Ciberparejas a la cubana: ¿Y si tecleas un deseo?
Ya el amor rebasó las fronteras de lo físico. No es un secreto: desde que existe internet las fórmulas para amarse evolucionaron junto a foros, chats, blogs, páginas de citas y teléfonos móviles. Cuba no está ajena a ese furor global, aún a sabiendas de que solo poco más de un 25 por ciento de la población tiene acceso a algún servicio de la red de redes

Ya el amor rebasó las fronteras de lo físico. No es un secreto: desde que existe internet las fórmulas para amarse evolucionaron junto a foros, chats, blogs, páginas de citas y teléfonos móviles.
Cuba no está ajena a ese furor global, aún a sabiendas de que solo poco más de un 25 por ciento de la población tiene acceso a algún servicio de la red de redes.
Hace unos meses, en el programa televisivo Vale la pena, el profesor de Psicología Manuel Calviño, abordó el tema de las ciberparejas y durante media hora de diálogo con los televidentes.
Un tiempo antes, en diciembre de 2012, la revista cubana Sexología y Sociedadpublicó el artículo Sexualidad e Internet, en el que se referencia que «el acceso a la Web ya es extremadamente común y puede realizarse con facilidad desde casa o, incluso, desde el puesto de trabajo. El anonimato, además, permite a los usuarios acceder los contenidos sexuales que mejor satisfagan el propio imaginario erótico con la garantía de que su identidad permanecerá oculta».
Explica la publicación que es ese uno de los riesgos de buscar amores en la web, por lo que se recomienda prudencia a la hora de divulgar información personal y establecer contactos.
Otro peligro del amor digital es que se idealiza demasiado este tipo de relaciones a partir de inferencias que no tienen por qué responder a características reales: si la persona con la que te conectas hace comentarios ingeniosos, la imaginas inteligente; si una foto de perfil muestra una sonrisa encantadora, te la prefiguras hermosa. Y así, rápidamente imaginamos que puede ser el hombre o la mujer de nuestra vida, sin conocerlo.
En el sitio web Mujer hoy, una publicación recuerda que el tema del amor «digital» sigue siendo polémico, pues mientras en Estados Unidos —según un estudio de la Universidad de Stanford y el City College de Nueva York— es la segunda forma más habitual para conocer parejas, en España no se confía tanto en esta vía, como demostró una pesquisa de la web FriendScout24 en la que el 90 por ciento de los internautas encuestados opinó no creer en las relaciones a distancia, ni siquiera en tiempos de redes sociales o webcams.
Amándonos en la web
Pero la tecnología, sin dudas, ha redefinido las formas de entender el amor. En Perú, por ejemplo, fue muy conocida la historia de Mario. Un día le llamó la atención la foto de una muchacha en Twitter y empezó a enviarle breves y galantes mensajes. La joven le correspondía y opinaba sobre sus comentarios. El cortejo duró unas semanas. Después se encontraron físicamente. Muchos meses han transcurrido ya desde ese intercambio inicial y Mario dice que le parece increíble haber encontrado el amor a través de Twitter.
En Cuba, Andrea Zigante y Yaniuska Duvergel Brooks, cuentan su historia. Se conocieron por la red social Facebook. Ni la barrera idiomática pudo más que la necesidad que creció entre ambos de comunicarse a diario, contarse historias familiares o narrar la vida en sus países. Y así estuvieron… hasta que él atravesó el mar para conocerla.
Para profundizar sobre las implicaciones del tema en la juventud cubana, Soy Cuba entrevistó a Mariela Rodríguez, máster en Psicología Clínica y profesora de la Universidad de La Habana, para quien la relación de pareja es un vínculo afectivo estable donde además de atracción hay (o debe haber) amistad, simpatía y conexión psicológica y subjetiva.
—El boom de las redes sociales ha provocado un replanteo del concepto de pareja tradicional ¿Cuánto más cree que pueden influir los avances tecnológicos en formas ya conocidas?
—Las nuevas tecnologías forman parte de la vida actual. A través de ellas se busca información, se juega, nos comunicamos y, por tanto, no es de extrañar que entonces también se usen para encontrar parejas, aunque no se puedan tener prácticas eróticas.
«A veces las personas pasan mucho tiempo en el chateo o intercambiando por correo, pero llega el punto en el que se quieren conocer. Esto viene siendo una especie de preámbulo para tener después el encuentro con lo contingente, con lo real, con lo innombrable, con lo difícil que puede tener cualquier relación de pareja.
«En internet, a pesar de que se vive una relación, no está el cuerpo comprometido ni la impronta de la gestualidad, o los olores, los sabores que pueda tener otra persona y entonces uno imagina lo que deseas. Aunque el fenómeno no es único en este tipo de espacio, sino universal, sobre todo en el inicio de un enamoramiento, en la web es frecuente.
—¿Se puede considerar como traición o infidelidad, el chatear o mantener una mensajería asidua con otra persona fuera de la relación física?
—Depende de cómo lo considere la pareja. La infidelidad pasa por las pautas de compromiso que establezca las relaciones, y en función de esas normas se definirá lo que es traición en la unión.
«Hay quienes tan solo de ver que su pareja flirtea o mirar a otros/as, lo consideran un quebrantamiento. En las relaciones estos actos pasan por el tamiz de lo que es la perfidia. Hay otros casos que ni tan siquiera ven el engaño en el mero hecho del contacto íntimo, pasa más bien porque te comprometas afectivamente y quieras al otro. Todo depende de cómo los amantes en un momento determinado, en una cultura determinada, establezcan sus compromisos, sus normas.
«El mundo virtual da la posibilidad de fantasear, de realizar cierto deseo erótico de una forma a solas, tal y como tú te lo imaginas, sin los problemas del contacto real con la gente. Y si el otro cumple con lo que tú esperas, pues alimenta tu ego, tu estima, y se cumplen otros procesos cíclicos más allá del contacto íntimo, práctico, un espacio de soledad para amar», agrega.
Fuente: Tomada de La Razón














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