Mi Mochila: Un paquete al estilo de Joven Club

Mi Mochila: Un paquete al estilo de Joven Club

¿Qué es Mi Mochila? ¿Cuáles son sus contenidos y cómo se socializan? ¿Qué dice la gente sobre este cargamento? ¿Es verdad que se concibió para hacer frente al Paquete Semanal? 

Escena de presentación de Mi Mochila.

Hace tiempo que el Paquete semanal se incluye entre las preferencias de una buena parte de la población cubana, de las preocupaciones de otra y del debate de la sociedad en general pero no será él el punto de mira de estas líneas. Esta vez abordaremos en Soy Cuba un proyecto parecido aunque diferente y respaldado por la institucionalidad nacional.

Se trata de Mi Mochila, un producto cultural que reúne audiovisuales, multimedias, aplicaciones, libros, música, películas, cursos, videojuegos, muñequitos y entre otras muchas ofertas que —según planteó a JR Raúl Vantroi Navarro Martínez, director general de los Joven Club de Computación y Electrónica (JCCE)— es  «un paquete con un concepto más cultural, que no premia la chabacanería ni lo banal, sino que aporta conocimientos, y en lo formal tienen un atractivo muy esencial».

El proyecto, que todavía está en período de prueba, se ha convertido en una opción instructiva y de entretenimiento ansiosa de un puesto entre las preferencias de una población adaptada al estilo del otro cargamento, ese que pasa de una casa a otra gracias a unas redes y un nicho de mercado nacidos ambos de una cotidianidad desconectada de Internet.

Para indagar sobre Mi mochila, cómo se seleccionan sus contenidos, cuáles son sus mecanismos para la socialización de la información y la aceptación (o no) que posee por parte de los y las consumidoras, nuestro equipo conversó con Roxana López Velázquez, Ingeniera Informática y especialista principal de este proyecto.

Roxana López Velázquez, Ingeniera Informática y especialista principal de Mi Mochila. Foto: Loraine Bosch Taquechel / Soy Cuba

— ¿Qué contiene Mi Mochila?

—El producto está conformado por varias sesiones y se ramifica en carpetas de Cine, Música, Literatura, Artes escénicas, Artes plásticas, Videojuegos, Informática, Deportes, Humor, Infantiles, Servicios, Educativos, Audiovisuales, etc… Tiene una  capacidad que oscila entre los 300 y los 350 GB.

«Cada una de las ramificaciones contiene materiales que responden a la categoría a la que pertenecen, como documentales, espectáculos, películas cubanas y extranjeras, noticieros, cortos, series, novelas, deportes en transmisión, muñequitos, manuales informáticos, softwares, antivirus, una serie de libros por autores (más otros que ofrecen el Instituto Cubano del libro y el Centro de Estudios Martianos). Los materiales Educativos por ejemplo, cuyo principal proveedor es la Industria del Software y las Tecnologías Educativas, incluyen las colecciones Navegante y Multisaberes, software educativos, cursos y una oferta musical actualizada gracias a la  EGREM.

«Mi Mochila es gratis. Pueden copiarla en los Joven Club de Computación de La Habana y las cabeceras provinciales, o llevarse de ella los contenidos que les interesen».

Ejemplo de materiales que brinda Mi Mochila organizados por sesiones.

— ¿Quiénes son sus proveedores?

— Trabajamos en coordinación con el Instituto Cubano de Cine, Radio y Televisión, el  Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica, la Asociación Hermanos Saíz, la Fundación Ludwing de Cuba, el Consejo de Artes Escénicas, el Centro de Estudios Martianos, el Instituto Cubano del Libro, los Estudios fílmicos del MININT, el Instituto de la Música, la Biblioteca Nacional, el CITMA, el RIMED, entre otros.

— ¿Estas instituciones deciden qué va y qué no?

— Cada proveedor se responsabiliza por un grupo de materiales. Joven Club, de conjunto con la Fundación Ludwing que nos presta asesoramiento, selecciona del total entregado los contenidos de cada edición privilegiando la producción nacional, porque uno de nuestros objetivos es ofrecer creaciones con calidad y defender nuestra identidad.

— ¿Por qué incluyen los programas de la televisión que aún se trasmiten?

