totalidad de su obra, un legado imperecedero, historicista y dialéctico, brindándole plena trascendencia y vigencia.
Hagámoslo, al unísono, con las reflexiones críticas y la acción transformadora, en la batalla contemporánea del proceso de actualización del Modelo Económico y Social del tránsito socialista cubano, bebiendo -y enriqueciendo- de las experiencias válidas, criticando y rectificando lo mal hecho y cambiando las mentalidades obsoletas.
Fidel es de esos hombres que, como dijera el dramaturgo y revolucionario Bertolt Brecht, son y serán imprescindibles.
Notas
:
(1) Fidel Castro Ruz es abogado, hijo de terrateniente, por lo tanto, es un intelectual de formación, profesional de la política, desde su niñez y juventud un pensador con sentido de la justicia y rebeldía contra todo lo indigno e inmoral, y en la universidad se autodenomina primero como un ‘comunista utópico’, que forja sin preceptores directos su organicidad revolucionaria, latinoamericanista, antimperialista, marxista y leninista de manera continua, en un eterno proceso de aprendizaje / desaprendizaje, con lo mejor de las tradiciones históricas políticas y culturales revolucionarias de Cuba, la región nuestraamericana y el mundo, articulando creativamente las ideas martianas y el pensamiento marxista y leninista, incluyendo las rupturas inevitables en su evolución en el combate ideológico y político práctico diario, en constante contacto retroalimentador con las realidades del pueblo trabajador y humilde.
(2) Castro Ruz, Fidel (1960): Entrevista especial ante las cámaras y micrófonos del FIEL por el canal 2 de la TV, La Habana, 18 de julio. Obra Revolucionaria [17]. La Habana, p. 24.
(3) Prieto, Abel (2016): Notas en el foro “Cultura y Nación: El misterio de Cuba”, conferencia impartida en la Sociedad Cultural José Martí, 5 de mayo, Revista Bohemia, No. 81, digital.
(4) Castro Ruz, Fidel (1999): Una Revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas, Discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, 3 de febrero, Versiones taquígrafas del Consejo de Estado de la República de Cuba, La Habana.
(5) Castro Ruz, Fidel (1982) Discurso en la clausura del VI Congreso de la ANAP, Ciudad de La Habana, 17 de mayo. Discursos en tres congresos. Editora Política, La Habana, pp. 188-189. También, enFidel Castro Ideología, conciencia y trabajo político / 1959-1986(1986), Editora Política / La Habana, p. 135.
Dr. en Ciencias Históricas Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Citma-Cuba.

Publicado por: David Díaz Ríos / CubaSigueLaMarcha.blogspot.com

https://cubasiguelamarcha.blogspot.com/2016/11/hasta-siempre-comandante-en-jefe-fidel.html

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¿Por qué crece la inseguridad en EE.UU.?

¿Por qué crece la inseguridad en Estados Unidos? /Por: Abel González Santamaría

 

La principal potencia económica mundial atraviesa por una compleja situación social, que provoca que año tras año se incrementen los niveles de inseguridad en toda la nación. Jardines de niños, escuelas, universidades, iglesias, centros comerciales, oficinas y lugares recreativos han sido escenarios de sangrientos sucesos.

 

Se calcula que en Estados Unidos mueren 93 personas cada día por disparos de armas de fuego, mientras otras 222 sobreviven tras recibir disparos, lo que equivale a 33 880 fallecidos al año. Por cada diez habitantes hay nueve armas de fuego, siendo la proporción más alta del mundo.

 

Estas estadísticas son registradas minuciosamente por la Campaña Brady, que lleva el nombre de James Brady, quien se desempeñaba como secretario de prensa del presidente Ronald Reagan, cuando ambos en 1981 fueron heridos de balas durante un atentado en Washington DC. Reagan se recuperó pero Brady quedó postrado en una silla de ruedas. Se convirtió durante las tres siguientes décadas en un abanderado del control de armas en Estados Unidos.

Hace solo un mes ocurrió el tiroteo más sangriento de la historia moderna de Estados Unidos. El 1ro. de octubre, un jubilado estadounidense mató a 58 personas e hirió a otras 500 durante un concierto de música country en Las Vegas. El pasado domingo, 5 de noviembre, ocurrió una nueva matanza. Un exmilitar estadounidense asesinó a 26 personas, entre ellos varios niños, e hirió a otras 20 durante una misa en una iglesia bautista de Texas.

Las peores matanzas, antes de comenzar el presente año, ocurrieron, en el 2016, en un club nocturno en Orlando, Florida, en la que murieron 49 personas y 53 resultaron heridas; en el 2007, en la Universidad Virginia Tech, Virginia, donde perdieron la vida 32 personas, y la que tuvo lugar en el 2012 en una escuela primaria en Newtown, Connecticut, en la que fallecieron un total de 20 niños y seis adultos.

A pesar de esa cruda realidad, se mantiene vigente la segunda enmienda de la Constitución de Estados Unidos aprobada en 1791, que declara que «el derecho del pueblo a poseer y portar armas no será infringido». Desde entonces, tener armas de fuego es un derecho de los ciudadanos estadounidenses y se ha convertido en un gran negocio para la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés).