—Lo que incluimos o no lo decide el ICRT como proveedor, pero nuestra intención es distribuirlo todo para que los usuarios lo lleven a casa y lo consuman cuando más les acomode, pues los horarios de muchos programas coinciden con las horas en que la gente está ocupada. También pretendemos que los filmes incluidos estén acompañados por  un comentario especializado.

— ¿Cómo hacen para promocionarse y distribuirse?

—En las sedes territoriales de los Joven Club donde está disponible el producto cultural hay pancartas y sueltos que contienen información sobre el proyecto. Allí se le da  divulgación de forma directa con los usuarios, aunque además se ha promocionado en algunos medios de comunicación nacionales.

Sueltos que hay en los Joven Club donde está disponible el producto y que brinda información sobre los contenidos. Foto: Loraine Bosch Taquechel / Soy Cuba

¿Cuándo piensan extender esta oferta y qué mecanismos usarán?

— No se tiene una fecha prevista. Aún este es un proyecto nuevo y estamos en la fase de prueba, razón por la cual solo se ha extendido al Joven Club principal de los municipios cabecera de cada provincia. También trabajamos por llegar hasta al menos una instalación de este tipo en cada municipio de Cuba, una realidad que logramos en La Habana. En total Mi Mochila está en 35 instalaciones por todo el archipiélago.

— ¿Y por qué en tan pocas? ¿Es que están testeando aún el producto o no están creadas las condiciones a nivel nacional?

—Las dos cosas.

— Existe una pregunta presente en el debate público desde que se anunció el nacimiento de este proyecto¿Se concibió Mi Mochila para hacer frente al Paquete semanal?

—No. Siempre se asumió como una opción más para viabilizar el acceso de la familia cubana a contenidos intelectuales y de entretenimiento. Claro que antes de armar Mi Mochila la Fundación Ludwing colaboró con sus estudios sobre el Paquete como fenómeno cultural y sus resultados fueron el patrón para realizar nuestro producto. El Paquete, según las investigaciones de la Fundación, tiene por lo general una racha de contenidos audiovisuales de entretenimiento, algunos instructivos y muy buenos, pero son muy pocos los relacionados con personalidades o las distintas manifestaciones artísticas de la cultura cubana.

— ¿Qué competencia real puede hacerle Mi Mochila al Paquete Semanal y otras formas de distribución alternativas?

—El Paquete tiene su proceso muy bien definido, su personal y equipo de trabajo, conformado por quienes lo gestionan, lo empaquetan y lo distribuyen. Se mueve por una red que corre fácil e incluyen entre sus propuestas muchos contenidos pirateados. Competencia siempre habrá, sobre todo en cuanto al servicio, pero Mi Mochila no busca competir sino prestar un servicio más aunque de manera gratuita. Son dos alternativas que coexisten y las personas tienen la posibilidad de escoger a uno, o a ambos.

—Si uno de los atractivos del Paquete es su renovación semanal, ¿qué tiene de seductor Mi Mochila, además de su gratuidad, si tenemos en cuenta que sale cada 15 días?

—Materiales de calidad e instrucción de difícil adquisición.

—Hasta ahora, ¿qué elementos atentan contra la producción, distribución y consumo de este proyecto?

—Estamos en una fase de maduración pero nos ha faltado sinergia y compromiso por parte de las instituciones. También falta personal capacitado porque aquí todos somos informáticos trabajando por crear un producto cultural, de ahí la fuerza de los proveedores, y nos afecta el equipamiento tecnológico.

— ¿Cuántas ediciones tiene ya Mi Mochila?

— Estamos realizando la número 15. Las primeras nueve privilegiaban mucho lo intelectual, por lo que intentamos ahora darle fuerza al entretenimiento. Buscamos un equilibrio.

http://www.soycuba.cu/noticia/mi-mochila-un-paquete-al-estilo-de-joven-club

Perfil del Autor

Loraine Bosch Taquechel          

Periodista en Soy Cuba.
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Lo mejor del paquete

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sancti spiritus, joven club de computacion, mi mochila, el paquete, consumo cultural cubano, series, telenovelasEn los Joven Club comenzó una nueva alternativa audiovisual: Mi Mochila. Escambray se acerca a este compendio que se parece al paquete, pero no lo es

Basta con plantarse frente a la universidad, la facultad de Ciencias Médicas o en el parque Serafín Sánchez y encañonar a cualquier joven con dos preguntas. Una: ¿sabes qué es el paquete? Todos asienten, invariablemente. Y dos: ¿sabes qué es Mi mochila? Miradas que se cruzan, hombros que se encogen y la respuesta ocurrente de algún alumno de preuniversitario: “Bueno, será el jolongo que usted se echa a la espalda”.

Pero no, no se trata de un modelo específico de jaba, sino de un producto cultural en formato digital confeccionado y distribuido por los Joven Club de Computación y Electrónica (JCCE) con el concurso de diversos organismos y entidades estatales que, según el documento descriptivo al que tuvo acceso la prensa, tiene como finalidad propiciar el entretenimiento de las personas de todas las edades, con la prioridad puesta en los jóvenes.

Cine, deportes, humor, música, videojuegos, telenovelas y aplicaciones informáticas figuran entre los materiales que se incluyen en Mi mochila, les explico, a lo que casi todos responden: “Ah, hubiera empezado por ahí; ese es el paquete cubano”.

Imposible no hacer la analogía. Si a los contenidos le sumamos el modo de distribución, con una casa matriz en La Habana que envía el compendio hacia todas las provincias en una frecuencia ya estudiada y definida, no resulta difícil asociar el paquete con Mi mochila; un clic carpeta adentro, sin embargo, revela diferencias sustanciales entre una y otra iniciativa.

Ante todo, hay que asumirlo sin complejos: el paquete de la semana es un invento genial. No lo digo yo, que apenas he copiado algunos gigabytes; lo dicen los expertos, enrolados desde hace años en lo que pareciera una cruzada contra el paquete, pero que a la postre persigue contrarrestar las matrices seudoartísticas infiltradas en esa suerte de colección audiovisual y, en su defecto, promover lo que el propio Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, ha calificado en las más disímiles tribunas como una plataforma emancipadora.

El principio democratizador de acceso al conocimiento resulta, sin dudas, lo más loable del paquete: la posibilidad de que la gente disfrute, en la intimidad de su casa, de productos comunicativos que van, desde telenovelas clásicas como Sol de batey y la brasileña Doña Bella —es increíble cómo la nostalgia vende—, hasta enlatados de pésimo gusto y alta dosis de vulgaridad al más burdo estilo de Caso cerrado y 12 corazones. Ahí radica el pollo del arroz con pollo, en el consumo acrítico de semejantes bodrios, en el grado de enajenación que inoculan: el mundo acabándose en Ucrania y uno creyéndole el cuento a la doctora Ana María Polo.

Justamente la arista banal del paquete, las carpetas y más carpetas que aletargan e inmovilizan, han venido a sacudir el avispero de la polémica en torno al consumo cultural en la Cuba de hoy: ¿qué ven nuestros jóvenes? ¿Se intoxican cuando se exponen a materiales lúdicos y espectaculares? ¿Qué sucede con la televisión nacional y los circuitos institucionales para que una alternativa como esa logre calar tan hondo en un segmento para nada desdeñable de nuestra sociedad?

Espirituanos encuestados aseguran que no todo es chatarra en el paquete. Clásicos de la filmografía cubana y universal, documentales que pudieran transmitirse mañana en Pasaje a lo desconocido, series antológicas como En silencio ha tenido que ser y la más cercana en el tiempo Tras la huella también se incluyen en el singular “todo en uno” que, al decir de distribuidores y clientes habituales, ronda los 900 gigabytes de información.

De ahí que, al menos esta vez, no se haya optado por botar el sofá: ya superados los tiempos de la prohibición estéril, los JCCE asumieron la concepción de un producto que aprovecha lo más enriquecedor del paquete, lo despoja de la carga alienante y le inserta materiales de la incipiente industria cultural cubana. Como Lo mejor de Telesur, en este caso, Lo mejor del paquete.

A finales del 2014, cuando la idea aún gateaba en los Joven Club de La Habana, Raúl Van Troi Navarro Martínez, director general de la institución, declaró a la prensa: “Mi mochila se encuentra actualmente en etapa de desarrollo y prueba (…). Lo estamos elaborando de conjunto con el Ministerio de Cultura y el Instituto Cubano de Radio y Televisión, entre otras entidades. (…) Aún no tenemos el producto cultural con todos los requerimientos previstos, ni existen todas las condiciones creadas para su generalización en el resto del país”.