No faltan ni hechos violentos ni masacres, tampoco la movilización de la opinión pública para impulsar un vuelco verdadero al insostenible régimen de control de armas estadounidenses. Sin embargo, lamentablemente, continúa siendo mucho más poderosa la actuación deliberada de la NRA y otros grupos de intereses especiales asociados, que «trabajan» con generosas contribuciones y amenazas de represalias sobre cada funcionario decisorio en el tema dentro del Gobierno y el Congreso.

La mayor organización defensora de la posesión de armas de Estados Unidos, fundada en 1871, es uno de los más fieles donantes de congresistas y aspirantes presidenciales, especialmente del Partido Republicano. Durante la campaña electoral del 2016, ese lobby destinó más de 30 millones de dólares a favor del candidato republicano Donald Trump.

Una vez en la presidencia, el 28 de abril del 2017, Donald Trump participó en la convención de la Asociación Nacional del Rifle. Fue el primer mandatario estadounidense que participa en este encuentro desde Ronald Reagan y agradecido por sus contribuciones expresó:

“Ustedes tienen un verdadero amigo en la Casa Blanca”.

http://www.cubadebate.cu/especiales/2017/11/08/por-que-crece-la-inseguridad-en-estados-unidos/#.WgMn1NJ6TIU

http://www.granma.cu/mundo/2017-11-08/por-que-crece-la-inseguridad-en-estados-unidos-93-personas-mueren-cada-dia-por-disparos-de-armas-de-fuego-08-11-2017-00-11-31

Publicado por: David Díaz Ríos / CubaSigueLaMarcha.blogspot.com

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Archivos desclasificados develan planes de EE.UU. para intentar asesinar a Fidel Castro

Archivos desclasificados develan planes de EE.UU. para asesinar a Fidel Castro / CubaSigueLaMarcha

Archivos del homicidio del expresidente estadounidense John F. Kennedy publicados ayer, que continúan este viernes bajo escrutinio, develan memorandos sobre intentos de asesinar al líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro.

Varias organizaciones periodísticas que desde este jueves indagan en los dos mil 891 documentos desclasificados por los Archivos Nacionales difundieron las menciones a la participación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en complots para provocar la muerte del dirigente cubano.

“Los planes involucraban una serie de esquemas extraños y, en al menos una instancia, comprendían algún contacto con elementos del crimen organizado.Entre los medios considerados estaban el veneno, las píldoras de botulismo y el uso de grupos cubanos del exilio“, indicó un reporte de 1975.
Según el texto, la CIA estuvo envuelta en planes de homicidio contra Fidel Castro en fechas tan tempranas como 1959 o 1960, que comenzaron a gestarse al mismo tiempo que los preparativos para la fallida invasión mercenaria por Playa Girón, ocurrida en abril de 1961.
Otro documento de 1975, sobre la participación de la CIA en esquemas de homicidio a líderes extranjeros, señaló que el fiscal general Robert Kennedy, hermano del expresidente norteamericano, conocía sobre un complot para buscar a un pistolero que disparara contra Fidel Castro.
A decir del material, el fiscal general comunicó al Buró Federal de Investigación (FBI) que la entidad de inteligencia contrató a un intermediario para acercarse al mafioso Sam Giancana con la propuesta de pagar 150 mil dólares con el fin de encontrar a alguien para cometer el asesinato.
En esa misma línea, un memorando del FBI de 1964 describe una reunión en Florida en la que se acordó desembolsar 100 mil dólares por el asesinato deFidel, 20 mil por el de su hermano Raúl Castro, e igual suma por el del guerrillero cubano-argentino Ernesto “Che” Guevara.
Uno de los materiales hizo alusión a un proyecto de la CIA que estableció un sistema de recompensas financieras para los cubanos por “matar o entregar vivos a comunistas conocidos”.
Quienes presentaran una prueba de muerte “concluyente” y una tarjeta de membresía revolucionaria o partidista de la persona fallecida obtendrían hasta 100 mil dólares si se trataba de un funcionario del gobierno y 57 mil 500 en casos de ser “jefes de departamentos”.
Dos de los planes relatados pretendían aprovecharse del interés del Comandante en Jefe de la nación caribeña en el buceo.
En uno de los casos, que ya se reveló en documentos desclasificados en otras ocasiones, la agencia pretendió utilizar la relación establecida entre el líder cubano y el abogado William Donovan para que este le regalara un traje de buceo contaminado con hongos causantes de una enfermedad cutánea y con el bacilo de la tuberculosis.
Donovan sin embargo, no siguió las indicaciones de la CIA, sino que se presentó con “un traje de buceo sin contaminar como un gesto de amistad”.
Otros intentos mencionados en esos textos incluyen hace explotar una concha marina en las áreas donde Fidel Castro buceaba o inyectarle veneno mediante un bolígrafo con una aguja hipodérmica.
De acuerdo con medios cubanos, los servicios de la Seguridad del Estado de la isla contabilizaron un total de 638 tentativas de asesinato contra el líder revolucionario, fallecido el 25 de noviembre de 2016 a los 90 años.
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