Al parecer la iniciativa consiguió rebasar la prueba de fuego y ya se oferta desde diciembre en dos Joven Club de Sancti Spíritus: el de Olivos II y el de Colón, ambos en la capital provincial. No obstante, hace apenas unos días fue que los especialistas obtuvieron el visto bueno de “arriba” para dar información al respecto, un freno a todas luces contraproducente si lo que se pretendía era probar la aceptación de Mi mochila y su poder de convocatoria.

Sin más estrategia de promoción que los anuncios en las puertas de los locales y la labor divulgativa de los trabajadores con los usuarios y en la comunidad, en casi tres meses tuvieron acceso a los materiales de Mi mochila alrededor de 140 espirituanos, cifra que ilustra a las claras uno de los principios elementales del marketing: mercancía que no se exhibe, no se vende. En este caso: mercancía que no se exhibe, no se distribuye gratuitamente.

Y ahí radica sin dudas una de las ventajas de Mi mochila sobre el famoso paquete, en que se puede acceder a unos 300 o 500 gigabytes de información sin pagar un centavo.

Por ahora, acotan algunos y hasta el mismísimo director general de los JCCE, quien en declaraciones al diario Juventud Rebelde puso el parche antes de que cayera la gotera: “Se oferta, por el momento, de manera gratuita”; un “por el momento” que impide perder de vista la actual política de cobros de algunos servicios en que se encuentra enrolado el sistema de los Joven Club.

Los precios serían, eso sí (y aquí abro el paréntesis de las especulaciones), más asequibles que las tarifas vigentes en el mercado informal del paquete, única estrategia aconsejable en el actual y solapado pulseo del Estado por reconquistar las audiencias.

Con ese propósito habría que limar también otras asperezas, como la precariedad de recursos técnicos y de infraestructura que todavía impide, en primer lugar, extender Mi mochila hasta el resto de los Joven Club de la provincia y, en segundo, que los mensajeros salgan con ella bajo el brazo hasta cada hogar que lo solicite.

En la pertinencia de estructurar un mecanismo de distribución efectivo coinciden Raida González y Joel Bauta, especialistas principales de los JCCE de Olivos II y Colón, respectivamente, quienes han identificado incluso una vía para garantizar el servicio: mediante la llamada asistencia informática, o sea, un instructor que va hasta las casas o las empresas a asesorar y solucionar una amplia gama de problemas y que perfectamente podría cargar con Mi mochila hasta esos destinos.

“Podría, pero en este instante no contamos con discos duros con capacidad suficiente para ello —asevera Joel Bauta—, por tanto, la única manera de acceder al compendio es venir hasta el Joven Club y llevarse la información que quieran. El mensajero es una utopía”.

Según ambos especialistas, las carpetas más copiadas de Mi mochila validan las tendencias del consumo cultural que suelen manejarse en corrillos académicos y tertulias de esquina: cine, series, música, humor, infantiles y, en menor grado, aplicaciones informáticas.

Los materiales educativos no figuran, ni por asomo, entre lo más demandado, una realidad que duele si se tiene en cuenta el esfuerzo de las instituciones involucradas por gestionar enciclopedias digitales, colecciones de literatura cubana y universal, documentales de elevado vuelo formal y estético…

Una realidad que duele más si se analiza en blanco y negro: no porque semejantes materiales se cuelen en Mi mochila, ello implica que sean consultados luego. Faltaría lo que, en principio, no puede garantizar ninguna clase de paquete: la capacidad de discernir, de consumir críticamente.

En el fondo, muy en el fondo, solo el acceso democrático al conocimiento —a todo, no a la parte de él que nos parezca menos censurable— puede apaciguar la avidez de información, análisis, evasión y hasta de entretenimiento de un público bastante hastiado —digámoslo sin tapujos— de que le digan qué consumir, por cuáles vías y con qué frecuencia.

Los mejor del paquete fue tomado del blog Cuba profunda

http://www.escambray.cu/2015/lo-mejor-del-paquete/

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